Las asociaciones de estudiosos católicos son numerosas,
extendiéndose en toda la gama de las disciplinas académicas,
del arte y de las profesiones. Entre las más destacadas
en los Estados Unidos está la American Maritain Association,
que ha sido como un catalizador en el resurgimiento del movimiento
intelectual católico. La Asociación honra la memoria
de Jacques Maritain, que todavía actúa como un polo
magnético para los académicos de todo el mundo que
tienen en común el respeto por la filosofía perenne.
La larga y
variada carrera de Maritain es una crónica de su tiempo,
tanto como una peregrinación personal. Desde León
Bloy hasta su desempeño como Embajador de Francia ante
la Santa Sede, su compás intelectual le permitió
un curso sin desviaciones. El descubrimiento y aceptación
de la fe católica por el joven intelectual francés,
y su consiguiente descubrimiento de Santo Tomás de Aquino
es casi un acontecimiento en sí mismo. La renovada fundación
de su confianza intelectual lo condujo a criticar la filosofía
de su mentor, Henri Bergson. Y el eminente Bergson tuvo buenas
razones para sentir la desazón por el alejamiento de uno
de sus estudiantes más prometedores. La madurez trajo a
Maritain un renovado aprecio por Bergson, al mismo tiempo que
avanzaba profundamente en la filosofía de Santo Tomás
de Aquino. "El campesino del Garona", como le gustó
llamarse en sus últimos años, había lanzado
tempranamente en su vida un acerbo ataque a tres reformadores,
Lutero, Descartes y Rousseau, y aunque posteriormente moderó
su tono, su inteligencia crítica nunca lo abandonó.
Al margen
del aspecto crítico, Maritain dedicó una larga vida
al estudio de la filosofía tomista y de sus implicancias
en el pensamiento moderno. Él no fue un exégeta
textual, sino un filósofo especulativo que pensó
ad mentem divi Thomae. Maritain insistió en que
él no era un neo-tomista sino, simplemente, un tomista.
'Los Grados del Saber' (1932) y 'Breve tratado de la
Existencia y de lo Existente' (1947) han sido leídos
por generaciones de estudiantes en el mundo entero. Su 'Arte
y Escolástica' (1920) se ha convertido en un clásico
cristiano, que décadas más tarde fue seguido por
'La intuición Creativa en el Arte y la Poesía'
(1953) Dos de sus primeros trabajos fueron traducidos al italiano
por Giovanni Battista Montini, futuro Papa Pablo VI, entonces
profesor seminarista.
El suave y
reservado Maritain era dientes y garras en el debate intelectual.
En contraste, Etienne Gilson usualmente desafiaba las ideas en
su contexto. Gilson, como historiador de la filosofía,
no podía desligar las ideas de quien las sustentaba o del
medio intelectual en que tenían origen. Maritain, en cambio,
podía atacar las posiciones adversas en su forma pura y
abstracta, a menudo con dolor por quien era el sujeto de su crítica.
Desde su posición tomista desafió los materialismos,
positivismos y determinismos del momento. Ello condujo a una invitación
de los obispos franceses para que escribiese una serie de libros
de texto de filosofía para su uso en los seminarios. De
los siete volúmenes proyectados, sólo pudo completar
dos, 'Introducción a la Filosofía' (1920)
y 'El Orden de los Conceptos (Lógica)' (1923), aunque
sus escritos subsecuentes abarcaron la mayoría de los temas
inicialmente planeados.
Su esposa
Raïssa no fue filósofa, pero sin duda fue su par intelectual.
El profundo interés de ambos en las artes y en las ciencias
atrajo a un amplio círculo de amigos, filósofos,
teólogos, pintores y poetas que se reunían en la
casa de los Maritain en Moudon los domingos en la tarde. Entre
ellos Garrigou-Lagrange, Jean Cocteau, Etienne Gilson, Ernst Psichari,
S.J., Nicholas Berdyaev, Emmannuel Mounier, François Mauriac,
Marc Chagall y Georges Rouault.
En 1914, cuando
Maritain se incorporó a la facultad del Instituto Católico
de París, el renacimiento tomista ya estaba en camino y
Maritain hacía ya una contribución importante. Sus
escritos lo llevaron a dar conferencias en Norte y Sud América.
Traducido al español y al portugués, su trabajo
fue particularmente influyente en Brasil y Argentina, una influencia
que todavía permanece incólume en círculos
católicos. No obstante que el interés de Maritain
en los temas sociales y políticos es evidente en 'Humanismo
Integral' (1936), es reconocido generalmente que sus mejores
esfuerzos en ese campo fueron logrados en sus años en Norteamérica.
Las conferencias
Walgreen, pronunciadas en la Universidad de Chicago en 1949 (publicadas
como 'El Hombre y el Estado' en 1951), deben ser consideradas
de un valor permanente y como una contribución mayor al
pensamiento político católico.
'Cristianismo
y Democracia' y 'La Educación en la Encrucijada'
(ambos en 1943) fueron escritos mientras estaba en el exilio.
Cuando Francia cayó bajo el nazismo en 1940, Maritain se
encontraba en una gira de conferencias en Canadá y los
Estados Unidos, país este último donde permaneció
hasta el fin de la guerra. La lucidez de sus obras le ganó
extender su participación más allá de los
círculos profesionales. Mientras era llamado a disertar
sobre los temas de mayor importancia política en esos días,
participó en la definición y redacción de
la Declaración Universal de los Derechos del Hombre
de las Naciones Unidas de 1948. También se dirigió
semanalmente a la Francia ocupada mediante la transmisión
de mensajes radiales.
Robert M.
Hutchins, como presidente de la Universidad de Chicago, trató
en dos oportunidades de nombrarlo en la facultad de filosofía.
En ambas oportunidades su nominación fue bloqueada al nivel
de departamento. Denegada su designación en Chicago, fue
nombrado por la Universidad de Princeton como profesor emérito,
puesto que aceptó cuando ya tenía 65 años
de edad y que mantuvo hasta 1960.
Devastado
por la muerte ese año de Raïssa, vivió sus
últimos años junto a los Hermanitos de Jesús,
cuya casa se encontraba en los jardines del Convento Dominicano
a orillas del río Garona, en Tolosa.
Autor de más de cincuenta libros, la página de Maritain
en 'Quién es Quien' de Francia lo presenta como filósofo
y como hombre de letras. Fue honrado en ambos campos. Además
de múltiples honores académicos, Maritain fue nombrado
Comandante de la Legión de Honor y Caballero Comandante
de la Orden de San Gregorio el Grande. También recibió
la Medalla de la Resistencia Francesa y la Gran Cruz de la Orden
de Pío IX. Como escritor recibió el Grand Prix de
Literatura de la Academia Francesa en 1961 y el Gran Premio Nacional
de Letras de Francia en 1963.
Mientras es
venerado por muchos, Maritain no ha dejado de tener detractores,
particularmente entre quienes sostienen un naturalismo pragmático
o antimetafísico, y un acercamiento puramente empírico
a la filosofía. En círculos académicos católicos,
'El Campesino del Garona' (1966) escandalizó a la
izquierda porque en él Maritain parecía haber abdicado
de muchas de las políticas "liberales" que habría
abrazado anteriormente. Sus últimas dos obras, 'De lÉglise
du Christ' (1970) y 'Approches sans entraves' (1973)
recibieron escasa atención de la prensa católica
en Norteamérica.
En sus últimos
trabajos, Maritain manifestó su preocupación sobre
algunas prácticas introducidas en su amada Iglesia Católica
en los años post-Vaticano II, prácticas que no encontraban
mayor apoyo en los documentos propios del Concilio, sino que se
inspiraban más bien en lo que algunos teólogos progresistas
llamaron "el espíritu del Vaticano II". Una vez
más Maritain demostró ser profético. Sus
inquietudes son reconocidas casi universalmente, y es así
como vemos a oficiales del Vaticano procurando restaurar el respeto
por prácticas apresuradamente abandonadas.
Es prácticamente
imposible evaluar la perdurable contribución de Maritain
al pensamiento católico. Pablo VI llamó a Maritain
su maestro y lo citó en la Populorum Progressio (1967).
Yves Simon, estudiante cuando Maritain enseñaba en el Instituto
Católico de París, reconoció su influencia
como guía a medida que desarrollaba su filosofía
política. Lo mismo hizo John Courtey Murray al hablar del
rol de la religión en la sociedad y de las relaciones entre
la Iglesia y el Estado. Es evidente también que Etienne
Gilson fue influenciado por la insistencia de Maritain sobre el
carácter existencial de la metafísica tomista. Ambos
destacaron la importancia del 'juicio' como revelador del acto
de existir (esse), con Maritain señalando hacia
el carácter intuitivo y afectivo del acto de juzgar. La
preocupación de ambos era evitar lo que estimaban era un
esencialismo estático, en el cual incluso el acto de existir
era conceptualmente representado como una cosa. Muchos de sus
discípulos comunes en Norteamérica contribuyeron
al desarrollo de de una metafísica del acto de existir,
esse, destacándose Joseph Owens, Gerard Smith, S.J.,
George Klubertanz, S.J., y Anton Pegis.
En Francia,
Emmanuel Mounier osciló entre la condición de discípulo
y ciertos flirteos con los fascistas y, eventualmente, una breve
cooperación con el Partido Comunista Francés. La
influencia de Maritain en el movimiento Personalista fue destacada.
Jean-Paul Sartre se quejaba ante Denis de Rougemont: «Vuestro
Personalismo ha vencido... Todos en Francia se declaran Personalistas».
El interés
en la obra de Maritain continua inalterable en Occidente. Se pueden
encontrar institutos y conferencias construidas alrededor del
legado de Maritain en Europa, Norteamérica y Sudamérica.
Eugeen de Jonge, antiguo editor de Politica (Bélgica)
y el Obispo Nicolás Derisi, por mucho tiempo editor de
la revista trimestral Sapientia (Argentina), ofrecieron
sus foros para la discusión de la filosofía social
y política de Maritain. Especial mención merecen
Peter Redpath y sus colegas que han hecho de la American Maritain
Association una institución viable.
Al frente,
entre los discípulos contemporáneos de Maritain,
se encuentra Ralph McInerny, director del Centro Jacques Maritain
de la Universidad de Notre Dame. Bajo su patrocinio, la University
of Notre Dame Press ha asumido la publicación de la traducción
al inglés de las obras de Maritain en una edición
uniforme. Pero McInerny no sólo es instrumental en presentar
la obra escrita de Maritain, sino que, además, por medio
del Centro Maritain ha provisto a estudiantes y experimentados
profesores de la oportunidad de estudiar la obra de Maritain así
como la de Santo Tomás de Aquino.
Como un modelo
de filósofo, trabajando desde dentro de la fe católica
y alimentándose de la Antigüedad y de la Edad Media,
principalmente del Aquinense, para abordar los temas contemporáneos,
Maritain es probablemente insuperable. Él representó
preeminentemente en el siglo XX la filosofía perenne y,
consecuentemente, se ha ganado título de "doctor de
la Iglesia".
* Traducido del inglés por H.I.