INTRODUCCIÓN
Un revisión de la filosofía de la cultura de Maritain
en el contexto de la guerra cultural que estalló
en los Estados Unidos y Europa Occidental en 1968, puede ilustrarnos
sobre la naturaleza de nuestra angustia de hoy, así como
de los pasos necesarios para una recuperación.
Durante los últimos 30 años (en el período
siguiente a dicha revolución), he reflexionado con mis
alumnos sobre los síntomas de la decadencia cultural en
los Estados Unidos, ayudado por profesores de varias disciplinas
que han estudiado diversos aspectos del problema. La experiencia
acumulada puede ser útil en el futuro cuando se trate de
preparar la historia intelectual de nuestro país durante
ese período crucial, del que aun no hemos salido.
Hace precisamente
una década (Octubre, 1990), Nicholas Lobkowicz afirmó en un trabajo presentado en Notre Dame: casi todos los
errores ocurridos en la historia reciente de nuestra cultura tuvieron
su origen en la mente de personas como nosotros, graduados e intelectuales
universitarios. Él nos desafió a usar
exactamente esos mismos recursos intelectuales para promover una
reevangelización de nuestra cultura, al igual que lo hiciera
Maritain una generación antes: En una palabra,
crear un impacto cristiano en nuestra cultura actual significa
simplemente hacer todo aquello que ayude al hombre a ser más
humano, lo cual significa que la fe católica tiene mucho
más que decir sobre el tema que lo que los no cristianos
tienen interés en oír. El mismo desafío
fue planteado por el Concilio Vaticano II, y continúa siendo
expresado por el magisterio papal. Me parece - dijo
Lobkowicz - que el Papa Juan Pablo II ejemplifica constantemente
la única respuesta realista a la pregunta: ¿cuál
es la tarea actual de los cristianos en sus palabras
y en su comportamiento?. [1]
En 1934, Maritain
escribió que toda verdad nuevamente explicada
exige un determinado tiempo de decantación para aparecer
bajo su fisonomía propia... [2]. Esto
podría aplicarse tal vez a su propio pensamiento. Él
anticipó, creo yo, las causas fundamentales de nuestra
revolución cultural cuando en 1960 escribió: Llegará
un momento en el que los individuos arrojarán de la existencia
práctica aquellos valores de los que no tienen una convicción
intelectual [3] Pero también vio la solución
en tiempos de la Segunda Guerra Mundial: En mi pensamiento,
la idea de los sufrimientos experimentados actualmente por la
civilización es inseparable de la de un nuevo humanismo
que se está gestando en la agonía del mundo y prepara
al mismo tiempo el retoñar de la civilización...
[4]
Estas preocupaciones,
presentes en la vida de Maritain desde 1930, ilustran su manera
de ejercitar su filosofía aplicada,
que él entendió era su obligación de testigo
de su tiempo. En 1966, ya al término de su carrera, en El Campesino del Garona insiste en que sólo
estaba repitiendo lo que venía sosteniendo por
treinta o cuarenta años. Es un esbozo de lo
que he encontrado ser verdadero. [5]
En los asunto
temporales, Maritain fue, en sus propias palabras, un
filósofo que no deja de ser filósofo y que sólo
actúa como filósofo manteniendo los
valores propios que la filosofía debe mantener y defender.
Esto es lo que él llamó filosofía
aplicada. [6]
Donald Gallagher,
ex-presidente de esta Asociación y biógrafo de Maritain,
se refirió a él como un filósofo
de la cultura muy destacado y original que tenía el hábito de presentar los temas y problemas en
su contexto cultural. Agregaba que la filosofía
de la cultura de Maritain (parte integral de su filosofía
profética) estaba destinada a una audiencia amplia
de personas educadas, a las cuales deseaba movilizar para la vital
tarea de restaurar en la cultura contemporánea sus fundamentos
cristianos. Es a este proyecto de restauración al que valerosamente dedicó su vida, a sabiendas que su realización
requeriría el paso de muchas generaciones. [7]
En su síntesis
de la filosofía de la cultura de Maritain, Gallager distingue
con especial atención ocho de sus trabajos, a los cuales
precisamente he recurrido en la preparación de esta presentación.
En ella usaré las propias palabras de Maritain para fijar
cada problema así como su desarrollo.
LA
NOCION FILOSÓFICA DE LA CULTURA:
SU RELACIÓN CON EL HUMANISMO
El devoto
editor de Maritain, Joseph Evans, encontró en un párrafo
de un diario de vida de 1926 (a los 44 años de edad), una
primera evidencia de su reflexión sobre filosofía
moral y política, en la que describe los lineamientos de
una política auténticamente cristiana y comienza su empeño para establecer, a la luz
de una filosofía de la historia y de la cultura, ... la
naturaleza del nuevo humanismo que esperamos. [8]
En esos primeros
años, Maritain usó la siguiente definición
de cultura, considerándola usualmente como equivalente
a civilización: cultura o civilización
es el bien común, terrenal y temporal, del ser humano...
La cultura es el desarrollo de la vida propiamente humana, que
comprende no sólo el desarrollo material necesario y suficiente
para alcanzar una vida adecuada y digna (el bien común
material), sino asimismo, el desarrollo moral y el desarrollo
de las actividades especulativas y prácticas (artísticas
y éticas) que merecen propiamente el nombre de desarrollo
humano (el bien común espiritual)." [9]
De este modo, ...la filosofía de la cultura y
de la sociedad pertenece a lo que Aristóteles
y Santo Tomás llamaban la ciencia práctica,
que. a su vez, corresponde al dominio de la acción
humana. Por sobre todo, es la ciencia de
la libertad. Hasta donde lo he logrado establecer, éste
parece ser el primer uso (1936) de la expresión filosofía
de la cultura. [10]
Más
aún, Maritain trató siempre la cultura en el contexto
del humanismo, porque éste tiende esencialmente
a hacer más realmente humano al hombre y a manifestar su
grandeza original haciéndole participar en todo lo que
pueda enriquecerlo en la naturaleza y la historia. [11]
La
unidad de (una) cultura... se debe, ante todo, a cierta estructura
espiritual común, a cierta actitud metafísica y
moral, a una cierta escala común de valores, en una palabra,
a cierta idea común del universo, del hombre y de la vida,
todo lo cual se halla, por decirlo así, encarnado en las
estructuras sociales, lingüísticas y jurídicas...
[12] Por ser parte de la esfera temporal, el objeto de
la cultura es el bien terrenal y perecible de nuestra
vida aquí en la tierra y, consecuentemente, está
subordinado a la vida eterna, nuestro fin último. Una civilización
que respeta esta subordinación es necesariamente superior
a aquella que no la respeta. En todo caso, todas las
civilizaciones y culturas de la tierra... cualesquiera sean las
formas erróneas que hallan alcanzado, sólo pueden
perdurar en virtud del bien que contienen... Bajo la
gracia de la Providencia común de Dios, todas
ellas mantienen su identidad particular, cada cual corrigiendola
y superándola. [13]
En suma, la
cultura o civilización es la expansión de la vida
particularmente humana, incluyendo no solamente el desarrollo
material necesario y suficiente para el progreso de la vida en
esta tierra, sino también el desarrollo de las actividades
especulativas y prácticas (artísticas y éticas)
que propiamente merecen el nombre de desarrollo humano
[14]. Esto no sucede automáticamente, según
advierte Maritain, puesto que la libertad nos puede inducir tanto
a corromper nuestra naturaleza como a desarrollarla.
LA
RELIGIÓN EN LA CULTURA
Como hemos visto, el humanismo comprende, al margen de los asuntos
terrestres, "... toda ordenación a lo sobrehumano
y... toda trascendencia. [15] En efecto, la religión
juega un rol principal en el desarrollo cultural.
En abstracto, la cultura sólo requeriría de una
religión natural, pero como nunca ha existido un estado
de naturaleza pura, Dios, desde los primeros tiempos,
tuvo la voluntad de poner en conocimiento de los hombres cosas
que excedían largamente los requerimientos de
la naturaleza. Él pone la gracia a nuestra disposición
para divinizar nuestro conocimiento y nuestro amor: Dios
nos hace ese ofrecimiento a todos los hombres y en todo momento,
y nosotros somos libres de aceptarlo o rechazarlo. Así,
todas las culturas guardan vestigios de las revelaciones
originales, incluso cuando la mayoría de ellas
se han apartado del orden sobrenatural y, como
consecuencia, se han desviado igualmente del orden natural. La
verdadera religión... no es del hombre ni del mundo ni
de la civilización ni de la cultura...; es de Dios. Trasciende
toda civilización y toda cultura. Es el beneficio supremo
y el principio vivificante de todas las civilizaciones y culturas,
mientras que, en sí misma independiente de todas ellas,
es libre y universal, estrictamente universal y católica
[16]
Cuando Maritain
presentó sus lecturas sobre 'Humanismo Integral' (1934),
estaba proponiendo un nuevo estilo de relación entre la religión y la cultura, entre
lo espiritual y lo temporal...
[17] Ese nuevo estilo correspondía
directamente a la inspiración que encontró en las
enseñanzas y en el espíritu de Santo Tomás
de Aquino.
SANTO
TOMAS DE AQUINO EN LA CULTURA
Santo Tomás tenía el genio, escribe Maritain, de
descubrir las más profundas energías de
la vida, de la renovación, de la revolución y de todo lo que valía la pena salvar en el pensamiento
pagano y en el discordante clamor de los filósofos.
Por ello, necesitamos que él nos enseñe
la filosofía cristiana en el orden social y cultural
bajo nuestro nuevo cielo histórico así
como en otros cielos históricos del futuro, porque Santo
Tomás es siempre un autor contemporáneo
[18] Entre la sabiduría del tomismo y las
formas particulares de cultura debe prevalecer siempre un intercambio
vital, aunque en su esencia, el tomismo es rigurosamente
independiente de esas formas particulares. "De
esta sabiduría debemos extraer... los valores intelectuales
que necesita cada país en el mundo... Es una sabiduría
que por sí sola puede revitalizar al Occidente, devolverle
el uso libre y vivificante de sus riquezas espirituales, de sus
tradiciones y de su cultura; por sí sola puede salvar también
la herencia del Oriente y reconciliar las dos mitades del mundo.
[19]
La cultura
no puede prescindir de la filosofía perenne
- El griego Aristóteles transfigurado por el Doctor
Angélico... es justamente la herencia que el mundo necesita...
Es preciso que la pongamos en marcha. Sin embargo, mobilizarla
no es cosa fácil, puesto que la solución de los
nuevos problemas que han surgido no se encuentra pre-hecha en
Santo Tomás: para hacer surgir esta solución se
requiere un esfuerzo nuevo y original... Así
como toda filosofía debe ser corregida
e incluso transformada para enfrentar la realidad,
también el tomismo debe dejar atrás las controversias
escolásticas y salir a las carreteras y autopistas
y extender sus alas... La filosofía tomista es
por naturaleza una filosofía progresiva y asimilativa,
una filosofía misionaria... Santo Tomás es con toda propiedad el apóstol de los tiempos
modernos. Él no escribió para
el siglo XIII, sino para nuestro tiempo. Su tiempo es el tiempo
del espíritu que domina los siglos. El es el
más actual de todos los pensadores. [20]
Robert Brennan
sostiene que Santo Tomás fue uno de los grande filósofos
de la cultura, en el sentido activo y dinámico del término,
es decir, que comprende todos sus aspectos materiales, intelectuales
y morales en un movimiento progresivo de crecimiento o declinación que atraviesa la vida de los pueblos desnudando la esencia
de su ser y de su genio. Los errores que puedan ocurrir,
y que de hecho ocurren, son consecuencia del pecado original.
Aunque nuestro
actual entendimiento de la cultura" era desconocido
en el siglo XIII, Brennan cita numerosos pasajes en los que Santo
Tomás habla de la perfección de la naturaleza
humana en sus aspectos específicamente humanos y sociales.
La razón por la que filosofía de la cultura de Santo
Tomás nos resulta tan valiosa en la actualidad, según
Bennan, radica en su énfasis en el contexto trascendente
de sus principios esenciales, en contraposición al anti-humanismo,
al fatalismo y al materialismo de las ideologías contemporáneas,
incapaces de esperanza alguna, más allá de la existencia
del orden presente. [21]
LAS
PROMESAS DE LA CULTURA MODERNA (EL SUEÑO DE DESCARTES):
CRÍTICA DEL HUMANISMO ANTROPOCÉNTRICO.
Ya en 1931,
Maritain sostenía que los males de la cultura moderna tenían
su causa principal en el espíritu de
mi querido enemigo, Descartes. [22] Sin embargo, con anterioridad a Descartes, los hombres del Renacimiento
ya habían comenzado el extravío de la cultura moderna
al propiciar una desviación espiritual fundamental...
un principio espiritual erróneo que debe ser
denunciado si queremos reconocer los frutos
amargos de ese período histórico, (que no por eso
dejó de hacer contribuciones muy significativas a la cultura
humana). [23] Así, en la época de Descartes, la unidad metafísica ya estaba quebrada... y,
aunque no desapareció completamente, con todo, se rompió
y quedó como borrada en Occidente. Lo que ha motivado el
drama de la cultura occidental fue el haber reducido el fondo
de metafísica común a un mínimo absolutamente
insuficiente, de manera que si conserva algo se debe a la materia,
la cual nada puede conservar. Este drama nos es tanto más
grave cuanto que actualmente nos queda todo por hacer.[24]
Al escribir
sobre este tema entre 1931 y 1939, Maritain desarrolló
lo que definió como los tres momentos a
través de los cuales la cultura se ha hecho progresivamente
más separada de lo sagrado, volviéndose contra lo
humano. Ese nuevo humanismo antropocéntrico ha querido convertir el bienestar terrestre en autosuficiente,
entendiendo el progreso material como la explotación científica,
industrial y tecnológica de la naturaleza. El mito de la soberanía absoluta atribuida a lo humano
se encontraba, pues, en el corazón mismo de la cultura.
Sin embargo, en este caso la moralidad no libera al hombre;
solamente lo convierte en un esclavo de los átomos del
universo, y por sobre todo, de sus propias miserias y egoísmos. El hombre queda así reducido al estatus de consumidor
coronado por la ciencia. [25]
He aquí los tres momentos en la dialéctica
de la cultura moderna o humanismo antropocéntrico:
1°. El
momento clásico (Siglos XVI y XVII).- El
racionalismo humanista o naturalismo cristiano invierte el orden
de los fines: la cultura busca en sí misma su
fin supremo y afirma la dominación del
hombre sobre la materia teniendo a Dios como garante.
2°. El
momento burgués (Siglos XVIII y XIX).- La
cultura se propone ante todo dominar la naturaleza exterior
y reinar sobre ella por un proceso técnico... De ese proceso tecnológico y artificial se espera
que cree... un mundo material en que encuentre el hombre una perfecta
felicidad. Dios se convierte en una idea. Sin embargo,
como Dios no es solamente una idea, una cultura que se
mantiene separada de las supremas medidas sobrenaturales tiene
que tomar, necesariamente, partido contra ellas...
3°. El
momento revolucionario (Siglo XX).- Dios
muere para el hombre materializado, que piensa no poder ser hombre,
o superhombre, más que si Dios no es Dios. Este
desprecio ateísta y materialista de los valores en la promoción
de un hombre nuevo ha creado las condiciones para que la vida
sea más y más inhumana. El hombre se subordina a
la naturaleza. La primacía de la técnica
procura aliviar con remedios artificiales lo malos efectos creados
por causas artificiales ajenas al hombre. El retroceso
progresivo de lo humano ante la materia da por resultado
una pérdida de la auténtica humanidad; las
energías de orden material que el hombre pone en acción,
invaden el propio mundo humano. [26]
Los elementos
de nuestra cultura de muerte contemporánea
provienen del principio de que la salvación del
hombre está en él mismo. En el hecho,
es un principio del irracionalismo anti-humanista: Después
de haber perdido a Dios con el fin de bastarse a él mismo,
el hombre pierde su alma, se busca en vano, complica el universo
para hallarse, encuentra máscaras y, detrás de todo,
la muerte. [27]
LA
NOCIÓN DE CULTURA CRISTIANA (EL SUEÑO DE MARITAIN)
DEFENSA DEL HUMANISMO TEOCÉNTRICO.
Si me atrevo a llamar el sueño de Maritain a su filosofía social y política, no estoy implicando
en absoluto que sea una aspiración imposible como el
sueño de Descartes. La mejor demostración
del realismo de Maritain en relación al Humanismo Cristiano,
la encontramos en su temprano reconocimiento de que la cultura
lleva hoy el peso de la inercia que se aferra al ideal
temporal muerto y sepultado de la cristiandad medieval
y, por otra parte, la temeridad de quienes quieren deshacerse
de la propia idea de cristiandad. Hoy, al igual
que en la Edad Media, la verdad debe ser buscada la cumbre
entre dos errores opuestos. Sin perdernos en expectativas
vanas, debemos guiarnos por la aspiración a una cristiandad
auténtica. [28]
(En esta aspiración
yo veo el mismo ideal realista que indujo a los Padres del Concilio
Vaticano II a abrir nuevos surcos con la Constitución Pastoral
sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes,
1965), especialmente en su sección Recta promoción
de la cultura (53-62). Maritain reaccionó entusiastamente
a un esquema preliminar de este documento, del cual pensó que abría enormes horizontes...)
En 1931, Maritain
planteó el problema de la posible incompatibilidad entre el concepto cristiano de la cultura (humanismo
de la Encarnación) y el mundo contemporáneo.
Ciertamente, la idea cristiana se opone al mundo moderno...
en el sentido de que el mundo moderno es inhumano. Sin embargo,
en cuanto el mundo moderno... trae consigo un crecimiento real
de la historia, no se opone a la concepción cristiana de
la cultura... Por el contrario, ésta se esforzaría
en conservar en el mundo moderno, integrándolas al orden
del espíritu, las riquezas de la vida que el mundo moderno
contiene. Esta concepción cristiana continúa
viva, conservando su capacidad de dominar la cultura. [29]
He aquí
el pensamiento desarrollado por Maritain a comienzo de los años
30: Originalmente, el cristianismo estableció una jerarquía
con las diversas sabidurías del mundo
antiguo (Hindú, Hebrea, Griega), desarrolló sus
síntesis y, eventualmente (en la Edad Media), alcanzó un orden de la sabiduría que comienza
con la metafísica y la teología (la sabiduría
de la razón y la sabiduría de
la fe) y se extiende a los órdenes social, político
y económico visibles (si bien pueden
ocurrir otros movimientos descendentes incluso en el orden cristiano,
cuando Dios y el hombre entran en contacto) [30]
Esto explica,
para Maritain, por qué Santo Tomás de Aquino
es nuestro guía predestinado en la restauración
de una cultura cristiana... [La suya] es la forma más
desarrollada y más perfecta del pensamiento cristiano;
la sublime sabiduría puesta bajo la égida del Doctor
Común de la Iglesia, que provee a la cultura
cristiana de un instrumento indispensable.
Su obra hace de la cultura cristiana occidental la más
preciosa entre todas; pues siendo universal... precisamente el
mundo ha menester de esa herencia. [31]
Ya en 1936
Maritain comenzó a llamar a la cultura cristiana teocéntrica
o humanismo integral para distinguirla y separarla del
humanismo antropocéntrico de la modernidad. Con su entusiasmo
incontenible comenzó a proclamar una nueva cristiandad
para dar atención evangélica a todo lo
humano en la actividad secular y temporal de
los seres humanos. Dicha nueva edad de cultura cristiana
verá la transfiguración de la
vida social de la humanidad, en una verdadera
realización socio temporal del Evangelio, donde
la persona humana pueda lograr transformar
las condiciones que la oprimen... [32]
Las frases
finales de 'Ciencia y Sabiduría', donde Maritain
busca abrir las fuentes de una nueva era cristiana en
un mundo agotado, reflejan, creo yo, la huella del talento
de Raïssa: en el advenimiento de una nueva
cristiandad nos representamos una civilización humanista
integral en la que las grandes olas de la sabiduría, descendiendo
de las alturas sagradas de la fe hasta el borde extremo de lo
profano y de lo humano, liberarían en el hombre toda la
verdad de lo profano y de lo humano. [33]
EL
PROPÓSITO DE UNA FILOSOFÍA CRISTIANA APLICADA:
LA TRANSFORMACIÓN DE LA CULTURA
Si el humanismo cristiano está todavía vivo, conservando
su capacidad de influir en el mundo, se sigue que debemos
luchar con toda la fuerza de nuestro corazón para convertirlo
en realidad... De inmediato Maritain deduce el verdadero
significado de esto: Sólo el amor y la santidad
pueden transfigurar la condición de la humanidad...
La observación precedente hace perfectamente clara la necesidad,
primera y fundamental para la vida del mundo, de que el catolicismo
penetre hasta las profundidades de la cultura, vivificándola,
y que los católicos den lugar a sólidas concepciones
culturales, filosóficas, históricas, sociales, políticas,
económicas y artísticas y se empeñen en insertarlas
en la realidad histórica. [34]
Semejante
desarrollo no está en absoluto asegurado, pero Maritain
que era un eterno optimista, afirmaba: No creo que el
proceso (moderno) de desintegración esté condenado
a ser fatal. Sin embargo, si los cristianos han de prevalecer,
es tremendamente urgente que recobremos la condición
propia de una cultura verdaderamente humana, que asimila las cosas
del hombre a las cosas del espíritu, haciendo posible con
ello la verdadera libertad. La situación
no es desesperada, en el supuesto que inspira una
renovación y una rectificación heroicas.
[35] Los medios son siempre los mismos, puesto que la vocación
es impuesta a cada cristiano en el bautismo por la suprema
ley redentora de la Encarnación. Sin embargo,
"nuestros principios ¡ay! están dormidos
y el error está siempre al acecho, activo y en marcha...
La terrible falta de atención a las encíclicas
sociales fue, para Maritain, uno de los fenómenos
más decepcionantes de la historia moderna. [36]
Resumiendo,
el objetivo se puede alcanzar sólo si los santos
(hombres y mujeres en búsqueda permanente de la santidad)
ponen manos a la obra, ayudados por la cruz
en el corazón (o sufrimiento redentor). En breve,
la gran lucha de nuestro tiempo es entre la
auto-complacencia y la auto-negación. En este sentido, mientras la sociedad necesita de los filósofos
(para descubrir los verdaderos y genuinos fines de la vida
humana), necesita aun mucho más de los santos.
[37]
Lo anterior
deja perfectamente en claro que, cuando Maritain habla de una
transformación del mundo, se está
refiriendo específicamente a una transformación
espiritual - no a un esfuerzo puramente temporal de mejorar al
mundo en sí mismo (lo que él llama una tontería
de idealista). La gran tarea de la filosofía
cristiana es alcanzar un entendimiento correcto del concepto transformación,
para luego perseguirlo conscientemente. La civilización
moderna requiere una reestructuración total y, yo diría,
sustancial, un cambio en la valoración de los principios
culturales. Es en este sentido que los cristianos somos
llamados a nada menos que a la transformación
profunda del orden temporal. Este es un proyecto, agregaba
en los oscuros días del comienzo de la Segunda Guerra Mundial,
no para hoy sino para mañana o tal vez para pasado
mañana. [38] El adversario es formidable
y no cederá fácilmente: Como he dicho en
Humanismo Integral... el mundo es el terreno a la vez del
hombre, de Dios y del diablo. Así aparece la ambigüedad
esencial del mundo y de su historia; es un campo común
a los tres... Pertenece a Dios por derecho de creación;
al diablo por derecho de conquista... a Cristo por derecho de
victoria sobre el conquistador... La tarea del cristiano en el
mundo es disputar al diablo su terreno, arrancárselo...
y no lo conseguirá sino en parte mientras dure el tiempo.
[39]
COMO
LLEVAR A CABO ESTA TAREA
La
necesidad de esta misión aparece mucho más clara
hoy que antes, escribía Maritain en 1966. Lo
que era capaz de ver más claramente, a la luz del Concilio
Vaticano II, era la misión temporal del cristiano...
de transformar el mundo... cooperando con su evolución
de tal manera que... el espíritu de Cristo y de su reino
pueda, de alguna manera, vivificar las cosas del mundo.
Esta es la tarea propia de los cristianos que viven en
el mundo, ayudados por la doctrina y el consejo de la
Iglesia, pero sin confundirla a ella con ninguna cultura particular.
Más aún, esa será siempre una labor
de ayudar al mundo a resolver sus problemas, mas nunca a resolvérselos.
Sin embargo, ¡pobre del mundo si los cristianos
separasen y aislasen su misión temporal de su vocación
espiritual! Tal misión temporal requiere de ellos entrar
lo más profundamente posible en las agonías, en
los conflictos y en los problemas terrenales, sociales o políticos,
de su tiempo... [40]
Hay
una verdad que yo veo claramente: lo que importa más esencialmente,
y quizás en todo, para nuestra época, es la vida
de oración y de unión con Dios llevada en el mundo...
por los que son llamados a esta vida en el siglo mismo con toda
su agitación, con sus riesgos y su carga temporal. La tentación meramente activista de alistar a
todos los laicos de buena voluntad en la fascinante eficacia de
la acción colectiva y, de ser posible, tecnificada
debe ser resistida. Por otra parte, los que luchan por
(semejante propósito) saben que siempre serán combatidos,
que no tendrán sino éxitos discutidos y no pocos
fracasos. Pero lo que hacen, lo harán bien, si lo hacen
en verdad como cristianos.. Lo que se le pide
(al cristiano), es que intervenga en el destino del mundo... pero
manteniéndose... como un agente más que nunca subordinado:
servidor de la Providencia divina... El cristiano no podría
pedir - ni proponer como fin de su actividad temporal - un advenimiento
definitivo de la justicia, de la paz y de la felicidad humana...
porque, a decir verdad, ese progreso no puede tener ningún
término final. [41]
CONCLUSIÓN
El sueño
de Maritain permanece como un proyecto perfectamente viable para
una renovación cultural. Creo que podríamos coincidir
con su juicio en cuanto a que, respecto de la filosofía
en la fe, tanto en el orden especulativo como práctico,
con especial atención a la filosofía moral y política, deberíamos agradecer a Dios porque no ha de faltar
trabajo para los filósofos del futuro. [42] Desde luego, creo que él hubiese aprobada el orden en el
cual la Fe, la Educación y la Cultura
han sido presentadas en el programa de esta conferencia. En
este crepúsculo de la tarde que nos envuelve, algunas señales...
hacen creer que ya apuntan las primeras claridades de un crepúsculo
de la mañana... Esta guerra es es una lucha para pasar
de los rayos del crepúsculo a la luz del día,
palabras pronunciadas con referencia a la Segunda Guerra Mundial,
pero justamente aplicables, creo yo, a nuestra revolución
cultural. [43]
[*] Traducción del inglés por H.I.
NOTAS
(Cuando
ha sido posible se han transcrito las citas directamente de
las obras en castellano. En tales casos, la nota en inglés
se mantiene a continuación entre paréntesis.)
1.- Nicholas Lobkowicz, 'Christianity and Culture',
Review of Politics 53/2 (Spring 1991) 386-388.
2.- Jacques
Maritain, Prólogo a Ciencia y Sabiduría Ediciones Desclée, de Brouwer. Buenos Aires, 1944.
('Science
and Wisdom' (London: Geoffrey Bles, 1940), Lecture I,
ix. [Hereafter SW])
3.- Maritain,
'Utilidad de la Filosofía, Tres Ensayos'
Ediciones Morata. Madrid, 1962. p.27.
('On the Use of Philosophy: Three Essays' (New York:
Atheneum, 1965) 12. [Hereafter UP])
4.- Maritain,
'El Crepúsculo de la Civilización'.
Editorial Del Pacífico. Santiago de Chile, 1976. p.54.
('The Twilight of Civilization' [New York: Sheed & Ward, 1943] viii. [Hereafter TC])
5.- Maritain, 'The Peasant of the Garonne' (New York: Macmillan, 1969] 77, 233 f. [Hereafter PG]
6.- Maritain, The Philosopher in Society,
UP 14 f.
7.- Donald Gallagher, 'The Philosophy of Culture in
Jacques Maritain', From Twilight to Dawn: The Cultural
Vision of Jacques Maritain, ed. Peter A. Redpath (Notre Dame:
University Press, 1990) 277, 285, 281, 282 n 14, 283; Gallagher,
'The Legacy of Jacques Maritain, Christian Philosopher',
One Hundred Years of Thomism, ed. Victor B. Brezik, CSB (Houston:
Center for Thomistic Studies, 1981) 51.
8.- Joseph Evans, preface, 'Integral Humanism: Temporal
and Spiritual Problems of a New Christendom' (Notre Dame:
University Press, 1973) v f. [Hereafter IH]
9.- Maritain, 'Some Reflections on Culture and Liberty'
(Chicago: University Press, 1933) 2. [Hereafter SR]
10.- Maritain, IH foreword, x f; 71.
11.- Maritain,
'El Crepúsculo de la Civilización',
p. 57. (TC 3).
12.- Maritain, 'St. Thomas Aquinas', rev. ed., trans.
Evans and Peter OReilly (New York: Macmillan, 1958) 69. [Hereafter ST]
13.- Maritain, 'Religion and Culture', in Essays
in Order, ed. Christopher Dawson and T. F. Burns (New York: Sheed & Ward, 1940) 8, 34.
14.- Ibid. 8, 5.
15.- Maritain,
'El Crepúsculo de la Civilización',
p. 57. (TC 4.)
16.- Maritain, RC 9 f, 12 f.
17.- Evans, preface, IH vi, xi.
18.- Maritain, IH 207-209; SR 1.
19.- Maritain, ST 19, 76 (where he cites the earlier Primauté du spirituel, 1927).
20.- Maritain, 'El Doctor Angélico'. Club de Lectores. Buenos
Aires, 1979. p. 70. ( Ibid. 79 f., 103).
21.- Brennan, op. cit. 113, 132, 116-120, 135, 111, 136.
22.- Maritain, RC 24.
23.- Maritain, SR 3.
24.- Maritain, 'El Doctor Angélico'. p. 61. (ST 69.)
25.- Maritain,
RC 14-20; SR 5, 9.
26.- Maritain,
'Humanismo Integral'. Ediciones Carlos Lohlé.
Buenos Aires, 1984. p.32. (IH 30-32;
cf. SR 7 f.)
27.- Maritain,
'El Crepúsculo de la Civilización',
p. 59. (TC 6, 10.)
28.- Maritain, IH 208.
29.- Maritain, RC 23, 27.
30.- Maritain, SW 18 f., 23.
31.- Maritain,
'El Doctor Angélico'. p. 77, 67, 69. (ST
87, 76, 78 f.)
32.- Maritain, IH 76, 94.
33.- Maritain,
Ciencia y Sabiduría. p. 132 (SW
132 f.)
34.- Maritain, RC 27 f.; TC 9, 12.
35.- Maritain, SR 10; TC 29.
3.-6 Maritain, RC 29.
37.- Maritain, IH 73; SR 9; UP 10.
38.- Maritain, PG 231 f.; IH 207; TC 30, 33 f.
39.- Maritain,
'El Campesino del Garona'. Editorial Desclée de
Brouwer. Bilbao. p. 67. (PG 47 (in a Parenthesis).
40.- Ibid. 54 f., 236 f.; cf. SR 35-37.
41.- Maritain,
'El Campesino del Garona'. p. 258, 267, 263. (Ibid.
228 f., 234 and 236)
42.- Maritain, SW 104; cf. 78 n 1.
43.- Maritain,
'El Crepúsculo de la Civilización',
p. 102. (TC 62 f.)