Señores y señoras:
El filósofo
Jacques Maritain, nacido en París el 18 de noviembre de
1882, visitó Córdoba y disertó en esta Universidad
en 1936 sobre el tema 'Ciencia moderna y la filosofía' y fue presentado, en esa oportunidad, por el doctor Alfredo Fragueiro,
profesor, entonces, de esta casa y quién sería,
después de algunos años, mi querido profesor de
filosofía en la Universidad Católica. El día
1º de octubre, que fue el de su llegada a esta ciudad, La
Voz del Interior le dedicó un importante espacio
a quién llamó el "Embajador del pensamiento
Universal" y difundió su presencia de manera especial,
con un artículo que llevaba como título "Lo
eterno y lo temporal. El pensamiento de Maritain y los problemas
actuales", expresión que podría sintetizar
el significado del Encuentro que ahora comienza.
Han pasado
69 años y hoy nuevamente el gran maestro, después
de haber fallecido el 28 de abril de 1973, nos visita en esta
Universidad, en la persona del profesor Roberto Papini,
Secretario General del Instituto Internacional Jacques Maritain,
con sede en Roma. Dicho Instituto fue fundado en Ancona, Italia,
un año después de la muerte de gran filósofo,
con el propósito, expresado en su estatuto, de «promover
investigaciones y estudios sobre los problemas del hombre, de
la cultura y de la sociedad a la luz del pensamiento de Jacques
Maritain». Este Encuentro Argentino se decidió
hace un año en Roma, oportunidad en que con el Ingeniero
Juan Carlos de la Peña y el Doctor Julio Plaza, profesor
de la Universidad de Tucumán, participamos en la reunión
conmemorativa de los treinta años de su fundación,
y, como consecuencia de esa presencia, tuvimos el honor de ser
recibidos, en audiencia privada, por Su Santidad Juan Pablo II,
como representantes argentinos del Instituto Maritain.
¿Qué importancia tuvieron y tienen estas visitas?
La primera
se dio entre las dos guerras mundiales, etapa histórica
en la que en Europa entraron en crisis las democracias y el totalitalitarismo
arrasó con algunas de ellas y el autoritarismo con otras.
Expresión patética de ello fue la revolución
rusa, que implantó el comunismo en ese país, que
luego se extendería a los demás países del
Este de ese continente; el fascismo, implantado con Mussolini
en Italia, y el nacional socialismo, con Adolfo Hitler en Alemania.
En España era inminente la dolorosa guerra civil, que algunos
proclamaban como "guerra santa" expresión
inaceptable para Maritain que trajo, como consecuencia,
por varias décadas el gobierno autoritario de Francisco
Franco. En Portugal se había instaurado otra tiranía,
con Antonio Oliveira de Zalazar, que, como el anterior, decía
inspirarse en principios cristianos. En el país del Filosofo,
no se instaló una dictadura, a pesar de las ideas proclamadas
por Acción Francesa, que fue «un grupo especial
de tendencia monárquica, antiparlamentario, corporativista,
descentralizador, autoritario y de combate» que lideraba
un literato agnóstico, Charles Maurras, que tuvo mucha
influencia en el campo intelectual de aquel país y que
llegó a entusiasmar, incluso, a no pocos católicos,
pero, afortunadamente, no logró cristalizar sus propósitos
como consecuencia de la resistencia que le opusieron pensadores
como Maritain. Los holocaustos, guerras y atropellos a los derechos
de tantas personas que produjeron estas ideas y experiencias políticas
son demostración acabada del desprecio por los Derechos
del Hombre, proclamados solemnemente por la Revolución
Francesa y por los revolucionarios de América, al momento
de declarar la independencia de sus países.
En Argentina
ya se había producido, el 6 de setiembre de 1930, el primero
de los seis gobiernos militares que suspendieron la vigencia de
la Constitución y la democracia, durante más de
23 años en el siglo XX, inspirados, en muchos casos, en
ideas e ideólogos "nacionalistas", que
admiraban y soñaban con emular a los regímenes totalitarios
o autoritarios europeos, alguno de los cuales lo hacían
desde el campo católico. Como bien recuerda Fernando Martínez
Paz, que desde Córdoba escribió y siguió
el pensamiento de Maritain, estos ideólogos propiciaban
una autoridad fuerte, restauradora del orden, ya que «el
valor libertad no era un tema nacionalista», porque
«sólo se conocían los abusos de la libertad
y se vivía la quiebra de las instituciones encargadas de
protegerlas», como decía, entonces, Mario Amadeo,
uno de estos nacionalistas. En materia cultural pretendían
restaurar la moral «cuya virtud no era la amistad social»,
imposible «entre el rumor de las guerras» sino
la fuerza y la violencia como categorías éticas.
En materia social exigían una organización estatista,
un estado confesional y corporativista que afianzara la familia,
ignorada y destruida por el liberalismo individualista. Esto se
presentaba «como un movimiento vigoroso, urgido por la
necesidad revolucionaria que no admite dilación, en una
Argentina que vivía en ese momento, la hora de su
destino, como decía (Leopoldo) Lugones».
Estas ideas convirtieron, también, a América Latina
en una geografía poblada de dictadores.
Maritain había
estudiado, revalorizado y traído al siglo XX el pensamiento
de Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino, con lo
que proponía y «ofrecía al hombre moderno,
la posibilidad de salvar los valores de la inteligencia en el
orden especulativo condición para salvar los valores humanos
en el orden práctico», como bien señalaba
Fernando Martínez Paz. Antes de su llegada a Argentina,
había escrito la 'Carta de la Independencia'
y 'Humanismo Integral', una de sus obras fundamentales,
y en ese momento venía a plantearnos la posibilidad de
conciliar el cristianismo y la democracia, desde una visión
personalista, lo que produjo una seria división entre los
católicos, ganados, entonces, en gran medida
por el nacionalismo antidemocrático, división que
duraría varias décadas, hasta que finalmente triunfaría
la visión democrática, siendo uno de los pilares
fundamentales de esta idea-fuerza el pensamiento del gran filósofo
francés.
Arturo Ponsati
decía que Maritain «influyó, en medida
importante, en la formación y actuación de movimientos
culturales y fuerzas políticas en América Latina,
a partir, precisamente, de aquellos años treinta en que
el filósofo ingresó, de lleno, en el territorio
de las realidades temporales».
En esta segunda
venida el contexto ha cambiado, la democracia y los derechos humanos,
con no pocos padecimientos, han sido ganados para siempre por
la sociedad política Argentina y son, además, un
valor fundamental dentro de un mundo que se ha globalizado. Las
graves crisis políticas sufridas en nuestro país
durante 1989 y 2001 no afectaron estas convicciones y se superaron
sin recurrir a los militares ni a los gobierno de facto. El pensamiento
de Maritain se ha desarrollado, en estas casi siete décadas,
a través de sus escritos y la de sus seguidores, que
abarcan toda la filosofía, metafísica y práctica-
y ha dado importantes frutos, como fue la influencia que tuvo
en la Declaración Universal de los Derecho del Hombre de la ONU de 1948; en los documentos del Concilio Ecuménico
II y en el pensamiento del papado, especialmente en Pablo VI,
que lo consideraba como uno de sus maestros en sabiduría
por lo que lo escogió para entregarle el mensaje del Concilio
en representación del mundo intelectual; y a través
de los partidos demócratas cristianos y los movimientos
universitarios Humanistas y, en Córdoba, también,
del Integralismo, que llevaron esos nombres por su célebre
obra 'Humanismo Integral'.
Sin embargo,
en los comienzos del nuevo milenio, los problemas de los derechos
humanos y la democracia en América Latina no son pocos,
ya que las constituciones no siempre son respetadas, las democracias
se ha debilitado en varios países con graves consecuencias
para la estabilidad de los regímenes políticos,
la desigualdad entre pobres y ricos se ha agravado, la corrupción,
el narcotráfico, el populismo, la inseguridad y la falta
de solidaridad son moneda corriente en toda la región.
Cuba padece todavía un régimen comunista. En esa
misma isla, en Guantánamo, hay una prisión norteamericana
donde no se respetan los derechos humanos de los allí detenidos.
Haití sumido en la pobreza se ha quedado
sin gobierno. Colombia sufre la narcoguerrilla. Perú vivió
la triste experiencia de Fujimori. Venezuela al calor del aumento
de los precios del petróleo padece los abusos de poder
del militar populista Hugo Chávez. En Ecuador y en Bolivia,
donde hace poco renunciaron sus presidentes, las instituciones
políticas están más que debilitadas. En Nicaragua
difícilmente el presidente Enrique Bolaño pueda
soportar la despiadada oposición actual instalada en el
Congreso y en la Corte Suprema. Las experiencias e intentos de
integración, como lo es el Mercosur, sortean múltiples
obstáculos, ya que los países de mayor peso en la
región, Brasil, México y Chile, están más
preocupados en mantener sus liderazgos y en superar las dificultades
que les trae su desarrollo económico, que en contribuir
a lograr una política que nos integre a todos en una sociedad
política continental, que nos permita vivir mejor los valores
de la libertad, la igualdad y la fraternidad. La educación
y los avances en el hoy estratégico campo del conocimiento
dejan mucho que desear y quienes se destacan en el mismo, a veces
desertan de sus empeños en la búsqueda de un mejor
destino en los países desarrollados.
Los nuevos
desafíos que se nos plantean hoy, como el del pluralismo,
ya no sólo en el campo político, sino también
en el religioso y en el cultural; el del insatisfecho derecho
a la alimentación y a la salud de grandes sectores de la
población; el del terrorismo; el de la guerra preventiva;
el de la globalización; y el de la crisis de los organismos
internacionales, que replantean la idea de una sociedad política
y un gobierno o una autoridad mundial, son algunos de los problemas
posteriores a Maritain que merecerían ser estudiados a
la luz de las herramientas intelectuales que nos legara el pensamiento
del Doctor Angélico, en la versión rejuvenecida
de Maritain. Estos estudios darían vida y harían
realidad aquello que fue y es la razón de ser de este Instituto
y este Encuentro que se resume en la frase «ir con Maritain,
más allá de Maritain».
Este es el
significado que tiene esta nueva visita, esta apelación
a las primeras causas, a los valores que ayudarán a guiar
la conducta de esta nueva generación, que poco conoce de
estas especulaciones pero que no encuentra explicación
para los fenómenos que la afectan. No se trata entonces
de una simple evocación de una personalidad central de
la filosofía del siglo que pasó, sino de buscar
en su pensamiento las claves de la época que nos toca vivir.
Henry Bars
dijo de Maritain que «Su vocación fue exactamente
aquélla de cambiar la idea de los hombres, a través
de la sabiduría, no a través de la política;
y sólo en el interior de tal sabiduría, hacer obra
de filosofía política; de aquí, su importante
expresión cambiar el fin último. Si
bien haya siempre considerado necesario el esfuerzo y la lucha
para liberar a los hombres de sus cadenas terrestres, reconoció
después de su conversión, que tal liberación
estaba subordinada a un fin más elevado y que la servidumbre
esencial del hombre aquella correspondiente a su condición
de ser creado no hubiera podido ser superada por ningún
instrumento político: pero exigía la divinización
del alma a través de la santidad»
Esta vocación
y esta sabiduría son, entonces, la razón por la
que estamos reunidos aquí y ahora para iniciar este Encuentro,
que dejamos, con estas palabras, solemnemente inaugurado.