PRESENCIA DE MARITAIN

MARITAIN Y AMÉRICA LATINA

Tristán de Athayde


(Alceu Amoroso Lima, filósofo brasileño, profesor universitario, autor de numerosas obras de Filosofía Social)


Este artículo, original en francés, formó parte del homenaje rendido en 1948 a Jacques Maritain por la ‘Revue Thomiste’. En 1971 fue publicado en español por la revista ‘Política y Espíritu’, en su número de homenaje a Maritain, con motivo de cumplir noventa años de edad.

 



En esta sumaria nota sobre la repercusión de la obra de Jacques Maritain en el Nuevo Mundo, quiero antes que nada hacer resaltar que ni la guerra, ni el destierro voluntario del filósofo en los EE. UU., en que ha tenido un papel relevante en cuanto a las relaciones de Francia y América del Norte, no han sido la primera ocasión de la conexión íntima entre el filósofo tomista y nuestro continente.

Su influencia en América Latina es muy anterior a esta fecha y a estas circunstancias. Cuando en 1937 yo fui por primera vez a Argentina, una de las primeras visitas que recibí en el Hotel Nogaro (el mismo en que había residido Maritain el año anterior) fue la del joven profesor de la Facultad Nacional de Derecho, Rafael Pividal, que falleciera recientemente en plena madurez. En la tarjeta de visita que me dejó en el hotel, había escrito: "Maritainista integral".

En esa época comenzaba a discutirse su obra escrita hasta entonces, indiscutiblemente por todo el mundo. César Picó acababa de publicar una carta abierta a Maritain; la que vendría a desencadenar la campaña de prensa que condujo a posiciones favorables y contrarias a Maritain en todos los países de América Latina y cuyos orígenes fueron principalmente de orden político. Hacía varios años que la obra de Maritain había comenzado a ejercer influencia en América Latina. Yo creo que fue alrededor de 1925 cuando Maritain empezó a ser conocido en América Latina.

* * *

Tanto en Brasil como en los demás países de origen ibérico del Nuevo Mundo, el catolicismo sufrió en el siglo XIX una larga y penosa crisis filosófica. La filosofía racionalista que había obtenido éxito desde fines de siglo, se introdujo en América a pesar de la estricta censura ejercida sobre las ideas, – una vez más se comprueba que los sistemas políticos no llegan jamás a impedir que se extiendan tanto el bien, como la verdad o el error –, siendo remplazada a comienzos del siglo XIX por el eclecticismo cousiniano. Este, a su vez, sería suplantado por diferentes corrientes naturalistas de mitad de siglo, representadas sobre todo por el monismo haeckeliano, el positivismo de Augusto Comte y el evolucionismo de Spencer. A partir de 1870 estas últimas corrientes dominan en América Latina, donde la filosofía tradicional ya no se enseñaba ni se seguía, a no ser en los Seminarios y se explicaba sólo en manuales escolares sin envergadura filosófica. La separación entre la filosofía tradicional y las nuevas corrientes filosóficas llegó a ser total. La primera se batía en retirada, mientras éstas dominaban totalmente en los medios "laicos". La simple enunciación de este hecho dice bastante sobre su gravedad.

Pero a fines del siglo XIX, con gran sorpresa e indignación de los representantes de las viejas generaciones, comenzó a surgir una reacción espiritualista. La obra de Bergson fue la inspiradora de esta revolución filosófica, introducida por pensadores como Antonio Caro en México y Farías Brito en Brasil. Este espiritualismo filosófico, bajo una forma más o menos panpsiquista, sirvió como transición para restaurar o mejor instaurar la filosofía tradicional. En Brasil, el movimiento comenzó en Sao Paulo, capital de la provincia del mismo nombre. Se debió a la iniciativa de los Padres Benedictinos que fundaron una Facultad de Filosofía, en comunicación con la Universidad de Lovaina. Un filósofo belga, Mons. Sentroul introdujo el tomismo y la enseñanza del cardenal Mercier. Dos profesores laicos, uno brasileño y otro belga, Alejandro Correia y Leonard Van Acker fueron los pioneros de esta enseñanza que continúan con gran competencia hasta el día de hoy.

Esto ocurría poco antes de la guerra de 1914. Pero fue sólo después de la guerra cuando llegó a América el libro de Maritain, sobre 'La filosofía de Bergson'. Fue la revelación de este joven filósofo, alumno del maestro de la 'Evolución creadora', cuya obra ya se abría camino en nuestros medios. Este libro abrió nuevos horizontes. Para la mayoría, Bergson fue considerado como una transición. Algunos se lanzaron por senderos del materialismo dialéctico. Otros le aceptaron como filósofo del intuitivismo vitalista, que calzaba muy bien con la tendencia muy espontánea del temperamento iberoamericano. A otros, finalmente, la lectura de Maritain les abría los ojos hacia la fe católica y hacia la filosofía tradicional, que hasta entonces les habían parecido, una y otra, incompatibles con el pensamiento científico moderno.

* * *

Cuando en 1936 fui a recibir a Maritain al barco que le llevaba de Argentina a Francia, ya era todo un guía espiritual y un maestro de metafísica a quien nos dirigíamos.

Habían pasado al menos diez años desde que sus primeros libros nos lo habían revelado. En esa época no era aún el guía espiritual que nos interesaba. Era el filósofo, el discípulo de Bergson, se trataba de un mensajero puramente intelectual.

¿Qué enseñanza recibió, pues, nuestra generación de Maritain? Yo creo que podríamos hablar de una reconciliación con la inteligencia. Lo que nos había llevado hasta Bergson era la decepción de la razón. Lo que Maritain nos revelaba con un rigor sin complacencia, pero sin la aridez de su exposición, era el verdadero rostro de la inteligencia.

La razón nos había parecido insuficiente porque no nos revelaba sino una parte inferior de la realidad. El nuevo maestro, alimentado por la más pura médula tradicional nos revelaba la inteligencia como sobrepasando a la razón, pero en su sentido propio, y abriéndonos a la totalidad del universo desde la materia bruta hasta el acto puro.

Se trataba de un verdadero renacimiento. Podemos decir que nuestra generación se lo debe sobre todo a la enseñanza de Jacques Maritain. El fenómeno fue reproduciéndose a lo largo y ancho de América Latina. Si preguntamos a los hombres de cincuenta años de México, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Ecuador o Paraguay, como yo lo hice personalmente a muchos de ellos, las referencias son idénticas. Ha habido una revolución paralela en todos nuestros países de América Latina. Cambian los nombres, las circunstancias son variables y existen matices particulares en cada país. Pero el conjunto es idéntico. Maritain ha sido el revelador de la inteligencia para una generación escéptica, agnóstica o vitalista.

Hacia 1936, con ocasión de su viaje a América Latina, cuando los problemas sociales habían relegado en todas partes a un segundo plano los problemas estéticos, filosóficos y religiosos, que ocuparon hasta entonces a las nuevas generaciones, fue nuevamente Maritain quien nos salvó de ciertos errores y de ciertas ilusiones políticas, que en mayor o menor grado nos habían deslumbrado.

El autor de 'Del régimen temporal y de la libertad' nos abrió un nuevo camino en el terreno político, así como antes nos lo abriera en el metafísico. El fundamento era el mismo; el sentido común. Desde la filosofía del sentido común, el maestro de Meudon nos revelaba la política del sentido común.

Desde 1936 los debates en torno a L'Action Francaise comenzaron a preocuparnos. La publicación de 'Primacía de lo espiritual' fue un gran paso adelante. Hacía largo tiempo que las ideas autoritarias habían lanzado a los jóvenes en una reacción contra la democracia. Nietzsche y Sorel habían sido los guías de nuestra generación. Estos dos maestros del anti-!liberalismo habían dejado una profunda impronta sobre la generación que tenía 20 años en la guerra de 1914. Maurras tuvo también una cierta influencia aunque de menor consideración. Hacia 1920 se hizo sentir en todas partes una reacción autoritaria contra la democracia liberal de comienzos de siglo. Después de 1930 dos corrientes gemelas y opuestas – comunismo y fascismo – captaron a los jóvenes. Los católicos se vieron profundamente influenciados por el movimiento reaccionario que presentaba al fascismo como el único obstáculo para el comunismo; y por lo demás este movimiento no dejó de hacerse sentir.

Mientras tanto, sobre todo entre los más jóvenes, un numeroso contingente se empezaba a rebelar contra este dilema. Comenzaron a sentir, en forma imprecisa pero segura que ambos extremos se tocaban y que "Dios no era de derechas" como afirmara en esa misma época un artículo luminoso del Padre Congrar O. P. que abrió a muchos los ojos.

Fue nuevamente la obra de Maritain la que vino a salvarnos de ese error. Por la visión iluminada de Pío XI, el propio Maritain había sido advertido de los nuevos peligros que amenazaban a la cristianidad y a la misma verdad. Con la visión cercana de los hechos se intuía el peligro. Con la meditación del Evangelio y de Sto. Tomás, se le abrió completamente la inteligencia.

El mismo que nos había revelado la profunda compatibilidad entre la inteligencia humana y la verdad nos manifestaba ahora la natural adecuación entre libertad y bien común. Nosotros habíamos confundido libertad y liberalismo, autoridad y dictadura. Maritain, a la luz de los principios más puros del derecho natural y de la filosofía tradicional nos acababa de mostrar que era preciso distinguir para unir. Su enseñanza que nos había conducido desde el escepticismo o irracionalismo a un intelectualismo ordenado a lo real integral, llegaba ahora, en el plano político a conducirnos desde opciones unilaterales a una síntesis total en que libertad y autoridad se integraban naturalmente en la verdad. Todo esto se traducía concretamente tanto en un rechazo del comunismo y del fascismo como en la rehabilitación de la democracia basada en los principios de la sabiduría cristiana. Los problemas políticos tenían, por cierto, en América una repercusión mayor que los problemas filosóficos.

Mientras la influencia de Maritain se presentaba solamente en el plano religioso y metafísico, todos lo aceptaron sin reservas. Desde el momento en que se refirió a problemas políticos y principalmente después de los sucesos de España, todo cambió. No es éste ni el momento ni el lugar de hacer el resumen de esta campaña que desdichadamente no ha terminado. Por otra parte manifiesta una verdadera ley del movimiento histórico que oponen a la verdad más simple la rutina, la inercia, los prejuicios y los privilegios.

Maritain acababa de abrir nuevos caminos a un régimen político y económico de libertad y de justicia. Mucho antes que él, desde León XIll, había proclamado estas mismas verdades. Pero esta voz no tuvo el eco que era de suponer. El laicismo había puesto barreras infranqueables entre la enseñanza de la Iglesia y los problemas políticos y sociales. Hoy día, frente a ciertos confusionismos es preciso reivindicar con frecuencia la autonomía relativa de lo político o de lo económico. En este momento por el contrario hemos tenido que lamentar la separación entre lo temporal y lo espiritual, entre lo político o lo económico y lo ético.

Ha sido Maritain quien ha denunciado con el mayor rigor los malentendidos, confusiones y sofismas en obras como 'Humanismo Integral', 'Los derechos del hombre y la ley natural' y 'Cristianismo y Democracia'.

Estas obras fueron traducidas al español, al inglés y al portugués y se expandieron por toda América. En Estados Unidos la acogida fue casi unánimemente favorable. Católicos y no católicos vieron, con clarividencia, la contribución espiritual e intelectual inestimables que aportaban a la lucha de la democracia contra el espíritu totalitario. En América Latina la opinión se dividió un poco más.

El espíritu democrático es todavía en estos países menos tradicional y profundo que en los Estados Unidos. El espíritu totalitario, manifiesto o no, ha dejado un sello mucho más profundo. Contra el peligro comunista no se ha hecho otra cosa que recurrir a la dictadura o al menos a una democracia autoritaria. Estos medios no podían recibir sino con reserva la filosofía política tomista de Maritain.

De ahí ciertos ataques cuyo origen es más bien político que filosófico o religioso. Por otra parte la recreación de los principios tomistas de la política y de la economía, totalmente desconocidos hasta entonces en los medios no católicos, llevaron a muchos espíritus de buena voluntad a una revisión de sus actitudes frente a fa Iglesia y al catolicismo social.

Si la enseñanza social de Jacques Maritain "escandalizó" en ciertos medios para quienes la Iglesia estaba comprometida con el orden social existente, y toda reforma social significa un debilitamiento del cristianismo frente a la marea ascendente del comunismo (que, a mi juicio, es una marea en descenso, debido a sus errores teóricos y prácticos), – en compensación abrió los ojos a muchísimos católicos que no habían entendido bien el llamado de la Iglesia a la justicia social desde León XIII, y al mismo tiempo disminuyó el contraste entre católicos y no católicos, ensanchando así las fronteras de la verdad.

* * *

Aún no se ha valorizado con datos concretos la influencia de Maritain en América. Un trabajo de investigación en este sentido sería enorme. Desde 1925 hasta nuestros días, yo creo que ningún pensador europeo ha tenido en América referencias, citas, comentarios, libros publicados en favor y en contra de sus ideas, suplementos especiales de diarios y de revistas y centros de estudio que lleven su nombre. Hace más de 20 años, en 1925, se fundó un centro Jacques Maritain, en la facultad de derecho de Río de Janeiro. En la facultad católica de Derecho de Porto Alegre (al sur de Brasil), un hermano marista fundaba en 1946 un centro de estudios del mismo nombre. Pero no fueron solamente los jóvenes los que siguieron a Maritain. En 1937 Maritain fue elegido miembro correspondiente de la Academia Brasileña de Letras.

Con ocasión del aniversario de su conversión, en Argentina le dedicaron un centenar de artículos. Y la revista A Ordem, de Río de Janeiro publicó en 1946 un número especial en volumen aparte con más de 30 artículos de sacerdotes y de laicos referentes a su obra. Se puede decir que no pasa una semana en que su nombre no sea citado en los diarios. El trabajo bibliográfico para las tesis de licencia que serán publicadas próximamente sobre Maritain en América, deberá ser considerable y no se podrá completar ya que la prensa de provincias de todo el continente, que será difícil de reunir, no queda atrás en cuanto al interés que la prensa de las grandes capitales manifiesta por el filósofo del 'Humanismo Integral'.

Cuando en el mes de abril del año pasado, grupos de católicos uruguayos, argentinos, chilenos y brasileños se encontraron en Montevideo para echar las bases de un movimiento conjunto en toda América Latina, para el estudio y la aplicación de los principios sociales católicos en la vida política, económica y cultural de todo el continente aceptaron por unanimidad el humanismo integral de Maritain como el fundamento intelectual de sus propias conclusiones. Igualmente con este mismo fundamento filosófico comienza a agruparse el movimiento economía y humanismo cuyas bases lanzara el año pasado el Padre Lebret y cuyo desarrollo está a cargo de los dominicos de Brasil.

La renovación tomista en América así como la solución cristiana de los problemas sociales del Nuevo Mundo, deben a Maritain más que a ningún otro pensador moderno el mejor aliento de su actual expansión. Esto es suficiente para mostrar la amplitud de su irradiación intelectual.