2.- JACQUES MARITAIN Y ETIENNE GILSON:
UN DIÁLOGO CONTÍNUO
Con Maritain,
el tomismo sale de los conventos, y encuentra laicos que se empeñan
en las universidades en recuperar el realismo judío-grecolatino-cristiano,
para contrastar el triunfo del idealismo hegeliano, que está
encausándose hacia la fenomenología. Entre sus colegas,
dos son particularmente significativos, el primero: Etienne Gilson,
por sus estudios sobre la filosofía medieval; el segundo:
Yves Simon, que después de haber sido alumno de Maritain
en París, emigra a los Estados Unidos, donde enseña
filosofía en distintas universidades.
Las relaciones
de Maritain con su coetáneo Etienne Gilson, fueron de amistad
pero también de rivalidad intelectual, porque Gilson, historiador
de la filosofía medieval, se preocupó de permanecer
rigurosamente fiel a Santo Tomás, mientras Maritain procuró
extender en adelante el estudio del tomismo, para recuperar las
verdades venidas a la luz con la filosofía moderna.
Ambos tuvieron
en el Liceo Enrique IV el mismo profesor de filosofía,
ambos se dedican a filosofar con toda el alma, tanto que sus obras
más importantes se actualizan en cada nueva edición.
Intercambian sus escritos y cartas, entre 1923 y 1971. Son verdaderamente
cartas filosóficas, que documentan la fatiga, el esfuerzo
de la investigación.
A invitación
de Gilson, que fundó en Canadá el Instituto de Estudios
Medievales, Maritain va en los años treinta a enseñar
a América, por lo cual, las relaciones epistolares se transforman
en relaciones personales. Pero en el diálogo entre los
dos filósofos se verifican notables diferencias, porque
Maritain está en la búsqueda de una filosofía
cristiana que sea autónoma de la teología, solamente
teniendo en cuenta, filosóficamente, algunos datos provistos
por la revelación, mientras para Gilson, que tiene una
mentalidad de historiador, la filosofía tomista no puede
ser independiente de la teología, al igual que los sistemas
de San Agustín y de San Buenaventura son también
filosofía cristiana.
En relación
a la autonomía del saber filosófico, es interesante
un apunte de Maritain del 20 enero de 1931:
«Reunión
en casa de Berdiaeff. Tras una exposición mía
sobre Santo Tomás y la filosofía en la fe,
Berdiaeff se vuelve a Gilson, contando con él para contradecirme
y recordándole lo que él ha escrito en su libro
sobre el Tomismo a propósito de Santo Tomás como
precursor de la filosofía de la razón pura. Con
gran sorpresa de todos, Gilson declara que si él escribió
así se había equivocado y que está completamente
de acuerdo conmigo. Raïssa y yo, muy emocionados por la
actitud de Gilson y por su lealtad al corregirse a sí
mismo. De este día datan nuestros lazos de amistad con
él.» 1.
A veces las
incomprensiones nacen del lenguaje y también del carácter
y de la distinta formación de las personas. El mismo Gilson,
historiador por excelencia de la filosofía medieval, afirma: «SantoTomás
mismo no se atiene siempre a un lenguaje estrictamente tomista»
2.
Reconociendo
ambos que la belleza es el esplendor de la verdad, Maritain y
Gilson se diferencian en el análisis de la creación
artística. El primero subraya la importancia de la poesía,
emergente en el supraconsciente musical del espíritu, cualquiera
que sea la forma expresiva usada por el artista, mientras el segundo
evidencia la importancia de la virtud del arte, como momento racional
de la construcción de la obra. Una vez más se trata
de una fidelidad, más o menos estrecha, a cuanto Santo
Tomás ha escrito sobre lo bello, pero también de
un acercamiento diferente al problema, porque Maritain parte de
los poetas y de los novelistas, mientras Gilson estudia sobretodo
las artes figurativas.
En política,
a propósito de las relaciones entre el orden temporal y
el orden sobrenatural, concluyen ambos sobre la necesidad de distinguir
sin separar, el obrar en cuanto cristiano sobre el plano de la
evangelización y el obrar como cristiano sobre el plano
de la vida política. Establecida la distinción entre
Estado e Iglesia, reconocen que la cristiandad continúa,
aunque sea bajo otras formas, distintas de las medievales, en
polémica con aquellos que habían decretado, como
Mounier, el fin de la cristiandad.
Los dos filósofos
están de acuerdo en reconocer la llamada metafísica
del Éxodo, esto es, la que Dios reveló a Moisés
como aquél que es (Jahvé); y
en el afirmar que la razón humana puede conocer que Dios
es el Ser Subsistente. Al mismo tiempo, ambos combaten toda forma
de esencialismo, porque cada ser que es, es en su
existencia; y no existen de forma ideal, esencias separadas de
la existencia. En este sentido, Maritain llega a decir que el
tomismo es el verdadero existencialismo, usando
expresiones linguísticas que no le gustan a Gilson, quien
ya había criticado la afirmación maritainiana, según
la cual, el tomismo es un realismo crítico.
Después
de la muerte de Maritain, una extensa carta de Gilson aclara el
debate interpuesto entre los dos amigos: «Lamentablemente,
de todos los puntos sobre los cuales se jacta de mejorar a Santo
Tomás de Aquino, mi sentir es que está por falsear
el verdadero pensamiento del Doctor Angélico. En breve,
Maritain fue un pensador mucho más original de cuanto habría
podido serlo un verdadero historiador. Lo que Santo Tomás
habría pensado de este extraño discípulo,
no lo sé. Ellos pueden ahora discutir el problema entre
sí. En poco más de tiempo, y, como espero vivamente,
seré yo mismo informado del resultado de la discusión»
3.
Nosotros,
por ahora, debemos contentarnos con la constatación de
J.H. Nicolas, según el cual: «las divergencias
entre los dos filósofos tomistas, se refieren principalmente
al lenguaje usado» 4.
* Traducción
del italiano de Leticia Villegas Pereyra
NOTAS
1
J. Maritain. Cuaderno de Notas, p. 187).
2 É. Gilson. 'Introduction d la philosophie chrétienne',
Vrin, Pars 1960, p. 156.
3
Carta de Gilson al padre Armand Maurer de fecha 18 de marzo
de 1974.
4
J.H. Nicolas, 'Le realisme critique', in «Revue
Thomiste" 1948, n. 1-2, p. 224.