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I.
LA NACIÓN, EL CUERPO POLÍTICO Y EL ESTADO
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1.
ES
PRECISO TERMINAR CON LA CONFUSIÓN O LA IDENTIFICACIÓN
SISTEMÁTICA DE LAS NOCIONES DE NACIÓN, CUERPO POLÍTICO
Y ESTADO
"No
hay tarea más ingrata que la de intentar elevar a un nivel
científico o filosófico nociones comunes que han nacido
de las necesidades prácticas y contingentes de la historia
humana, que están cargadas de implicaciones sociales, culturales
e históricas tan ambiguas como fértiles, y que entrañan,
sin embargo, un núcleo de significación inteligible.
"Son
conceptos nómadas, no fijados; cambiantes y fluidos, y empleados
unas veces como sinónimos y otras como contrarios. Todo el
mundo se siente tanto más a gusto sirviéndose de ellos
cuanto menos sabe exactamente lo que significan.
"Pero,
en cuanto se intenta definirlos y distinguirlos unos de otros, se
levanta un enjambre de problemas y dificultades.
"Las
observaciones precedentes se aplican de manera patente a las nociones
de Nación, Cuerpo político
(o Sociedad política) y Estado.
Y, sin embargo, nada es más necesario para una sana filosofía
política que intentar diferenciar estas tres nociones y circunscribir
claramente el sentido auténtico de cada una de ellas.
"En
el lenguaje corriente y más o menos vago estos tres conceptos
se usan frecuentemente como sinónimos y pueden muy bien serlo.
Mas cuando se viene a su verdadera significación sociológica
y a la teoría política, una clara distinción
se impone.
"La
confusión entre Nación y Sociedad política,
entre Sociedad política y Estado o entre Nación
o Estado, o su identificación sistemática,
ha sido una plaga de la historia moderna.
"Es
preciso definir de nuevo los tres conceptos en cuestión."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
15)
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2.
PREVIAMENTE,
HAY QUE DISTINGUIR ENTRE COMUNIDAD, QUE ES UNA OBRA DE
LA NATURALEZA, Y SOCIEDAD, QUE ES UNA OBRA DE LA RAZÓN
"Se
hace necesaria una distinción preliminar: la distinción
entre comunidad y sociedad. Es lícito,
sin duda, emplear estos dos términos como sinónimos
y yo mismo lo he hecho muchas veces. Pero es lícito también
- y fundado en razón - aplicarlos a dos clases de agrupaciones
sociales de índole profundamente distinta.
"La
comunidad y la sociedad son, una y otra, realidades
ético-sociales verdaderamente humanas y no sólo biológicas.
Pero una comunidad es ante todo obra de la naturaleza
y se encuentra más estrechamente ligada al orden biológico;
en cambio, una sociedad es sobre todo obra de la razón
y se encuentra más estrechamente vinculada a las aptitudes
intelectuales y espirituales del hombre.
"En
las relaciones sociales hay siempre un objeto, material o espiritual,
en torno al cual se tejen las relaciones entre las personas humanas.
"En
una comunidad el objeto es un hecho que precede
a las determinaciones de la inteligencia y de la voluntad humana
y que actúa independientemente de ellas para crear una psiquis
común inconsciente, estructuras sicológicas y sentimientos
comunes, costumbres comunes.
"En
una sociedad, en cambio, el objeto es una tarea
que cumplir o un fin que lograr, que dependen de las
determinaciones de la inteligencia y de la voluntad humana y que
van precedidos por la actividad de la razón de los individuos.
"Una
firma comercial, un sindicato, una asociación científica,
son sociedades por las mismas razones que el cuerpo político.
Los grupos regionales, étnicos y lingüísticos
y las clases sociales son comunidades. La tribu o el clan son comunidades
que preparan y anuncian el advenimiento de la sociedad política.
"La
comunidad es un producto del instinto y de la herencia en
unas circunstancias y en un marco histórico dados; la sociedad
es un producto de la razón y de la fuerza moral.
"En
la comunidad, la presión social deriva de una coacción
que impone al hombre tipos de comportamiento cuya acción
está sometida al determinismo de la naturaleza. En la sociedad,
la presión social deriva de la ley o de regulaciones racionales,
o de una cierta idea del objetivo común.
"Una
sociedad engendra siempre comunidades y sentimientos comunitarios,
sea dentro o alrededor de ella. Mas nunca una comunidad podrá
transformarse en sociedad, aunque pueda ser el terreno natural del
que habrá de surgir alguna organización societaria
por el ejercicio de la razón."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
16)
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3.
LA
NACIÓN ES UNA COMUNIDAD, ACASO LA MÁS COMPLETA Y
COMPLEJA DE TODAS, PERO NO ES UNA SOCIEDAD
"La
Nación es una comunidad, no una sociedad. La Nación
es una de las comunidades más importantes, acaso la más
completa y compleja de las comunidades engendradas por la vida civilizada.
"La
Nación no es algo biológico como la Raza. Es algo
ético-social; es una comunidad humana fundada en el hecho
del nacimiento y de la ascendencia, pero con todas las connotaciones
morales de esos términos: nacimiento a la vida de la razón
y a las actividades de la civilización, y ascendencia propia
de las tradiciones familiares, de la formación social y jurídica,
de la herencia cultural, de las concepciones y las costumbres comunes.
"Una
nación es una comunidad de hombres que toman conciencia
de sí mismos tal como la historia los ha hecho, que están
vinculados al tesoro de su pasado y que se quieren tal como se saben
o se imaginan que son, con una especie de inevitable introversión.
"La
Nación tiene o ha tenido un suelo, una tierra, lo cual no
quiere decir - como quiere decir para el Estado - un área
territorial de poder y de administración, sino una cuna de
vida, de trabajo, de sufrimientos y de sueños. La Nación
tiene un lenguaje, si bien los grupos lingüísticos no
siempre corresponden a los grupos nacionales.
"La
Nación saca su prosperidad de instituciones cuya creación,
es verdad, depende más de la persona y del espíritu
humanos, o de la familia o de grupos particulares en el seno de
la sociedad o del cuerpo político, que de la Nación
misma.
"La
Nación tiene derechos, que no son más que los derechos
de las personas humanas a participar en los valores humanos particulares
de una cierta herencia nacional.
"Sin
embargo, a pesar de todo eso, la Nación no es una sociedad;
no traspone el umbral del orden político. Es una comunidad
de comunidades, un entramado consciente de representaciones y sentimientos
comunes que la naturaleza humana y el instinto han hecho pulular
en torno a un cierto número de datos sociales, históricos
y físicos.
"Como
cualquier otra comunidad, la Nación es "acéfala",
tiene elites y centros de influencia, pero en modo alguno cabeza
o autoridad directora; tiene estructuras, pero en modo alguno formas
racionales ni de organización jurídica; tiene pasiones
y sueños, pero en modo alguno bien común; tiene, en
fin, hábitos y costumbres, pero en modo alguno normas ni
orden formales.
"El
análisis precedente nos permite entender lo graves que han
sido para la historia moderna la confusión entre Nación
y Estado, el mito del Estado nacional y el llamado principio de
las Nacionalidades, entendido en el sentido de que cada grupo nacional
debe constituirse como un Estado aparte.
"Esta
confusión ha falseado y desfigurado a la vez a la Nación
y al Estado."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
19)
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4.
EL
CUERPO POLÍTICO O SOCIEDAD POLÍTICA ES LA MÁS
PERFECTA DE LAS SOCIEDADES TEMPORALES
"En
contraste con la Nación, el Cuerpo político
y el Estado aluden ambos al orden de la sociedad
e, incluso, de la sociedad en su forma más elevada y "perfecta".
En la Edad Moderna los dos términos se utilizan como sinónimos
y el segundo tiende a suplantar al primero.
"Con
todo, si queremos evitar tergiversaciones, debemos distinguir claramente
entre el Estado y el Cuerpo político. No pertenecen a dos
categorías separadas, mas difieren uno del otro como difiere
la parte del todo. El Cuerpo político o Sociedad política
es el todo. El Estado es una parte, la parte dominante de ese
todo.
"El
Cuerpo político o Sociedad política,
requerida por la naturaleza y realizada por la razón, es
la más perfecta de las sociedades temporales. Es una
realidad concreta y enteramente humana que tiende a un bien concreto
y enteramente humano: el bien común.
"Es
una obra de la razón, nacida de los oscuros esfuerzos de
la razón liberada del instinto y que implica esencialmente
un orden racional; pero no es pura razón, como no lo es el
hombre mismo. El Cuerpo político está hecho de carne
y hueso y tiene instintos, pasiones, reflejos, un dinamismo y estructuras
sicológicas inconscientes, hallándose sometido en
todo, si es necesario por coacción legal, al mando de una
Idea y de decisiones racionales.
"La
justicia es la condición primera de la existencia
del cuerpo político, mas la amistad es su misma
forma animadora, pues tiende a una comunión realmente humana
y libremente realizada.
"En
virtud de la existencia misma del Cuerpo político, se forma
espontáneamente una comunidad nacional de grado humano superior
y se integra en la sustancia de aquel.
"Mas
no sólo la comunidad nacional y todas la comunidades de rango
subalterno se hallan incluidas de esta suerte en la unidad superior
del Cuerpo político, sino que el Cuerpo político contiene
también en su unidad superior a los grupos familiares - cuyos
derechos y libertades esenciales son anteriores a él - y
a una multiplicidad de otras sociedades particulares que proceden
de la libre iniciativa de los ciudadanos y que habrían de
ser lo más autónomos posibles. Este es el elemento
de pluralismo inherente a toda sociedad verdaderamente
política."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
23)
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5.
EL
ESTADO ES SÓLO UNA PARTE DEL CUERPO POLÍTICO. ES
UN INSTRUMENTO DEL CUERPO POLÍTICO AL SERVICIO DEL HOMBRE
"El
Estado es tan sólo esa parte del Cuerpo político
cuyo peculiar objeto es mantener la ley, promover la prosperidad
común y el orden público y administrar los asuntos
públicos.
"El
Estado es una parte especializada en los intereses del todo.
No es un hombre o un grupo de hombres: es un conjunto de instituciones
que se combinan para formar una máquina reguladora que ocupa
la cúspide de la sociedad.
"El
Estado no es la suprema encarnación de la Idea, como cría
Hegel. No es una especie de superhombre colectivo. El Estado
no es más que un órgano habilitado para hacer uso
del poder y la coerción y compuesto de expertos o especialistas
en el orden y el bienestar público; es un instrumento al
servicio del hombre.
"Poner
al hombre al servicio de este instrumento es una perversión
política. La persona humana en cuanto individuo es
para el Cuerpo político y el Cuerpo político es para
la persona humana en cuanto persona. Pero el hombre no es en modo
alguno para el Estado. El Estado es para el hombre.
"Cuando
decimos que el Estado es la parte superior del Cuerpo político
esto significa que es superior a los demás órganos
o partes colectivas de este cuerpo, mas no que es superior al Cuerpo
político mismo. La parte, como tal, es inferior al todo.
"La
teoría que acabo de resumir y que considera al Estado como
una parte o instrumento del Cuerpo político, subordinado
a éste e investido de autoridad superior, no por derecho
propio y en interés propio, sino únicamente en virtud
y en la medida de las exigencias del bien común, puede definirse
como una teoría "instrumentalista",
que establece la noción verdaderamente política del
Estado.
"Pero
hoy nos encontramos en presencia de una noción completamente
diferente, la noción despótica del Estado,
fundada en una teoría "sustancialista"
o "absolutista". Según esta teoría,
el Estado es un sujeto de derecho, es decir, una persona moral y,
por lo tanto, un todo. En consecuencia, está o impuesto sobre
el Cuerpo político o destinado a absorverlo por entero, y
goza de un poder supremo en virtud de su propio derecho natural
e inalienable y en interés propio y final."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
25)
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6.
DESDICHADAMENTE,
EL CONCEPTO DESPÓTICO Y ABSOLUTISTA DEL ESTADO HA SIDO
ACEPTADO POR LOS TEÓRICOS DE LA DEMOCRACIA MODERNA
"Es
un hecho que todo lo que es grande y poderoso tiene una tendencia
instintiva a desbordar sus propios límites y experimenta
naturalmente la tentación de hacerlo. El poder tiende al
incremento del poder; la máquina del poder tiende a extenderse
sin cesar; la suprema máquina legal y administrativa tiende
a la autarquía burocrática y querría considerarse,
no como un medio, sino como un fin.
"Quienes
se especializan en los asuntos del todo tienen una propensión
a tomarse por el todo; los estados mayores a tomarse por el ejército
entero; las autoridades eclesiásticas, por la Iglesia entera;
el Estado, por el Cuerpo político completo.
"Desdichadamente,
en los tiempos modernos la noción despótica y absolutista
del Estado ha sido ampliamente aceptada por los teóricos
de la democracia e incorporada a la doctrina democrática,
en espera de la aparición de Hegel, profeta y teólogo
del Estado totalitario y divinizado.
"Este
concepto del Estado, vigente en la historia humana, ha empujado
a las democracias a intolerables contradicciones en su vida política
interna y, sobre todo, en la vida internacional. Pues este concepto,
en realidad, no forma parte en modo alguno de los principios auténticos
de la democracia y no pertenece ni a su verdadera inspiración
ni a su verdadera filosofía, sino a una herencia ideológica
apócrifa y parásita de la democracia.
"Durante
el reino de la democracia individualista o "liberal",
el Estado, transformado en un absoluto, ha manifestado su tendencia
a sustituir al pueblo y a dejar así a éste, en cierta
medida, al margen de la vida política y se ha mostrado capaz
de suscitar las guerras entre las naciones.
"Pero
es con el advenimiento de los regímenes y de las filosofías
totalitarias cuando esas peores virtualidades se han liberado. El
Estado transformado en un absoluto ha revelado su verdadera faz.
Nuestra época ha tenido el privilegio de contemplar el totalitarismo
estatal de la Raza con el Nazismo germano, de la Nación con
el Fascismo italiano y de la Comunidad económica con el Comunismo
ruso."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
27)
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7.
EL
DEBER PRIMORDIAL DEL ESTADO MODERNO ES LA REALIZACIÓN
DE LA JUSTICIA SOCIAL
"Aquí
querría que se me comprendiera bien. Espero que mis observaciones
precedentes hayan indicado de modo suficiente que yo no condeno
ni desprecio de ninguna manera al Estado ni su sorprendente crecimiento
en el curso de la historia moderna. Sería una ceguera tan
quimérica y fútil como condenar o rechazar los progresos
del maquinismo que han transformado el mundo y que podrían
y tendrían que llegar a ser los instrumentos de la liberación
del hombre.
"Desde
el último período del siglo XIX, la intervención
del Estado se ha revelado necesaria para compensar la indiferencia
general respecto de la justicia y la solidaridad humana que había
prevalecido en las primeras fases de la revolución industrial.
La legislación estatal referente al trabajo es en sí
misma una exigencia del bien común.
"El
crecimiento del Estado, como una maquinaria racional y jurídica,
así como una maquinaria técnica, en consideración
a sus funciones de legislación, control y organización
en la vida económica y social, son en sí mismos
parte integrante de un progreso normal.
"Este
progreso se ha corrompido totalmente en los Estados totalitarios.
Mas sigue siendo un progreso normal, si bien expuesto a
múltiples peligros en los Estados democráticos,
en particular en lo que se refiere al desarrollo de la justicia
social.
"Podemos
tener aversión por la maquinaria del Estado. A mí,
por mi parte, no me gusta. Sin embargo, muchas cosas que no nos
gustan son necesarias, no solamente de hecho, sino de derecho.
"Por
una parte, la razón primordial por la que los hombres,
unidos en una sociedad política, tienen necesidad del Estado
es el orden y la justicia. Por otra, la justicia social es
la necesidad crucial de las sociedades modernas. En consecuencia,
el deber primordial del Estado moderno es la realización
de la justicia social.
"El
problema, en mi opinión, es distinguir el progreso normal
del Estado de las falsas nociones, vinculadas al concepto de soberanía,
parásitas de ese progreso.
"En
el vértice de la pirámide de todas las estructuras
particulares de autoridad, el Estado dispone de una suprema autoridad
de supervisión. Pero esta autoridad suprema la obtiene
el Estado del Cuerpo político, es decir, del pueblo; no
es un derecho natural al poder supremo que el Estado posea por
sí mismo. La autoridad suprema del Estado de ningún
modo puede llamarse soberanía.
"A
los ojos de una sana filosofía política, no existe
soberanía, es decir, derecho natural e inalienable a un
poder supremo trascendente y separado, en la sociedad política.
Ni el Príncipe, ni el Rey, ni el Emperador eran realmente
soberanos. Tampoco el Estado es soberano; ni incluso el pueblo.
Sólo Dios es soberano.
"Los
conceptos de Soberanía y Absolutismo han
sido forjados juntos en el mismo yunque. Juntos deben ser desechados."
('El
Hombre y el Estado' [1951] Fundación
Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página
33, 37 y 65)
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