«Santo
Tomás no es un límite: es un faro».-
Lacordaire
Pocas
vidas como la de Maritain pueden exhibir una variedad tan grande
de obras y trabajos intelectuales y al mismo tiempo una mayor
unidad vital de visualización doctrinal.
Y
esta unidad se la da el tomismo. Pues antes que toda otra cosa,
Maritain es un filósofo tomista. Ignorar esto es no sólo
no comprender a Maritain en sí mismo, sino su obra toda
y las lecciones que especialmente para nosotros los cristianos,
ella arroja. Eso significa que Maritain primeramente es un metafísico,
un estudioso del ser en cuanto ser, y luego que estas consideraciones
son hechas por él apoyándose en los principios
de Santo Tomás.
Su
obra entera se ha dirigido a repensar, según la doctrina
tomista, los problemas de nuestro tiempo, demostrando que ella
es capaz de resolverlos de acuerdo con sus principios. No imita
servilmente a Santo Tomás ni desea tampoco vestirlo a
la moda de nuestra época, sino que extrae de sus principios,
activa y vitalmente meditados, todas las verdades que contiene
implícitamente, actualizando así «un tesoro
cuyo alto precio ignora nuestra época», como dijera él mismo en un libro reciente.
ÉSTA HA SIDO LA GRAN SIGNIFICACIÓN DE MARITAIN
Después
de él, la filosofía de Santo Tomás no será
ya una filosofía de Seminarios ni un sistema muerto que
sólo sirviera para exhibirlo en los museos de la historia
del pensamiento humano, sino algo vivo, cuyos principios responden
a las necesidades, exigencias e interrogantes del momento histórico
en que vivimos, insertándose para siempre en el movimiento
existencial de su cultura y de su vida. Con él, el tomismo
(y con el tomismo, la filosofía cristiana, de la que
éste es su más alta y acabada expresión)
ha demostrado que puede estar activamente presente en todas
las grandes cuestiones que plantean a nuestra generación
la metafísica, la educación, la política,
el arte.
No
es ilegítimo como algunos parecen creerlo
estar en desacuerdo con él en las aplicaciones concretas
que de los principios tomistas concibe en filosofía política.
Ni menos lo es estarlo en metafísica o en educación.
Pero es una posición viciosa del espíritu no reconocer
en él un gran apóstol intelectual del tomismo,
que ha hecho realidad la petición que León XIII
hiciera a los intelectuales católicos en su encíclica 'Aeternis Patris', de revitalizar y vigorizar el tomismo
como el sistema más de acuerdo con la revelación
y con la evolución del pensamiento moderno.
Con
esta perspectiva, caminemos entonces por las anchas y dilatadas
avenidas de la obra maritainiana.
En
Los Grados del Saber, Siete
Lecciones sobre el ser, Filosofía
de la Naturaleza e Introducción
a la Filosofía, presenta al entendimiento
en su marcha al encuentro de las diversas verdades jerárquicas,
la que comienza con el saber sensible, que abraza toda la realidad
sensible en cuanto mensurable y descriptible, en sus dos ramas,
el saber que denomina empíreo-esquemático (física)
y empíreo-descriptivo (zoología, botánica),
para llegar al conocimiento metafísico, que es el más
alto y abstracto, pues tiene por objeto el ser despojado de
todo rastro sensible, pasando antes por la vía del saber
matemático, que tiene por fin el ser en sus relaciones
de cantidad, abstracción hecha de toda otra cualidad
sensible.
La
Filosofía Cristiana analiza el problema
de si es posible hablar de una filosofía cristiana propiamente
tal, llegando a concluir que la filosofía en su naturaleza
no es cristiana ni pagana, pero que existe un estado cristiano
de la filosofía, cual es hallarse encarnada en filósofos
cristianos cuyas fuerzas naturales han sido elevadas por la
gracia.
Reflexiones
sobre la inteligencia, El Doctor Angélico,
Religión y Cultura, La
Filosofía Bergsoniana, De Bergson
a Tomás de Aquino', nos presentan el sistema
tomista como la verdadera solución en el orden intelectual
de los males de nuestro tiempo, que para Maritain tienen su
origen en una desviación de la inteligencia.
Estas
obras tienen por objeto revitalizar el tomismo, haciendo que
tome su organización propia y su desenvolvimiento autónomo.
En
otro grupo de sus obras, repiensa, a la luz de esta gran doctrina,
fundamentales problemas de nuestro tiempo. Tales son Psicoanálisis
y Freudismo en que distingue los aportes del psicoanálisis,
muy valiosos en la técnica médica, del freudismo
como concepción filosófica, que repudia; Signo
y Símbolo, donde estudia los diversos estados
por los que ha pasado la mentalidad primitiva a pesar de su
igualdad específica; Física y cantidad
y La relatividad de Einstein, que
enfrentan los problemas filosóficos de la matemática
moderna; Breve tratado sobre la existencia y lo
existente, acerca de la filosofía existencialista,
a la que opone la filosofía existencial de Santo Tomás
de Aquino; Ciencia y Sabiduría,
contra la ciencia que pretende ser sabiduría. La
Educación en este momento crucial, ardiente
alegato contra la educación pragmática e intelectualista
de nuestro tiempo, sobre la cual ha de levantarse una filosofía
de la educación que tenga en vista la verdadera finalidad
de ella: hacer al hombre verdaderamente hombre.
Y
como para él «el problema de la filosofía
cristiana y el de la política cristiana no son sino el
aspecto especulativo y el aspecto práctico de un mismo
problema», desciende del cielo metafísico a
la arena candente de los problemas político-sociales.
Y así, en "Tres Reformadores",
estudia el origen, desenvolvimiento y crisis del mundo actual;
Individuo y Persona; Para
una filosofía de la persona humana y La
persona y el bien común, resuelven en la
noción de bien común el antagonismo aparente del
ser humano personal y de la sociedad, criticando los errores
parciales y contrarios del liberalismo y del socialismo.
En
Primacía de lo espiritual,
Del Régimen temporal y de la libertad,
Principios de una política humanista
y Humanismo Integral, echa las bases
de un nuevo humanismo abierto a lo sobrenatural, que debería
ser el espíritu que animara a una sociedad cristiana
bajo los cielos históricos que vivimos.
Tal
es la inmensa obra de este discípulo de Santo Tomás,
obra ancha y profunda, propia de un espíritu que fue
trabajado por todos los errores y todas las ilusiones de nuestros
días y que supo encontrar la paz en la vieja sabiduría
aristotélico-tomista. Y por ello es que tengo para mí,
que el mejor homenaje que podemos rendirle, es mostrarla a la
faz de nuestros contemporáneos como prueba viva de su
fecundidad.