"El humanismo nuevo que nos ocupa — el humanismo integral — implica transformaciones profundas que requieren, por una parte, que sean respetadas las exigencias esenciales de la naturaleza humana — aquella imagen de Dios —, y aquella primacía de los valores trascendentales que justamente permiten y preparan una renovación; y por otra parte, que se comprenda que un cambio semejante no es obra del hombre solo, sino de Dios, primero, y del hombre con Él; y que no es efecto de medios extrínsecos y mecánicos, sino de principios vitales e internos: tal es la enseñanza del cristianismo de siempre." (J. Maritain)