3.- JACQUES MARITAIN, MAURICE BLONDEL
Y EL DEBATE SOBRE LA FILOSOFÍA CRISTIANA
El problema
de la filosofía cristiana es central en la reflexión
maritainana, porque Raïssa y Jacques después de las
esperanzas y las desilusiones de la experiencia bergsoniana, tornan
a la filosofía bajo el impulso de la fe, porque en la historia
de la filosofía están presentes muchos filósofos
cristianos de distinta orientación. Pero se requiere analizar
la cuestión con extrema precisión, porque la filosofía
en sí misma es sólo filosofía y el choque
entre Maurice Blondel y Maritain, que se puede apreciar también
a través de la correspondencia entre ellos, puede ayudamos
a comprender el problema.
Entre los
dos filósofos hubo una cordial alianza en el plano de la
fe, pero hubo un vivísimo desencuentro intelectual en
el plano de la filosofía. Para Maritain la experiencia
de la fe no excluye la autonomía de la filosofía,
en cuanto no se trata de "creer por creer", como
diría hoy Vattimo, sino de "ver dónde se
debe creer", como enseña santo Tomás.
Para Maritain,
las ambigüedades del método filosófico de Blondel
eran peligrosas, porque con el confundir en un todo indistinto
la razón y la fe, la naturaleza y la gracia, terminaban
por inclinar a los jóvenes hacia las posiciones del modernismo,
acompañando en esta orientación a muchos discípulos
de Bergson, como E. Le Roy y L. Laberthonniere. En su reflexión
filosófica, tanto Maritain como Blondel, parten de una
crítica a Descartes, el cual había negado la cientificidad
de la teología, reconociéndole dignidad de ciencia
sólo a la filosofía (poco después Kant negará
la cientificidad de la misma filosofía, y en seguida el
pragmatismo en América y el empiricriticismo en Europa,
negarán la cientificidad de las mismas ciencias, reducidas
a puros puntos de vista prácticos, útiles mas no
verdaderos); pero mientras Maritain salva la autonomía
del saber filosófico, aún cuando tiene en cuenta
los datos provistos por la fe, Blondel introduce la voluntad,
la fe y la experiencia mística en la misma metodología
del saber filosófico.
Para Maritain, la filosofía
puede decirse cristiana en el sentido que el sujeto recibe ayudas
interiores de la gracia de Dios para filosofar mejor, pero el
objeto del filosofar y el método del filosofar, esto es,
la filosofía, permanecen puramente racionales, avanzan
rigurosamente según las reglas de la lógica, aún
cuando tienen en cuenta, también filosóficamente,
informaciones recibidas de la fe. El filósofo cristiano
demuestra la existencia de Dios, sirviéndose exclusivamente
de argumentos racionales, pero también apoyándose
en su propia subjetividad y con toda seguridad en su fe. Blondel
en cambio, considera que la fe es estructuralmente necesaria al
saber filosófico como tal.
El intercambio
de cartas inicia el 31 de agosto de 1920, cuando Maritain manda
a Blondel una copia de su volumen 'Elementos de Filosofía' y rápido estalla la polémica y se trazan
las dos líneas de pensamiento, una llevada a la distinción
rigurosa de los campos del saber, y la otra, llevada a considerar
la filosofía, como una experiencia global. Escribe Blondel: «Usted está demasiado inclinado a hacer de
la Sabiduría una pura Ciencia y a devolver la inteligencia
concreta a un nocionismo o a un racionalismo, que en las conexiones
lógicas debería ser autosuficiente». Maritain,
según Blondel, no habría entendido bien a Santo
Tomás y querría detener el progreso filosófico
del medioevo. La extensa respuesta de Maritain del 30 de septiembre de 1920
precisa: «No pretendo para nada detener el desarrollo
de la filosofía de Aristóteles o de santo Tomás;
solamente creo que los principios tomistas son verdaderos, y que,
en consecuencia, cada nueva verdad estará necesariamente
de acuerdo con aquellos, y se reencontrará a gusto, como
en su casa, en la doctrina de santo Tomás. Para aquellos
que observan la Sabiduría, permítanme recordar,
que santo Tomás distingue netamente la sabiduría
por inclinación y la sabiduría por conceptos. Si
la primera, que es infinitamente superior a la segunda, siendo
la sabiduría de los santos, es un don del Espíritu
Santo, y supone antes que nada la caridad, la segunda es puramente
intelectual, siendo la sabiduría de los sabios, del filósofo
o del teólogo como tales. Si es necesario subrayar la subordinación
jerárquica, otro tanto me parece prejuiciable confundirlas».
En 1922 Blondel,
en un breve escrito, titulado 'El Proceso de la Inteligencia',
que se sitúa como bisagra entre la precedente obra 'La
Acción' (1893) y la siguiente 'El Pensamiento' (1934), niega que el intelecto humano pueda conocer él
solo la verdad sin ayuda de la fe, y afirma que, el proceso cognitivo
implica la voluntad, porque sólo quien ama el bien puede
conocerlo. Maritain, el 25 de abril de 1923, responde con una
conferencia en el Instituto Católico de París titulada: 'La inteligencia y la filosofía según Blondel',
en la cual sostiene que Blondel se pone sobre la línea
que va desde Descartes a Kant, porque considera el concepto sucedáneo
de la realidad, casi una "copia" real, una "idea-cuadro",
mientras el concepto no es "esto que conocemos"
sino "esto con lo cual conocemos" la realidad.
Maritain se preocupa de salvar la demostrabilidad racional de
la existencia de Dios, la comunión intelectual también
con los no creyentes, y de evitar caer en aquella actitud mental
que hoy se llama "pensamiento débil" que,
negando al hombre la posibilidad de conocer la naturaleza de las
cosas, legitima cualquiera que sea el comportamiento moral y reduce
el derecho a una convicción práctica.
Una segunda
cuestión de choque se manifiesta entre los dos filósofos,
porque Blondel, incluyendo en el proceso cognitivo, a la manera
de Pascal, las "razones del corazón",
termina por confundir el conocimiento racional con la experiencia
mística. Blondel escribe en 1925 un artículo: 'El
problema de la mística', en el cual establece una
estrecha conexión entre la búsqueda filosófica
y la experiencia mística, no distingue el plano natural
de la racionalidad humana y el plano sobrenatural de la gracia
de Dios; y hace una severa crítica a las posiciones de
Maritain.
Este responde
con una conferencia dictada el 11 de mayo de 1926 en Aix-en-Provence,
donde esperaba poder encontrar a Blondel. En una carta del 11
de abril de 1926, Maritain le había anticipado su venida: «Si he aceptado la invitación del arzobispo de
Aix, es con la intención de disipar, si es posible, ciertos
malentendidos. Estoy muy impresionado, desconcertado, por el modo,
a mi parecer injusto, con el cual usted ha presentado mi pensamiento.
Esta imagen inexacta, que tiene usted, supongo que, naturalmente
será la misma de aquellos que lo escuchan. Por lo tanto,
he elegido como argumento 'La filosofía y la experiencia
mística', y cuento con tratarlo no tanto como una conferencia,
sino como una lección, partiendo del punto de vista de
la síntesis tomista y no de las discusiones de las teorías
contemporáneas. Si se me ocurre de repente nombrarlo (¡cómo
podría evitarlo tratando un argumento similar!) y de hacer
alusión a las ideas de usted, esto será para precisar
ciertas posiciones, no para proceder a un examen crítico
de sus ideas».
Maritain distingue,
sin separar, ciencia y sabiduría, precisa que la ciencia
filosófica es también una sabiduría, porque
comprende el ser inteligible y por analogía a Dios mismo
en su existencia; si bien, de Dios no puede conocer la esencia,
que es suprainteligible a la inteligencia humana, y el hombre
podrá conocer a Dios exhaustivamente sólo en la
vida eterna. Para esta sabiduría filosófica, posible
a cada hombre, no son necesarias la fe y la caridad.
En conclusión,
para Maritain existe una "filosofía cristiana"
que tiene en cuenta filosóficamente unos datos provistos
por la fe, filosofía que es "un filosofar en la fe";
pero no puede ser una "filosofía católica"
como afirma Blondel, porque el cristianismo trasciende todas las
filosofías y la Iglesia no tiene una filosofía propia,
si bien los Pontífices han reconocido muchas veces la filosofía
de santo Tomás como la más coherente y compatible
con la fe: «Cierto, yo estoy persuadido en todo esto, que
un Pascal, un Newman, un Blondel han pensado de verdad, tienen
en la síntesis tomista su colocación y se acomodan
como en su lugar natural; mas, para verlo, hace falta ubicarse
en la prospectiva de santo Tomás y pedirle al genio de
Pascal, a la noble inteligencia de Newman, al potente intelecto
de Blondel, sin abandonar nada de aquello que ellos han visto,
de poner al menos parte de algunas de sus construcciones y de
sus negaciones sistemáticas: un sacrificio que no debería
costar mucho a los espíritus exentos de la superstición
de los sistemas». Etienne Gilson, como resulta de la carta
del 18 de junio de 1932, comparte plenamente estas críticas
de Maritain a Blondel.