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V.
EL PLURALISMO
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1. EL PRINCIPIO PLURALISTA HALLA SU APLICACIÓN MÁS
SIGNIFICATIVA EN EL DOMINIO DE LAS RELACIONES ENTRE LO ESPIRITUAL
Y LO MATERIAL
"La estructura
pluralista de la ciudad medieval se manifestaba ante todo por la
multiplicidad, el entrecruzamiento a veces de jurisdicciones y por
la diversidad del derecho consuetudinario.
"Hoy conviene
concebirlo de otro modo.
"Y no pensamos
tan solo en la justa medida de autonomía administrativa y
política que debiera corresponder a las unidades regionales,
sin hacer sacrificar a la región y a la nacionalidad ideas
y bienes políticos superiores.
"Pensamos
sobre todo en una heterogeneidad orgánica en la estructura
misma de la sociedad civil, trátese por ejemplo de ciertas
estructuras económicas o de ciertas estructuras jurídicas
o institucionales. La
sociedad civil no se compone únicamente de individuos, sino
de sociedades particulares formadas por ellos; y una ciudad pluralista
reconocerá a estas sociedades particulares una autonomía
tan amplia como sea posible, diversificando su propia estructura
interna según las conveniencias típicas de su naturaleza.
"Pero
donde el principio pluralista halla su aplicación más
significativa es en el dominio de las relaciones entre lo espiritual
y lo material.
"En la
Edad Media, los infieles estaban fuera de la ciudad cristiana. En
la ciudad de los tiempos modernos, fieles e infieles están
mezclados.
('Humanismo Integral'. [1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires - México. 1984. Página 126)
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2.
LA DIVISIÓN RELIGIOSA ES UNA DESCRACIA, PERO ES
UN HECHO QUE, QUERÁMOSLO O NO, HEMOS DE RECONOCER
"1.-
En la era "sacra" de la Edad Media, se hizo una gran tentativa
de edificar la vida de la comunidad terrestre y de la civilización
sobre la base de la unidad de la fe teologal y del credo religioso.
Esa tentativa tuvo éxito durante algunos siglos, pero luego
fracasó en el curso del tiempo, después de la Reforma
y del Renacimiento. De manera que hoy es absolutamente inconcebible
un retorno al régimen sacro medieval.
"A
medida que la comunidad civil se fue distinguiendo del dominio espiritual
de la Iglesia - por un proceso que en sí mismo no era
sino un desarrollo de la distinción evangélica entre
las cosas que son del César y las cosas que son de Dios -,
la comunidad civil se estableció sobre la base de un bien
común y de una obra común que pertenecen al orden
terrestre, "temporal" o "secular", y de los
que participan por igual ciudadanos pertenecientes a "familias" o grupos espirituales diferentes.
"La
división religiosa entre los hombres es, en sí misma,
una desgracia. Pero este es un hecho que, quieras que no, tenemos
que reconocer.
"2.-
En los tiempos modernos se realizó un intento de fundar la
vida de la civilización y de la comunidad terrenal sobre
la base de la mera razón, de una razón separada de
la religión y del Evangelio.
"Durante
los últimos siglos este intento suscitó inmensas esperanzas
que, sin embargo, hubieron de naufragar rápidamente. La razón
se reveló más incapaz que la fe para asegurar la unidad
espiritual de la humanidad, de modo que el sueño de un credo
"científico" que uniera a los hombres en la paz
y en convicciones comunes se desvaneció en las catástrofes
contemporáneas.
"En
consecuencia y en lo que respecta a la sociedad de mañana
y a la democracia renovada que anhelamos, la única
solución posible es la de tipo pluralista.
"Hombres
pertenecientes a credos y a familias filosóficas diferentes,
pueden y deben colaborar en la tarea común y por el bien
común de la comunidad terrestre, siempre que acepten parejamente
los principios fundamentales de una sociedad de hombres libres."
('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 262) |
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3.
LAMENTABLEMENTE, LA HISTORIA NO DEMUESTRA QUE LAS IDEAS
RELIGIOSAS HAYAN CONTRIBUIDO ESPECIALMENTE A LA PACIFICACIÓN DE LOS
HOMBRES
"¿Ha
de ser mirado como un insalvable obstáculo para la cooperación
humana el evidente hecho histórico de la diversidad de creencias?
Es una real ventaja mirar al problema valientemente de frente y
tener conciencia de su realidad.
"¿Pero
no es una paradoja creer que, a pesar del estado de división
religiosa en que está colocada la humanidad, puede establecerse
entre los hombres un espíritu de unión, el buen compañerismo,
el diálogo fraternal, en tanto unos y otros están
relacionados con su Dios?
"El
asunto estriba en que la historia, por un lado, no nos
demuestra que el sentimiento religioso y las ideas religiosas hayan
contribuido con algún éxito especialmente perceptible
a la pacificación de los hombres. Pareciera, antes más
bien, que las oposiciones religiosas hubieran nutrido y agravado
sus conflictos.
"Sin
embargo, si la población temporal debe, por otra parte, reunir
en el servicio del mismo bien común a los hombres pertenecientes
a distintas familias espirituales ¿cómo podrá
ser asegurada establemente la paz, si por lo pronto, en el dominio
en que más interesa al ser humano - el dominio espiritual
y religioso mismo - las relaciones de buen entendimiento y de mutua
comprensión no pueden establecerse?
"¿Hay
necesidad de que Dios permita la afrontosa degradación de
la especie humana a que asistimos, y de tantas persecusiones y agonías,
para que al fin aquellos que creen en Él comiencen a internarse
de verdad en sí mismos, hasta las misteriosas regiones donde
la imagen del Dios del amor se descubre invisiblemente ante nosotros,
y donde nos entendemos por leves que sean los golpes dados por Él
en nuestra puerta aherrojada?
"Digamos
enseguida que el acercamiento de que aquí se trata, podría
ser entendido de manera muy falsa, y vamos a eliminar inmediatamente
esas erróneas interpretaciones.
"El
tal acercamiento no podría ser evidentemente obtenido al
precio del doblegamiento de la fidelidad y de la falta a la integridad
dogmática o de la disminución de aquello que se debe
a la verdad. Es por el contrario, suponiendo que cada uno va con
el máximo de fidelidad hasta la luz que le muestran, como
tal aproximación es concebible."
('Principios de una Política Humanista' [1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 85)
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4.
NADA HAY MÁS VANO QUE TRATAR DE UNIR A LOS HOMBRES
POR UN MÍNIMO FILOSÓFICO
"La
unidad de la ciudad pluralista no sería, como la unidad sacra
de la cristiandad medieval, una unidad máxima; sería,
por el contrario, una unidad mínima, cuyo centro de formación
y de organización estaría situado en la vida de la
persona; no en en el nivel más elevado de los intereses supratemporales
de ésta, sino al nivel del plano temporal mismo.
"Por
ello, esta unidad temporal o cultural no requiere por sí
la unidad de fe y de religión; y puede ser cristiana acogiendo
en su seno a los no cristianos.
"Importa
insistir sobre el alcance de la solución pluralista de que
hablamos: tan alejada está de la concepción liberal
en boga como de la concepción medieval, ya que su especificación
admite heterogeneidades internas y representa solamente un sentido
o dirección, una orientación de conjunto.
"Por
otra parte, esta solución conduce de nuevo a la unidad de
la comunidad temporal, que esencialmente y por naturaleza es una
simple unidad de amistad.
"Advirtamos
que a lo largo de los tiempos modernos se ha asistido a una tentativa
muy significativa de la filosofía por desempeñar la
misma función cultural que la fe desempeñaba en la
Edad Media.
"Obsesionados
por el recuerdo de la unidad medieval, los filósofos, llamáranse
Descartes, Leibniz, Hegel o Augusto Comte, pedían a la razón
que suministrase a la civilización temporal aquel principio
supratemporal de perfecta unidad que ya no hallaban en la fe. Su
fracaso fue fulminante.
"La
lección de esta experiencia nos parece clara: nada hay
más vano que tratar de unir a los hombres por un mínimo
filosófico. Por pequeño, por modesto, por tímido
que éste sea, dará siempre lugar a discusiones y divisiones.
Y aquella búsqueda de un común denominador para
convicciones en contraste no puede ser más que una carrera
hacia la mediocridad y la cobardía intelectuales, que debilita
los espíritus y traiciona los derechos de la verdad.
"Pero
la simple unidad de amistad de que hablamos no basta para dar forma
al cuerpo social - especificación ética sin la cual
la ciudad carece de bien común verdaderamente humano -; más
aún, para existir como tal unidad de amistad presupone tal
forma y tal especificación."
('Humanismo Integral'. [1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires - México. 1984. Página 131) |
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5.
LA FE Y LA INSPIRACIÓN DEMOCRÁTICA DEBEN
SER OBJETO DE UN ACUERDO PRÁCTICO, ANTES QUE TEÓRICO
O DOGMÁTICO
"Uno
de los errores del optimismo burgués consistió en
creer que, en una sociedad libre, la verdad en lo relativo a las
decisiones y comportamientos conformes a la dignidad humana y a
la libertad, debería surgir automáticamente de los
conflictos de fuerzas y de opiniones.
"Tal
error se funda en imaginar una sociedad libre como un ring de boxeo,
de neutralidad irreprochable, en el que se hiecieran frente todas
las ideas posibles que cada cual pueda tener sobre la sociedad misma
y sobre las bases de la vida social.
"De
esta suerte, la sociedad democrática, en su comportamiento
concreto, no tenía idea de sí misma, y la libertad,
desarmada y paralizada, permanecía expuesta a los ataques
de los que la odiaban y procuraban suscitar en los hombres un deso
vicioso de liberarse de la libertad.
"Si
se quiere triunfar sobre las tendencias totalitarias y cumplir la
esperanza de los pueblos, la democracia de mañana deberá
tener su propia concepción del hombre y de la sociedad, su
propia filosofía y su propia fe, cosas que la capacitarán
para educar al pueblo para la libertad, y le servirán para
defenderse por sí sola de los que quisieran valerse de las
libertades democráticas para destruir la libertad y los derechos
humanos.
"Ninguna
sociedad puede vivir sin una inspiración fundamental común
y sin una fe común fundamental.
"Pero
el punto de importancia capital que corresponde señalar aquí,
es que esa fe y esa inspiración no son cosas que pertenezcan
al orden del credo religioso y de la vida eterna, sino cosas del
orden temporal y secular de la vida terrestre, de la cultura y de
la civilización.
"Es
más aún, son objeto de un acuerdo 'práctico',
antes que teórico o dogmático. Quiero decir que
se relacionan con conclusiones prácticas que el espíritu
humano puede intentar justificar - bien o mal - partiendo de puntos
de vista filosóficos completamente diferentes entre sí.
"Es
así como hombres que poseen convicciones metafísicas
o religiosas completamente diferentes y hasta opuestas entre sí
- los materialistas, idealistas, agnósticos, cristianos y
judíos, musulmanes y budistas - pueden converger hacia las
mismas conclusiones y pueden participar de la misma "filosofía"
democrática práctica, siempre que reverencien
análogamente, acaso por razones muy diferentes, la verdad
y la inteligencia, la dignidad humana, la libertad, el amor fraternal
y el valor absoluto del bien moral."
('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 264) |
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6.
LA "FE" DEMOCRÁTICA COMÚN OBTIENE
SU FUERZA EN CREENCIAS QUE ESTÁN MÁS ALLÁ
DEL MÉTODO CIENTÍFICO
"¿Estaremos
dispuestos a creer que la "fe" común de la sociedad
democrática encontraría su suprema fuente de autoridad
en el método científico?
"La misma
expresión "fe común" debería hacernos
comprender que la inspiración democrática no puede
encontrar en el método científico su fuente suprema
de autoridad."Esta fe
tiene un carácter secular, no sobrenatural; sin embargo,
hasta una fe secular implica que el hombre debe dedicarse por entero
y empeñar sus energías espirituales más íntimas.
Por consiguiente, esa fe obtiene su fuerza en creencias que están
mucho más allá del método científico.
"El espíritu
científico constituye una ayuda inapreciable para la cultura,
por cuanto desarrolla en el ser humano, de manera general, el respeto
y el amor por la verdad y por los hábitos del rigor intelectual.
"Sin embargo,
ni la cultura ni la democracia viven exclusivamente de la ciencia.
La ciencia, especialmente la ciencia moderna, se relaciona con los medios, principalmente con los medios materiales de la vida humana.
Pero la sabiduría, que se relaciona con los fines, es también
fundamentalmente necesaria.
"Es evidente
que la fe democrática - que implica positivamente la fe en
la justicia, en la libertad, en el amor fraternal, en la dignidad
de la persona humana, en sus derechos y en sus responsabilidades
- no puede justificarse, nutrirse, fortificarse y enriquecerse sin
convicciones filosóficas o religiosas referentes a la sustancia
misma y a la significación de la vida humana.
"En consecuencia,
no es sino normal que en una cultura y en una sociedad democráticas,
las diversas escuelas filosóficas o religiosas que, en sus
conclusiones prácticas coinciden respecto a principios democráticos
comunes, entren en libre competición cuando pretenden justificarlos.
"¡Que
cada escuela afirme su propia fe con plenitud e integridad! ¡Pero
que ninguna intente imponerla a las otras fuerzas! La tensión
recíproca resultante, más que perjudicar la tarea
común, la enriquecerá.
"Por mi
parte, yo, que pienso en que la idea del hombre propuesta por la
metafísica de Aristóteles y Santo Tomás de
Aquino está en el fundamento racional de la filosofía
democrática, y que la inspiración evangélica
es su verdadera alma viva, abrigo la confianza de que, en la libre
competición a que acabo de referirme, el fermento cristiano
habrá de desempeñar un papel cada vez más importante."
('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 267) |
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7.
LA EDUCACIÓN ES EL MEDIO PRINCIPAL PARA MANTENER
LA CONVIVENCIA COMÚN EN LA VIDA DEMOCRÁTICA
"La
educación es manifiestamente el medio principal para mantener
la convivencia común en la vida democrática.
"La
educación depende ante todo de la familia. Bajo la diversidad
de las formas y costumbres particulares, siempre y en todas partes
han tenido los hombres conciencia de esta exigencia de la ley natural.
La función de la Escuela y la del Estado en materia de educación
no son, así, más que funciones auxiliares en relación
con el grupo familiar.
"El
punto que desearía aclarar es que, al ejercer esta función
auxiliar normal, la Escuela y el Estado tienen no sólo que
desarrollar en los futuros ciudadanos los conocimientos, el saber
y la sabiduría, sino también que alimentar en ellos
esa adhesión auténtica y razonada a la fe democrática
común que se requiere para la unidad misma del cuerpo político.
"Sin
embargo, la Escuela y el Estado no pueden cumplir esta tarea más
que en nombre del consentimiento común por el que el pueblo
tiene por verdadera la fe democrática y en tanto que ese
consentimiento proceda del acuerdo de las mentes y las voluntades
que se halla en el principio de la sociedad política.
"Así,
el Estado y la Escuela no pueden ni deben ligarse sino al común
reconocimiento práctico de los principios puramente prácticos
en los que los miembros del cuerpo político han aceptado
fundar su vida común, a pesar de la diversidad o la oposiciones
de sus tradiciones espirituales y de sus escuelas de pensamiento.
"La
adhesión a una u otra de esas escuelas de pensamiento depende
de la libertad de cada uno. Pero sería mera ilusión
el pensar que la fe democrática común podría
enseñarse eficazmente si se la escindiese de las raíces
que le dan consistencia y vigor en la mente de cada cual y si se
viera reducida a una serie de fórmulas abstractas, librescas
y apartadas de la vida.
"Los
que enseñan la fe democrática común han de
creer en ella de todo corazón y comprometer a propósito
de ella sus convicciones personales, su conciencia, las profundidades
de su vida moral. Deben por consiguiente explicar y justificar sus
artículos a la luz de la convicción filosófica
o religiosa a la que están adheridos y que anima su creencia
en la carta común.
"La
conclusión es evidente. El fin que se proponen la Escuela
y el Estado es la unidad a promover, la unidad en la adhesión
a la fe democrática común. Pero, con el fin mismo
de alcanzar esa unidad práctica, ha de existir un sano pluralismo
respecto de los medios. Ha de hacerse lugar a ciertas diferenciaciones
internas en la estructura del sistema educativo para hacer posible
una enseñanza eficaz de la fe democrática común.
"De
una parte, las autoridades que gobiernan el sistema educativo han
de velar porque la fe democrática común sea enseñada
en todas las escuelas y establecimientos de educación. De
otra, el sistema educativo ha de hacer lugar en su organización
a estructuras de tipo pluralista, que permitan a los maestros hacer
pasar en su enseñanza de la fe democrática común
su plena convicción y su más personal inspiración."
('El Hombre y el Estado'. [1951]. Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página 138)
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8. LA SOCIEDAD DE HOMBRES LIBRES NO DEBE SER UNA SOCIEDAD
DESARMADA, INCAPAZ DE DEFENDERSE DE LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD
"Hay
que reconocer que el cuerpo político tiene sus herejes
como la Iglesia tiene los suyos.
"En
la sociedad sacral de la Edad Media el hereje era el que rompía
la unidad religiosa. En la sociedad laica de hombres libres, el
hereje es el que rompe "las creencias y las prácticas
democráticas comunes", el que toma postura contra
la libertad, contra la igualdad fundamental de los hombres, contra
la dignidad y los derechos de la persona humana o contra el poder
moral de la ley.
"Los
que recuerdan las lecciones de la historia saben que una sociedad
de hombres libres no debería ser una sociedad desarmada,
que los enemigos de la libertad puedan tranquilamente conducir
al matadero en nombre de la libertad. Precisamente porque
es una sociedad de hombres libres, debe defenderse con particular
energía contra aquellos que, por principio, se niegan a
aceptar y trabajan incluso en destruir los fundamentos de la vida
común de semejante régimen, que son la libertad
y la "fe" secular práctica democrática.
"Cuando
el hereje político se compromete en la actividad
política, encontrará frente a él,
para hacerle fracasar, la actividad política opuesta, libremente
practicada por los ciudadanos. Cuando se compromete en una actividad
ilegal, intentando usar de la violencia, encontrará
frente a él, para hacerle fracasar, la autoridad del Estado,
que debe emplearse contra él con vigilancia y firmeza,
pero sin dejar de concederle nunca las garantías institucionales
de la justicia y de la ley. La dificultad comienza cuando se trata
de la actividad de palabra y por escrito del hereje
político.
"La
cuestión de la libertad de expresión no es una cuestión
sencilla."Podemos
resumir nuestra posición al respecto como sigue:
"a)
La libertad de expresión es un derecho humano, pero este
derecho sólo es un derecho "sustancialmente",
no "absolutamente", inalienable. Existen límites
a la libertad de expresión que están inevitablemente
exigidos tanto por el bien común cuanto por esa libertad
misma, que acabaría por destruirse a sí misma si
se la dejase sin límites.
"b)
El Estado tiene derecho a imponer limitaciones a la libertad de
expresión en razón de circunstancias particularmente
graves. Pero no puede usarlo de hecho más que en materias
que caigan bajo los sentidos y sean inmediatamente palpables y
en relación con los componentes fundamentales más
simples y elementales del bien común.
"c)
Cuando se pasa a un orden más elevado, en el que estén
en juego la libertad de investigación y los valores internos
de la inteligencia y de la conciencia - dicho de otro modo, respecto
a los elementos más espirituales y más vitales del
bien común -, las limitaciones de hecho que la libertad
de expresión ha de padecer, dependerán del juego
de las instituciones y organismos que ayudan a las iniciativas
creadoras a desarrollarse y regularse a sí mismas, así
como de las actividades libres espontáneamente desarrolladas
en el cuerpo político."
('El Hombre y el Estado'. [1951]. Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página 133)
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