VISIÓN GENERAL

Jacques Maritain *

Martin Luther King Jr.

 

(Este trabajo fue presentado por el doctor King en un curso de Filosofía Social Cristiana, en 1951, mientras estudiaba en el Seminario de Teología Croze, en Chester, Filadelfia.)

ENLACES
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Filosofía de la cultura de Maritain
John Gueguen, Jr.
Jacques Maritain
Martin Luther King Jr.
Humanismo y Democracia en J. Maritain
Ricardo Haro
La filosofía cristiana de Maritain
Donald e Idella Gallagher
La filosofía política de Maritain
Alberto Rodríguez varela

Arte y poesía en J. Maritain
Ismael Bustos

 

I. Análisis de la Situación Actual.-

Jacques Maritain se destaca como uno de los principales filósofos católicos en la escena contemporánea. Desde su cátedra en el Instituto Católico de París, Maritain observa la edad moderna con un ojo crítico, hace el diagnóstico de sus males y receta el “Tomismo integral” como el remedio infalible para todos sus males.

Maritain diagnostica las fallas de la cultura moderna en términos intelectuales. Según él, los males de la modernidad comenzaron cuando la filosofía abandonó su dependencia de la teología. Esta separación dio inicio a un proceso de disociación que no está lejos del borde mismo de la disolución.

Los tres grandes síntomas de este estado de disociación, en sus últimas etapas, son:

 

1.- El agnosticismo, o separación completa de la mente que conoce del objeto por conocer;

2.- El naturalismo, o separación completa del mundo de su Fundamento Divino, y

3.- El individualismo, esto es, la separación completa de la voluntad humana rebelde de todo objeto de verdad y obediencia.

Consecuentemente, Maritain se esfuerza en demostrar que el Tomismo es el antídoto para estos alarmantes síntomas y para los males que los generan. Al aplicar el Tomismo como solución general de los muchos problemas de la era moderna, Maritain presta especial atención a dos temas íntimamente relacionados: el tema de la libertad y el tema del destino del hombre.
 
II. Visión del Comunismo.-

En un sentido, Maritain ve al comunismo como el gran síntoma final de los males de la modernidad. Allí encuentra el ateísmo exaltado a una categoría de religión, en la que el materialismo dialéctico proporciona el dogma y en la que el comunismo, como regla de vida, es la expresión social y ética del sistema.

Semejante ateísmo, de acuerdo a Maritain, no es una consecuencia necesaria del sistema social, sino que, por el contrario, está presupuestado como un verdadero principio de aquel. En otras palabras, Maritain cree que el ateísmo fue una de las causas del surgimiento del comunismo y no una mera consecuencia.

Maritain intenta probar históricamente que Marx fue ateo antes de ser comunista. El origen del comunismo de Marx no fue económico, como lo fue en el caso de Engels, sino filosófico y metafísico. Maritain es muy insistente en este punto y tiene mucho cuidado al establecer su tesis.

Pero no se detiene en eso. Maritain aprecia otra causa en el surgimiento del comunismo, lo que revela de inmediato su objetividad: el comunismo se alzó como una rebelión contra la propia cristiandad. Se originó fundamentalmente a partir de las faltas de un mundo cristiano infiel a sus propios principios.
 
III. Visión de la Democracia.-

Cuando Maritain entra en el tema de la democracia se refiere a ella de inmediato como el más ideal de los sistemas políticos creados por la mente humana. Su gran virtud descansa en el hecho de haberse desarrollado a partir de la inspiración cristiana. Maritain nos dice: “el impulso democrático ha surgido en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica.” (‘Cristianismo y Democracia’).

Pero si la democracia tiene sus virtudes, también tiene sus vicios concomitantes, vicios que deben encontrarse justamente en el hecho de haber fracasado en permanecer fiel a sus virtudes. El principio democrático ha intentado muy a menudo subsistir sin el principio cristiano. Es en esta dicotomía donde Maritain encuentra “la tragedia de las democracias”. Él cree que la sobrevivencia de las democracias descansará sobre la condición de que la inspiración cristiana y la inspiración democrática se reconozcan una a otra y lleguen a reconciliarse.

De este breve resumen de la visión de Maritain sobre la democracia no debemos extraer la conclusión de que él identifica la democracia con el cristianismo. Semejante conclusión sería injustificada y gratuita a la luz del pensamiento completo de Maritain. Para él, el cristianismo trasciende todos los sistemas políticos y en ningún caso puede ser puesto al servicio de la democracia, como de ninguna otra forma política, como una filosofía de la vida humana y política.

Así, pues, la única interpretación válida que se puede alcanzar a partir de las conclusiones de Maritain sobre la democracia, es de que ésta viene a ser la aproximación política más cercana a los principios cristianos.
 
IV. Visión de la Política y de las Relaciones en la Iglesia y el Estado.-

Como sin duda habremos podido notar en el análisis previo, Maritain está lejos de ser un católico en muchos de sus puntos de vista. Este hecho aparece mejor revelado que en ningún otro lugar en su visión política.

Maritain no tiene deseo alguno de ver restablecida la supremacía medieval de la Iglesia sobre el Estado; él sólo espera el día en que “la actividad puramente moral y espiritual de la Iglesia presida sobre un orden temporal de una multitud de naciones políticamente heterogéneas, cuyas diferencias religiosas no parecen destinadas a desaparecer.”

Maritain deplora la inercia social y la actitud reaccionaria de muchos católicos. Algunos años atrás fue objeto de grandes críticas por parte justamente de sus hermanos católicos, porque rechazó considerar al general Franco como el perfecto ‘caballero andante’ cristiano que el Vaticano veía en él.

Si se preguntase cómo es posible que un católico tan leal puede tomar, de ese modo, partido contra los intereses de la propia Iglesia, la respuesta es muy clara: Maritain rechaza identificar los intereses de los católicos con los intereses de la Iglesia o del Reino de Dios.

La Invencible Armada fue enviada por su Altísima Majestad Católica, Felipe II de España, con santa intención y con la plegaria en los labios de los fieles; pero en la cándida opinión de Maritain, Dios no estaba de acuerdo. Para Maritain, los católicos no son el catolicismo, así como los errores, apatías, deficiencias y caídas de los católicos no arrastran al catolicismo.

* Traducción del inglés por H. I.