I.
Análisis de la Situación Actual.-
Jacques
Maritain se destaca como uno de los principales filósofos
católicos en la escena contemporánea. Desde su cátedra
en el Instituto Católico de París, Maritain observa
la edad moderna con un ojo crítico, hace el diagnóstico
de sus males y receta el Tomismo integral como el
remedio infalible para todos sus males.
Maritain
diagnostica las fallas de la cultura moderna en términos
intelectuales. Según él, los males de la modernidad
comenzaron cuando la filosofía abandonó su dependencia
de la teología. Esta separación dio inicio a un
proceso de disociación que no está lejos del borde
mismo de la disolución.
Los
tres grandes síntomas de este estado de disociación,
en sus últimas etapas, son:
1.-
El agnosticismo, o separación completa de la mente
que conoce del objeto por conocer;
2.-
El naturalismo, o separación completa del mundo
de su Fundamento Divino, y
3.-
El individualismo, esto es, la separación completa
de la voluntad humana rebelde de todo objeto de verdad y obediencia.
Consecuentemente,
Maritain se esfuerza en demostrar que el Tomismo es el antídoto
para estos alarmantes síntomas y para los males que los
generan. Al aplicar el Tomismo como solución general de
los muchos problemas de la era moderna, Maritain presta especial
atención a dos temas íntimamente relacionados: el
tema de la libertad y el tema del destino del hombre.
II. Visión del Comunismo.-
En
un sentido, Maritain ve al comunismo como el gran síntoma
final de los males de la modernidad. Allí encuentra el
ateísmo exaltado a una categoría de religión,
en la que el materialismo dialéctico proporciona el dogma
y en la que el comunismo, como regla de vida, es la expresión
social y ética del sistema.
Semejante
ateísmo, de acuerdo a Maritain, no es una consecuencia
necesaria del sistema social, sino que, por el contrario, está
presupuestado como un verdadero principio de aquel. En otras palabras,
Maritain cree que el ateísmo fue una de las causas del
surgimiento del comunismo y no una mera consecuencia.
Maritain
intenta probar históricamente que Marx fue ateo antes de
ser comunista. El origen del comunismo de Marx no fue económico,
como lo fue en el caso de Engels, sino filosófico y metafísico.
Maritain es muy insistente en este punto y tiene mucho cuidado
al establecer su tesis.
Pero
no se detiene en eso. Maritain aprecia otra causa en el surgimiento
del comunismo, lo que revela de inmediato su objetividad: el comunismo
se alzó como una rebelión contra la propia cristiandad.
Se originó fundamentalmente a partir de las faltas de un
mundo cristiano infiel a sus propios principios.
III. Visión de la Democracia.-
Cuando
Maritain entra en el tema de la democracia se refiere a ella de
inmediato como el más ideal de los sistemas políticos
creados por la mente humana. Su gran virtud descansa en el hecho
de haberse desarrollado a partir de la inspiración cristiana.
Maritain nos dice: el impulso democrático ha surgido
en la historia humana como una manifestación temporal de
la inspiración evangélica. (Cristianismo
y Democracia).
Pero
si la democracia tiene sus virtudes, también tiene sus
vicios concomitantes, vicios que deben encontrarse justamente
en el hecho de haber fracasado en permanecer fiel a sus virtudes.
El principio democrático ha intentado muy a menudo subsistir
sin el principio cristiano. Es en esta dicotomía donde
Maritain encuentra la tragedia de las democracias. Él cree que la sobrevivencia de las democracias descansará
sobre la condición de que la inspiración cristiana
y la inspiración democrática se reconozcan una a
otra y lleguen a reconciliarse.
De
este breve resumen de la visión de Maritain sobre la democracia
no debemos extraer la conclusión de que él identifica
la democracia con el cristianismo. Semejante conclusión
sería injustificada y gratuita a la luz del pensamiento
completo de Maritain. Para él, el cristianismo trasciende
todos los sistemas políticos y en ningún caso puede
ser puesto al servicio de la democracia, como de ninguna otra
forma política, como una filosofía de la vida humana
y política.
Así,
pues, la única interpretación válida que
se puede alcanzar a partir de las conclusiones de Maritain sobre
la democracia, es de que ésta viene a ser la aproximación
política más cercana a los principios cristianos.
IV. Visión de la Política y de las Relaciones
en la Iglesia y el Estado.-
Como
sin duda habremos podido notar en el análisis previo, Maritain
está lejos de ser un católico en muchos de sus puntos
de vista. Este hecho aparece mejor revelado que en ningún
otro lugar en su visión política.
Maritain
no tiene deseo alguno de ver restablecida la supremacía
medieval de la Iglesia sobre el Estado; él sólo
espera el día en que la actividad puramente moral
y espiritual de la Iglesia presida sobre un orden temporal de
una multitud de naciones políticamente heterogéneas,
cuyas diferencias religiosas no parecen destinadas a desaparecer.
Maritain
deplora la inercia social y la actitud reaccionaria de muchos
católicos. Algunos años atrás fue objeto
de grandes críticas por parte justamente de sus hermanos
católicos, porque rechazó considerar al general
Franco como el perfecto caballero andante cristiano
que el Vaticano veía en él.
Si
se preguntase cómo es posible que un católico tan
leal puede tomar, de ese modo, partido contra los intereses de
la propia Iglesia, la respuesta es muy clara: Maritain rechaza
identificar los intereses de los católicos con los intereses
de la Iglesia o del Reino de Dios.
La
Invencible Armada fue enviada por su Altísima Majestad
Católica, Felipe II de España, con santa intención
y con la plegaria en los labios de los fieles; pero en la cándida
opinión de Maritain, Dios no estaba de acuerdo. Para Maritain,
los católicos no son el catolicismo, así como los
errores, apatías, deficiencias y caídas de los católicos
no arrastran al catolicismo.
*
Traducción del inglés por H. I.