Con motivo de haberse conmemorado recientemente el trigésimo
aniversario de la muerte de Jacques Maritain, han tenido lugar
numerosos homenajes en los que se realza en forma muy destacada
y certera la plena actualidad y vigencia de su filosofía
política, que es, entre nosotros, probablemente el más
conocido de todos sus legados.
Aquí
quisiera detenerme a analizar, en términos ciertamente
muy generales, un aspecto que, si bien debe entenderse implícito
en los comentarios y estudios presentados en dichos homenajes,
no parece haber sido objeto de un tratamiento específico.
Me refiero a los fundamentos filosóficos de la visión
maritainiana y su significación en el orden político.
1.-
Maritain, por sobre todo, filósofo.-
Maritain no
fue un ideólogo político; tampoco fue un predicador
o apóstol religioso. Fue, específicamente, un filósofo
preocupado, en el orden de la realidad cultural de nuestro tiempo,
de poner al alcance de los hombres de acción los grandes
principios de la filosofía cristiana, para impulsar la
construcción de un humanismo integral: el Humanismo Cristiano.
Maritain incursionó
en profundidad en numerosas áreas de la filosofía,
manteniendo en todas ellas una linea de pensamiento fundada en
un sustento primordial: el Tomismo, esto es, la filosofía
de Santo Tomás de Aquino.
Por ser un
filósofo 'tomista', Maritain es también un filósofo
'aristotélico'. Ello, porque la filosofía tomista
está constituida por la filosofía de Aristóteles,
la que Santo Tomás adoptó, enriqueció y adecuó a la perspectiva cristiana. Dicho en palabras del propio Maritain,
"Santo
Tomás no solamente trasladó a los dominios del
pensamiento cristiano la filosofía de Aristóteles
en su totalidad, sino que, además, y al mismo tiempo,
realzó y, por decirlo así, transfiguró
esta filosofía." [1]
La adopción
de la filosofía aristotélica por Santo Tomás
debe ser entendida, ante todo, como un gran paso en el desarrollo
de la sabiduría humana, puesto que implicaba incorporar
al estado de progreso de su época el mayor avance de la
sabiduría pagana.
"Lejos de estar sorprendido, como ocurre con algunos,
por el hecho de que Santo Tomás consiguió su armadura
filosófica del más sólido de los pensadores
de la antigüedad pagana, yo encuentro que eso es una fuente
de verdadero estímulo intelectual." (*)
[2]
Esta es, por
lo demás, una de las características fundamentales
de la filosofía tomista: su apertura a todos los aportes
al progreso humano, en su afán de buscar la verdad donde
quiera que se encuentre, característica que le ha permitido
mantener a través de siglos un progreso vigoroso y constante
y, con ello, una actualidad permanente, por lo que es llamada 'filosofía perenne'.
"Santo Tomás no escribió para el siglo
XIII, sino para nuestro tiempo. Su tiempo es el tiempo del espíritu
que domina los siglos.
"Sostengo
que es un autor contemporáneo, el más actual de
todos los pensadores. Pero esta modernidad es la antípoda
de la modernidad que se preconiza hoy día y en la que
los hombres ponen sus complacencias. Porque Santo Tomás
tiende a lo nuevo accidentalmente, no buscando sino lo verdadero,
mientras hoy se busca lo nuevo como tal y lo verdadero se busca
sólo accidentalmente.
"El
método de Santo Tomás es esencialmente universalista
y positivo. Tiende, en efecto, a conservar todo el bagaje de
la adquisición humana para aumentarlo y perfeccionarlo."
[3]
No debe extrañarnos,
pues, el extraordinario esfuerzo de Maritain al aplicar el tomismo
a la contingencia presente, para interpretar, reorientar y guiar
el progreso del mundo moderno, aprovechando todo lo bueno y positivo
acumulado hasta el día de hoy, pero rectificando los muchos
errores que tan gravemente distorsionan su avance.
2.-
El Realismo Tomista.
La característica
esencial de la filosofía aristotélico-tomista es
ser realista, caracterización que está referida
a la forma en que se produce el conocimiento humano.
En la práctica,
todas las filosofías, o ciencias del saber, comienzan por
establecer un punto de partida del sistema que proponen. Tal punto
de partida consiste, generalmente, en explicar cómo comienza
la acción misma de saber, esto es, cómo se forma
el conocimiento en la mente humana.
El realismo
tomista reconoce que el conocimiento humano se forma a partir
de la percepción mediante nuestros sentidos del mundo en
que nos movemos.
Ahora bien,
lo que captamos sensorialmente en un primer contacto con la realidad
es, por decirlo así, 'certificado' por nuestra inteligencia,
mediante un juicio emitido en el acto mismo de la captación
sensorial. Dicho juicio constata el 'ser' y la 'existencia' del
ente que percibimos.
De ello se
deriva que la veracidad del conocimiento no es algo subjetivo
desarrollado en la mente del ser pensante, sino que es la adecuación
de nuestro pensamiento a la realidad que es y existe fuera de
nuestra mente. En otras palabras, lo verdadero o, simplemente,
la verdad, no es lo que cada cual piensa, cree o estima es la
verdad. La verdad es lo que es, y a esa verdad tiende naturalmente
nuestro esfuerzo por conocer.
"La luz del espíritu humano es el conocimiento.
"El
conocimiento, por su misma naturaleza, no tiende al poder ni
siquiera a la acción, sino a la verdad. Y en todos los
grados del conocimiento, desde el más humilde al más
elevado, es la verdad lo que se libera." [4]
3.-
El Idealismo, la filosofía opuesta al realismo tomista.-
La filosofía
que domina el mundo moderno es conocida por el nombre genérico
de Idealismo. Su origen se remonta a René Descartes, filósofo
y matemático francés de la primera mitad del siglo
XVII. Siguiendo a Descartes, el idealismo ha sido desarrollado
en diferentes tendencias por destacados pensadores, como Rousseau,
Kant, Compte, Hegel y otros.
Racionalismo,
positivismo, naturalismo, empirismo, relativismo, etc. son algunos
de los nombres con que se identifican las diversas manifestaciones
o tendencias del idealismo.
La característica
fundamental del Idealismo, común a todas sus tendencias,
es su rechazo al realismo y a la afirmación de que el conocimiento
se alcanza a partir de la percepción de la realidad por
medio de los sentidos.
Muy por el
contrario, el idealismo afirma que nuestros sentidos nos engañan
constantemente, no son confiables, a tal punto que lo único
cierto es el hecho de nuestro pensamiento, o sea, las ideas que
nos formamos de las cosas y no las cosas en sí mismas.
El idealismo
"juzga no a partir de lo que es, sino a partir de la
idea de lo que es, y de la idea de la idea, y de la idea de
la idea de la idea de lo que es, en un tono tanto más
superior cuanto más se aleja de lo real y evita con más
cuidado rozarse con él." [5]
Así, los idealistas "recusan desde el primer
momento aquello mismo en que el pensamiento se apoya, y sin
lo cual el pensamiento no es sino un sueño; recusan la
realidad que hay que conocer y comprender, que está aquí,
vista, tocada, cogida por los sentidos." [6]
Pues bien,
si de acuerdo a esta perspectiva no tenemos que subordinarnos
a la realidad objetiva para procurar el conocimiento, quiere decir
que nuestra mente puede alcanzar un estado de independencia y
libertad absolutas para establecer qué es y qué no es verdadero.
De este modo,
la verdad viene a ser algo subjetivo y, como tal, relativo, puesto
que depende de las conclusiones que a su respecto logra cada cual.
Así, la verdad deja de ser lo que es, algo independiente
de nuestro pensamiento, para pasar a ser, en cambio, aquello que
nuestro pensamiento determina es verdad.
Por ese camino,
según lo demuestra el propio desarrollo del idealismo,
el paso siguiente consiste en afirmar que la verdad no puede ser
alcanzada, sea porque está más allá de nuestras
capacidades, o bien, porque lisa y llanamente no existe.
4.-
El idealismo y la crisis del mundo moderno.-
Para Maritain,
el idealismo, profundamente arraigado en la conciencia moderna,
está en la raíz de los males y desajustes que afectan
a la cultura contemporánea en su constitución misma.
Ese es el origen del relativismo y del agnosticismo, principales
agentes de la atomización y decadencia intelectuales vigentes.
La crítica
de Maritain a las bases intelectuales establecidas por el idealismo
en el mundo moderno abarca dos aspectos principales: uno de orden
propiamente filosófico y otro de orden histórico.
4.1.- Crítica
de orden filosófico.-
Desde el punto
de vista puramente filosófico, Maritain presenta los efectos
del idealismo en la vida intelectual del mundo moderno como una
decadencia progresiva de la inteligencia humana, al haber sido
privada de su aptitud natural de conocer lo que es objetivamente
cierto y verdadero.
A causa de
ello, el mundo moderno ha aceptado como única verdad alcanzable
racionalmente aquella proveniente del conocimiento científico.
Maritain ve
en esto una variedad del "sentido imperialista" que, al igual que en otras épocas de la historia, procura
hoy el dominio de una forma de saber sobre las demás; y
así como en la antigua Grecia reinó en algún
momento el "imperialismo filosófico" y
en la Edad Media el "imperialismo teológico",
vivimos en nuestros días bajo el "imperialismo
científico", que desprecia tanto el saber filosófico
como el saber natural del sentido común, al mismo tiempo
que rechaza de plano toda posibilidad del saber revelado propio
de la fe.
Esto tiene
una repercusión muy negativa en el común de las
gentes, las que, dominadas por los hábitos de pensar de
la civilización industrial, bajo la manipulación
de los medios de comunicación y de la propaganda, han terminado
aceptando como verdadero solamente aquello que existe de hecho
y con una dimensión física, descartando de plano
todo contacto de orden racional con lo sobrenatural y trascendente.
"Consecuentemente,
todo conocimiento racional de la existencia de Dios - sea pre-filosófico
(mediante el simple uso natural de la razón) o filosófico
(por medio de la razón entrenada en las disciplinas filosóficas)
- es letra muerta para ellos.
"Las
personas cuyo intelecto se ha reducido a tal extremo pueden
adherir a alguna religión y creer religiosamente en Dios
- sea como un don o gracia divina, como una respuesta a necesidades
irracionales o como resultado de su adaptación a un ambiente
determinado. Pero son ateas en lo que concierne a la razón.
La fe religiosa está por encima de la razón, pero
normalmente presupone la convicción racional de la existencia
de Dios."
(*) [7]
Por otra parte,
en un plano más general, y a causa del extraordinario desarrollo
científico vigente, el proceso de división y subdivisión
de las ciencias, consecuencia natural de aquel, está consumando
el riesgo que Maritain identificó como "atomización
intelectual", realidad en la que el concepto mismo de verdad
pierde toda significación, en vista de que cada cual proclama
'verdades' que a la vuelta de la esquina dejan de ser verdades.
Semejante situación caótica sólo puede ser
superada, según Maritain, si se acepta subordinar el conocimiento
científico a la visión unificadora de la sabiduría
superior, la filosofía.
En síntesis,
para Maritain los síntomas del estado de abandono de la
inteligencia, fruto del idealismo reinante, son, principalmente,
el agnosticismo, que niega la posibilidad de alcanzar la
verdad, el naturalismo que niega la existencia de lo sobrenatural,
y el individualismo, que atribuye a la naturaleza humana
una plenitud y autosuficiencia absolutas.
El enfrentamiento
de tan grave situación no admite términos medios:
"Las
tentativas de enderezamiento político y social provocadas,
en medio del desorden universal, por el instinto de conservación,
no evitarán el retorno al despotismo brutal y efímero
ni llegarán a realizar algo estable mientras no sea restituida
la inteligencia.
"El
movimiento de renovación religiosa que se perfila en
el mundo no será durable ni verdaderamente eficaz, si
primero no se restaura la inteligencia.
"Ante
todo la Verdad."
[3]
4.2.- Crítica
de orden histórico.-
Aquí
Maritain presenta su análisis desde el punto de vista de
"la lógica concreta de los acontecimientos históricos",
esto es, de la dialéctica del humanismo moderno,
que él llama 'antropocéntrico' por estar centrado
exclusivamente en el hombre.
En la primera
etapa de la época moderna, Descartes, Rousseau y Kant contribuyeron
a crear una imagen del hombre "altiva y espléndida,
indestructible, celosa de su inmanencia y de su autonomía
y, finalmente, buena por esencia". [8]
Tal imagen
rechazaba toda intervención externa, cualesquiera fuese
su procedencia, ya se tratase de la fe, de la tradición
filosófica, de la ley natural, del bien común o
de la realidad objetiva del mundo.
Así,
la contradicción profunda de esta visión radica
en que la toma de conciencia del hombre sobre su propio valor
y grandeza, en lugar de representar un avance, a partir del progreso
alcanzado en virtud de las conquistas de su inteligencia, está
fundada en una concepción filosófica que niega la
función primaria de la inteligencia: su capacidad de conocer
la verdad.
El resultado
no podía ser otro que un proceso de degradación
paulatina y creciente, trágico según Maritain, de
la imagen que el hombre tiene de sí mismo, del deber ser
de su vida en el orden cultural y de la idea que se forja de Dios.
a) La tragedia
del hombre.-
Ya en el siglo
XIX, aquella imagen orgullosa del hombre recibe dos golpes profundamente
humillantes.
El
primero lo proporciona Darwin y la aceptación de su teoría
de la evolución, en virtud de la cual el hombre tiene
un origen simiesco.
Lo grave
de tal teoría de evolución biológica es
que no reconoce ninguna "discontinuidad metafísica"
entre el mono y el hombre, de modo que, por falta de una intervención
creadora, el hombre no es algo nuevo en la serie, sino un espécimen
más, un simple eslabón más en la cadena
evolutiva.
El
segundo golpe a la imagen altiva del hombre del racionalismo,
"el golpe de gracia" según Maritain, lo da
Freud en el orden sicológico.
"¿En
qué se ha convertido el hombre de nuestros días,
para el pensamiento racionalista y naturalista? Tan bajo ha
descendido el centro de gravedad del ser humano, que ya no hay,
propiamente hablando, personalidad para nosotros, sino tan solo
el movimiento fatal de las larvas polimorfas del instinto y
del deseo, y toda la bien regulada dignidad de nuestra conciencia
personal parece una máscara engañosa. En definitiva,
el hombre no es sino un lugar de cruce y de conflicto de una
libido, ante todo sexual, y de un instinto de muerte". [8]
b) La tragedia
de la cultura.-
En cuanto
a la cultura, Maritain describe este proceso de decadencia en
tres "momentos" o etapas de desarrollo.
El
primero es el momento clásico (siglos XVI y XVII),
correspondiente a la etapa del naturalismo cristiano, en el
que la cultura, todavía concebida bajo la protección
divina, deja de estar orientada a un fin sobrenatural, para
concentrarse en una finalidad puramente terrestre: el dominio
del hombre sobre la naturaleza.
En
una segunda etapa, el momento burgués de la cultura
(siglos XVIII y XIX), la finalidad exclusivamente terrestre
de la cultura, niega toda finalidad sobrenatural a la que pudiera
estar ordenada. Ahora, la cultura procura liberar al hombre
de toda superstición religiosa.
En
la tercera etapa, con el momento revolucionario (siglo
XX), toma vida el materialismo en sus formas más extremas
de ateísmo y violencia.
"El
tercer momento consiste en un retroceso progresivo de lo humano
ante la materia. Para reinar sobre la naturaleza sin tener en
cuenta las leyes fundamentales de su naturaleza, el hombre queda
realmente constreñido, en su inteligencia y en su vida,
a subordinarse cada vez más a necesidades, no humanas,
sino técnicas, y a energías de orden material
que él pone en acción y que invaden el propio
mundo humano.
"Dios
muere para el hombre materializado, que piensa no poder ser
hombre mas que si Dios no es Dios."
[8]
c) La tragedia
de Dios.-
Por último,
en lo relativo a la imagen que el hombre se forja de Dios, la
dialéctica del humanismo antropocéntrico sigue su
curso en forma análoga al proceso decadente de la cultura.
Primero
tenemos al Dios de Descarte, mero garante de la dominación
del hombre sobre la materia.
En
seguida, viene el Dios de Hegel y los grandes metafísicos
idealistas: un Dios abstracto, transformado pura y simplemente
en una idea.
"Finalmente,
en el tercer momento de la dialéctica humana, Nietzsche
sentirá la terrible misión de anunciar la muerte
de Dios.
"¿Cómo
podría Dios vivir aún en el mundo en que su imagen,
es decir, la personalidad libre y espiritual del hombre, está a punto de ser borrada?"
[8]
4.3.-¿Qué hacer frente a todo esto?
Semejante
estado de cosas no puede ser corregido ni fácil ni superficialmente.
Se requerirá, por el contrario, de un gran esfuerzo de
generaciones - "heroico" al decir de Maritain - destinado
a restaurar, ante todo, como se ha dicho, el valor de la inteligencia,
a partir de una filosofía auténticamente cristiana.
"Estoy
convencido de que la gran carencia del mundo y de la civilización
en el orden intelectual, en los últimos siglos, ha sido
la de una filosofía que desarrolle sus exigencias autónomas
en un clima cristiano, una filosofía o sabiduría
de la razón no cerrada sino abierta a la sabiduría
de la gracia.
"La
razón en nuestros días debe batallar en contra
de la deificación de los elementos y de los instintos,
fuerzas que amenazan con destruir la propia civilización.
En semejante lucha, la tarea de la razón es una tarea
de integración, en el entendido que la inteligencia no
es el enemigo del misterio, sino que vive en él. La razón
debe alcanzar un debido entendimiento tanto con el mundo irracional
de la afectividad y de los instintos, así como con el
mundo de la voluntad, de la libertad y del amor, pero también
con el mundo sobrenatural de la gracia y de la vida divina."
(*) [9]
Fundados en
dicha filosofía cristiana, nuestra lucha debe estar destinada
a establecer un nuevo humanismo, que Maritain proyecta como históricamente
posible con el concepto "ideal histórico concreto
de una Nueva Cristiandad". Pero advierte:
"Dicho
nuevo humanismo debe ser nuevo en un sentido singularmente profundo:
debe evolucionar desde dentro del movimiento histórico
y crear algo nuevo en relación a estos cinco siglos que
dejamos atrás.
"Si
no tiene ese poder de renovación, no es nada."
(*) [10]
Conclusión.-
De los planteamientos
precedentes se desprende, creo yo que con absoluta claridad, que
la perspectiva filosófica que hemos descrito en sus lineamientos
generales, constituye el marco necesario para el debido entendimiento
de la visión cultural y política de Jacques Maritain.
En realidad,
lo que Maritain propone a los hombres comprometidos en la acción
social y política bajo la inspiración del cristianismo,
no es sólo un conjunto de principios como guía de
sus luchas, sino fundamentalmente la grave responsabilidad de
llevar a cabo un cambio de rumbo trascendental de la historia
contemporánea.
No otra cosa
es el proyecto de un Humanismo Cristiano Integral que nos dejó como legado.
NOTAS
(Todas las
obras citadas son de Jacques Maritain. Las citas marcadas con
asterisco (*) han sido traducidas del inglés por
el autor)
1. 'Introducción
a la Filosofía'. Club de Lectores. Buenos Aires. 1999.
Página 78.
2. 'An Essay on Christian Philosophy' . Philosophical Library,
Inc. New York. 1955. Página 31.
3. 'El Doctor Angélico'. Club de Lectores. Buenos Aires.
1979. Páginas 92 y 84.
4. 'El Alcance de la Razón'. Emecé Editoriales,
S.A. Buenos Aires. 1959. Páginas 17 - 37.
5. 'Los Grados del Saber'. Club de Lectores. Buenos Aires. 1983.
Página 179.
6. 'El Campesino del Garona'. Editorial Española Desclée
de Brouwer. Bilbao. 1967. Página 144.
7. 'On the Use of Philosophy. Three Essays'. Princeton University
Press. 1960. Página 56.
8. 'Humanismo Integral'. Ediciones Carlos Lohlé, Buenos
Aires, 1984. Páginas 31-35.
9. 'Confession of Faith' . 'The Social and Political Philosophy
of Jacques Maritain'. Lecturas seleccionadas por Joseph W. Evans
y Leo R. Ward. Image Books Edition, Garden City, New York. 1965.
Página 321.
10. 'Scholasticism and Politics'. Image Books Edition, Garden
City, New York. 1960. Página 17.