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VII.
EL ORDEN INTERNACIONAL
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1.
LA
PRIMERA OBLIGACIÓN DE LOS HOMBRES DE HOY ES TRABAJAR POR
UNA ORGANIZACIÓN SUPRANACIONAL QUE GARANTICE UNA PAZ JUSTA
Y DURADERA
"Las
primeras cuestiones que se presentan al espíritu de quien
medita seriamente acerca de las condiciones necesarias para lograr
una paz justa y duradera, son evidentemente aquellas suscitadas
por la idea de una organización supranacional de los pueblos
del mundo.
"Todos
tenemos noción de los obstáculos que surgirían
si tal idea se llevara a la práctica.
"Actualmente,
una organización mundial verdaderamente supranacional está
fuera de la esfera de las posibilidades. Con todo, un filósofo
dejaría de cumplir con su deber si no agregara que eso que
hoy es imposible, es sin embargo necesario, y que sin tal organización
no puede concebirse el establecimiento de una paz justa y duradera.
"Síguese
de ello que la primera obligación que incumbe a los hombres
de hoy es trabajar con todas sus fuerza para hacer posible lo que
es necesario.
"Si
hablamos a los especialistas del derecho internacional y les decimos
que el advenimiento de un estado de paz permanente presupone necesariamente
el abandono del concepto de soberanía nacional absoluta y
exige que las relaciones entre las naciones se regulen no ya por
tratados sino por la ley, nos responderán que esas ideas
no son nuevas para ellos, que están enterados de todo eso
hace ya mucho tiempo.
"Lo
que también saben muy bien es que, en la actual estructura
del mundo, tal como la formó la historia, todos los caminos
que Estados y gobiernos, aun deseándolo, podrían tomar
para llegar a semejante transformación, están obstruidos
por impedimentos insuperables.
"¿Qué
otra cosa hemos de sacar en conclusión de esto, sino que
dicha transformación, si es que alguna vez se alcanza, lo
hará por otros caminos?
"Pienso
que lo hará a través de un impulso, nacido de la conciencia
humana y de la voluntad de los pueblos, impulso tan vasto y poderoso
que se impondrá a Estados y gobiernos, aun a los menos dispuestos
a conceder libre curso a los movimientos espontáneos de la
opinión.
"Si
existe un esfuerzo tendiente a lograr una transformación
creadora en apoyo de la cual los hombres de buena voluntad puedan
apelar a los pueblos de la tierra, ese esfuerzo es precisamente
el encaminado a lograr una comunidad supranacional fundada en la
ley.
"¿Es
capaz el mundo de realizar tal esfuerzo?
"¿Qué
crisis serán aún necesarias para convencer a los hombres
de que ese esfuerzo es indispensable?
(Mensaje
Inaugural a la II Conferencia Internacional de la UNESCO. México.
1° de Noviembre de 1947)
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2.
LA
INTERDEPENDENCIA YA HOY INDISCUTIBLE DE LAS NACIONES NO ES UNA GARANTÍA
DE PAZ EN EL MUNDO
"La
humanidad se halla hoy en presencia de esta alternativa: o una paz
permanente o un serio riesgo de destrucción total.
"No
tengo necesidad de subrayar la realidad ni la significación
de esta alternativa, que resulta del hecho de que las guerras modernas
son guerras mundiales y guerras totales, que implican la totalidad
de la existencia humana, tanto respecto a las estructuras más
profundas de la vida social, cuanto a la cantidad de la población
movilizada por la guerra y amenazada por ella en toda nación."Lo
que querría buscar son las razones de semejante alternativa.
"El
hecho fundamental es el de la interdependencia ya hoy indiscutible
de las naciones, hecho que no es una garantía de paz.
¿Por qué? Porque ésta interdependencia de las
naciones es esencialmente una interdependencia
económica, no una interdependencia políticamente consentida
y querida, ni políticamente establecida; en otros
términos: porque resulta de un proceso puramente técnico
y material, no de un proceso simultáneo de orden auténticamente
político y racional.
"Una
interdependencia esencialmente económica, sin un replanteamiento
fundamental que corresponda a las estructuras morales y políticas
de la existencia humana, no puede sino imponer, en virtud de una
necesidad material, una interdependencia política parcial
y fragmentaria, que crecerá trozo a trozo, y será
aceptada de mala gana, con odio, porque irá a contracorriente
de la naturaleza mientras las naciones vivan sobre el presupuesto
de su plena autonomía política. Con el marco y el
trasfondo de ese presupuesto de la plena autonomía política
de las naciones, una interdependencia esencialmente económica
no puede más que exasperar las necesidades rivales y el orgullo
de las naciones.
"Querríamos
hacer aquí dos observaciones.
En
primer lugar, que la vida política y la vida económica
dependen ambas de la naturaleza y de la razón; y
En
segundo lugar, que son la naturaleza y la materia las que tienen
predominio en el proceso económico; y son la razón
y la libertad las que lo tienen en el proceso político,
auténticamente político.
"En
consecuencia se puede decir que el espectáculo que tenemos
hoy ante los ojos no es más que un ejemplo de la desgraciada
ley según la cual, en la historia humana, la materia va más
de prisa que el espíritu."
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página
210)
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3.
EL
ESTADO MODERNO TIENE LA FALAZ PRETENSIÓN DE SER UNA PERSONA
SOBREHUMANA QUE GOZA DE UN DERECHO DE SOBERANÍA ABSOLUTA
"Pero
no bastan las consideraciones precedentes. Ha de tenerse en cuenta
otro factor cuyo papel es central en el desarrollo de la alternativa
entre paz permanente o riesgo serio de destrucción total,
cuyas razones buscamos.
"Ese
factor es el Estado moderno, con su falaz pretensión de ser
una persona, una persona sobrehumana, y que goza por lo tanto de
un derecho de soberanía absoluta.
"El
jurista belga Fernand de Visscher propone a nuestra reflexión
esta comprobación primordial: la amoralidad fundamental
de la política exterior de los Estados modernos;
amoralidad fundamental cuya única regla y principio es la
razón de Estado, que erige el interés particular de
un Estado en ley suprema de su actividad, especialmente en cuanto
a sus relaciones con los demás Estados.
"El
Estado moderno, heredero de los reyes de antaño, se concibió
a sí mismo como una persona superior al cuerpo político
que, o domina desde arriba al cuerpo político, o lo absorbe
en sí mismo.
"Esa
tendencia de los Estados modernos al dominio supremo y a la suprema
amoralidad, que se opone a la naturaleza del Estado auténticamente
democrático, es contrariada constantemente en las naciones
democráticas, sobre todo en lo que concierne a la actividad
interior o doméstica del Estado.
"Sin
embargo, en lo que concierne a la actividad exterior o extranjera
del Estado, es decir, a sus relaciones con los demás Estados,
no hay nada que haga fracasar la tendencia de los Estados modernos
al dominio supremo y a la suprema amoralidad; nada más que
la fuerza contraria de otros Estados. Pues no existe un control
más poderoso ni una opinión internacional organizada
a los que los Estados puedan ser sometidos.
"En
nada subestimo el trabajo que instituciones como la Organización
de la Naciones Unidas llevan a cabo para remediar esta situación.
Pero ese trabajo no puede llegar a la raíz del mal y sigue
siendo inevitablemente precario y subsidiario, por el hecho de que
tales instituciones son organismos creados y puestos en funcionamiento
por los Estados soberanos, de cuyas decisiones sólo pueden
tomar nota.
"Mientras
el Estado moderno ejerce un control cada vez más poderoso
de la vida nacional y los poderes de que está armado se vuelven
cada vez más peligrosos para la paz de las naciones, las
relaciones exteriores de política extranjera se hallan estrictamente
reducidas a las relaciones de esas entidades supremas, unas con
otras en sus ásperas competiciones mutuas.
"Y
los pueblos, con sus aspiraciones y sus voluntades humanas, no participan
más que de una manera muy alejada en el curso de esos acontecimientos,
que se producen por encima de ellos en un inaccesible cielo jupiterino."
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página
212)
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4.
ES
PRECISO DESHACERSE DEL CONCEPTO DEL ESTADO-PERSONA Y COMPRENDER
QUE EL ESTADO NO ES MÁS QUE UN ÓRGANO INSTRUMENTAL
DEL CUERPO POLÍTICO
"Lo
que hemos dicho hasta ahora muestra que los dos principales obstáculos
para el establecimiento de una paz duradera son:
1° La
llamada soberanía absoluta de los Estados modernos; y
2° El
impacto de la interdependencia económica de todas las naciones
sobre nuestra presente fase irracional de evolución política,
en que no hay ninguna organización política mundial
que corresponda a la unificación material del mundo.
"En
lo que toca a la llamada soberanía absoluta de los Estados
modernos, no ignoro que podemos servirnos y a menudo nos servimos
de la expresión "soberanía del Estado" para designar un concepto político auténtico, que
es el de la plena independencia o autonomía del cuerpo político.
"Por
desgracia, "la soberanía del Estado" es
estrictamente una mala fórmula para expresar ese concepto:
porque el sujeto en cuestión no es el Estado, sino el cuerpo
político.
"Es
más, el cuerpo político mismo no es verdaderamente
soberano. La palabra justa es autonomía.
"No
menos desgraciadamente, por otra parte, para la expresión
que discutimos, esta autonomía misma del cuerpo político
ha dejado ya de existir plenamente.
"De
hecho, las naciones no son ya autónomas en su vida económica.
No son incluso más que medio autónomas en su vida
política, pues ésta se ve perturbada y estorbada desde
fuera por la constante amenaza de la guerra y sometida, en los asuntos
interiores, a las acciones y reacciones provocadas por las ideologías
y la presión de las demás naciones.
"No
basta, pues, exigir de los Estados soberanos limitaciones y abandonos
parciales de su soberanía, como si sólo se tratase
de restringir más o menos en su extensión un privilegio
auténtico y realmente inherente al Estado.
"Esto
no basta. Hay que ir a las raíces; hay que deshacerse
del concepto hegeliano o seudohegeliano del Estado-persona, y persona
sobrehumana, y comprender que el Estado no es más que una
parte (una parte situada arriba, pero una parte) y un órgano
instrumental en el cuerpo político.
"Es
preciso reconducir al Estado a sus funciones verdaderas, normales
y necesarias como a su dignidad auténtica."
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página
214)
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5.
SÓLO
LA COMUNIDAD INTERNACIONAL POLÍTICAMENTE ORGANIZADA PUEDE
TERMINAR CON LA ANARQUÍA EXISTENTE ENTRE LAS NACIONES
"Veamos
el segundo obstáculo principal que se opone al establecimiento
de una paz duradera: a saber, el presente estado de falta
de organización política del mundo.
"Mortimer
Adler señala que "la única causa de la guerra
es la anarquía", es decir, "la condición
de aquellos que intentan vivir juntos sin autoridad o gobierno".
"La anarquía se produce siempre allá donde
los hombres o naciones intentan vivir juntos sin que abandone cada
uno su soberanía".
"Así
pues, si un día llegase la guerra a resultar imposible, sería
porque se habría suprimido la anarquía entre las naciones
o, en otros términos, porque se habría establecido
una Autoridad mundial.
"Para
Tomás de Aquino, igual que para Aristóteles, el hecho
de bastarse a sí misma es la propiedad esencial de la 'sociedad
perfecta', que es la meta a la que tiende la evolución
de las formas políticas de la humanidad.
"El
primer bien garantizado por una sociedad perfecta es su propia paz
interior y exterior.
"En
la medida, pues, en que la paz y la autosuficiencia no pueden ser
alcanzadas por una forma particular de sociedad como la ciudad,
ya no es otra forma particular, sino una más vasta - por
ejemplo, el reino -, la que constituye una sociedad perfecta.
"De
donde podemos concluir, siguiendo la misma linea de argumentación:
cuando ni la paz ni la autosuficiencia pueden ser alcanzadas por
los reinos, las naciones o los Estados particulares, éstos
dejan de ser sociedades perfectas, y es una sociedad más
amplia, definida por su capacidad de alcanzar la autosuficiencia
y la paz - de hecho, pues, en nuestra época histórica,
la comunidad internacional políticamente organizada - la
que ha de constituirse como sociedad perfecta.
"Durante
el período de transición, y en tanto que una Autoridad
mundial no se haya constituido por la única vía de
generación normal y auténtica de las sociedades políticas,
es decir, por el ejercicio de la libertad, la razón y las
virtudes humanas, es evidente que la fundación por la fuerza
de un Estado mundial, así como cualquier tentativa por parte
de un Estado de imponer por la fuerza su voluntad a otro, deben
ser condenadas como contrarias a la ley natural.
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página
216)
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6.
LA
IDEA DE UNA AUTORIDAD MUNDIAL, POR ESTAR FUNDADA EN UNA VERDADERA
Y SANA FILOSOFÍA POLÍTICA, NO PUEDE SER IMPOSIBLE
EN SÍ MISMA
"Una
vez que la sociedad perfecta requerida por nuestra era histórica
- a saber, la sociedad política mundial - se
haya realizado, le será exigido en justicia que respete,
en la medida más amplia posible, las libertades - esenciales
al bien común del pueblo - de esos inapreciables receptáculos
de vida cultural, política y moral que son los Estados de
que se hallará compuesta.
"Pero
esos Estados particulares habrán renunciado a su plena independencia
- mucho más, seguramente, en su esfera externa que en su
esfera interna de actividad -, y la Autoridad mundial deberá
disponer, en los estrictos límites y equilibradas modalidades
propias de una creación de la razón humana tan completamente
nueva, de los poderes naturalmente requeridos por una sociedad perfecta:
el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial, junto
al poder coercitivo necesario para hacer que la ley se aplique.
"Se
han hecho, naturalmente, muchas objeciones a la idea de Autoridad
mundial. Desearía tan sólo aludir, de entre ellas,
a la que se presenta más de inmediato a la mente.
"La
idea, se dice, es noble y hermosa, pero imposible de realizar y
es, por ello, de las más peligrosas, pues puede desviar hacia
una brillante utopía esfuerzos que hay que enderezar a tareas
más humildes, pero posibles.
"La
respuesta es que si, como creemos, la idea está fundada
en una verdadera y sana filosofía política, no puede
ser imposible 'en sí misma'.
"Corresponde,
pues, a la inteligencia y a la energía humanas el hacer que,
a la larga, deje de ser imposible 'por relación' con los obstáculos enormes, pero contingentes, que las condiciones
sociológicas e históricas que pesan sobre la humanidad
han amontonado contra ella.
"He
de confesar aquí que, en mi calidad de aristotélico,
no tengo apenas madera de idealista.
"Si
la idea de una sociedad política mundial no fuera más
que una hermosa idea, no me preocuparía mucho de ella. Yo
la tengo por una gran idea, mas también por una idea sana
y justa.
"Sin
embargo, cuanto más grande es una idea respecto a la debilidad
y a las miserias de la condición humana, más prudente
se debe ser al manejarla. No será bueno, ni para la causa
de la idea, ni para la de la paz, el utilizar la idea de una Autoridad
mundial como un arma contra los organismos internacionales limitados
y precarios, que son, por ahora, los únicos medios políticos
existentes de que los hombres pueden disponer para prolongar la
tregua entre las naciones.
"Los
defensores del concepto de una Autoridad mundial saben perfectamente
que ese concepto no podrá venir a la existencia sino tras
muchos años de lucha y esfuerzo.
"Los
argumentos en pro y en contra, en el problema de la autoridad mundial,
no conciernen a nuestro tiempo, sino a las generaciones futuras."
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página
219)
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7.
MÁS
QUE EN ESTABLECER UNA AUTORIDAD MUNDIAL, LA CUESTIÓN CENTRAL
CONSISTE EN LA INSTAURACIÓN DE UNA SOCIEDAD POLÍTICA
MUNDIAL
"La idea
misma de Autoridad mundial puede concebirse de dos maneras opuestas.
Una primera manera posible de concebirla reduciría toda
la cuestión a la mera y exclusiva consideración
del Estado y del gobierno. Llamemos a ésta la 'teoría
puramente gubernamental' de la organización
del mundo.
La segunda manera posible de concebir la Autoridad mundial aborda
el problema bajo la consideración universal e integral
del cuerpo político o de la sociedad política.
Llamemos a ésta la 'teoría plenamente
política' de la organización del mundo.
"Pienso
que la teoría plenamente política es la buena
y que una teoría puramente gubernamental sería
falsa y desastrosa.
"Insistamos
en el hecho de que la realidad política fundamental no es
el Estado, sino el cuerpo político con sus variadas instituciones,
las múltiples comunidades que engloba y la comunidad moral
a la que permite tomar consistencia y desarrollarse.
"El cuerpo
político es el pueblo organizado bajo leyes justas. El Estado
es un órgano particular especializado en las cosas que interesan
al bien común del cuerpo político, y es, por tanto,
el órgano político más elevado; pero el Estado
es una parte, no un todo, y sus funciones son simplemente instrumentales:
es para el cuerpo político y para el pueblo para lo que vela
por el orden público, hace que se apliquen las leyes y posee
el poder; y, siendo una parte al servicio del pueblo, ha de ser
controlado por el pueblo.
"En cuanto
a los hombres que tienen a su cargo el poder ejecutivo al servicio
del bien común, forman parte, a la vez, del cuerpo político
y del Estado. Mas, como están a la cabeza del pueblo y representan
al pueblo -- respecto del cual ejercen una función vicaria
y por el cual son escogidos en un régimen democrático
-- su función gubernamental tiene su raíz en el cuerpo
político, no en el Estado.
"Siendo
así las cosas, sería preferible hablar de Problema
de la Organización política del mundo en lugar
de Problema de la Autoridad mundial o del Gobierno mundial.
"La
cuestión, tomada en su integridad, no se refiere simplemente
a la constitución de una Autoridad mundial. Se refiere a
la instauración de una sociedad política mundial."
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página
222)
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8.
SÓLO
POR MEDIO DE LA LIBERTAD LOS PUEBLOS DE LA TIERRA ALCANZARÁN
LA VOLUNTAD DE VIVIR JUNTOS PARA REALIZAR UNA TAREA COMÚN
"Lo
que hemos llamado una 'teoría puramente gubernamental' de la organización mundial, consideraría todo el
asunto -- la existencia y la naturaleza de una Autoridad mundial
y el tránsito de la situación presente al régimen
de la Autoridad mundial -- en la perspectiva del Estado y del
gobierno, por separado del cuerpo político.
"En
consecuencia, el Gobierno mundial sería un Super-Estado
absoluto o un Estado superior privado de cuerpo político
y simplemente sobreimpuesto a la vida
de los Estados particulares.
"La
pretensión, en la Edad Moderna, de un Super-Estado mundial
absoluto sería la de un Imperio democrático multinacional,
que no sería mejor que los otros.
"La 'teoría plenamente política' de la organización
del mundo va, en cambio, por el buen camino. El problema es elevar
la comunidad internacional a la condición de sociedad perfecta
o de sociedad internacional políticamente organizada.
El
tránsito de que hablamos implica un cambio, no sólo
en la dimensión de la extensión, sino, primero y
ante todo, en la dimensión de la profundidad: un cambio
en las estructuras internas de la moralidad y de la sociabilidad
del hombre.
"En
las épocas pasadas de la historia, la voluntad de los hombres
de vivir juntos, que está en
la base de la formación de las sociedades políticas,
por regla general, ha venido a la existencia por todo género
de causas y de medios, menos por la libertad.
"Ese
tiempo ha pasado, al menos a los ojos de los principios democráticos
y de las exigencias de la justicia. Es por los medios
de la libertad por los que los pueblos de la tierra se verán
llevados a una voluntad común de vivir juntos, y cuando
los hombres tengan la voluntad de vivir juntos en una sociedad
a escala mundial será porque tengan la voluntad de realizar
una tarea común a escala mundial.
"Ciertamente,
la unidad del cuerpo político mundial sería completamente
diferente de la unidad que caracteriza a los reinos y a las naciones
y a la que está acostumbrado nuestro pensamiento. No sería
incluso una unidad federal, sino, más
bien, diría yo, una unidad pluralista,
que no se realizaría más que por o a través
de la permanente diversidad de los cuerpos políticos particulares
y que mantendría y favorecería esa diversidad.
"Esto
quiere decir que, en todos los pueblos, el sentido del bien común
de ese 'pueblo uno' que constituyen
ha de desarrollarse y prevalecer sobre el sentido del bien común
particular de cada cuerpo político.
"El
sentido de una amistad cívica
tan vasta como ese pueblo uno debe también desarrollarse
simultáneamente, porque la amistad cívica es el
alma misma o la forma animadora de toda sociedad política."
('El
Hombre y el Estado'
[1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro.
Madrid. 1983. Página 225)
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