I.
ARISTÓTELES Y SANTO TOMÁS
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1.
ARISTÓTELES ES ÚNICO POR SU GENIO, POR SUS DONES, POR SU OBRA
"Se
puede decir que Aristóteles es único entre los filósofos,
único por su genio, único por sus dones, único
por su obra.
"Si la
sabiduría humana, o sea la filosofía, había
de levantarse como un edificio digno de su grandeza, era necesario
que después de la suficiente preparación histórica,
un hombre solo echara sus fundamentos. Sobre estos fundamentos,
millares de artesanos podrán ponerse a la tarea, porque la
ciencia no se ensancha sino mediante el esfuerzo común de
muchas generaciones, y nunca dice basta. Pero su dirección
requiere del arquitecto único.
"Descartes
lo expone muy bien en su 'Discurso del Método':
"Nunca hay tanta perfección en las obras compuestas
de diversas partes y hechas por muchos maestros, como en aquellas
en que ha trabajado un solo maestro."
"Pero Descartes
erró, 1°, al creer que le correspondía a él
fundar la filosofía, por incompetencia de la antigüedad;
2°, al pensar que él solo era capaz si tenía tiempo
y experiencia no ya de fundar, sino de terminar la ciencia; 3°,
al rechazar con desprecio todo el esfuerzo de las generaciones anteriores
y de la tradición humana.
"En cambio,
Aristóteles sólo salió adelante en su obra,
consultando, discutiendo y analizando el pensamiento de sus predecesores,
y aprovechándose de toda la labor acumulada antes de él."
('Introducción
a la Filosofía' [1920]. Club de Lectores. Buenos
Aires. 1999. Página 70) |
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2.
ARISTÓTELES FUNDÓ PARA SIEMPRE
LA VERDADERA FILOSOFÍA
"Desmontando,
por decirlo así, el sistema del maestro, supo Aristoteles
acomodar a la realidad los principios que Platón había
descubierto y aplicado erroneamente y hacer entrar a sus grandes
concepciones dentro de la mesura y buen juicio trascendental; y
así salvó todo lo que en la filosofía de Platón
llevaba en sí un principio de vida.
"Hizo más
todavía. Fundó para siempre la verdadera filosofía.
"Si pudo
salvar todo lo bueno y recto que había, no sólo en
Platón sino también en los demás pensadores
de Grecia, y si llevó a término la gran obra de síntesis
que Platón había prematuramente intentado, fué
por haber conseguido asegurar definitivamente las conquistas de
la inteligencia humana en el terreno de la realidad.
"Su obra
es no solamente el fruto maduro de la sabiduría griega purificada
de los errores de Platón y de las huellas extrañas
que en él se encuentran, sino que contiene igualmente el
germen enteramente formado y dotado de posibilidades ilimitadas,
de la sabiduría humana entera.
"Puede decirse que hasta Aristóteles la filosofía
se encontraba en estado de formación embrionaria. En adelante,
y una vez formada, va a poder desarrollarse indefinidamente."
('Introducción
a la Filosofía' [1920]. Club
de Lectores. Buenos Aires. 1999. Página 63) |
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3.
¿QUE QUIEREN DECIR LAS PALABRAS "VERDADERA
FILOSOFÍA"?
"Significan
que, siendo verdaderos los principios, y estando organizados entre
sí de una manera conforme a lo real, tal filosofía
(posible) está, por lo mismo, equipada para avanzar de siglo
en siglo (si los que la profesan no están muy satisfechos
de sí mismos o si no son demasiado perezosos) hacia una mayor
cantidad de verdad.
"Sin embargo,
hay una infinidad de verdades que esta posible doctrina verdadera
no ha alcanzado todavía. E incluso, tal como ella misma es
en un tiempo dado, puede comportar numerosos errores accidentales.
"No basta,
pues, con decir, suponiendo que exista, que no está nunca
determinada y debe constantemente progresar: implica necesariamente,
para librarse de las condiciones limitativas debidas a la mentalidad
de una época dada de cultura, un perpetuo proceso de autorrefundición,
como sucede con los órganos vivientes.
"Tiene
el deber de comprender inteligentemente las diversas doctrinas que
se desarrollan de edad en edad haciéndole oposición,
sacar de ello la intuición generadora y salvar las verdades
que tales doctrinas mantienen cautivas."
('El
Campesino de Garona'
[1967] Editorial Española Desclée de Brouwer. Bilbao.
1967. Página 140)
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4.
ENTONCES SE ENCONTRARON EN EL CAMINO LA
SABIDURÍA HUMANA Y LA VERDAD DIVINA
"La cultura escolástica que se desarrolló a partir
del siglo VIII en el occidente cristiano, desconoció durante
mucho tiempo los libros originales de Aristóteles, fuera del
Organon (tratado de lógica). Pero no ignoraba su pensamiento
que tantos autores de segundo orden habían vulgarizado.
"Solamente
a fines del siglo XII, los escritos del filósofo (Física,
Metafísica, Ética) comenzaron a llegar a las manos
de los escolásticos, gracias, sobre todo, al parecer, a la
ardiente polémica sostenida en esta época por los
doctores cristianos contra la filosofía de los árabes,
a quienes estos escritos habían sido transmitidos y en los
cuales pretendían fundar su autoridad.
"Acogidos
al principio con gran desconfianza, en razón precisamente
del camino por donde llegaban y de los errores que les hacían
cometer los comentarios árabes, todos los libros de Aristóteles
fueron pronto traducidos al latín.
"Entonces
se encontraron en el camino la sabiduría humana y la verdad
divina, Aristóteles y la fe.
"Fue necesario
que alguien hiciera entrar al servicio real de Cristo a la maravillosa
intelectualidad de Aristóteles. Esta obra, comenzada por
Alberto Magno, fue enderezada, acabada y perfeccionada por Santo
Tomás de Aquino."
('Introducción
a la Filosofía' [1920]. Club de Lectores. Buenos
Aires. 1999. Página 76) |
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5.
SANTO TOMÁS TRASLADÓ A LOS
DOMINIOS DEL PENSAMIENTO CRISTIANO LA FILOSOFÍA DE ARISTÓTELES
EN SU TOTALIDAD.
Santo Tomás no solamente trasladó
a los dominios del pensamiento cristiano la filosofía de
Aristóteles en su totalidad, para hacer de ella el instrumento
al servicio de una síntesis teológica incomparable,
sino que, además, y al mismo tiempo, realzó y, por
decirlo así, transfiguró esta filosofía.
"La purificó
de todo error, en el orden filosófico se entiende, porque
en el orden de las ciencias de observación o ciencias de
los fenómenos, Santo Tomás no podía, lo mismo
que Aristóteles, evitar los errores corrientes de su tiempo,
errores sin consecuencias, en lo que concierne a la filosofía
propiamente dicha.
"La sistematizó
con gran vigor y armonía, profundizó en sus principios,
dedujo las conclusiones, ensanchó el horizonte y, sin quitarle
una coma, la enriqueció no poco con los inmensos tesoros
de la tradición latina y cristiana, dando prueba con todo
esto de ser un genio filosófico tan poderoso como Aristóteles.
"En fin
y principalmente, echando mano su genio propiamente teológico
de la filosofía de Aristóteles, como de un instrumento
de la ciencia sagrada - que existe en nosotros como una huella
de la ciencia de Dios - elevó esta filosofía
sobre sí misma, sublimándola a una luz superior que
hace que resplandezca la verdad de una manera más divina
que humana.
"Entre
Aristóteles visto a través de su propia doctrina,
y Aristóteles contemplado a través de Santo Tomás,
hay la misma diferencia que entre una ciudad alumbrada por antorchas
y la misma ciudad iluminada por los rayos del sol naciente.
Por esta razón, aunque Santo Tomás es ante todo
un teólogo, se puede hablar de filosofía tomista con tanta propiedad y mayor quizás que de filosofía aristotélica."
('Introducción
a la Filosofía' [1920]. Club de Lectores. Buenos
Aires. 1999. Página 77) |
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6.
LA FILOSOFÍA DE ARISTÓTELES
Y SANTO TOMÁS ES LA FILOSOFÍA NATURAL DEL ESPÍRITU
HUMANO
"Esta
filosofía de Aristóteles y Santo Tomás es con
toda propiedad, según frase de un filósofo moderno,
la filosofía natural del espíritu humano;
porque en efecto desarrolla y eleva a su mayor perfección
lo que hay de más profunda y auténticamente natural
en nuestra inteligencia, en sus primeros conocimientos, como en
sus aspiraciones a la verdad.
Es también la filosofía de la evidencia,
fundada a la vez en la evidencia experimental de los datos que nos
dan los sentidos y en la evidencia intelectual de los primeros principios;
es la filosofía del ser, por apoyarse toda
ella y regularse sobre lo que es y por plegarse fielmente a todas
la exigencias de lo real; es la filosofía de la inteligencia,
a la cual se entrega como a la facultad de lo verdadero y a la que
educa a su vez por medio de una disciplina soberanamente purificadora.
Por todas estas razones, esta filosofía tiene carácter
de filosofía universal, en el sentido de que
no es la expresión de una nacionalidad ni de una clase, ni
de un grupo, ni de un temperamento, ni de una raza, ni de una ambición,
ni de una melancolía, ni de una tendencia práctica;
sino la expresión y el resultado de la razón que en
todas partes es idéntica. En este mismo sentido, esta filosofía
es suficiente para conducir a las inteligencias privilegiadas hasta
la ciencia más elevada y más difícil, sin dejar
jamás, por otra parte, de estar a la altura de aquella certeza
fundamental, espontáneamente adquirida por toda mente sincera,
que constituye los dominios universales humanos del sentido
común.
Se nos muestra además como continua y perdurable, philosophia
perennis, en el sentido de que antes que Aristóteles
y Santo Tomás la hubieran creado científicamente como
filosofía propiamente dicha, ya existía desde el primer
momento en su raíz, en estado prefilosófico, como
instinto de la inteligencia y como conocimiento natural de las primeras
conclusiones de la razón; y en el sentido, además,
que desde su fundación como filosofía, ha permanecido
estable y progresiva a la vez en su pujante vida tradicional, mientras
que todas las otras filosofías se fueron sucediendo después
de una vida precaria. Esta filosofía se presenta, en fin,
a nuestros ojos como incomparablemente una, ya porque
es la única que asegura al saber humano - metafísica
y ciencias - su armonía y su unidad, como también
porque realiza el máximo de coherencia dentro del máximo
de complejidad, y que no es posible desdeñar el más
insignificante de sus principios sin falsear, por sus inmediatas
repercusiones, todos los aspectos de lo real.
Tales son algunas de las señales externas que nos dan
a comprender su objetividad, aun antes de haber penetrado en ella
y comprobar directamente su evidencia intrínseca y su necesidad
racional.
('Introducción
a la Filosofía' [1920]. Club de Lectores. Buenos
Aires. 1999. Página 79) |
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