VISIÓN GENERAL

La Filosofía de la Cultura de Jacques Maritain
Un Viejo Profesor se cuestiona a sí mismo sobre el tiempo actual *

John Gueguen, Jr.

Profesor Emérito, Illinois State University

 

 (Trabajo presentado originalmente a la Conferencia sobre "Fe, Educación y Cultura en el Siglo XXI" de la American Maritain Association. Universidad de Notre Dame. 19 de Octubre, 2000)

ENLACES
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Filosofía de la cultura de Maritain
John Gueguen, Jr.
Jacques Maritain
Martin Luther King Jr.
Humanismo y Democracia en Maritain
Ricardo Haro
La filosofía cristiana de Maritain
Donald e Idella Gallagher
La filosofía política de Maritain
Alberto Rodríguez Varela

Arte y poesía en J. Maritain
Ismael Bustos

 

INTRODUCCIÓN


Un revisión de la filosofía de la cultura de Maritain en el contexto de la “guerra cultural” que estalló en los Estados Unidos y Europa Occidental en 1968, puede ilustrarnos sobre la naturaleza de nuestra angustia de hoy, así como de los pasos necesarios para una recuperación.
 
Durante los últimos 30 años (en el período siguiente a dicha revolución), he reflexionado con mis alumnos sobre los síntomas de la decadencia cultural en los Estados Unidos, ayudado por profesores de varias disciplinas que han estudiado diversos aspectos del problema. La experiencia acumulada puede ser útil en el futuro cuando se trate de preparar la historia intelectual de nuestro país durante ese período crucial, del que aun no hemos salido.

Hace precisamente una década (Octubre, 1990), Nicholas Lobkowicz afirmó en un trabajo presentado en Notre Dame: “casi todos los errores ocurridos en la historia reciente de nuestra cultura tuvieron su origen en la mente de personas como nosotros, graduados e intelectuales universitarios”. Él nos desafió a usar exactamente esos mismos recursos intelectuales para promover una reevangelización de nuestra cultura, al igual que lo hiciera Maritain una generación antes: “En una palabra, crear un impacto cristiano en nuestra cultura actual significa simplemente hacer todo aquello que ayude al hombre a ser más humano, lo cual significa que la fe católica tiene mucho más que decir sobre el tema que lo que los no cristianos tienen interés en oír.” El mismo desafío fue planteado por el Concilio Vaticano II, y continúa siendo expresado por el magisterio papal. “Me parece - dijo Lobkowicz - que el Papa Juan Pablo II ejemplifica constantemente la única respuesta realista” a la pregunta: ¿cuál es la tarea actual de los cristianos “en sus palabras y en su comportamiento?”. [1]

En 1934, Maritain escribió que “toda verdad nuevamente explicada exige un determinado tiempo de decantación para aparecer bajo su fisonomía propia...” [2]. Esto podría aplicarse tal vez a su propio pensamiento. Él anticipó, creo yo, las causas fundamentales de nuestra revolución cultural cuando en 1960 escribió: “Llegará un momento en el que los individuos arrojarán de la existencia práctica aquellos valores de los que no tienen una convicción intelectual” [3] Pero también vio la solución en tiempos de la Segunda Guerra Mundial: “En mi pensamiento, la idea de los sufrimientos experimentados actualmente por la civilización es inseparable de la de un nuevo humanismo que se está gestando en la agonía del mundo y prepara al mismo tiempo el retoñar de la civilización...” [4]

Estas preocupaciones, presentes en la vida de Maritain desde 1930, ilustran su manera de ejercitar su “filosofía aplicada”, que él entendió era su obligación de testigo de su tiempo. En 1966, ya al término de su carrera, en ‘El Campesino del Garona’ insiste en que sólo estaba repitiendo lo que venía sosteniendo “por treinta o cuarenta años”. Es un esbozo de “lo que he encontrado ser verdadero”. [5]

En los asunto temporales, Maritain fue, en sus propias palabras, “un filósofo que no deja de ser filósofo y que sólo actúa como filósofo” manteniendo “los valores propios que la filosofía debe mantener y defender”. Esto es lo que él llamó “filosofía aplicada”. [6]

Donald Gallagher, ex-presidente de esta Asociación y biógrafo de Maritain, se refirió a él como “un filósofo de la cultura muy destacado y original” que tenía “el hábito de presentar los temas y problemas en su contexto cultural”. Agregaba que la filosofía de la cultura de Maritain (parte integral de su “filosofía profética”) estaba destinada a una audiencia amplia de personas educadas, a las cuales deseaba movilizar para la vital tarea de restaurar en la cultura contemporánea sus fundamentos cristianos. Es a este proyecto de restauración al que valerosamente “dedicó su vida”, a sabiendas que su realización requeriría el paso de muchas generaciones. [7]

En su síntesis de la filosofía de la cultura de Maritain, Gallager distingue con especial atención ocho de sus trabajos, a los cuales precisamente he recurrido en la preparación de esta presentación. En ella usaré las propias palabras de Maritain para fijar cada problema así como su desarrollo.
 

LA NOCION FILOSÓFICA DE LA CULTURA:
SU RELACIÓN CON EL HUMANISMO

 

El devoto editor de Maritain, Joseph Evans, encontró en un párrafo de un diario de vida de 1926 (a los 44 años de edad), una primera evidencia de su reflexión sobre filosofía moral y política, en la que describe los lineamientos de una “política auténticamente cristiana” y comienza su empeño “para establecer, a la luz de una filosofía de la historia y de la cultura, ... la naturaleza del nuevo humanismo que esperamos.” [8]

En esos primeros años, Maritain usó la siguiente definición de cultura, considerándola usualmente como equivalente a civilización: “cultura o civilización es el bien común, terrenal y temporal, del ser humano... La cultura es el desarrollo de la vida propiamente humana, que comprende no sólo el desarrollo material necesario y suficiente para alcanzar una vida adecuada y digna (el bien común material), sino asimismo, el desarrollo moral y el desarrollo de las actividades especulativas y prácticas (artísticas y éticas) que merecen propiamente el nombre de desarrollo humano (el bien común espiritual)." [9] De este modo, “...la filosofía de la cultura y de la sociedad” pertenece a lo que Aristóteles y Santo Tomás llamaban la ‘ciencia práctica’, que. a su vez, corresponde al dominio de la ‘acción humana’. Por sobre todo, es la “ciencia de la libertad”. Hasta donde lo he logrado establecer, éste parece ser el primer uso (1936) de la expresión “filosofía de la cultura”. [10]

Más aún, Maritain trató siempre la cultura en el contexto del humanismo, porque éste “tiende esencialmente a hacer más realmente humano al hombre y a manifestar su grandeza original haciéndole participar en todo lo que pueda enriquecerlo en la naturaleza y la historia.” [11]

“La unidad de (una) cultura... se debe, ante todo, a cierta estructura espiritual común, a cierta actitud metafísica y moral, a una cierta escala común de valores, en una palabra, a cierta idea común del universo, del hombre y de la vida, todo lo cual se halla, por decirlo así, encarnado en las estructuras sociales, lingüísticas y jurídicas...” [12] Por ser parte de la esfera temporal, el objeto de la cultura es “el bien terrenal y perecible de nuestra vida aquí en la tierra” y, consecuentemente, está subordinado a la vida eterna, nuestro fin último. Una civilización que respeta esta subordinación es necesariamente superior a aquella que no la respeta. En todo caso, “todas las civilizaciones y culturas de la tierra... cualesquiera sean las formas erróneas que hallan alcanzado, sólo pueden perdurar en virtud del bien que contienen...” Bajo “la gracia de la Providencia común de Dios”, todas ellas mantienen “su identidad particular, cada cual corrigiendola y superándola.” [13]

En suma, “la cultura o civilización es la expansión de la vida particularmente humana, incluyendo no solamente el desarrollo material necesario y suficiente para el progreso de la vida en esta tierra, sino también el desarrollo de las actividades especulativas y prácticas (artísticas y éticas) que propiamente merecen el nombre de desarrollo humano” [14]. Esto no sucede automáticamente, según advierte Maritain, puesto que la libertad nos puede inducir tanto a corromper nuestra naturaleza como a desarrollarla.


LA RELIGIÓN EN LA CULTURA


Como hemos visto, el humanismo comprende, al margen de los asuntos terrestres, "... toda ordenación a lo sobrehumano y... toda trascendencia.” [15] En efecto, la religión juega “un rol principal” en el desarrollo cultural. En abstracto, la cultura sólo requeriría de una religión natural, pero como nunca ha existido un estado de naturaleza pura, “Dios, desde los primeros tiempos, tuvo la voluntad de poner en conocimiento de los hombres cosas que excedían largamente” los requerimientos de la naturaleza. Él pone la gracia a nuestra disposición para divinizar nuestro conocimiento y nuestro amor: “Dios nos hace ese ofrecimiento a todos los hombres y en todo momento”, y nosotros somos libres de aceptarlo o rechazarlo. Así, todas las culturas “guardan vestigios de las revelaciones originales”, incluso cuando la mayoría de ellas se han “apartado del orden sobrenatural” y, como consecuencia, se han desviado igualmente del orden natural. “La verdadera religión... no es del hombre ni del mundo ni de la civilización ni de la cultura...; es de Dios. Trasciende toda civilización y toda cultura. Es el beneficio supremo y el principio vivificante de todas las civilizaciones y culturas, mientras que, en sí misma independiente de todas ellas, es libre y universal, estrictamente universal y católica” [16]

Cuando Maritain presentó sus lecturas sobre 'Humanismo Integral' (1934), estaba proponiendo “un ‘nuevo estilo’ de relación entre la religión y la cultura, entre lo ‘espiritual’ y lo ‘temporal’...” [17] Ese “nuevo estilo” correspondía directamente a la inspiración que encontró en las enseñanzas y en el espíritu de Santo Tomás de Aquino.

SANTO TOMAS DE AQUINO EN LA CULTURA


Santo Tomás tenía el genio, escribe Maritain, de descubrir “las más profundas energías de la vida, de la renovación, de la revolución” y de todo lo que valía la pena salvar en el pensamiento pagano y en el “discordante clamor” de los filósofos. Por ello, necesitamos que él “nos enseñe la filosofía cristiana en el orden social y cultural” bajo nuestro “nuevo cielo histórico” así como en otros cielos históricos del futuro, porque Santo Tomás es siempre “un autor contemporáneo” [18] Entre la sabiduría del tomismo “y las formas particulares de cultura debe prevalecer siempre un intercambio vital’, aunque en su esencia, el tomismo es “rigurosamente independiente de esas formas particulares”. "De esta sabiduría debemos extraer... los valores intelectuales que necesita cada país en el mundo... Es una sabiduría que por sí sola puede revitalizar al Occidente, devolverle el uso libre y vivificante de sus riquezas espirituales, de sus tradiciones y de su cultura; por sí sola puede salvar también la herencia del Oriente y reconciliar las dos mitades del mundo”. [19]

La cultura no puede prescindir de la “filosofía perenne” - “El griego Aristóteles transfigurado por el Doctor Angélico... es justamente la herencia que el mundo necesita... Es preciso que la pongamos en marcha. Sin embargo, mobilizarla no es cosa fácil, puesto que la solución de los nuevos problemas que han surgido no se encuentra pre-hecha en Santo Tomás: para hacer surgir esta solución se requiere un esfuerzo nuevo y original...” Así como toda filosofía debe ser “corregida” e incluso “transformada” para enfrentar la realidad, también el tomismo debe dejar atrás las controversias escolásticas y “salir a las carreteras y autopistas” y “extender sus alas... La filosofía tomista es por naturaleza una filosofía progresiva y asimilativa, una filosofía misionaria...” Santo Tomás “es con toda propiedad el apóstol de los tiempos modernos.” Él “no escribió para el siglo XIII, sino para nuestro tiempo. Su tiempo es el tiempo del espíritu que domina los siglos.” El es “el más actual de todos los pensadores.” [20]

Robert Brennan sostiene que Santo Tomás fue uno de los grande filósofos de la cultura, en el sentido activo y dinámico del término, es decir, que comprende todos sus aspectos materiales, intelectuales y morales en un movimiento progresivo de crecimiento o declinación “que atraviesa la vida de los pueblos desnudando la esencia de su ser y de su genio.” Los errores que puedan ocurrir, y que de hecho ocurren, son consecuencia del pecado original.

Aunque nuestro actual entendimiento de la “cultura" era desconocido en el siglo XIII, Brennan cita numerosos pasajes en los que Santo Tomás habla de “la perfección de la naturaleza humana en sus aspectos específicamente humanos y sociales”. La razón por la que filosofía de la cultura de Santo Tomás nos resulta tan valiosa en la actualidad, según Bennan, radica en su énfasis en el contexto trascendente de sus principios esenciales, en contraposición al anti-humanismo, al fatalismo y al materialismo de las ideologías contemporáneas, incapaces de esperanza alguna, más allá de la existencia del orden presente. [21]


LAS PROMESAS DE LA CULTURA MODERNA (EL SUEÑO DE DESCARTES):
CRÍTICA DEL HUMANISMO ANTROPOCÉNTRICO.

Ya en 1931, Maritain sostenía que los males de la cultura moderna tenían su causa principal en el “espíritu” de “mi querido enemigo”, Descartes. [22] Sin embargo, con anterioridad a Descartes, los hombres del Renacimiento ya habían comenzado el extravío de la cultura moderna al propiciar “una desviación espiritual fundamental... un principio espiritual erróneo” que debe ser “denunciado” si queremos reconocer los frutos amargos de ese período histórico, (que no por eso dejó de hacer contribuciones muy significativas a la cultura humana). [23] Así, en la época de Descartes, “la unidad metafísica ya estaba quebrada... y, aunque no desapareció completamente, con todo, se rompió y quedó como borrada en Occidente. Lo que ha motivado el drama de la cultura occidental fue el haber reducido el fondo de metafísica común a un mínimo absolutamente insuficiente, de manera que si conserva algo se debe a la materia, la cual nada puede conservar. Este drama nos es tanto más grave cuanto que actualmente nos queda todo por hacer.”[24]

Al escribir sobre este tema entre 1931 y 1939, Maritain desarrolló lo que definió como los “tres momentos” a través de los cuales la cultura se ha hecho progresivamente más separada de lo sagrado, volviéndose contra lo humano. Ese nuevo “humanismo antropocéntrico” ha querido convertir el bienestar terrestre en autosuficiente, entendiendo el progreso material como la explotación científica, industrial y tecnológica de la naturaleza. El mito de la “soberanía absoluta” atribuida a lo humano se encontraba, pues, en el corazón mismo de la cultura. Sin embargo, en este caso “la moralidad no libera al hombre; solamente lo convierte en un esclavo de los átomos del universo, y por sobre todo, de sus propias miserias y egoísmos.” El hombre queda así reducido al estatus de “consumidor coronado por la ciencia.” [25]

He aquí los “tres momentos” en “la dialéctica de la cultura moderna” o “humanismo antropocéntrico”:

1°. El momento clásico (Siglos XVI y XVII).- El racionalismo humanista o naturalismo cristiano invierte el orden de los fines: “la cultura busca en sí misma su fin supremo” y afirma “la dominación del hombre sobre la materia” teniendo a Dios como garante.

2°. El momento burgués (Siglos XVIII y XIX).- La cultura “se propone ante todo dominar la naturaleza exterior y reinar sobre ella por un proceso técnico...” De ese proceso tecnológico y artificial “se espera que cree... un mundo material en que encuentre el hombre una perfecta felicidad. Dios se convierte en una idea.” Sin embargo, como Dios no es solamente una idea, “una cultura que se mantiene separada de las supremas medidas sobrenaturales tiene que tomar, necesariamente, partido contra ellas...”

3°. El momento revolucionario (Siglo XX).- “Dios muere para el hombre materializado, que piensa no poder ser hombre, o superhombre, más que si Dios no es Dios.” Este desprecio ateísta y materialista de los valores en la promoción de un hombre nuevo ha creado las condiciones para que la vida sea más y más inhumana. El hombre se subordina a la naturaleza. “La primacía de la técnica” procura aliviar con remedios artificiales lo malos efectos creados por causas artificiales ajenas al hombre. El “retroceso progresivo de lo humano ante la materia” da por resultado una pérdida de la auténtica humanidad; “las energías de orden material que el hombre pone en acción, invaden el propio mundo humano.” [26]

Los elementos de nuestra “cultura de muerte” contemporánea provienen del “principio de que la salvación del hombre está en él mismo.” En el hecho, es un principio del irracionalismo anti-humanista: “Después de haber perdido a Dios con el fin de bastarse a él mismo, el hombre pierde su alma, se busca en vano, complica el universo para hallarse, encuentra máscaras y, detrás de todo, la muerte.” [27]

LA NOCIÓN DE CULTURA CRISTIANA (EL SUEÑO DE MARITAIN)
DEFENSA DEL HUMANISMO TEOCÉNTRICO.


Si me atrevo a llamar “el sueño de Maritain” a su filosofía social y política, no estoy implicando en absoluto que sea una aspiración imposible como “el sueño de Descartes”. La mejor demostración del realismo de Maritain en relación al Humanismo Cristiano, la encontramos en su temprano reconocimiento de que la cultura lleva hoy el peso de la inercia “que se aferra al ideal temporal muerto y sepultado de la cristiandad medieval” y, por otra parte, la temeridad de quienes quieren deshacerse de la “propia idea de cristiandad”. Hoy, al igual que en la Edad Media, “la verdad debe ser buscada la cumbre entre dos errores opuestos.” Sin perdernos en expectativas vanas, debemos guiarnos por la aspiración a una “cristiandad auténtica”. [28]

(En esta aspiración yo veo el mismo ideal realista que indujo a los Padres del Concilio Vaticano II a abrir nuevos surcos con la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes, 1965), especialmente en su sección ‘Recta promoción de la cultura’ (53-62). Maritain reaccionó entusiastamente a un esquema preliminar de este documento, del cual pensó que “abría enormes horizontes...”)

En 1931, Maritain planteó el problema de la posible incompatibilidad entre “el concepto cristiano de la cultura” (humanismo de la Encarnación) y “el mundo contemporáneo”. Ciertamente, “la idea cristiana se opone al mundo moderno... en el sentido de que el mundo moderno es inhumano. Sin embargo, en cuanto el mundo moderno... trae consigo un crecimiento real de la historia, no se opone a la concepción cristiana de la cultura... Por el contrario, ésta se esforzaría en conservar en el mundo moderno, integrándolas al orden del espíritu, las riquezas de la vida que el mundo moderno contiene.” Esta concepción cristiana continúa viva, conservando su capacidad de dominar la cultura. [29]

He aquí el pensamiento desarrollado por Maritain a comienzo de los años 30: Originalmente, el cristianismo estableció una jerarquía con las diversas “sabidurías” del mundo antiguo (Hindú, Hebrea, Griega), desarrolló sus síntesis y, eventualmente (en la Edad Media), alcanzó un “orden de la sabiduría” que comienza con la metafísica y la teología (la “sabiduría de la razón” y la “sabiduría de la fe”) y se extiende a los órdenes social, político y económico “visibles” (si bien pueden ocurrir otros movimientos descendentes incluso en el orden cristiano, cuando Dios y el hombre entran en contacto) [30]

Esto explica, para Maritain, por qué ”Santo Tomás de Aquino es nuestro guía predestinado en la restauración de una cultura cristiana... [La suya] es la forma más desarrollada y más perfecta del pensamiento cristiano; la sublime sabiduría puesta bajo la égida del Doctor Común de la Iglesia”, que provee a la cultura cristiana de un “instrumento indispensable”. Su obra hace de la cultura cristiana occidental “la más preciosa entre todas; pues siendo universal... precisamente el mundo ha menester de esa herencia.” [31]

Ya en 1936 Maritain comenzó a llamar a la cultura cristiana “teocéntrica o humanismo integral” para distinguirla y separarla del humanismo antropocéntrico de la modernidad. Con su entusiasmo incontenible comenzó a proclamar “una nueva cristiandad” para dar “atención evangélica a todo lo humano” en “la actividad secular y temporal de los seres humanos”. Dicha nueva edad de cultura cristiana verá la “transfiguración” de “la vida social de la humanidad”, en “una verdadera realización socio temporal del Evangelio”, donde “la persona humana” pueda lograr “transformar las condiciones que la oprimen...” [32]

Las frases finales de 'Ciencia y Sabiduría', donde Maritain busca “abrir las fuentes de una nueva era cristiana en un mundo agotado”, reflejan, creo yo, la huella del talento de Raïssa: “en el advenimiento” de una nueva cristiandad “nos representamos una civilización humanista integral en la que las grandes olas de la sabiduría, descendiendo de las alturas sagradas de la fe hasta el borde extremo de lo profano y de lo humano, liberarían en el hombre toda la verdad de lo profano y de lo humano.” [33]

EL PROPÓSITO DE UNA FILOSOFÍA CRISTIANA APLICADA:
LA TRANSFORMACIÓN DE LA CULTURA


Si el humanismo cristiano está todavía vivo, conservando su capacidad de influir en el mundo, “se sigue que debemos luchar con toda la fuerza de nuestro corazón para convertirlo en realidad...” De inmediato Maritain deduce el verdadero significado de esto: Sólo “el amor y la santidad” pueden “transfigurar la condición de la humanidad... La observación precedente hace perfectamente clara la necesidad, primera y fundamental para la vida del mundo, de que el catolicismo penetre hasta las profundidades de la cultura, vivificándola, y que los católicos den lugar a sólidas concepciones culturales, filosóficas, históricas, sociales, políticas, económicas y artísticas y se empeñen en insertarlas en la realidad histórica.” [34]

Semejante desarrollo no está en absoluto asegurado, pero Maritain que era un eterno optimista, afirmaba: “No creo que el proceso (moderno) de desintegración esté condenado a ser fatal”. Sin embargo, si los cristianos han de prevalecer, “es tremendamente urgente que recobremos la condición propia de una cultura verdaderamente humana, que asimila las cosas del hombre a las cosas del espíritu, haciendo posible con ello la verdadera libertad”. “La situación no es desesperada”, en el supuesto que inspira “una renovación y una rectificación heroicas.” [35] Los medios son siempre los mismos, puesto que la “vocación” es impuesta a cada cristiano en el bautismo “por la suprema ley redentora de la Encarnación.” Sin embargo, "nuestros principios ¡ay! están dormidos y el error está siempre al acecho, activo y en marcha... La terrible falta de atención” a las encíclicas sociales fue, para Maritain, “uno de los fenómenos más decepcionantes de la historia moderna.” [36]

Resumiendo, el objetivo “se puede alcanzar sólo si los santos (hombres y mujeres en búsqueda permanente de la santidad) ponen manos a la obra”, ayudados “por la cruz en el corazón” (o sufrimiento redentor). En breve, “la gran lucha de nuestro tiempo” es entre la auto-complacencia y la auto-negación. En este sentido, “mientras la sociedad necesita de los filósofos (para descubrir los ‘verdaderos y genuinos fines de la vida humana’), necesita aun mucho más de los santos.” [37]

Lo anterior deja perfectamente en claro que, cuando Maritain habla de una “transformación del mundo”, se está refiriendo específicamente a una transformación espiritual - no a un esfuerzo puramente temporal de mejorar al mundo en sí mismo (lo que él llama una “tontería de idealista”). La gran tarea de la filosofía cristiana es alcanzar un entendimiento correcto del concepto “transformación”, para luego perseguirlo conscientemente. “La civilización moderna requiere una reestructuración total y, yo diría, sustancial, un cambio en la valoración de los principios culturales.” Es en este sentido que los cristianos somos llamados a nada menos que a “la transformación profunda del orden temporal.” Este es un proyecto, agregaba en los oscuros días del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, no para hoy sino ”para mañana o tal vez para pasado mañana.” [38] El adversario es formidable y no cederá fácilmente: “Como he dicho en Humanismo Integral... el mundo es el terreno “a la vez del hombre, de Dios y del diablo. Así aparece la ambigüedad esencial del mundo y de su historia; es un campo común a los tres... Pertenece a Dios por derecho de creación; al diablo por derecho de conquista... a Cristo por derecho de victoria sobre el conquistador... La tarea del cristiano en el mundo es disputar al diablo su terreno, arrancárselo... y no lo conseguirá sino en parte mientras dure el tiempo.” [39]

COMO LLEVAR A CABO ESTA TAREA

“La necesidad de esta misión aparece mucho más clara hoy que antes”, escribía Maritain en 1966. Lo que era capaz de ver más claramente, a la luz del Concilio Vaticano II, era “la misión temporal del cristiano... de transformar el mundo... cooperando con su evolución de tal manera que... el espíritu de Cristo y de su reino pueda, de alguna manera, vivificar las cosas del mundo.” Esta es “la tarea propia de los cristianos que viven en el mundo”, ayudados por la doctrina y el consejo de la Iglesia, pero sin confundirla a ella con ninguna cultura particular. Más aún, esa “será siempre una labor de ayudar al mundo a resolver sus problemas, mas nunca a resolvérselos.” Sin embargo, “¡pobre del mundo si los cristianos separasen y aislasen su misión temporal de su vocación espiritual! Tal misión temporal requiere de ellos entrar lo más profundamente posible en las agonías, en los conflictos y en los problemas terrenales, sociales o políticos, de su tiempo...” [40]

“Hay una verdad que yo veo claramente: lo que importa más esencialmente, y quizás en todo, para nuestra época, es la vida de oración y de unión con Dios llevada en el mundo... por los que son llamados a esta vida en el siglo mismo con toda su agitación, con sus riesgos y su carga temporal.” La tentación meramente activista “de alistar a todos los laicos de buena voluntad en la fascinante eficacia de la acción colectiva y, de ser posible, tecnificada” debe ser resistida. Por otra parte, “los que luchan por (semejante propósito) saben que siempre serán combatidos, que no tendrán sino éxitos discutidos y no pocos fracasos. Pero lo que hacen, lo harán bien, si lo hacen en verdad como cristianos.”. “Lo que se le pide (al cristiano), es que intervenga en el destino del mundo... pero manteniéndose... como un agente más que nunca subordinado: servidor de la Providencia divina... El cristiano no podría pedir - ni proponer como fin de su actividad temporal - un advenimiento definitivo de la justicia, de la paz y de la felicidad humana... porque, a decir verdad, ese progreso no puede tener ningún término final.” [41]


CONCLUSIÓN

El sueño de Maritain permanece como un proyecto perfectamente viable para una renovación cultural. Creo que podríamos coincidir con su juicio en cuanto a que, respecto de la “filosofía en la fe”, tanto en el orden especulativo como práctico, con especial atención a la filosofía moral y política, “deberíamos agradecer a Dios porque no ha de faltar trabajo para los filósofos del futuro”. [42] Desde luego, creo que él hubiese aprobada el orden en el cual “la Fe, la Educación y la Cultura” han sido presentadas en el programa de esta conferencia. “En este crepúsculo de la tarde que nos envuelve, algunas señales... hacen creer que ya apuntan las primeras claridades de un crepúsculo de la mañana... Esta guerra es es una lucha para pasar de los rayos del crepúsculo a la luz del día,” palabras pronunciadas con referencia a la Segunda Guerra Mundial, pero justamente aplicables, creo yo, a nuestra revolución cultural. [43]

[*] Traducción del inglés por H.I.

 

NOTAS

(Cuando ha sido posible se han transcrito las citas directamente de las obras en castellano. En tales casos, la nota en inglés se mantiene a continuación entre paréntesis.)


 1.- Nicholas Lobkowicz, 'Christianity and Culture', Review of Politics 53/2 (Spring 1991) 386-388.

2.- Jacques Maritain, Prólogo a ‘Ciencia y Sabiduría’ Ediciones Desclée, de Brouwer. Buenos Aires, 1944.
('Science and Wisdom' (London: Geoffrey Bles, 1940), Lecture I, ix.  [Hereafter SW])

3.- Maritain, 'Utilidad de la Filosofía, Tres Ensayos' Ediciones Morata. Madrid, 1962. p.27.
('On the Use of Philosophy: Three Essays' (New York: Atheneum, 1965) 12.  [Hereafter UP])

4.- Maritain, 'El Crepúsculo de la Civilización'. Editorial Del Pacífico. Santiago de Chile, 1976. p.54.
('The Twilight of Civilization' [New York: Sheed & Ward, 1943] viii.  [Hereafter TC])
 
 5.- Maritain, 'The Peasant of the Garonne' (New York: Macmillan, 1969] 77, 233 f.  [Hereafter PG]
 
 6.- Maritain, “The Philosopher in Society,” UP 14 f.
 
 7.- Donald Gallagher, 'The Philosophy of Culture in Jacques Maritain', From Twilight to Dawn: The Cultural Vision of Jacques Maritain, ed. Peter A. Redpath (Notre Dame: University Press, 1990) 277, 285, 281, 282 n 14, 283; Gallagher,  'The Legacy of Jacques Maritain, Christian Philosopher', One Hundred Years of Thomism, ed. Victor B. Brezik, CSB (Houston: Center for Thomistic Studies, 1981) 51.
 
 8.- Joseph Evans, preface, 'Integral Humanism: Temporal and Spiritual Problems of a New Christendom' (Notre Dame: University Press, 1973) v f.  [Hereafter IH]
 
 9.- Maritain, 'Some Reflections on Culture and Liberty' (Chicago: University Press, 1933) 2.  [Hereafter SR]
 
10.- Maritain, IH foreword, x f; 71.

11.- Maritain, 'El Crepúsculo de la Civilización', p. 57.    (TC 3).
 
12.- Maritain, 'St. Thomas Aquinas', rev. ed., trans. Evans and Peter O’Reilly (New York: Macmillan, 1958) 69.  [Hereafter ST]
 
13.- Maritain, 'Religion and Culture', in Essays in Order, ed. Christopher Dawson and T. F. Burns (New York: Sheed & Ward, 1940) 8, 34.
 
14.- Ibid. 8, 5.

15.- Maritain, 'El Crepúsculo de la Civilización', p. 57. (TC 4.)
 
16.- Maritain, RC 9 f, 12 f.
 
17.- Evans, preface, IH vi, xi.
 
18.- Maritain, IH 207-209; SR 1.
 
19.- Maritain, ST 19, 76 (where he cites the earlier Primauté du spirituel, 1927).

20.- Maritain, 'El Doctor Angélico'. Club de Lectores. Buenos Aires, 1979. p. 70.   ( Ibid. 79 f., 103). 
 
21.- Brennan, op. cit. 113, 132, 116-120, 135, 111, 136.
 
22.- Maritain, RC 24.
 
23.- Maritain, SR 3.
 
24.- Maritain, 'El Doctor Angélico'. p. 61.    (ST 69.)

25.- Maritain, RC 14-20; SR 5, 9.

26.- Maritain, 'Humanismo Integral'. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1984. p.32.    (IH 30-32; cf. SR 7 f.) 

27.- Maritain, 'El Crepúsculo de la Civilización', p. 59.    (TC 6, 10.)
 
28.- Maritain, IH 208. 
 
29.- Maritain, RC 23, 27.
 
30.- Maritain, SW 18 f., 23.

31.- Maritain, 'El Doctor Angélico'. p. 77, 67, 69.    (ST 87, 76, 78 f.)
 
32.- Maritain, IH 76, 94.

33.- Maritain, ‘Ciencia y Sabiduría’. p. 132    (SW 132 f.)
 
34.- Maritain, RC 27 f.; TC 9, 12.
 
35.- Maritain, SR 10; TC 29.
 
3.-6 Maritain, RC 29. 
 
37.- Maritain, IH 73; SR 9; UP 10.
 
38.- Maritain, PG 231 f.; IH 207; TC 30, 33 f.

39.- Maritain, 'El Campesino del Garona'. Editorial Desclée de Brouwer. Bilbao. p. 67.    (PG 47 (in a “Parenthesis”).
 
40.- Ibid. 54 f., 236 f.; cf. SR 35-37.

41.- Maritain, 'El Campesino del Garona'. p. 258, 267, 263.    (Ibid. 228 f., 234 and 236)
 
42.- Maritain, SW 104; cf. 78 n 1.

43.- Maritain, 'El Crepúsculo de la Civilización', p. 102.    (TC 62 f.)