'LOS MARITAIN

Y LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA'

III

Piero Viotto

 

Profesor de pedagogía en la Universidad Católica de Milán y miembro del Comité Científico del Instituto Internacional Jacques Maritain. Es autor, entre otros, de los libros 'Jacques Maritain, Dizionario delle Opere' y 'Raïssa Maritain, Dizionario delle Opere'

ENLACES
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Henri Bergson:
un maestro perdido y reencontrado
Maritain - Gilson:
un diálogo contínuo
J. Maritain y M. Blondel
y el debate sobre la Filosofía Cristiana
MarItain y los existencialistas
cristianos
Yves Simon y los amigos americanos
Encuentro con Simone Weil
y Edith Stein
Henri Bars y Heinz Schmit:
dos discípulos fieles

 

3.- JACQUES MARITAIN, MAURICE BLONDEL
Y EL DEBATE SOBRE LA FILOSOFÍA CRISTIANA

El problema de la filosofía cristiana es central en la reflexión maritainana, porque Raïssa y Jacques después de las esperanzas y las desilusiones de la experiencia bergsoniana, tornan a la filosofía bajo el impulso de la fe, porque en la historia de la filosofía están presentes muchos filósofos cristianos de distinta orientación. Pero se requiere analizar la cuestión con extrema precisión, porque la filosofía en sí misma es sólo filosofía y el choque entre Maurice Blondel y Maritain, que se puede apreciar también a través de la correspondencia entre ellos, puede ayudamos a comprender el problema.

Entre los dos filósofos hubo una cordial alianza en el plano de la fe, pero hubo un vivísimo desencuentro intelectual en el plano de la filosofía. Para Maritain la experiencia de la fe no excluye la autonomía de la filosofía, en cuanto no se trata de "creer por creer", como diría hoy Vattimo, sino de "ver dónde se debe creer", como enseña santo Tomás.

Para Maritain, las ambigüedades del método filosófico de Blondel eran peligrosas, porque con el confundir en un todo indistinto la razón y la fe, la naturaleza y la gracia, terminaban por inclinar a los jóvenes hacia las posiciones del modernismo, acompañando en esta orientación a muchos discípulos de Bergson, como E. Le Roy y L. Laberthonniere. En su reflexión filosófica, tanto Maritain como Blondel, parten de una crítica a Descartes, el cual había negado la cientificidad de la teología, reconociéndole dignidad de ciencia sólo a la filosofía (poco después Kant negará la cientificidad de la misma filosofía, y en seguida el pragmatismo en América y el empiricriticismo en Europa, negarán la cientificidad de las mismas ciencias, reducidas a puros puntos de vista prácticos, útiles mas no verdaderos); pero mientras Maritain salva la autonomía del saber filosófico, aún cuando tiene en cuenta los datos provistos por la fe, Blondel introduce la voluntad, la fe y la experiencia mística en la misma metodología del saber filosófico.

Para Maritain, la filosofía puede decirse cristiana en el sentido que el sujeto recibe ayudas interiores de la gracia de Dios para filosofar mejor, pero el objeto del filosofar y el método del filosofar, esto es, la filosofía, permanecen puramente racionales, avanzan rigurosamente según las reglas de la lógica, aún cuando tienen en cuenta, también filosóficamente, informaciones recibidas de la fe. El filósofo cristiano demuestra la existencia de Dios, sirviéndose exclusivamente de argumentos racionales, pero también apoyándose en su propia subjetividad y con toda seguridad en su fe. Blondel en cambio, considera que la fe es estructuralmente necesaria al saber filosófico como tal.

El intercambio de cartas inicia el 31 de agosto de 1920, cuando Maritain manda a Blondel una copia de su volumen 'Elementos de Filosofía' y rápido estalla la polémica y se trazan las dos líneas de pensamiento, una llevada a la distinción rigurosa de los campos del saber, y la otra, llevada a considerar la filosofía, como una experiencia global. Escribe Blondel: «Usted está demasiado inclinado a hacer de la Sabiduría una pura Ciencia y a devolver la inteligencia concreta a un nocionismo o a un racionalismo, que en las conexiones lógicas debería ser autosuficiente». Maritain, según Blondel, no habría entendido bien a Santo Tomás y querría detener el progreso filosófico del medioevo. La extensa respuesta de Maritain del 30 de septiembre de 1920 precisa: «No pretendo para nada detener el desarrollo de la filosofía de Aristóteles o de santo Tomás; solamente creo que los principios tomistas son verdaderos, y que, en consecuencia, cada nueva verdad estará necesariamente de acuerdo con aquellos, y se reencontrará a gusto, como en su casa, en la doctrina de santo Tomás. Para aquellos que observan la Sabiduría, permítanme recordar, que santo Tomás distingue netamente la sabiduría por inclinación y la sabiduría por conceptos. Si la primera, que es infinitamente superior a la segunda, siendo la sabiduría de los santos, es un don del Espíritu Santo, y supone antes que nada la caridad, la segunda es puramente intelectual, siendo la sabiduría de los sabios, del filósofo o del teólogo como tales. Si es necesario subrayar la subordinación jerárquica, otro tanto me parece prejuiciable confundirlas».

En 1922 Blondel, en un breve escrito, titulado 'El Proceso de la Inteligencia', que se sitúa como bisagra entre la precedente obra 'La Acción' (1893) y la siguiente 'El Pensamiento' (1934), niega que el intelecto humano pueda conocer él solo la verdad sin ayuda de la fe, y afirma que, el proceso cognitivo implica la voluntad, porque sólo quien ama el bien puede conocerlo. Maritain, el 25 de abril de 1923, responde con una conferencia en el Instituto Católico de París titulada: 'La inteligencia y la filosofía según Blondel', en la cual sostiene que Blondel se pone sobre la línea que va desde Descartes a Kant, porque considera el concepto sucedáneo de la realidad, casi una "copia" real, una "idea-cuadro", mientras el concepto no es "esto que conocemos" sino "esto con lo cual conocemos" la realidad. Maritain se preocupa de salvar la demostrabilidad racional de la existencia de Dios, la comunión intelectual también con los no creyentes, y de evitar caer en aquella actitud mental que hoy se llama "pensamiento débil" que, negando al hombre la posibilidad de conocer la naturaleza de las cosas, legitima cualquiera que sea el comportamiento moral y reduce el derecho a una convicción práctica.

Una segunda cuestión de choque se manifiesta entre los dos filósofos, porque Blondel, incluyendo en el proceso cognitivo, a la manera de Pascal, las "razones del corazón", termina por confundir el conocimiento racional con la experiencia mística. Blondel escribe en 1925 un artículo: 'El problema de la mística', en el cual establece una estrecha conexión entre la búsqueda filosófica y la experiencia mística, no distingue el plano natural de la racionalidad humana y el plano sobrenatural de la gracia de Dios; y hace una severa crítica a las posiciones de Maritain.

Este responde con una conferencia dictada el 11 de mayo de 1926 en Aix-en-Provence, donde esperaba poder encontrar a Blondel. En una carta del 11 de abril de 1926, Maritain le había anticipado su venida: «Si he aceptado la invitación del arzobispo de Aix, es con la intención de disipar, si es posible, ciertos malentendidos. Estoy muy impresionado, desconcertado, por el modo, a mi parecer injusto, con el cual usted ha presentado mi pensamiento. Esta imagen inexacta, que tiene usted, supongo que, naturalmente será la misma de aquellos que lo escuchan. Por lo tanto, he elegido como argumento 'La filosofía y la experiencia mística', y cuento con tratarlo no tanto como una conferencia, sino como una lección, partiendo del punto de vista de la síntesis tomista y no de las discusiones de las teorías contemporáneas. Si se me ocurre de repente nombrarlo (¡cómo podría evitarlo tratando un argumento similar!) y de hacer alusión a las ideas de usted, esto será para precisar ciertas posiciones, no para proceder a un examen crítico de sus ideas».

Maritain distingue, sin separar, ciencia y sabiduría, precisa que la ciencia filosófica es también una sabiduría, porque comprende el ser inteligible y por analogía a Dios mismo en su existencia; si bien, de Dios no puede conocer la esencia, que es suprainteligible a la inteligencia humana, y el hombre podrá conocer a Dios exhaustivamente sólo en la vida eterna. Para esta sabiduría filosófica, posible a cada hombre, no son necesarias la fe y la caridad.

En conclusión, para Maritain existe una "filosofía cristiana" que tiene en cuenta filosóficamente unos datos provistos por la fe, filosofía que es "un filosofar en la fe"; pero no puede ser una "filosofía católica" como afirma Blondel, porque el cristianismo trasciende todas las filosofías y la Iglesia no tiene una filosofía propia, si bien los Pontífices han reconocido muchas veces la filosofía de santo Tomás como la más coherente y compatible con la fe: «Cierto, yo estoy persuadido en todo esto, que un Pascal, un Newman, un Blondel han pensado de verdad, tienen en la síntesis tomista su colocación y se acomodan como en su lugar natural; mas, para verlo, hace falta ubicarse en la prospectiva de santo Tomás y pedirle al genio de Pascal, a la noble inteligencia de Newman, al potente intelecto de Blondel, sin abandonar nada de aquello que ellos han visto, de poner al menos parte de algunas de sus construcciones y de sus negaciones sistemáticas: un sacrificio que no debería costar mucho a los espíritus exentos de la superstición de los sistemas». Etienne Gilson, como resulta de la carta del 18 de junio de 1932, comparte plenamente estas críticas de Maritain a Blondel.