PRESENCIA DE MARITAIN

 

ENCUENTRO ARGENTINO DEL INSTITUTO JACQUES MARITAIN

Jorge Horacio Gentile

 

6 de Mayo de 2005
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

ENLACES
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El Instituto Internacional Jacques Maritain de Roma
La Red Mundial Maritainiana
Angel Correa
El legado de Maritain en Canada
Lawrence Dewan, O.P.
El Centro Jacques Maritain
Universidad de Notre Dame
Maritain y América Latina
Tristán de Athayde
Maritain en Latinomerica
José Gómez Cerda
Jacques Maritain en Argentina
Fernando Martínez Paz
Encuentro Instituto J.M. de Argentina.
Jorge Horacio Gentile
Maritain, amigo de los vascos


Señores y señoras:

El filósofo Jacques Maritain, nacido en París el 18 de noviembre de 1882, visitó Córdoba y disertó en esta Universidad en 1936 sobre el tema 'Ciencia moderna y la filosofía' y fue presentado, en esa oportunidad, por el doctor Alfredo Fragueiro, profesor, entonces, de esta casa y quién sería, después de algunos años, mi querido profesor de filosofía en la Universidad Católica. El día 1º de octubre, que fue el de su llegada a esta ciudad, La Voz del Interior le dedicó un importante espacio a quién llamó el "Embajador del pensamiento Universal" y difundió su presencia de manera especial, con un artículo que llevaba como título "Lo eterno y lo temporal. El pensamiento de Maritain y los problemas actuales", expresión que podría sintetizar el significado del Encuentro que ahora comienza.

Han pasado 69 años y hoy nuevamente el gran maestro, después de haber fallecido el 28 de abril de 1973, nos visita en esta Universidad, en la persona del profesor Roberto Papini, Secretario General del Instituto Internacional Jacques Maritain, con sede en Roma. Dicho Instituto fue fundado en Ancona, Italia, un año después de la muerte de gran filósofo, con el propósito, expresado en su estatuto, de «promover investigaciones y estudios sobre los problemas del hombre, de la cultura y de la sociedad a la luz del pensamiento de Jacques Maritain». Este Encuentro Argentino se decidió hace un año en Roma, oportunidad en que con el Ingeniero Juan Carlos de la Peña y el Doctor Julio Plaza, profesor de la Universidad de Tucumán, participamos en la reunión conmemorativa de los treinta años de su fundación, y, como consecuencia de esa presencia, tuvimos el honor de ser recibidos, en audiencia privada, por Su Santidad Juan Pablo II, como representantes argentinos del Instituto Maritain.

¿Qué importancia tuvieron y tienen estas visitas?

La primera se dio entre las dos guerras mundiales, etapa histórica en la que en Europa entraron en crisis las democracias y el totalitalitarismo arrasó con algunas de ellas y el autoritarismo con otras. Expresión patética de ello fue la revolución rusa, que implantó el comunismo en ese país, que luego se extendería a los demás países del Este de ese continente; el fascismo, implantado con Mussolini en Italia, y el nacional socialismo, con Adolfo Hitler en Alemania. En España era inminente la dolorosa guerra civil, que algunos proclamaban como "guerra santa" – expresión inaceptable para Maritain – que trajo, como consecuencia, por varias décadas el gobierno autoritario de Francisco Franco. En Portugal se había instaurado otra tiranía, con Antonio Oliveira de Zalazar, que, como el anterior, decía inspirarse en principios cristianos. En el país del Filosofo, no se instaló una dictadura, a pesar de las ideas proclamadas por Acción Francesa, que fue «un grupo especial de tendencia monárquica, antiparlamentario, corporativista, descentralizador, autoritario y de combate» que lideraba un literato agnóstico, Charles Maurras, que tuvo mucha influencia en el campo intelectual de aquel país y que llegó a entusiasmar, incluso, a no pocos católicos, pero, afortunadamente, no logró cristalizar sus propósitos como consecuencia de la resistencia que le opusieron pensadores como Maritain. Los holocaustos, guerras y atropellos a los derechos de tantas personas que produjeron estas ideas y experiencias políticas son demostración acabada del desprecio por los Derechos del Hombre, proclamados solemnemente por la Revolución Francesa y por los revolucionarios de América, al momento de declarar la independencia de sus países.

En Argentina ya se había producido, el 6 de setiembre de 1930, el primero de los seis gobiernos militares que suspendieron la vigencia de la Constitución y la democracia, durante más de 23 años en el siglo XX, inspirados, en muchos casos, en ideas e ideólogos "nacionalistas", que admiraban y soñaban con emular a los regímenes totalitarios o autoritarios europeos, alguno de los cuales lo hacían desde el campo católico. Como bien recuerda Fernando Martínez Paz, que desde Córdoba escribió y siguió el pensamiento de Maritain, estos ideólogos propiciaban una autoridad fuerte, restauradora del orden, ya que «el valor libertad no era un tema nacionalista», porque «sólo se conocían los abusos de la libertad y se vivía la quiebra de las instituciones encargadas de protegerlas», como decía, entonces, Mario Amadeo, uno de estos nacionalistas. En materia cultural pretendían restaurar la moral «cuya virtud no era la amistad social», imposible «entre el rumor de las guerras» sino la fuerza y la violencia como categorías éticas. En materia social exigían una organización estatista, un estado confesional y corporativista que afianzara la familia, ignorada y destruida por el liberalismo individualista. Esto se presentaba «como un movimiento vigoroso, urgido por la necesidad revolucionaria que no admite dilación, en una Argentina que vivía en ese momento, ‘la hora de su destino’, como decía (Leopoldo) Lugones». Estas ideas convirtieron, también, a América Latina en una geografía poblada de dictadores.

Maritain había estudiado, revalorizado y traído al siglo XX el pensamiento de Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino, con lo que proponía y «ofrecía al hombre moderno, la posibilidad de salvar los valores de la inteligencia en el orden especulativo condición para salvar los valores humanos en el orden práctico», como bien señalaba Fernando Martínez Paz. Antes de su llegada a Argentina, había escrito la 'Carta de la Independencia' y 'Humanismo Integral', una de sus obras fundamentales, y en ese momento venía a plantearnos la posibilidad de conciliar el cristianismo y la democracia, desde una visión personalista, lo que produjo una seria división entre los católicos, ganados, entonces, – en gran medida – por el nacionalismo antidemocrático, división que duraría varias décadas, hasta que finalmente triunfaría la visión democrática, siendo uno de los pilares fundamentales de esta idea-fuerza el pensamiento del gran filósofo francés.

Arturo Ponsati decía que Maritain «influyó, en medida importante, en la formación y actuación de movimientos culturales y fuerzas políticas en América Latina, a partir, precisamente, de aquellos años treinta en que el filósofo ingresó, de lleno, en el territorio de las realidades temporales».

En esta segunda venida el contexto ha cambiado, la democracia y los derechos humanos, con no pocos padecimientos, han sido ganados para siempre por la sociedad política Argentina y son, además, un valor fundamental dentro de un mundo que se ha globalizado. Las graves crisis políticas sufridas en nuestro país durante 1989 y 2001 no afectaron estas convicciones y se superaron sin recurrir a los militares ni a los gobierno de facto. El pensamiento de Maritain se ha desarrollado, en estas casi siete décadas, a través de sus escritos y la de sus seguidores, –que abarcan toda la filosofía, metafísica y práctica- y ha dado importantes frutos, como fue la influencia que tuvo en la Declaración Universal de los Derecho del Hombre de la ONU de 1948; en los documentos del Concilio Ecuménico II y en el pensamiento del papado, especialmente en Pablo VI, que lo consideraba como uno de sus maestros en sabiduría por lo que lo escogió para entregarle el mensaje del Concilio en representación del mundo intelectual; y a través de los partidos demócratas cristianos y los movimientos universitarios Humanistas y, en Córdoba, también, del Integralismo, que llevaron esos nombres por su célebre obra 'Humanismo Integral'.

Sin embargo, en los comienzos del nuevo milenio, los problemas de los derechos humanos y la democracia en América Latina no son pocos, ya que las constituciones no siempre son respetadas, las democracias se ha debilitado en varios países con graves consecuencias para la estabilidad de los regímenes políticos, la desigualdad entre pobres y ricos se ha agravado, la corrupción, el narcotráfico, el populismo, la inseguridad y la falta de solidaridad son moneda corriente en toda la región. Cuba padece todavía un régimen comunista. En esa misma isla, en Guantánamo, hay una prisión norteamericana donde no se respetan los derechos humanos de los allí detenidos. Haití – sumido en la pobreza – se ha quedado sin gobierno. Colombia sufre la narcoguerrilla. Perú vivió la triste experiencia de Fujimori. Venezuela al calor del aumento de los precios del petróleo padece los abusos de poder del militar populista Hugo Chávez. En Ecuador y en Bolivia, donde hace poco renunciaron sus presidentes, las instituciones políticas están más que debilitadas. En Nicaragua difícilmente el presidente Enrique Bolaño pueda soportar la despiadada oposición actual instalada en el Congreso y en la Corte Suprema. Las experiencias e intentos de integración, como lo es el Mercosur, sortean múltiples obstáculos, ya que los países de mayor peso en la región, Brasil, México y Chile, están más preocupados en mantener sus liderazgos y en superar las dificultades que les trae su desarrollo económico, que en contribuir a lograr una política que nos integre a todos en una sociedad política continental, que nos permita vivir mejor los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad. La educación y los avances en el hoy estratégico campo del conocimiento dejan mucho que desear y quienes se destacan en el mismo, a veces desertan de sus empeños en la búsqueda de un mejor destino en los países desarrollados.

Los nuevos desafíos que se nos plantean hoy, como el del pluralismo, ya no sólo en el campo político, sino también en el religioso y en el cultural; el del insatisfecho derecho a la alimentación y a la salud de grandes sectores de la población; el del terrorismo; el de la guerra preventiva; el de la globalización; y el de la crisis de los organismos internacionales, que replantean la idea de una sociedad política y un gobierno o una autoridad mundial, son algunos de los problemas posteriores a Maritain que merecerían ser estudiados a la luz de las herramientas intelectuales que nos legara el pensamiento del Doctor Angélico, en la versión rejuvenecida de Maritain. Estos estudios darían vida y harían realidad aquello que fue y es la razón de ser de este Instituto y este Encuentro que se resume en la frase «ir con Maritain, más allá de Maritain».

Este es el significado que tiene esta nueva visita, esta apelación a las primeras causas, a los valores que ayudarán a guiar la conducta de esta nueva generación, que poco conoce de estas especulaciones pero que no encuentra explicación para los fenómenos que la afectan. No se trata entonces de una simple evocación de una personalidad central de la filosofía del siglo que pasó, sino de buscar en su pensamiento las claves de la época que nos toca vivir.

Henry Bars dijo de Maritain que «Su vocación fue exactamente aquélla de cambiar la idea de los hombres, a través de la sabiduría, no a través de la política; y sólo en el interior de tal sabiduría, hacer obra de filosofía política; de aquí, su importante expresión ‘cambiar el fin último.’ Si bien haya siempre considerado necesario el esfuerzo y la lucha para liberar a los hombres de sus cadenas terrestres, reconoció después de su conversión, que tal liberación estaba subordinada a un fin más elevado y que la servidumbre esencial del hombre – aquella correspondiente a su condición de ser creado – no hubiera podido ser superada por ningún instrumento político: pero exigía la divinización del alma a través de la santidad»

Esta vocación y esta sabiduría son, entonces, la razón por la que estamos reunidos aquí y ahora para iniciar este Encuentro, que dejamos, con estas palabras, solemnemente inaugurado.