5.- YVES SIMON Y LOS AMIGOS AMERICANOS
Más convergente sobre las posiciones de Maritain, si bien adquiriendo su autonomía, fue en cambio la reflexión filosófica de Yves Simon, docente de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, a finales de 1938, y también en la Universidad de Chicago.
Simon había sido discípulo de Maritain en el Instituto Católico de París en los años veinte; tal vez lo había suplido en las lecciones y en las conferencias; había sido también uno de los asiduos frecuentadores de los encuentros de Meudon. Entre ellos, la colaboración en la investigación es directa, como lo documenta su correspondencia, que se extiende desde 1929 hasta 1961, así como los prefacios y las recensiones hechas por Maritain. Simon recuerda la obra de Maritain en una conferencia en la Universidad de Notre Dame, el 13 de noviembre de 1959,[1] y Maritain recuerda al amigo poco después de su desaparición, con un artículo de título significativo: ‘Yves Simon, mon frere d'armes’ [mi compañero de armas]: [2] «Tuve relaciones intelectuales y de amistad con Yves Simon por casi cuarenta años. En Francia, fue uno de los mejores y más estimados estudiantes. En seguida, pasamos juntos numerosas controversias intelectuales y políticas. Tuve así el privilegio de observar el desarrollo de su vocación filosófica y luego de su carrera de profesor, de sus intereses humanos y espirituales, de su vida de esposo y de padre».
La colaboración entre los dos, comienza temprano, en 1929 Simon reúne y traduce al francés, páginas selectas de las obras de santo Tomás y Maritain hace el prólogo del volumen, en el cual observa: «Las dificultades de la empresa no necesitan ser subrayadas; el género literario de santo Tomás, nace de la más austera tecnicidad filosófica y teológica; no se traduce a santo Tomás como se traduce a san Agustín». [3]
Simon desarrolla su análisis de filosofía política en torno al concepto de autoridad en la sociedad democrática y publica, en 1942, un primer ensayo que recoge seis lecciones dictadas en la Universidad de Marquette, que Maritain critica en la revista The review of Politics, [4] proponiendo una serie de profundizaciones a las cuales Simon responderá en obras sucesivas. Simon, con Maritain, participa en la resistencia francesa contra la ocupación nazi, sosteniendo con conferencias desde Canadá hasta México, y con artículos en revistas americanas, la acción del general De Gaulle. Su libro ‘La marcha de liberación’ es un documento de esta actividad. [5]
Cuando en 1955, Simon con otros colegas lleva a término y publica la traducción inglesa del Tratado de lógica de Giovanni di san Tommaso, Maritain escribe una larga carta, que es incluida como prefacio en el volumen. [6] En la carta se subraya la importancia del estudio de los comentadores de santo Tomás: «No será nunca cuestión de sustituir las obras de los comentadores a las de santo Tomás, y no nos permitiremos introducir en la lectura de santo Tomás el aporte propio de los comentadores, por fieles que puedan ser. Pero hombres como el Gaetano y Giovanni di san Tommaso, nos dan un tal ejemplo de respeto minucioso por el pensamiento auténtico del Aquinate que, seguirlos, constituye la más eficaz protección contra el riesgo de ignorar la evolución histórica de los problemas». No por nada Maritain, en 1930, había hecho traducir al francés por Raissa, el ‘Tratado de los dones del Espíritu Santo' de Giovanni di san Tommas. [7]
Maritain estaba muy satisfecho de la presencia estable de Simon en América (el filósofo había obtenido la ciudadanía en 1946), en una carta le escribe: «estoy muy contento que usted viva la experiencia americana. ¿Quién lo sabe? El tomismo viviente se difundirá más rápidamente hacia abajo de nuestro suelo árido y seco». [8] Tanta era la confianza de Maritain en Yves Simon, que en 1945, debiendo partir para asumir el encargo de Embajador de la República Francesa ante el Vaticano, confía al filósofo americano, la revisión y el control de su libro ‘Por la justicia’ [9] en el cual había recogido una serie de importantes artículos y discursos efectuados entre 1940 y 1945 (cincuenta textos de varia extensión). Estas relaciones de trabajo intelectual, no impiden a los Maritain, manifestar con espontaneidad los sentimientos de su amistad, la misma carta concluye: «Su hijo Antonio es un niño exquisito, pienso con frecuencia en él, en su ternura, en su gravedad. Abrácelo por mi y por nosotros tres» (18-3-1945) [10]
Simon subraya la pluralidad de los estudios de Maritain, siempre suministrados al abrigo de los problemas emergentes, para dar una respuesta adecuada, coherente con la filosofía tomista, a las cuestiones que el mundo de la cultura y de la política hacen salir a la luz cada día. Su filosofía es inseparable de su vida, sin embargo, se desarrolla con coherencia. «Estoy seguro que ha habido muchos conflictos en la carrera de Maritain, entre sus preferencias y su vocación. Por preferencias, entiendo eso que un hombre habría querido decir y hacer, si hubiese podido elegir a su gusto. No puedo encontrar un solo caso en el cual haya dado prioridad a sus preferencias antes que a su vocación». [11] Es el más bello elogio que un discípulo pueda hacer a su maestro, porque subraya la importancia de rendir testimonio a la verdad, en concreto de los acontecimientos históricos en los cuales se participa, postergando también el deseo de desarrollar la investigación según los propios gustos.
Maritain, que construye una red de relaciones sociales tanto en Canadá como en los Estados Unidos, es ayudado por diversos amigos a insertarse en los ambientes universitarios. En América, dicta numerosas conferencias, escribe algunos de sus libros más importantes, participa en la fundación de la 'Ecole libre des Hautes Etudes' para los docentes universitarios de lengua francesa en exilio, dirige la colección Civilización. Participa con la difusión de radiomensajes a la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia. Promueve, en 1942, el manifiesto de los católicos europeos residentes en América: ‘Ante la crisis mundial’. Después del conflicto y hasta 1960, enseña en la Universidad de Princeton en New Jersey, y tiene cursos en la Universidad de Notre Dame en Indiana. En estas actividades, fue ayudado por nuevos amigos americanos, como él mismo escribe, recordando la contribución de ellos para la escuela humanística; en el prólogo a la edición de 1959 de sus escritos pedagógicos, recogidos en el libro ‘Para una filosofía de la educación’ [12] gracias a Robert Hutchins, Mortimer Adler y John Nef: «en las universidades americanas, hay un esfuerzo por asociar las artes liberales a los estudios científicos y tecnológicos, para luchar contra los daños de la especialización, tornar así a una educación y a una cultura auténticamente humanísticas».
También Charles Journet, en el prefacio a la traducción europea de las cuatro lecciones impartidas por Maritain en la Universidad de Yale en 1943, publicadas con el título ‘La educación en la encrucijada’, [13] subraya cómo el grupo de estos pensadores de Chicago había marcado el cruce entre una educación prevalentemente tecnológica, sostenida por J. Dewey, y una educación humanística con la recuperación de aquellas materias que en la antigüedad y en el Medioevo se llamaban artes liberales.
Robert Hutchins fue uno de los primeros en ayudar a Maritain a introducirse en las Universidades americanas. Raissa, en una carta a Journet, recuerda un coloquio en el cual Hutchins tuvo a bien decir a Jacques: «Aqui hay un pueblo inmenso de jóvenes que buscan la verdadera filosofía y que están disponibles. Pero nadie los puede guiar. Sería necesario que usted tuviese en América un grupo de alumnos como los tienen en Francia, y que ustedes fuesen a unos y a otros» (29 de marzo de 1933). [14] Maritain, en una entrevista en La Croix declara: [15] «He sido introducido en la Universidad de Chicago, donde permanecí tres semanas. Admiro profundamente el trabajo del presidente Hutchins... Yo creo que se preparan aquí en América grandes cosas. De este renacimiento de la metafísica, y en particular del tomismo, es necesario atribuir principalmente el mérito por una parte a la escuela de Chicago, con el presidente Hutchins, y el elocuente profesor Mortimer Adler (que no son católicos), y por otra parte a la escuela de Toronto, que es católica. Hago referencia al movimiento que tiene por centro el instituto de estudios medievales fundado por Gilson y presidido por el profesor G.B. Phelan».
Mortimer Adler se había ya dedicado al estudio de santo Tomás antes de conocer personalmente a Maritain; la venida de Maritain a América, establece una amistad y una reciprocidad fecunda. Adler estudia y difunde el pensamiento de Maritain y estos valoran los estudios de filosofía de la educación del compañero de camino. Adler en el prefacio a ‘Arte y prudencia’ escribe: «Mi deuda hacia Maritain está así manifiestamente demostrada desde este mismo libro, en el que no puedo sino agregar el placer de reconocerlo. Más que los principios sobre los cuales el libro se basa, le debo la comprensión de lo que significa trabajar en la tradición de la filosofía perenne». [16] Maritain extiende un largo prefacio al volumen de Adler sobre la evolución de la especie (VII 1268-1282), afrontando cuestiones de relación entre ciencia y filosofía; y defiende al amigo de una recensión hostil de la obra con un artículo en la revista The Thomist, concluyendo: «Hoy él es atacado desde diversas partes, esta es la señal de que su obra tiene fruto». En 1940, Adler edita en el volumen ‘Scholasticism and Politics’ [17] las conferencias que Maritain ha dictado en América en 1938 y Maritain escribe en la introducción: «Por distintos que sean los argumentos tratados no es difícil entrever la intención general que hace la unidad de la obra: la idea de la persona humana, considerada en su dignidad espiritual y en sus condiciones concretas de existencia». Además se debe recordar que en ‘La educación en la encrucijada’, Maritain valora la teoría pedagógica de Adler, que pone en la base de la formación humanística la lectura de los grandes libros de la literatura y de la filosofía, no sólo de los clásicos de la antigüedad, sino también de los modernos. Fue Maritain el encargado de presentar el 15 de abril de 1952, en el Waldorf Astoria la colección 'Los Grandes Libros' en la cual venían disponibles, en 54 volúmenes, las obras más importantes de la cultura humanística, seleccionadas por Adler y Hutchins.
Adler con Simon respaldan a Maritain en la controversia con algunos docentes canadienses sobre el problema del bien común, nacido más por motivos políticos que filosóficos, a causa del manifiesto ‘Ante la crisis mundial’. El único pesar para Maritain es el hecho de que este tomista, tomista más que un dominico, quedara fuera de la Iglesia. Este consuelo los Maritain lo tuvieron en otro exponente del grupo de Chicago, John Nef, [18] un especialista en estudios económicos, convertido al catolicisimo, que les había conocido en Meudon en 1933 y que, luego en 1938, los había hospedado en su casa de Chicago. Nef recuerda: «Maritain tenía la bondad de confiarme sus juicios sobre el arte para valorar bien los míos. El arte era una fuente, en la cual nosotros extraíamos juntos, el manantial inagotable de renovación para nuestra amistad». [19]
Además del grupo de Chicago, es necesario recordar otra terna de amigos americanos: Joseph William Evans, Leo R. Ward y Donald Gallagher. Los primeros dos, en 1955, preparan una colección de veinticinco textos maritainianos de argumento político-social [20], para lo cual, el filósofo redacta una introducción en la que tiene modo de hacer algunas precisiones importantes de orden epistemológico: «La Filosofía Política no pretende desalojar o reemplazar ni a la sociología ni a la ciencia política. Sin embargo, siendo más abstracta y menos orientada a los detalles de los fenómenos, eleva la materia objeto de la investigación sociológica y científico-política, tanto a un grado más alto de inteligibilidad, como aun grado mayor de practicabilidad, porque aprecia dicho material bajo la luz y la perspectiva de un conocimiento más profundo y más comprensivo, un conocimiento sabio del Hombre, cual es la Ética y trata, por ello, precisamente de los fines y normas de la conducta humana». Y agrega: «La filosofía política no sólo es 'práctica', en el sentido que trata de las acciones humanas y de sus fines, normas y condiciones de existencia; sino que es, a pesar de los sarcasmos de los llamados hombres prácticos, eficaz y eficaz en grado sumo, porque la esperanza tiene que ver con el deber ser de las cosas, no con lo que las cosas son, y el hombre no puede vivir y actuar sin esperanza.»
En 1959, el mismo año de la primera edición francesa, Evans traduce al inglés ‘Liturgia y contemplación’, [21] el último texto que Raissa y Maritain escribieron juntos, casi un testamento para afirmar el primado de lo espiritual en un mundo en el cual parecen prevalecer la técnica y el mercado. Donald Gallagher recoge y publica, con la autorización de Maritain, diversos escritos americanos que abordan desde la filosofía hasta la educación, muchos de los cuales permanecieron inéditos en lengua francesa hasta su recuperación en las Obras Completas. [22] Uno de estos, ‘Education and the Humanities’, una conferencia dictada en Atlanta en 1952, es fundamental para comprender la influencia de los amigos americanos sobre la formación de la filosofía de Maritain. En este texto se subraya cómo la educación humanística es un derecho para todos, porque el fin principal de la educación es la formación del hombre y no la preparación técnica-profesional, que trae como consecuencia. La poesía y el arte, la filosofía y la religión, forman al hombre libre, y la democracia tiene necesidad de hombres libres. Gallagher, con la colaboración de su esposa Idella, prepara también la primera gran bibliografía de la obra maritainiana. [23]
* Traducción del italiano de Leticia Villegas Pereyra
NOTAS
1. Yves Simon, Jacques Maritain, en "Cahiers Jacques Maritain" n. 11, junio 1985, pp. 5-24.
2. J. Maritain, Yves simon, en «Jubile e" IX aout 1961, pp. 2-3; en francés en «Nova et Vetera» XLVIII n.l, janvier-mars 1973, pp. 43-45 (XII 1207-1210).
3. Thomas d'Aquin, Pages choisies, Gallimard, París 1939 (VII 1252-1256).
4. J. Maritain, On Authority in «The review of Politics» III, n.2, abril 1941, pp. 250-254 (VII 1288 1303).
5. Y. Simon, La Marche a la délivrance, Éditions de la Maison, Fran~aise, New York 1942.
6. John of Saint Thomas, The Material Logic, University of Chicago Press, Chicago 1955 (X 1166-1180).
7. J ean de Saint Thomas, Les dons du saint-Esprit Editions du Cerf, Juvisy 1930. Préface di Garrigou-Lagrange, pp. VII-XV, pp. 320 (XIV 216-481).
8. Carta no fechada, citada en Florian Michel,j. Maritain en Amérique dui Nord 1 (1933-1940) en «Cahiers Jacques Maritaill» n. 45, diciembre 2002, pp. 70.
9. J. Maritain, Pour la justice, Éditions de la Maison Fran~aise, New York 1945 (VIII 511-1008).
10. Carta a Simon de fecha 18-3-1945 en «Cahiers J acques Maritain» n. 4bis , junio 1982, pp. 22.
11. Yves Simon,jacques Maritain, p. 24.
12. J. Maritain, Per una filosofia dell'educazione, La Scuola, Brescia 2001 (XVI 574- 575).
13. J. Maritain, L'educazione al bivio, La Scuola, Brescia 1975 (VI 765-900 e 963-988). Cfr. P. Viotto, Per una filosofia dell'educazione secondo Maritain, Vita e Pensiero, Milano 1985.
14. Journet-Maritain, Correpondance, vol 2 p. 299.
15. Maritain nous parle des Etats-Unis, en «La Croix» 1-2 enero de 1939 (VI 1 083-1 085).
16. Mortimer Adler, Art and Prudence, Longmans, p. XIII.
17. J. Maritain, scholasticism and Politics, MacMillan Company, New York 1940; Geoffrey Bles, London 1940.
18. Nef John (1899-1977) fundador y director del «Committee on The Social Thought».
19. Citado en F. Michel,Jacques Maritain en Amérique du Nord 1933-1940, ed. cit. p.62.
20. J. Maritain, The Social and Political Philosophy of J.Maritain, Charles Scribner's Sons, New York 1955, pp. 348.
21. Raissa y Jacques Maritain, Liturgia e contempazione, Borla, Roma 1979 (XIV, 83-154).
22. Donald e Idella Gallagher, The Education of Man; The Educational Philosiphy of J. Maritain, Doubleday and Company, N ew York 1962.
23. Donald e Idella Gallagher, The Achievement Jacques and Raissa Maritain. A Bibliography 1906-1961, Doubleday and Company, New York 1962, pp. 256.