La pretigiosa revista 'The Thomist' *, editada desde 1939 por los Padres Dominicos de la Provincia de San José, Nueva York, EE. UU., dedicó su Volumen V, publicado en Enero de 1943, a Jacques Maritain con motivo de cumplir sesenta años de edad. Dicho homenaje, que se extiende en 375 páginas, contiene las colaboraciones de 23 filósofos, académicos y personalidades intelectuales en torno a los más variados temas en relación al pensamiento de Maritain.

He aquí el Editorial de presentación.

 
ENLACES
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Jacques Maritain
Juan Pablo II
Una sabiduría redentora
Etienne Gilson
'The Thomist'
Volumen de homenaje a Maritain
Al centenario de su nacimiento
Mons. Octavio Derisi
Maritain, 'Doctor ad honorem'

 

THE THOMIST, EDITORIAL **

Enero 1943

El presente número de ‘The Tomist’ está dedicado a Jacques Maritain con ocasión de cumplir 60 años de edad. La destacada posición de Maritain en el campo de la filosofía, su incansable labor y su valiente pensamiento merecen mucho más de lo que es posible ofrecerle con semejante tributo. Sin embargo, ‘The Tomist’ se honra en ser el instrumento de dicho homenaje y sus lectores entenderán y compartirán tal honor.

Obviamente, no todos los autores contribuyentes a este número son tomistas; pero todos ellos, tomistas y no tomistas, han tenido un mismo propósito, cual es rendir tributo a un tomista de una manera que es, también, un reconocimiento y un halago a las metas del Tomismo: por medio de estudios que, con su sencillo aporte, contribuyen a acercar a los hombres al sempiterno propósito de una verdad duradera.

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No obstante que el tributo de los contribuyentes a ‘The Tomist’ es primeramente de orden personal, es, al mismo tiempo, mucho más que eso, porque este homenaje ha sido construido por mentes muy distantes entre sí, como para subordinarse sólo a la admiración de una personalidad notable.

En definitiva, éste es un testimonio que refleja un profundo interés en las áreas de trabajo de Jacques Maritain, en las fuentes de su pensamiento y en los frutos de años de trabajo en esos campos e inspirado por esas fuentes. En otras palabras, los autores, en su impresionante variedad, han pagado tributo al Tomismo, en cuanto vive y respira en el siglo XX, así como también a un tomista viviente. No hay misterio en cuanto a la legitimidad de tal tributo a dicho tomista; pero bien pudiera existir un gran misterio, incluso en las mentes de aquellos que han rendido este homenaje, respecto a igual aspiración del Tomismo en relación al interés de los no tomistas en esta época nuestra.

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Sin embargo, ese misterio no resulta ser insoluble si nos tomamos la pequeña molestia de colocar al Tomismo y a nuestra época uno al lado del otro. Tal vez la característica que emerge inmediatamente como un común denominador es la del conflicto, la del estruendo del combate y de la confusión de la batalla.

Al menos históricamente, el Tomismo ha sido el hijo de la batalla. Toda la carrera de Santo Tomás fue una lucha continua que exigió cada gramo de su prodigiosa fuerza y cada aspecto de su increíble genio; el Tomismo que dejó tras sí, siempre que haya merecido ese nombre, nunca ha estado fuera de la zona de combate.

Así se han sucedido, una después de otra, ofensivas arduamente ganadas a las fuerzas del error y la falsedad, que poco a poco retroceden cediendo nuevos puestos de avanzada a la verdad, los que han de ser fortificado mientras se sigue presionando sin descanso. A menudo la lucha se ha hecho amarga; más frecuentemente, la victoria se ha alcanzado en forma desalentadoramente lenta; pero siempre ha sido una lucha sin compromiso ni negociación.

Defensivamente, el combate no ha sido menos constante. La guerra de guerrilla, cuya continua agitación es más una molestia que una amenaza, a menos que se dé por desechada, ha sido dimensionada sólo por la capacidad de confusión del hombre y por su temor a la verdad, así como por esa oscura y misteriosa atracción suya por la perversión de la verdad.

A lo largo de las edades, aquí y allí, han tenido lugar enfrentamientos totales, llevados a cabo con una ferocidad nacida del reconocimiento del carácter definitivo de su resultado; batallas donde el objetivo final es la vida o muerte de la verdad.

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Los hombres de nuestro tiempo están inmersos en una guerra por el mundo. Es una guerra de ideas al igual que una guerra de proyectiles, y el estruendo y la confusión no están limitados a la guerra de proyectiles. Ambas han sido definidas a veces como guerras destinadas a determinar si los principios fundamentos que son verdaderos sobrevivirán después de todo. En otras oportunidades, el asunto se ha centrado más bien en establecer bajo qué principio ha de vivir el mundo, el falso o el verdadero.

El carácter acerbo y universal de la lucha ha sido visto como el resultado del choque de principios que establecen la diferencia entre una vida digna de ser vivida y una vida sin sentido para el individuo. Los lados, en este terreno, parecen haberse elegido malamente, puesto que, en el caso de algunos oponentes, la batalla parece ser el choque de proponentes de un mismo principio, preocupados sólo en determinar quien personifica ese principio. En lo fundamental, el hombre común ha visto esta lucha más bien como una resistencia profunda y determinada a todo intento de esclavizarlo.

Mucho antes de la batalla de las balas, y mucho después de ella, la batalla de las ideas sigue su curso. En realidad, una mayor pérdida de tiempo en la batalla de las balas puede hacer perder a la humanidad la batalla de las ideas. Porque las ideas, en particular aquellas enervantes y desintegradoras, generalmente provocan risas y son descartadas como tonterías por las masas humanas resignadas. Después de todo, una idea desnuda no es suficiente para sobresaltar a un hombre de su sueño, privarlo de su comodidad, quitarle su comida o robarle su vida.

Sólo aquellos particularmente alertas, aquellos que toman sus principios con absoluta seriedad, no como una dádiva, ven venir la guerra de las ideas mucho antes que el zumbido de las balas despierte a los hombres de su letargo. Ellos son los guardianes de la humanidad que, con no poca frecuencia, son engrillados en el silencio por los hombres que no quieren ser perturbados.

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Más allá de toda duda, el interés de los hombres de nuestro tiempo por el Tomismo no es realmente un interés histórico; tal interés histórico pudiera más bien ser no-existente de parte de los no tomistas. Por el contrario, el Tomismo ha llamado la atención de nuestro tiempo como portador de principios y verdades persistentes, merecedores de cualquier sacrificio, de la más extrema lealtad y de la más dura batalla; porque los hombres de nuestro tiempo han despertado plenamente ante el hecho solemne de que hay cosas más preciosas que la vida misma. Ellos han visto al Tomismo como un luchador campeón de la verdad; y los hombres de nuestro tiempo saben lo que puede conseguir la mentira y lo que es la guerra.

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En este contexto, no ha sido difícil reconocer a Jacques Maritain como uno de esos guardianes de la humanidad, tomando sus propios principios con seriedad absoluta y, plenamente alerta, incorporándose al torrente de la batalla de las ideas mientras los demás duermen.

Él escribe con el coraje propio de los visionarios que procuran movilizar a su prójimo en anteojeras, y con todo el amor por la humanidad tan evidente en su exitoso esfuerzo de entregar al presente y al futuro del hombre un lenguaje que pueden entender.

Mas, si el homenaje presentado en este volumen fuese sólo un tributo a Jacques Maritain, sería poco más que un interés transitorio, una alentadora evidencia de nuestra admiración por el esfuerzo humano valientemente realizado. Pero los esfuerzos de Jacques Maritain no pueden divorciarse de los principios que los han inspirado. Maritain es un Tomista; y el Tomismo no puede ser sacudido casualmente una vez que se ha tomado contacto con él.

Este tributo a un Tomista y al Tomismo es, por tanto, un gran acontecimiento, no solamente por el pasado que reconoce, no sólo por Jacques Maritain a quien ofrece un débil reconocimiento humano, sino por los hombres y mujeres que se han detenido a rendirlo, y por todos aquellos que, por su intermedio, han de sentir las repercusiones de su contacto con el Tomismo viviente.

 

[*] 'The Thomist' sigue publicándose en la actualidad. Su página web es: www.thomist.org/

[**] Traducido del inglés por H.I.