TOMISMO

Jacques Maritain: filosofía moderna en la tradición de Santo Tomás de Aquino*

E. J. Borich
1999

(Escritor católico de Wellington, Nueva Zelandia)

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Maritain en la tradición de Aquino
E. J. Borish
El Renacimiento Tomista
Fernando Martínez Paz
Tomismo, fundamento de Maritain
Angel Correa
Maritain en el Tomismo contemporáneo
Jorge Hourton


Firmemente asentado en la tradición de su maestro, Santo Tomás de Aquino, Jacques Maritain definió su vocación y su misión como filósofo cristiano con el lema 'Desdichado de mi si no tomistizara'.

Filósofo del ser, buscó penetrar y profundizar nuestro entendimiento de los inagotables misterios de la realidad. Su obra maestra, ‘Los grados del Saber’ (1937), es un análisis clásico de las diferentes formas del conocimiento, desde el conocimiento científico hasta la experiencia mística.

De una religiosidad profunda, poseía como Santo Tomás los dones del Espíritu Santo en abundancia, así como una razón fortalecida en su propio orden por las luces de su fe.

Consciente de la importancia de la verdad especulativa, buscó el conocimiento más allá de las ciencias materiales - conocimiento éste que tanto puede servir al bien como al mal.

Para él, la Metafísica era una sabiduría natural, la cúspide del entendimiento natural.

LOS VALORES HUMANOS

Según Maritain, el pecado capital del hombre moderno ha sido no darse cuenta que en el orden del bien, la primera iniciativa corresponde a Dios y la segunda al hombre. Como escribe en ‘Ciencia y Sabiduría’, la tragedia consiste en haber alcanzado “una edad de humanismo antropocéntrico, separado de la Encarnación, una edad en la que la ciencia ha logrado por fin derrotar a la sabiduría, transformando los esfuerzos de progreso en una destrucción de los valores humanos”.

El libro ‘Ciencia y Sabiduría’ es tan relevante hoy como lo fue recién publicado en 1940. En una edad esencialmente práctica, donde la praxis constituye la verdad absoluta, Maritain predicó la primacía de lo espiritual, ya que la sabiduría es necesaria tanto en sí misma como para el debido entendimiento de la palabra de Dios. La sabiduría penetra en la médula misma del ser y conduce a un conocimiento que ilumina la realidad, impregnando y regulando, con una visión superior, la vida práctica de los hombres en el mundo.

Pero Maritain no filosofó en una torre de marfil, sino que llevó los principios de Santo Tomás hasta las profundidades de la vida humana. Según él, el progreso moral es el mayor signo del progreso humano, mientras que el dominio público de la mentira, la injusticia y de todas las formas de inmoralidad constituyen una traición a la vida ordinaria de los hombres. Como filósofo político, Maritain penetró en las profundidades de la persona humana, de la realidad del bien común y de las aspiraciones a la libertad y a una auténtica liberación del hombre moderno.

Reconoció el advenimiento de la era de los trabajadores en la vida moderna, los que no debieran seguir condenados a la inferioridad y a la servidumbre, sino, por el contrario, disfrutar de la justicia económica, de la cultura y de un estado verdaderamente humano. Gran defensor de la democracia, Maritain reconoció su dependencia de los valores evangélicos en lo que constituye una prefiguración de ‘La Iglesia en el Mundo Moderno’ del Concilio Vaticano II.

Fue, a la vez, personalista y comunitario y combatió en sus raíces las debilidades de la democracia liberal individualista y su rechazo de la verdad objetiva, su relativismo moral y su peligrosa consecuencia, el nihilismo moral.

Maritain percibió que la democracia divorciada del Evangelio, como un hijo de Juan Jacobo Rousseau, se deterioraría en la decadencia. En este sentido, no fue diferente de Juan Pablo II. El era un progresista, abierto al desarrollo y crecimiento de la historia humana, pero, apegado a la fe y a la tradición viviente de la Iglesia, nunca desvió su humanismo cristiano hacia posturas irrealistas.

Maritain tuvo alguna simpatía por los izquierdistas, por su sed de justicia y de progreso humano, pero comprendió muy bien su falta de entendimiento de la naturaleza humana y su necesidad de redención, actitud que conducía, históricamente, a la ingenuidad y a la superficialidad para enfrentar la realidad y su sentido trágico.

En cuanto al relativismo y ceguera de muchos intelectuales católicos contemporáneos, Maritain lo vio como “un arrodillarse a los pies del mundo”. Para él, el florecimiento espontáneo de una naturaleza humana divorciada de su Redentor constituía la peor caída. Como San Pablo, buscó traer la realidad cautiva en Cristo, sin rechazar ninguna verdad en el progreso del hombre hacia su destino eterno. Por ello, su Tomismo es capaz de un desarrollo indefinido.

En el terreno de la ética, la poesía y la estética, Maritain filosofó en forma destacada. Su obra ‘La Intuición Creativa en el Arte y la Poesía’ (1953), describió el despertar y crecimiento de la propia conciencia del arte y la poesía en los tiempos modernos, entre los trascendente y la belleza estética, demostrando la penetración de su genio filosófico.

EL AMOR DIVINO

Como filósofo que reconoce la definitiva importancia del amor y, por encima de todo, del amor divino, Maritain sabía que sólo en el nivel del amor, divino y humano, se revelan los dones y los más profundos secretos de la persona humana. Sólo a través del amor es posible alcanzar el más grande y profundo de los conocimientos: el de la Trinidad Divina, nuestro supremo bien y fin.

Jacques Maritain se internó en todas las realidades de la vida. Como filósofo de la cultura, no le fueron extraños los triunfos, tragedias y alienaciones del espíritu humano. Su trabajo respiraba en la atmósfera de la caridad de Cristo, de un amor inconmensurable abierto a la totalidad de la realidad, natural y sobrenatural.

Genio y sabio, su legado escrito es, como dice Etienn Gilson, “intensamente original, como la veta de un tesoro a excavar”.

Maritain se alza junto a Platón, Aristóteles y Santo Tomás, como un pensador universal, gran amante de la verdad.

* Traducción del inglés por H.I.