4.- MARITAIN Y LOS EXISTENCIALISTAS CRISTIANOS
Distintos existencialistas cristianos tuvieron relación de amistad con los Maritain; algunos de ellos en los años treinta se alistaron en la lucha política, firmando los manifiestos en defensa de la democracia, comenzando por ‘Por el bien común’ (1934), en el cual se manifiesta un doble ‘no’ hacia el comunismo y hacia el fascismo, hasta forzar lo imposible (1951) y participando en el Comité francés para la paz civil y religiosa en España (1937). Sobre el plano filosófico, Jacques no comparte sus posiciones, que rechazan la inteligibilidad del ser, si bien admiten, a diferencia de los existencialistas ateos, la existencia y la trascendencia de Dios.
Para comprender las posiciones de Maritain, se necesita volver a las páginas que dedicó a Kierkegaard, pero en este ensayo basta la búsqueda de las relaciones personales cultivadas con los contemporáneos. Entre éstas, un lugar especial corresponde a la que mantuvo con Gabriel Marcel – discípulo de Bergson –, que fuera desde 1928 a 1939, asiduo a las reuniones de Meudon y que con Jacques participa en diversos debates en la 'Unión por la verdad' [1] , del cual quedan, todavía inéditas, una treintena de cartas en las cuales los dos filósofos se ocupan de importantes problemas filosóficos.
En lo que concierne a la actitud a asumir ante los sucesos de la historia, los dos filósofos no sólo asumen las mismas posturas, sino que las justifican del mismo modo. Mauriac, al defender a Maritain de los ataques de la prensa falangista, cita una reflexión de Marcel: «Un católico no puede ser obligado, en cuanto católico, a tomar posiciones por una parte o por la otra en la guerra, ni por una contra la otra». [2] Esta consonancia remonta a la distinción entre la religión, la cultura y la política que Maritain había impostado en 1930 con 'Religión y Cultura' [3], afirmando que el cristianismo trasciende toda forma de cultura y de política, y que Marcel había reseñado con entusiasmo. [4] Pero sobre el plano teorético persisten notables diferencias entre el tomismo de Maritain y el existencialismo de Marcel, por lo cual, su alianza es más espiritual que intelectual. De hecho, cuando Marcel lee ‘Los grados del saber’, [5] reprochará al amigo: «me parece que obras imprudentemente recurriendo siempre a un lenguaje escolástico, porque te arriesgas a dar la impresión de que la doctrina de la Iglesia esté ligada a un lenguaje medieval». [6]
Pero el problema no es sólo de lenguaje, atañe a la filosofía, concierne a la verdad, se trata de saber si el hombre, con su inteligencia, puede comprender el ser. Para Marcel, en este residuo bergsoniano, se puede tener experiencia pero no conocimiento de Dios, para Maritain en cambio, todo el discurso filosófico depende de la intuición del ser. En una larga nota en la tercera de las 'Siete lecciones sobre el ser', [7] Maritain critica a Marcel «que usa la palabra meditación y rechaza la de intuición». Y precisa que el hombre alcanza al ser en una visión simplísima, más allá de todo discurso y de toda demostración, mediante una intuición, donde, en un momento de emoción decisiva, similar al fuego espiritual, el alma entra en un contacto vivo, transparente, luminoso, con una realidad que ella aferra y desde lo cual viene aferrada.
En un texto de 1931, Raïssa recuerda las conversaciones filosóficas con Berdjaev, Marcel, Du Bos, Mauriac, Gilson, y Jacques comenta: «Eran todos amigos, pero contrarios en la orientación filosófica que Raïssa y yo considerábamos y habíamos siempre considerado la única verdadera (en aquella época era contrario también Gilson, pero muy pronto el progreso de la reflexión debía conducirlo a declarar el primado de santo Tomás sobre todos los otros maestros del Medioevo)». Raïssa recuerda todavía que Marcel en una reunión había declarado: «No estoy del todo calificado para defender el principio de identidad», mientras Berdjaev y Du Bos aprobaban, y observa: «He creído oír: 'No conozco a este hombre'. (Pero como Pedro, podrán arrepentirse) significa renegar con la razón el principio de nuestra salvación natural por medio de la razón. Significa decir que el Evangelio no está dirigido a los filósofos, sino solamente, como simples hombres, a los hombres simples».
La filosofía contemporánea ha buscado diversas vías para este tipo de intuiciones, que van desde la experiencia de la duración de Bergson, a la experiencia de la angustia de Heidegger, hasta la profundización del sentido moral, entendido como fidelidad, en Marcel; pero estas vías se detienen sobre el principio, ante el umbral del ser, y no encuentran más que un sucedáneo de la metafísica. En el otoño de 1960, Raïssa se enfermó gravemente, y Marcel escribe a Jacques: «Considero muy importante que sepan que estoy con ustedes, y que les pido perdón si de algún modo los he entristecido o herido involuntariamente» (4 de octubre de 1960). Jacques responde: «Es verdad que ciertas cosas escritas por tí han hecho mucho mal a Raissa, pero estoy seguro que ella te perdona. En cuanto a mí, no tengo nada qué perdonarte, valgo menos que nada» (6 de octubre de 1960). [8]
Otro filósofo existencialista que por un cierto tiempo frecuenta Meudon, redacta para la ‘Revue thomiste’ algunas recensiones de las obras de Maritain: es Gustave Thibon. Pero su actitud conservadora en política, que deriva de su amistad con Charles Maurras y con Marcel De Corte, lleva pronto a la ruptura de una amistad apenas florecida, como resulta de una carta de Maritain, del 30 de diciembre de 1935 a Marcel Malcor, que había publicado un libro de economía [9]: «Sé por el mismo Thibon que él se siente en desacuerdo conmigo sobre ciertos puntos esenciales de filosofía política. Siento por Thibon un afecto profundo, una verdadera amistad fraterna, y siento también una verdadera admiración por su inteligencia y por su potencia filosófica. Pero esto vuelve más doloroso un desacuerdo con él, que no me hace cambiar mis convicciones».[10] Maritain disgustado por este choque, tiene como quiera el modo de elogiar a Thibon por su interpretación del proceso psicológico de sublimación, tanto, que en su estudio sobre Freud, lo cita. [11]
Pero las diferencias están en la impostación filosófica, como resulta también de la contribución que Thibon envía para el fascículo que los Cahiers dedican al centenario del nacimiento de Maritain en el cual está escrito: «yo creo en las imágenes más que en las ideas. La idea circunscribe, la imagen evoca. La perfección de ciertas imágenes deja en nosotros la estela de una misterio y de un invisible que desafía cualquier intelección». [12] Es el rechazo del ser y de su intelegibilidad, tanto que Maritain recuerda que otro existencialista cristiano, Louis Lavelle, en su filosofía del espíritu, llega a llamar a Dios "una libertad sin naturaleza". Considera la intuición del ser una experiencia de la intimidad subjetiva sin ninguna referencia a un objeto externo al sujeto.
La confrontación de Maritain con otro existencialista, Nicola Berdjaev, revisa sobretodo la naturaleza de la filosofía cristiana, argumento en torno al cual, discuten juntos en las reuniones del Estudio franco-ruso, porque Berdjaev no reconoce el valor del concepto, como instrumento del filosofar. En cambio, hay un pleno acuerdo entre los dos filósofos en materia de filosofía política: «Berdjaev, cuya metafísica me parece inaceptable, pero cuyas vistas sobre el hombre y sobre la historia son muy profundas» . Así Berdjaev recuerda a su amigo: «Sus adversarios conservadores le reprochan por soportar mi influencia maléfica. Esto no es verdad para la filosofía, pero puede darse que sea verdad en relación a los problemas sociales y políticos. En el curso de los años de nuestra amistad, ha cambiado mucho, pero permanece tomista, acercando los nuevos problemas al tomismo y el tomismo a los nuevos problemas». [13]
Finalmente se necesita recordar también a Miguel de Unamuno, porque la carta que Jacques envía al filósofo en 1926, después de haber recibido su volumen ‘Agonía del Cristianismo’, reafirma con vigor la necesidad de conocer la verdad y de liberarse de toda forma de fideísmo existencial ligado a la maraña y al fluctuar de las emociones: «lo he leído con gran tristeza, porque ustedes maniobran generosamente en las apariencias y en las miserias de las palabras y entremezclan lo esencial, olvidando la verdad. Si la Verdad crucifija está en agonía hasta el fin del mundo, pero es antes que todo la Verdad, y si no fuese la Verdad, donde estaría el drama? y si la Verdad está en primer lugar, se necesita creer a lo que ella dice. Y en segundo lugar, esta agonía no es aquella de la cual hablan ustedes. La verdadera agonía, la verdadera lucha no es aquella de una fe que duda (concepto absurdo!), sino una fe que vence al mundo, porque ella no duda, y de una caridad que cumple en sí misma eso que falta a la pasión del Salvador, cansa a la misericordia de Dios, el perdón para las almas rebeldes, hechas también ellas a la imagen de Dios y que Jesús ha amado. Puede darse que un tramposo que muere en este momento pueda obtener su conversión. Yo deseo que la obtenga, porque todo se debe concluir en el este mundo, y seguramente en el otro» (2 de febrero de 1926). [14]
No obstante, las desilusiones intelectuales y políticas con los amigos existencialistas, Maritain sabe asir el alma de su problemática, que es el reconocimiento de la subjetividad existencial de cada una de las personas, que en su existencia individual, y es una novedad absoluta, porque Dios no se repite y no recorta las existencias de las esencias. Así, el filósofo recupera de la tradición tomista del Gaetano y de Giovanni di San Tommaso, la noción de subsistencia y llega a afirmar, que la filosofía de santo Tomás es un verdadero existencialismo. La persona es su subjetividad, capaz de autoconocimiento y de autodeterminación y no resolvente en el flujo existencial y fenoménico de la historia y del devenir.
Así, Maritain revalora la religiosidad trágica del existencialismo existencial, contra el pesimismo radical del existencialismo académico, y recuerda a su amigo Benjamin Fondane, discípulo de Chestov pero radicado desde el Evangelio, según el cual «para Kierkegaard y para la primera generación existencialista, la nada que la angustia nos revela no es la nada del existente, sino una nada en el existente. Es la fisura de lo existente: el pecado, el desafío de la libertad».
1. En 1931 L'idea di filosofia moderna (V 979-986)); en 1934 Sulla liberta nella
cristianita moderna (V 1042-1051); nel1935 Incontro con André Gide (VI 1016-1026).
2. Fr. Mauriac, Mise au point, in "Le Figaro» 30 giugno 1938 ( VI 1189). Cfr. P.
Viotto,]. Maritain, la democrazia e la guerra civile spagnola, en "Agora» V 2001, pp.
485-522.
3. J. Maritan, Religione e cultura, Morcelliana, Brescia 1946 (IV 193-255).
4. G. Marcel, Catholicisme et humanisme, en «L'Europe nouvelle" 24 de enero de
1931, pp. 109-110.
5. J. Maritain, 1 gradi del sapere, Morcelliana, Brescia 1974 (IV 257-1111).
6. Citado por H. Bars en G. Marcel et Maritain, p. 239.
7. J. Maritain, sette lezioni sull'essere, Massimo, Milano 1981 (V 517-683).
8. Cfr. Los apuntes de Raïssa en una reunión en casa de Berdjaev (V 355).
9. Cfr. Marcel Malcor, Au-dela du machinisme, Desclée de Brouwer, Paris,
Prefazione di G. Thibon. XIX volumen de la colección «Questions Disputées » dirigida por Journet y Maritain.
10. En Journet-Maritain, Correspondance, vol. II, p. 947.
11. J. Maritain, Freudismo e psicoanalisi, in Quattro saggi sullo spirito incarnato,
Morcelliana, Brescia 1978 (VII, 61-96).
12. G. Thibon, Du temps a l'éternel, en "Cahiers Jacques Maritain" n. 4-5,
noviembre 19-82, p. 101.
13. En "Cahiers Jacques Maritain" n. 4-5, noviembre 1982, p. 48.
14. En Ignacio Tellechea Idigorar, El Eco de Unamuno, Fundación Universitaria
Española, Madrid 1996, p. 33.