6.- ENCUENTROS DE MARITAIN CON SIMONE WEIL Y EDITH STEIN
Durante su
estancia en los Estados Unidos, Maritain tuvo la ocasión
de encontrarse con Simone Weil, cuando ésta, huyendo de
la persecución antisemita del gobierno de Vichy, después
de un periodo de trabajo como bracera agrícola en la granja
de Gustavo Thibon, logró emigrar a América. Allí,
Wail contacta a Maritain para entrar en relación con el
movimiento Francia Libre de De Gaulle, con la intención
de prepararse para regresar a Francia.
Es muy interesante
la breve correspondencia entre ellos, [1] porque Simone confía
a Maritain también sus inquietudes religiosas. «Soy
de origen judío, pero mis padres, del todo agnósticos,
me han dejado ignorar ese origen hasta la edad de once años
y me han educado fuera de cualquier religión. Desde la
más tierna infancia, desde hace mucho tiempo, porque tengo
ya treinta años, he absorbido la inspiración cristiana
por intermedio de los libros, a comenzar desde el siglo XVI francés,
que he amado desde cuando aprendí a leer. He adoptado así
teóricamente, y en cuanto mi imperfección lo permitía,
en la práctica, el comportamiento cristiano en relación
con los problemas de la vida y de la muerte. El dogma cristiano
me ha atraído siempre por su belleza, esta atracción
se fue cambiando de año en año, de día en
día, siempre más viva, hasta ser trasformada en
adhesión; incluso se trata de una adhesión en el
orden del amor y no en el orden de la afirmación.
«Me
parece que sea este el tipo de adhesión que conviene a
los misterios sobrenaturales, porque el amor sobrenatural en nosotros
es la sola facultad capaz de entrar realmente en contacto con
ellos. Me parece que la fe consiste en la subordinación
de todas las facultades naturales del alma, comprendida la inteligencia,
al amor sobrenatural, subordinación que debe por tanto
dejar intactas sus propias funciones y el propio libre juego...
Yo creo tener el derecho de decir "Creo". Todavía
tengo algunas dificultades, no delante de Dios sino delante de
los hombres, por la consciencia de que ésta palabra es
casi siempre usada en sentidos muy diferentes. Pero hay para mí
un obstáculo todavía más grande. No puedo
aceptar ni admitir que tengo el deber, y ni siquiera el derecho,
de someter mi pensamiento a la jurisdicción de la Iglesia
y de juzgar, estimar una idea como falsa, cuando ésta es
señalada de infamia con la palabra Anatema. El uso que
la Iglesia ha hecho de esta palabra es para mí como una
barrera que me fuerza a permanecer en el límite»
(27 de julio de 1942).
Maritain comprende
esta inquietud, más psicológica que intelectual,
y le responde: «Estoy impresionado por la confianza con
la cual me hablas de tu posición espiritual. De todas estas
cuestiones seré feliz de hablar contigo a mi regreso de
New York. Pero desde ahora quisiera decirte que, a mi juicio,
tú has recibido realmente el don de la fe, pero estás
turbada en una forma de conceptualización todavía
inadecuada. El día que comprendas que es la Verdad divina
la que se dona ella misma a nosotros a través de la fe,
estas dificultades caerán. Ellas serán eliminadas
por medio del bautismo, pero es oportuno que con la oración
y con la meditación comiences desde ahora a superarlas
tú misma. El amor procede del Verbo, y es porque la inteligencia
interiormente iluminada se adhiere a la Verdad divina y a los
misterios que la superan, que el amor sobrenatural brota en el
alma y la fecunda toda entera» (4 de agosto de 1942).
Maritain la
confía al padre dominico M.A. Couturier, con el cual Simone retorna a la discusión de su situación y al
cual escribe la extensa Carta a un religioso. A pesar
de estas dificultades intelectuales, ella hace bautizar a sus
dos sobrinos, Alain y Sylvie, convenciendo al hermano y a la cuñada,
y morirá poco después en Londres, probablemente
bautizada por una compañera suya de hospital.
Sobre las
relaciones de los Maritain con Edith Stein, personales o por correspondencia,
el análisis de René Mougel en los Cahiers
Jacques Maritain nos presenta un cuadro completo y detallado.
Los Maritain se encontraron con la Stein el 12 de septiembre de
1932, en Juvisy, para las jornadas de estudio sobre la fenomenología,
organizadas por la Société Thomiste del padre Chenu,
y unos días después en Meudon. Jacques hizo la alocución
introductoria, haciendo notar concordancias y discordancias entre
tomismo y fenomenología.
Jacques, en
1961, recuerda este rápido encuentro, cuando en New York
le fue conferido el premio de la Edith Stein Guild que se entrega
a las personas que promueven el diálogo entre judíos
y cristianos: «Ella no era todavía carmelita,
pero ya tenía la intención de serlo. Raïssa
y yo no habíamos olvidado nunca esta visita, ni el ardor,
la inteligencia, la pureza que iluminaban el rostro de Edith Stein.
Nuestros corazones eran afectos a ella, y más de doce años
después, cuando el mundo vino a conocer la masacre de los
judíos inmolados por los servidores del Diablo, la noticia,
de su martirio y de su muerte, fue sentida por nosotros como un
luto personal». [2]
Como resulta
también de la breve correspondencia entre los Maritain
y Stein, (1932-1936), su relación es más espiritual
que intelectual, porque a nivel filosófico, la intencionalidad
del conocer, como viene elaborada por la fenomenología,
no es conciliable con el realismo tomista, que sostiene la inteligibilidad
del ser. Hay luego también algunas diferencias en el entender
la filosofía cristiana, porque Maritain juzga necesario
utilizar el dato cristiano para la filosofía práctica,
en cuanto la acción humana considera a un hombre en pecado
o en gracia de Dios, y el no conocimiento de este dato, hace imposible
una filosofía moral adecuada, mientras Edith tiende
a ampliar esta presencia del dato cristiano también a la
filosofía teorética. De hecho, después de
haber leído el libro La filosofía cristiana,
[3] en la traducción alemana de B. Schwarz, escribe a Maritain: «quisiera subrayar lo que indicas en la pág. 103
y siguientes; lo que dices sobre la filosofía moral vale
también, en el fondo, para la metafísica; yo diría
para toda la filosofía: ella necesita ser completada, porque,
en el fondo, todo lo que está terminado, es, como creado,
en relación con Dios, cosa que no puede ser comprendida
del todo con los recursos propios de la filosofía, y porque
no sólo el hombre, sino todo el cosmos, son envueltos por
el misterio de la caída y la redención».
Y llega a decir, propósito de su libro El Ser
Finito y el Ser Eterno, ensayo para una aproximación,
un acercamiento al sentido del ser: «¡Cómo
sería precioso para mí, alguna vez, poder cultivar
una amistad con ustedes, contigo. Yo presumo con gusto que ustedes
habrán negado el derecho de existencia a mi libro, a causa
del hecho que me faltan las bases de una formación escolástica
fundamental. He hecho presente estas faltas a mis superiores,
y con insistencia, pero en vano. Mas se requiere que lo reconozca
yo misma: si hubiese querido tener todas mis lagunas colmadas
para tener una posición personal, no habría llegado
a ser útil a los demás. En cambio lo puedo ser un
poco desde ahora sobre la base de mis conocimientos fragmentarios»
(16 de abril de 1936). [4]
En 1932, después
del encuentro en Juvisy, Maritain había enviado a Stein 'Los grados del saber', obra en la cual analiza
los diversos niveles de conocimiento que median entre el saber
físico matemático, la filosofía, la teología
y la mística. Edith le responde: «Muy cordiales
agradecimientos por haber tenido la bondad de enviarme su más
reciente y gran libro. Será para mi de gran provecho poderlo
estudiar. Lamentablemente mi tiempo es de tal modo limitado por
mis obligaciones inmediatas hacia el Instituto de pedagogía,
que me dedico poco a las cuestiones esenciales de la filosofía
y al estudio de la filosofía escolástica que me
sería tan necesaria» (6 de noviembre de 1932)
.
También
en una carta dirigida a Raïssa, que le había enviado
el libro 'El Ángel de la Escuela' [5], una
biografía de santo Tomás para jóvenes, E.
Stein, ahora en el convento, lamenta tener poco tiempo a disposición: «Gracias por su pequeño libro y por la dedicatoria
plena de bondad. No he podido leerlo todavía completo,
porque tenemos poco tiempo para las lecturas en nuestro empeño
del tiempo y se acumulan muchas cosas, de tal modo que necesitaría
poderlas hacer en pocos minutos. Pero poco a poco todo pasa. ¡Un
libro para los muchachos, así tan agradable! ¡Nada
más fascinante que la idea de hacer una cosa similar! ¿El
libro está ya traducido al alemán?» (19
de diciembre de 1934).
De estos pocos
fragmentos de correspondencia, se puede entender que la alumna
de Husserl, tiene estima por santo Tomás, pero no tiene
modo de profundizar el estudio de la filosofía escolástica,
por lo cual un acercamiento entre fenomenología y tomismo
resulta ambiguo. Por otra parte, la filosofía cristiana
en los países de lengua alemana resulta influenciada por
la corriente fenomenológica, que deriva del fideísmo
kantiano, que reduce el ser a un objeto de la mente, que niega
la filosofía como ciencia para salvarla como fe, y no sabe
coger con seguridad la autonomía de la investigación
filosófica. [6]
* Traducción del italiano de Leticia Villegas Pereyra
NOTAS
1.-
Cartas publicadas en "Cahiers Simon Weil, junio 1980, re
tomadas en "Notes et Documents" n. 9-10 Janvier-junio
1985, pp. 115-116 (en «Humanitas» 1994, n. 2).
2.-
Maritain había hecho referencia a Edith Stein en el prefacio
del libro de M. Oesterreicher, Sept philosophes juifs
devant le Christ, Éd. du Cerf, París 1955 (X 1144-1146)
.
3.-
J. Maritain, La filosofía cristiana, Vita
e Pensiero, Milano 1978 (V 225-316).
4.-
En Cahiers Jacques Maritain n. 25 décembre
1992 pp. 39-40.
5.-
R. Maritain, L'angelo della scuola, con ilustraciones
de Gino Severini, La Scuola Brescia 1949 (XIV, 483-592).
6.-
Ph. Chenaux, L'infuence de Maritain en Allemagne,
en AA. VV., Jacques
Maritain en Europe, Beauchesne, Paris 1996, pp. 87-111.