En esta
sumaria nota sobre la repercusión de la obra de Jacques
Maritain en el Nuevo Mundo, quiero antes que nada hacer resaltar
que ni la guerra, ni el destierro voluntario del filósofo
en los EE. UU., en que ha tenido un papel relevante en cuanto
a las relaciones de Francia y América del Norte, no han
sido la primera ocasión de la conexión íntima
entre el filósofo tomista y nuestro continente.
Su influencia
en América Latina es muy anterior a esta fecha y a estas
circunstancias. Cuando en 1937 yo fui por primera vez a Argentina,
una de las primeras visitas que recibí en el Hotel Nogaro
(el mismo en que había residido Maritain el año
anterior) fue la del joven profesor de la Facultad Nacional de
Derecho, Rafael Pividal, que falleciera recientemente en plena
madurez. En la tarjeta de visita que me dejó en el hotel,
había escrito: "Maritainista integral".
En esa época
comenzaba a discutirse su obra escrita hasta entonces,
indiscutiblemente por todo el mundo. César Picó
acababa de publicar una carta abierta a Maritain; la que vendría
a desencadenar la campaña de prensa que condujo a posiciones
favorables y contrarias a Maritain en todos los países
de América Latina y cuyos orígenes fueron principalmente
de orden político. Hacía varios años que
la obra de Maritain había comenzado a ejercer influencia
en América Latina. Yo creo que fue alrededor de 1925 cuando
Maritain empezó a ser conocido en América Latina.
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* *
Tanto en Brasil
como en los demás países de origen ibérico
del Nuevo Mundo, el catolicismo sufrió en el siglo XIX
una larga y penosa crisis filosófica. La filosofía
racionalista que había obtenido éxito desde fines
de siglo, se introdujo en América a pesar de la estricta
censura ejercida sobre las ideas, una vez más se
comprueba que los sistemas políticos no llegan jamás
a impedir que se extiendan tanto el bien, como la verdad o el
error , siendo remplazada a comienzos del siglo XIX por
el eclecticismo cousiniano. Este, a su vez, sería suplantado
por diferentes corrientes naturalistas de mitad de siglo, representadas
sobre todo por el monismo haeckeliano, el positivismo de Augusto
Comte y el evolucionismo de Spencer. A partir de 1870 estas últimas
corrientes dominan en América Latina, donde la filosofía
tradicional ya no se enseñaba ni se seguía, a no
ser en los Seminarios y se explicaba sólo en manuales escolares
sin envergadura filosófica. La separación entre
la filosofía tradicional y las nuevas corrientes filosóficas
llegó a ser total. La primera se batía en retirada,
mientras éstas dominaban totalmente en los medios "laicos".
La simple enunciación de este hecho dice bastante sobre
su gravedad.
Pero a fines
del siglo XIX, con gran sorpresa e indignación de los representantes
de las viejas generaciones, comenzó a surgir una reacción
espiritualista. La obra de Bergson fue la inspiradora de esta
revolución filosófica, introducida por pensadores
como Antonio Caro en México y Farías Brito en Brasil.
Este espiritualismo filosófico, bajo una forma más
o menos panpsiquista, sirvió como transición para
restaurar o mejor instaurar la filosofía tradicional. En
Brasil, el movimiento comenzó en Sao Paulo, capital de
la provincia del mismo nombre. Se debió a la iniciativa
de los Padres Benedictinos que fundaron una Facultad de Filosofía,
en comunicación con la Universidad de Lovaina. Un filósofo
belga, Mons. Sentroul introdujo el tomismo y la enseñanza
del cardenal Mercier. Dos profesores laicos, uno brasileño
y otro belga, Alejandro Correia y Leonard Van Acker fueron los
pioneros de esta enseñanza que continúan con gran
competencia hasta el día de hoy.
Esto ocurría
poco antes de la guerra de 1914. Pero fue sólo después
de la guerra cuando llegó a América el libro de
Maritain, sobre 'La filosofía de Bergson'. Fue la
revelación de este joven filósofo, alumno del maestro
de la 'Evolución creadora', cuya obra ya se abría
camino en nuestros medios. Este libro abrió nuevos horizontes.
Para la mayoría, Bergson fue considerado como una transición.
Algunos se lanzaron por senderos del materialismo dialéctico.
Otros le aceptaron como filósofo del intuitivismo vitalista,
que calzaba muy bien con la tendencia muy espontánea del
temperamento iberoamericano. A otros, finalmente, la lectura de
Maritain les abría los ojos hacia la fe católica
y hacia la filosofía tradicional, que hasta entonces les
habían parecido, una y otra, incompatibles con el pensamiento
científico moderno.
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* *
Cuando en
1936 fui a recibir a Maritain al barco que le llevaba de Argentina
a Francia, ya era todo un guía espiritual y un maestro
de metafísica a quien nos dirigíamos.
Habían
pasado al menos diez años desde que sus primeros libros
nos lo habían revelado. En esa época no era aún
el guía espiritual que nos interesaba. Era el filósofo,
el discípulo de Bergson, se trataba de un mensajero puramente
intelectual.
¿Qué
enseñanza recibió, pues, nuestra generación
de Maritain? Yo creo que podríamos hablar de una reconciliación
con la inteligencia. Lo que nos había llevado hasta
Bergson era la decepción de la razón. Lo que Maritain
nos revelaba con un rigor sin complacencia, pero sin la aridez
de su exposición, era el verdadero rostro de la inteligencia.
La razón
nos había parecido insuficiente porque no nos revelaba
sino una parte inferior de la realidad. El nuevo maestro,
alimentado por la más pura médula tradicional nos
revelaba la inteligencia como sobrepasando a la razón,
pero en su sentido propio, y abriéndonos a la totalidad
del universo desde la materia bruta hasta el acto puro.
Se trataba
de un verdadero renacimiento. Podemos decir que nuestra generación
se lo debe sobre todo a la enseñanza de Jacques Maritain.
El fenómeno fue reproduciéndose a lo largo y ancho
de América Latina. Si preguntamos a los hombres de cincuenta
años de México, Colombia, Perú, Chile, Argentina,
Uruguay, Ecuador o Paraguay, como yo lo hice personalmente a muchos
de ellos, las referencias son idénticas. Ha habido una
revolución paralela en todos nuestros países de
América Latina. Cambian los nombres, las circunstancias
son variables y existen matices particulares en cada país.
Pero el conjunto es idéntico. Maritain ha sido el revelador
de la inteligencia para una generación escéptica,
agnóstica o vitalista.
Hacia 1936,
con ocasión de su viaje a América Latina, cuando
los problemas sociales habían relegado en todas partes
a un segundo plano los problemas estéticos, filosóficos
y religiosos, que ocuparon hasta entonces a las nuevas generaciones,
fue nuevamente Maritain quien nos salvó de ciertos errores
y de ciertas ilusiones políticas, que en mayor o menor
grado nos habían deslumbrado.
El autor de
'Del régimen temporal y de la libertad' nos
abrió un nuevo camino en el terreno político, así
como antes nos lo abriera en el metafísico. El fundamento
era el mismo; el sentido común. Desde la filosofía
del sentido común, el maestro de Meudon nos revelaba la
política del sentido común.
Desde 1936
los debates en torno a L'Action Francaise comenzaron
a preocuparnos. La publicación de 'Primacía
de lo espiritual' fue un gran paso adelante. Hacía
largo tiempo que las ideas autoritarias habían lanzado
a los jóvenes en una reacción contra la democracia.
Nietzsche y Sorel habían sido los guías de nuestra
generación. Estos dos maestros del anti-!liberalismo habían
dejado una profunda impronta sobre la generación que tenía
20 años en la guerra de 1914. Maurras tuvo también
una cierta influencia aunque de menor consideración. Hacia
1920 se hizo sentir en todas partes una reacción autoritaria
contra la democracia liberal de comienzos de siglo. Después
de 1930 dos corrientes gemelas y opuestas comunismo y fascismo
captaron a los jóvenes. Los católicos se
vieron profundamente influenciados por el movimiento reaccionario
que presentaba al fascismo como el único obstáculo
para el comunismo; y por lo demás este movimiento no dejó de hacerse sentir.
Mientras tanto,
sobre todo entre los más jóvenes, un numeroso contingente
se empezaba a rebelar contra este dilema. Comenzaron a sentir,
en forma imprecisa pero segura que ambos extremos se tocaban y
que "Dios no era de derechas" como afirmara en
esa misma época un artículo luminoso del Padre Congrar
O. P. que abrió a muchos los ojos.
Fue nuevamente
la obra de Maritain la que vino a salvarnos de ese error. Por
la visión iluminada de Pío XI, el propio Maritain
había sido advertido de los nuevos peligros que amenazaban
a la cristianidad y a la misma verdad. Con la visión cercana
de los hechos se intuía el peligro. Con la meditación
del Evangelio y de Sto. Tomás, se le abrió completamente
la inteligencia.
El mismo que
nos había revelado la profunda compatibilidad entre la
inteligencia humana y la verdad nos manifestaba ahora la natural
adecuación entre libertad y bien común. Nosotros
habíamos confundido libertad y liberalismo, autoridad y
dictadura. Maritain, a la luz de los principios más puros
del derecho natural y de la filosofía tradicional nos acababa
de mostrar que era preciso distinguir para unir. Su enseñanza
que nos había conducido desde el escepticismo o irracionalismo
a un intelectualismo ordenado a lo real integral, llegaba ahora,
en el plano político a conducirnos desde opciones unilaterales
a una síntesis total en que libertad y autoridad se integraban
naturalmente en la verdad. Todo esto se traducía concretamente
tanto en un rechazo del comunismo y del fascismo como en la rehabilitación
de la democracia basada en los principios de la sabiduría
cristiana. Los problemas políticos tenían, por cierto,
en América una repercusión mayor que los problemas
filosóficos.
Mientras la
influencia de Maritain se presentaba solamente en el plano religioso
y metafísico, todos lo aceptaron sin reservas. Desde el
momento en que se refirió a problemas políticos
y principalmente después de los sucesos de España,
todo cambió. No es éste ni el momento ni el lugar
de hacer el resumen de esta campaña que desdichadamente
no ha terminado. Por otra parte manifiesta una verdadera ley del
movimiento histórico que oponen a la verdad más
simple la rutina, la inercia, los prejuicios y los privilegios.
Maritain acababa
de abrir nuevos caminos a un régimen político y
económico de libertad y de justicia. Mucho antes que él,
desde León XIll, había proclamado estas mismas verdades.
Pero esta voz no tuvo el eco que era de suponer. El laicismo había
puesto barreras infranqueables entre la enseñanza de la
Iglesia y los problemas políticos y sociales. Hoy día,
frente a ciertos confusionismos es preciso reivindicar con frecuencia
la autonomía relativa de lo político o de lo económico.
En este momento por el contrario hemos tenido que lamentar la
separación entre lo temporal y lo espiritual, entre lo
político o lo económico y lo ético.
Ha sido Maritain
quien ha denunciado con el mayor rigor los malentendidos, confusiones
y sofismas en obras como 'Humanismo Integral', 'Los
derechos del hombre y la ley natural' y 'Cristianismo
y Democracia'.
Estas obras
fueron traducidas al español, al inglés y al portugués
y se expandieron por toda América. En Estados Unidos la
acogida fue casi unánimemente favorable. Católicos
y no católicos vieron, con clarividencia, la contribución
espiritual e intelectual inestimables que aportaban a la lucha
de la democracia contra el espíritu totalitario. En América
Latina la opinión se dividió un poco más.
El espíritu
democrático es todavía en estos países menos
tradicional y profundo que en los Estados Unidos. El espíritu
totalitario, manifiesto o no, ha dejado un sello mucho más
profundo. Contra el peligro comunista no se ha hecho otra cosa
que recurrir a la dictadura o al menos a una democracia autoritaria.
Estos medios no podían recibir sino con reserva la filosofía
política tomista de Maritain.
De ahí
ciertos ataques cuyo origen es más bien político
que filosófico o religioso. Por otra parte la recreación
de los principios tomistas de la política y de la economía,
totalmente desconocidos hasta entonces en los medios no católicos,
llevaron a muchos espíritus de buena voluntad a una revisión
de sus actitudes frente a fa Iglesia y al catolicismo social.
Si la enseñanza
social de Jacques Maritain "escandalizó" en ciertos medios para quienes la Iglesia estaba comprometida
con el orden social existente, y toda reforma social significa
un debilitamiento del cristianismo frente a la marea ascendente
del comunismo (que, a mi juicio, es una marea en descenso, debido
a sus errores teóricos y prácticos), en compensación
abrió los ojos a muchísimos católicos que
no habían entendido bien el llamado de la Iglesia a la
justicia social desde León XIII, y al mismo tiempo disminuyó
el contraste entre católicos y no católicos, ensanchando
así las fronteras de la verdad.
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Aún
no se ha valorizado con datos concretos la influencia de Maritain
en América. Un trabajo de investigación en este
sentido sería enorme. Desde 1925 hasta nuestros días,
yo creo que ningún pensador europeo ha tenido en América
referencias, citas, comentarios, libros publicados en favor y
en contra de sus ideas, suplementos especiales de diarios y de
revistas y centros de estudio que lleven su nombre. Hace más
de 20 años, en 1925, se fundó un centro Jacques
Maritain, en la facultad de derecho de Río de Janeiro.
En la facultad católica de Derecho de Porto Alegre (al
sur de Brasil), un hermano marista fundaba en 1946 un centro de
estudios del mismo nombre. Pero no fueron solamente los jóvenes
los que siguieron a Maritain. En 1937 Maritain fue elegido miembro
correspondiente de la Academia Brasileña de Letras.
Con ocasión
del aniversario de su conversión, en Argentina le dedicaron
un centenar de artículos. Y la revista A Ordem,
de Río de Janeiro publicó en 1946 un número
especial en volumen aparte con más de 30 artículos
de sacerdotes y de laicos referentes a su obra. Se puede decir
que no pasa una semana en que su nombre no sea citado en los diarios.
El trabajo bibliográfico para las tesis de licencia que
serán publicadas próximamente sobre Maritain en
América, deberá ser considerable y no se podrá
completar ya que la prensa de provincias de todo el continente,
que será difícil de reunir, no queda atrás
en cuanto al interés que la prensa de las grandes capitales
manifiesta por el filósofo del 'Humanismo Integral'.
Cuando en
el mes de abril del año pasado, grupos de católicos
uruguayos, argentinos, chilenos y brasileños se encontraron
en Montevideo para echar las bases de un movimiento conjunto en
toda América Latina, para el estudio y la aplicación
de los principios sociales católicos en la vida política,
económica y cultural de todo el continente aceptaron por
unanimidad el humanismo integral de Maritain como el fundamento
intelectual de sus propias conclusiones. Igualmente con este mismo
fundamento filosófico comienza a agruparse el movimiento economía y humanismo cuyas bases lanzara el año
pasado el Padre Lebret y cuyo desarrollo está a cargo de
los dominicos de Brasil.
La renovación
tomista en América así como la solución cristiana
de los problemas sociales del Nuevo Mundo, deben a Maritain más
que a ningún otro pensador moderno el mejor aliento de
su actual expansión. Esto es suficiente para mostrar la
amplitud de su irradiación intelectual.