TOMISMO

La Filosofía de Jacques Maritain como fundamento de su visión cultural y política

Angel Correa

(Artículo publicado en la Revista Política y Espíritu, versión internet. N° 8 de Enero - Marzo, 2004)

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Maritain en la tradición de Aquino
E. J. Borish
El Renacimiento Tomista
Fernando Martínez Paz
El Tomismo, fundamento de Maritain
Angel Correa
Maritain en el Tomismo contemporáneo
Jorge Hourton

 


Con motivo de haberse conmemorado recientemente el trigésimo aniversario de la muerte de Jacques Maritain, han tenido lugar numerosos homenajes en los que se realza en forma muy destacada y certera la plena actualidad y vigencia de su filosofía política, que es, entre nosotros, probablemente el más conocido de todos sus legados.

Aquí quisiera detenerme a analizar, en términos ciertamente muy generales, un aspecto que, si bien debe entenderse implícito en los comentarios y estudios presentados en dichos homenajes, no parece haber sido objeto de un tratamiento específico. Me refiero a los fundamentos filosóficos de la visión maritainiana y su significación en el orden político.

 

1.- Maritain, por sobre todo, filósofo.-

Maritain no fue un ideólogo político; tampoco fue un predicador o apóstol religioso. Fue, específicamente, un filósofo preocupado, en el orden de la realidad cultural de nuestro tiempo, de poner al alcance de los hombres de acción los grandes principios de la filosofía cristiana, para impulsar la construcción de un humanismo integral: el Humanismo Cristiano.

Maritain incursionó en profundidad en numerosas áreas de la filosofía, manteniendo en todas ellas una linea de pensamiento fundada en un sustento primordial: el Tomismo, esto es, la filosofía de Santo Tomás de Aquino.

Por ser un filósofo 'tomista', Maritain es también un filósofo 'aristotélico'. Ello, porque la filosofía tomista está constituida por la filosofía de Aristóteles, la que Santo Tomás adoptó, enriqueció y adecuó a la perspectiva cristiana. Dicho en palabras del propio Maritain,


"Santo Tomás no solamente trasladó a los dominios del pensamiento cristiano la filosofía de Aristóteles en su totalidad, sino que, además, y al mismo tiempo, realzó y, por decirlo así, transfiguró esta filosofía." [1]

La adopción de la filosofía aristotélica por Santo Tomás debe ser entendida, ante todo, como un gran paso en el desarrollo de la sabiduría humana, puesto que implicaba incorporar al estado de progreso de su época el mayor avance de la sabiduría pagana.

 


"Lejos de estar sorprendido, como ocurre con algunos, por el hecho de que Santo Tomás consiguió su armadura filosófica del más sólido de los pensadores de la antigüedad pagana, yo encuentro que eso es una fuente de verdadero estímulo intelectual." (*) [2]

Esta es, por lo demás, una de las características fundamentales de la filosofía tomista: su apertura a todos los aportes al progreso humano, en su afán de buscar la verdad donde quiera que se encuentre, característica que le ha permitido mantener a través de siglos un progreso vigoroso y constante y, con ello, una actualidad permanente, por lo que es llamada 'filosofía perenne'.


"Santo Tomás no escribió para el siglo XIII, sino para nuestro tiempo. Su tiempo es el tiempo del espíritu que domina los siglos.

"Sostengo que es un autor contemporáneo, el más actual de todos los pensadores. Pero esta modernidad es la antípoda de la modernidad que se preconiza hoy día y en la que los hombres ponen sus complacencias. Porque Santo Tomás tiende a lo nuevo accidentalmente, no buscando sino lo verdadero, mientras hoy se busca lo nuevo como tal y lo verdadero se busca sólo accidentalmente.

"El método de Santo Tomás es esencialmente universalista y positivo. Tiende, en efecto, a conservar todo el bagaje de la adquisición humana para aumentarlo y perfeccionarlo." [3]

No debe extrañarnos, pues, el extraordinario esfuerzo de Maritain al aplicar el tomismo a la contingencia presente, para interpretar, reorientar y guiar el progreso del mundo moderno, aprovechando todo lo bueno y positivo acumulado hasta el día de hoy, pero rectificando los muchos errores que tan gravemente distorsionan su avance.

 

2.- El Realismo Tomista.

La característica esencial de la filosofía aristotélico-tomista es ser realista, caracterización que está referida a la forma en que se produce el conocimiento humano.

En la práctica, todas las filosofías, o ciencias del saber, comienzan por establecer un punto de partida del sistema que proponen. Tal punto de partida consiste, generalmente, en explicar cómo comienza la acción misma de saber, esto es, cómo se forma el conocimiento en la mente humana.

El realismo tomista reconoce que el conocimiento humano se forma a partir de la percepción mediante nuestros sentidos del mundo en que nos movemos.

Ahora bien, lo que captamos sensorialmente en un primer contacto con la realidad es, por decirlo así, 'certificado' por nuestra inteligencia, mediante un juicio emitido en el acto mismo de la captación sensorial. Dicho juicio constata el 'ser' y la 'existencia' del ente que percibimos.

De ello se deriva que la veracidad del conocimiento no es algo subjetivo desarrollado en la mente del ser pensante, sino que es la adecuación de nuestro pensamiento a la realidad que es y existe fuera de nuestra mente. En otras palabras, lo verdadero o, simplemente, la verdad, no es lo que cada cual piensa, cree o estima es la verdad. La verdad es lo que es, y a esa verdad tiende naturalmente nuestro esfuerzo por conocer.

 


"La luz del espíritu humano es el conocimiento.

"El conocimiento, por su misma naturaleza, no tiende al poder ni siquiera a la acción, sino a la verdad. Y en todos los grados del conocimiento, desde el más humilde al más elevado, es la verdad lo que se libera." [4]

 

3.- El Idealismo, la filosofía opuesta al realismo tomista.-

La filosofía que domina el mundo moderno es conocida por el nombre genérico de Idealismo. Su origen se remonta a René Descartes, filósofo y matemático francés de la primera mitad del siglo XVII. Siguiendo a Descartes, el idealismo ha sido desarrollado en diferentes tendencias por destacados pensadores, como Rousseau, Kant, Compte, Hegel y otros.

Racionalismo, positivismo, naturalismo, empirismo, relativismo, etc. son algunos de los nombres con que se identifican las diversas manifestaciones o tendencias del idealismo.

La característica fundamental del Idealismo, común a todas sus tendencias, es su rechazo al realismo y a la afirmación de que el conocimiento se alcanza a partir de la percepción de la realidad por medio de los sentidos.

Muy por el contrario, el idealismo afirma que nuestros sentidos nos engañan constantemente, no son confiables, a tal punto que lo único cierto es el hecho de nuestro pensamiento, o sea, las ideas que nos formamos de las cosas y no las cosas en sí mismas.

 

El idealismo "juzga no a partir de lo que es, sino a partir de la idea de lo que es, y de la idea de la idea, y de la idea de la idea de la idea de lo que es, en un tono tanto más superior cuanto más se aleja de lo real y evita con más cuidado rozarse con él." [5]


Así, los idealistas "recusan desde el primer momento aquello mismo en que el pensamiento se apoya, y sin lo cual el pensamiento no es sino un sueño; recusan la realidad que hay que conocer y comprender, que está aquí, vista, tocada, cogida por los sentidos." [6]

Pues bien, si de acuerdo a esta perspectiva no tenemos que subordinarnos a la realidad objetiva para procurar el conocimiento, quiere decir que nuestra mente puede alcanzar un estado de independencia y libertad absolutas para establecer qué es y qué no es verdadero.

De este modo, la verdad viene a ser algo subjetivo y, como tal, relativo, puesto que depende de las conclusiones que a su respecto logra cada cual. Así, la verdad deja de ser lo que es, algo independiente de nuestro pensamiento, para pasar a ser, en cambio, aquello que nuestro pensamiento determina es verdad.

Por ese camino, según lo demuestra el propio desarrollo del idealismo, el paso siguiente consiste en afirmar que la verdad no puede ser alcanzada, sea porque está más allá de nuestras capacidades, o bien, porque lisa y llanamente no existe.

 

4.- El idealismo y la crisis del mundo moderno.-

Para Maritain, el idealismo, profundamente arraigado en la conciencia moderna, está en la raíz de los males y desajustes que afectan a la cultura contemporánea en su constitución misma. Ese es el origen del relativismo y del agnosticismo, principales agentes de la atomización y decadencia intelectuales vigentes.

La crítica de Maritain a las bases intelectuales establecidas por el idealismo en el mundo moderno abarca dos aspectos principales: uno de orden propiamente filosófico y otro de orden histórico.

4.1.- Crítica de orden filosófico.-

Desde el punto de vista puramente filosófico, Maritain presenta los efectos del idealismo en la vida intelectual del mundo moderno como una decadencia progresiva de la inteligencia humana, al haber sido privada de su aptitud natural de conocer lo que es objetivamente cierto y verdadero.

A causa de ello, el mundo moderno ha aceptado como única verdad alcanzable racionalmente aquella proveniente del conocimiento científico.

Maritain ve en esto una variedad del "sentido imperialista" que, al igual que en otras épocas de la historia, procura hoy el dominio de una forma de saber sobre las demás; y así como en la antigua Grecia reinó en algún momento el "imperialismo filosófico" y en la Edad Media el "imperialismo teológico", vivimos en nuestros días bajo el "imperialismo científico", que desprecia tanto el saber filosófico como el saber natural del sentido común, al mismo tiempo que rechaza de plano toda posibilidad del saber revelado propio de la fe.

Esto tiene una repercusión muy negativa en el común de las gentes, las que, dominadas por los hábitos de pensar de la civilización industrial, bajo la manipulación de los medios de comunicación y de la propaganda, han terminado aceptando como verdadero solamente aquello que existe de hecho y con una dimensión física, descartando de plano todo contacto de orden racional con lo sobrenatural y trascendente.

 

"Consecuentemente, todo conocimiento racional de la existencia de Dios - sea pre-filosófico (mediante el simple uso natural de la razón) o filosófico (por medio de la razón entrenada en las disciplinas filosóficas) - es letra muerta para ellos.

"Las personas cuyo intelecto se ha reducido a tal extremo pueden adherir a alguna religión y creer religiosamente en Dios - sea como un don o gracia divina, como una respuesta a necesidades irracionales o como resultado de su adaptación a un ambiente determinado. Pero son ateas en lo que concierne a la razón. La fe religiosa está por encima de la razón, pero normalmente presupone la convicción racional de la existencia de Dios." (*) [7]

Por otra parte, en un plano más general, y a causa del extraordinario desarrollo científico vigente, el proceso de división y subdivisión de las ciencias, consecuencia natural de aquel, está consumando el riesgo que Maritain identificó como "atomización intelectual", realidad en la que el concepto mismo de verdad pierde toda significación, en vista de que cada cual proclama 'verdades' que a la vuelta de la esquina dejan de ser verdades. Semejante situación caótica sólo puede ser superada, según Maritain, si se acepta subordinar el conocimiento científico a la visión unificadora de la sabiduría superior, la filosofía.

En síntesis, para Maritain los síntomas del estado de abandono de la inteligencia, fruto del idealismo reinante, son, principalmente, el agnosticismo, que niega la posibilidad de alcanzar la verdad, el naturalismo que niega la existencia de lo sobrenatural, y el individualismo, que atribuye a la naturaleza humana una plenitud y autosuficiencia absolutas.

El enfrentamiento de tan grave situación no admite términos medios:

 

"Las tentativas de enderezamiento político y social provocadas, en medio del desorden universal, por el instinto de conservación, no evitarán el retorno al despotismo brutal y efímero ni llegarán a realizar algo estable mientras no sea restituida la inteligencia.

"El movimiento de renovación religiosa que se perfila en el mundo no será durable ni verdaderamente eficaz, si primero no se restaura la inteligencia.

"Ante todo la Verdad." [3]

 

4.2.- Crítica de orden histórico.-

Aquí Maritain presenta su análisis desde el punto de vista de "la lógica concreta de los acontecimientos históricos", esto es, de la dialéctica del humanismo moderno, que él llama 'antropocéntrico' por estar centrado exclusivamente en el hombre.

En la primera etapa de la época moderna, Descartes, Rousseau y Kant contribuyeron a crear una imagen del hombre "altiva y espléndida, indestructible, celosa de su inmanencia y de su autonomía y, finalmente, buena por esencia". [8]

Tal imagen rechazaba toda intervención externa, cualesquiera fuese su procedencia, ya se tratase de la fe, de la tradición filosófica, de la ley natural, del bien común o de la realidad objetiva del mundo.

Así, la contradicción profunda de esta visión radica en que la toma de conciencia del hombre sobre su propio valor y grandeza, en lugar de representar un avance, a partir del progreso alcanzado en virtud de las conquistas de su inteligencia, está fundada en una concepción filosófica que niega la función primaria de la inteligencia: su capacidad de conocer la verdad.

El resultado no podía ser otro que un proceso de degradación paulatina y creciente, trágico según Maritain, de la imagen que el hombre tiene de sí mismo, del deber ser de su vida en el orden cultural y de la idea que se forja de Dios.

a) La tragedia del hombre.-

Ya en el siglo XIX, aquella imagen orgullosa del hombre recibe dos golpes profundamente humillantes.

 

• El primero lo proporciona Darwin y la aceptación de su teoría de la evolución, en virtud de la cual el hombre tiene un origen simiesco.

Lo grave de tal teoría de evolución biológica es que no reconoce ninguna "discontinuidad metafísica" entre el mono y el hombre, de modo que, por falta de una intervención creadora, el hombre no es algo nuevo en la serie, sino un espécimen más, un simple eslabón más en la cadena evolutiva.

• El segundo golpe a la imagen altiva del hombre del racionalismo, "el golpe de gracia" según Maritain, lo da Freud en el orden sicológico.

"¿En qué se ha convertido el hombre de nuestros días, para el pensamiento racionalista y naturalista? Tan bajo ha descendido el centro de gravedad del ser humano, que ya no hay, propiamente hablando, personalidad para nosotros, sino tan solo el movimiento fatal de las larvas polimorfas del instinto y del deseo, y toda la bien regulada dignidad de nuestra conciencia personal parece una máscara engañosa. En definitiva, el hombre no es sino un lugar de cruce y de conflicto de una libido, ante todo sexual, y de un instinto de muerte". [8]

b) La tragedia de la cultura.-

En cuanto a la cultura, Maritain describe este proceso de decadencia en tres "momentos" o etapas de desarrollo.

 

• El primero es el momento clásico (siglos XVI y XVII), correspondiente a la etapa del naturalismo cristiano, en el que la cultura, todavía concebida bajo la protección divina, deja de estar orientada a un fin sobrenatural, para concentrarse en una finalidad puramente terrestre: el dominio del hombre sobre la naturaleza.

• En una segunda etapa, el momento burgués de la cultura (siglos XVIII y XIX), la finalidad exclusivamente terrestre de la cultura, niega toda finalidad sobrenatural a la que pudiera estar ordenada. Ahora, la cultura procura liberar al hombre de toda superstición religiosa.

• En la tercera etapa, con el momento revolucionario (siglo XX), toma vida el materialismo en sus formas más extremas de ateísmo y violencia.

"El tercer momento consiste en un retroceso progresivo de lo humano ante la materia. Para reinar sobre la naturaleza sin tener en cuenta las leyes fundamentales de su naturaleza, el hombre queda realmente constreñido, en su inteligencia y en su vida, a subordinarse cada vez más a necesidades, no humanas, sino técnicas, y a energías de orden material que él pone en acción y que invaden el propio mundo humano.

"Dios muere para el hombre materializado, que piensa no poder ser hombre mas que si Dios no es Dios." [8]

c) La tragedia de Dios.-

Por último, en lo relativo a la imagen que el hombre se forja de Dios, la dialéctica del humanismo antropocéntrico sigue su curso en forma análoga al proceso decadente de la cultura.

 

• Primero tenemos al Dios de Descarte, mero garante de la dominación del hombre sobre la materia.

• En seguida, viene el Dios de Hegel y los grandes metafísicos idealistas: un Dios abstracto, transformado pura y simplemente en una idea.

"Finalmente, en el tercer momento de la dialéctica humana, Nietzsche sentirá la terrible misión de anunciar la muerte de Dios.

"¿Cómo podría Dios vivir aún en el mundo en que su imagen, es decir, la personalidad libre y espiritual del hombre, está a punto de ser borrada?" [8]

4.3.-¿Qué hacer frente a todo esto?

Semejante estado de cosas no puede ser corregido ni fácil ni superficialmente. Se requerirá, por el contrario, de un gran esfuerzo de generaciones - "heroico" al decir de Maritain - destinado a restaurar, ante todo, como se ha dicho, el valor de la inteligencia, a partir de una filosofía auténticamente cristiana.

 

"Estoy convencido de que la gran carencia del mundo y de la civilización en el orden intelectual, en los últimos siglos, ha sido la de una filosofía que desarrolle sus exigencias autónomas en un clima cristiano, una filosofía o sabiduría de la razón no cerrada sino abierta a la sabiduría de la gracia.

"La razón en nuestros días debe batallar en contra de la deificación de los elementos y de los instintos, fuerzas que amenazan con destruir la propia civilización. En semejante lucha, la tarea de la razón es una tarea de integración, en el entendido que la inteligencia no es el enemigo del misterio, sino que vive en él. La razón debe alcanzar un debido entendimiento tanto con el mundo irracional de la afectividad y de los instintos, así como con el mundo de la voluntad, de la libertad y del amor, pero también con el mundo sobrenatural de la gracia y de la vida divina." (*) [9]

Fundados en dicha filosofía cristiana, nuestra lucha debe estar destinada a establecer un nuevo humanismo, que Maritain proyecta como históricamente posible con el concepto "ideal histórico concreto de una Nueva Cristiandad". Pero advierte:

 

"Dicho nuevo humanismo debe ser nuevo en un sentido singularmente profundo: debe evolucionar desde dentro del movimiento histórico y crear algo nuevo en relación a estos cinco siglos que dejamos atrás.

"Si no tiene ese poder de renovación, no es nada." (*) [10]

 

Conclusión.-

De los planteamientos precedentes se desprende, creo yo que con absoluta claridad, que la perspectiva filosófica que hemos descrito en sus lineamientos generales, constituye el marco necesario para el debido entendimiento de la visión cultural y política de Jacques Maritain.

En realidad, lo que Maritain propone a los hombres comprometidos en la acción social y política bajo la inspiración del cristianismo, no es sólo un conjunto de principios como guía de sus luchas, sino fundamentalmente la grave responsabilidad de llevar a cabo un cambio de rumbo trascendental de la historia contemporánea.

No otra cosa es el proyecto de un Humanismo Cristiano Integral que nos dejó como legado.

NOTAS

(Todas las obras citadas son de Jacques Maritain. Las citas marcadas con asterisco (*) han sido traducidas del inglés por el autor)


1. 'Introducción a la Filosofía'. Club de Lectores. Buenos Aires. 1999. Página 78.
2. 'An Essay on Christian Philosophy' . Philosophical Library, Inc. New York. 1955. Página 31.
3. 'El Doctor Angélico'. Club de Lectores. Buenos Aires. 1979. Páginas 92 y 84.
4. 'El Alcance de la Razón'. Emecé Editoriales, S.A. Buenos Aires. 1959. Páginas 17 - 37.
5. 'Los Grados del Saber'. Club de Lectores. Buenos Aires. 1983. Página 179.
6. 'El Campesino del Garona'. Editorial Española Desclée de Brouwer. Bilbao. 1967. Página 144.
7. 'On the Use of Philosophy. Three Essays'. Princeton University Press. 1960. Página 56.
8. 'Humanismo Integral'. Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1984. Páginas 31-35.
9. 'Confession of Faith' . 'The Social and Political Philosophy of Jacques Maritain'. Lecturas seleccionadas por Joseph W. Evans y Leo R. Ward. Image Books Edition, Garden City, New York. 1965. Página 321.
10. 'Scholasticism and Politics'. Image Books Edition, Garden City, New York. 1960. Página 17.