HUMANISMO

 

 

 

 

¿ES POSIBLE UNA NUEVA CRISTIANDAD?

 

Angel Correa

 

 


Este artículo fue publicado en la revista 'Política y Espíritu' online, # 10, Julio - Septiembre, 2004.

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Humanismo Integral ('H.I')
Jaime Castillo V.
La 'Carta sobre la Independencia'
Jaime Castillo V.
El Bien Común en J. Maritain
Karlos Santamaría
Personalismo cristiano de Maritain
Donald DeMarco
Reflexiones en torno a 'H.I.'
Cristian Llona SS. CC.
Filosofía de la Historia de Maritain
Brooke W. Smith

¿Es posible una nueva cristiandad?
Angel Correa

El 'H.l.' de J. Maritain
Jaime Castillo V.
'H.I.' y Doctrina Social de la Iglesia
Joseph M. de la Torre
Maritain y el Misterio de Israel
Marcel-Jacques Dubois, O.P.
Una presentación de 'H.I.'
Charles Journet
Los cristianos en la sociedad
Henri Bars

 

«..Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oir novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.» (San Pablo. 2 Tm. 4, 2-5)

 

Los grandes principios humanistas, como la libertad, la dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad, no debieran estar sujetos a dudas, puesto que, conforme a nuestra concepción cristiana, ellos forman parte de la propia naturaleza humana. Negarlos sería negar al ser humano.

Lo que sí ha estado siempre sujeto a toda clase de dudas y condicionantes es la posibilidad misma de que dichos principios puedan alcanzar, en un futuro previsible, una vigencia plena y efectiva para todos los seres humanos.

Es de toda evidencia que eso no ha ocurrido hasta el presente, no obstante que la conciencia general a su respecto ha tenido un enorme desarrollo en todo el mundo, particularmente a partir de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948. Ello, sin embargo, ha ocurrido conforme a concepciones filosóficas diversas, no siempre compatibles con la concepción humanista cristiana integral de Jacques Maritain, que es lo que tengo en vista en este trabajo.

Para los efectos de avanzar en el entendimiento de esta realidad, mi objetivo consiste en procurar dar respuesta a dos interrogantes principales:

1°, ¿Es realista aspirar a una vigencia plena de la concepción humanista cristiana en una 'nueva cristiandad'? y

2°, ¿Se encamina hacia tal realización la sociedad política, en el estado actual de civilización?

Para alcanzar tal objetivo, me parece indispensable, primero, refrescar nuestra visión del proyecto humanista integral de Maritain y, luego, tratar de establecer cual es la realidad actual de la conciencia política de los cristianos en referencia a tal proyecto.

 

1.- EL PROYECTO HUMANISTA INTEGRAL DE MARITAIN.-

El gran aporte de Maritain a la filosofía política consistió en haber desarrollado las bases para una acción coordinada y efectiva de los cristianos en el campo político, no como un acto dependiente o subordinado a la fe, sino como una acción política perfectamente autónoma de la fe, aunque esencialmente compatible y, en muchos casos, complementaria con las exigencias de la fe.

Veamos en sus lineamientos más generales dicha visión política.

1.1.- Presencia del cristianismo en la sociedad política laica y secular.-

Maritain comienza por constatar ciertos factores de gran trascendencia ligados al cristianismo en la sociedad política contemporánea.

a) Primeramente, es preciso considerar la distinción entre dos órdenes claramente diferentes: el orden temporal o terrenal y el orden sobrenatural o religioso. Conforme a tal distinción, si bien es cierto que los seres humanos estamos comprometidos en la búsqueda del bien común de la sociedad política, no lo es menos que, en nuestra condición de personas humanas, estamos orientados a un fin sobrenatural que trasciende nuestra condición de miembros de una determinada ciudad o comunidad social.

«Nos hallamos aquí - nos dice Maritain - en presencia de la distinción fundamental, formulada por el mismo Cristo, entre lo que es de Dios y lo que es del César. La distinción entre estos dos órdenes, desarrollando sus virtualidades en el transcurso de la historia humana, ha tenido como resultado el poner en claro la naturaleza intrínsecamente laica o secular del cuerpo político.» [1]

Este carácter secular o laico del cuerpo o sociedad política debe entenderse en el sentido de que, al igual que la Iglesia en el ámbito religioso, la sociedad política es autónoma y plenamente soberana en los problemas que le son propios, es decir, en el complejo de actividades implicadas en la conquista o construcción del bien común temporal y terrenal de los hombres.

De esto se sigue, según Maritain, que la participación de los cristianos en la actividad política corresponde primeramente a una responsabilidad cívica, derivada de su condición de ciudadanos, y no a una consecuencia de su fe religiosa, sin perjuicio de que deban actuar en todo momento conforme a su «vocación espiritual».

b) El segundo aspecto es, por decirlo así, una cuestión de hecho. Desde un punto de vista histórico, es preciso reconocer que existe una indiscutible presencia del cristianismo en la sociedad política moderna, no ya considerado como fe religiosa, sino «como fermento de la vida social y política de los pueblos y como portador de la esperanza temporal de los hombres", esto es, "como energía histórica que trabaja en el mundo.»

Tal presencia, según Maritain, adquiere su mayor significación en el ordenamiento político democrático, al constatar que «el impulso democrático ha surgido en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica». [2]

c) Por último, el tercer aspecto importa el reconocimiento de una tendencia evidentemente negativa: las expresiones democráticas logradas hasta este momento adolecen de múltiples deficiencias que, en gran medida, contradicen abiertamente el espíritu evangélico del que derivan.

«El drama de las modernas democracias está en haber ido a ciegas en busca de algo excelente, como es la ciudad de la persona, y haber levantado en su lugar, erróneamente, la ciudad del individuo, que conduce, por naturaleza, a espantosas liquidaciones.» [3]

1.2.- El gran desafío político de los cristianos.-

Dado el dominio casi absoluto del capitalismo, como consecuencia del fracaso comunista, y no obstante el indiscutible progreso tecnológico y material en marcha, las características intrínsecas del sistema le impiden superar las injusticias que arrastra desde el siglo XIX, injusticias ahora exacerbadas por el crecimiento acelerado de las comunicaciones y de su consecuencia necesaria: el desarrollo, ahora a nivel global, de las aspiraciones populares.

En tal contexto, el apasionado llamado de Maritain a los cristianos, hecho a mediados del siglo XX, no puede ser más actual a comienzos del siglo XXI:

«En mi opinión, los cristianos debemos buscar con todas nuestras fuerzas una genuina - quiero decir real y vital, no sólo decorativa -, aunque siempre imperfecta, realización de los requerimientos del Evangelio en este mundo. El hecho de que millones de hombres se mueran de hambre y vivan en la desesperación una vida indigna del hombre, es un insulto a Cristo y al amor fraternal. La misión temporal del cristiano es esforzarse en borrar tales males y en construir un orden social y político cristianamente inspirado, donde la justicia y la fraternidad sean servidas lo mejor posible.» [4]

Ahora bien, ¿cuál sería el camino a seguir por los cristianos para construir ese «orden social y político cristianamente inspirado»?

En su respuesta, Maritain distingue previamente entre la acción política de los cristianos como una situación de hecho, correspondiente a lo que era la regla general en su tiempo, y lo que debiera ser, a su juicio, una conducta ideal en términos de acción política propiamente cristiana.

a) Según la primera perspectiva, lo que ocurría - y sigue ocurriendo de hecho hasta el presente - es que en la generalidad de los casos los cristianos deciden, sin duda legítimamente, pero cada uno por su propia cuenta y riesgo, los términos de su participación en la actividad política, sea colaborando con gobiernos de la más diversa índole o afiliándose o apoyando a partidos políticos, grupos o tendencias de ideologías diferentes, muchas veces diametralmente opuestas entre sí e, incluso, opuestas al cristianismo.

Para muchos de los cristianos así comprometidos en puestos de gobierno se ha tratado, en el mejor de los casos, según Maritain, de la aplicación del «principio paulino del respeto y del servicio leal debido en conciencia a la autoridad que tiene a su cargo el bien común», mientras que, en al caso de las afiliaciones políticas, la conciencia de estos cristianos «no les ha reprochado la adhesión a una u otra de esas formaciones como una cooperación al mal.» [5]

En otras palabras, tales situaciones de hecho pueden haber tenido o tener lugar conforme a las más buenas intenciones o a la ingenuidad más santa, pero no implican necesariamente una acción política propiamente inspirada en el cristianismo.

b) En contraposición a lo anterior, Maritain presenta un camino muy específico y concreto:

«Se trata de una actividad política que, a la vez que política, sea de 'inspiración cristiana' y esté ordenada hacia un ideal temporal cristiano... Tal respuesta se refiere a una determinada concepción cultural, la que nos parece justa y la que responde a lo que hemos llamado humanismo integral

Maritain describe, en seguida, una de las características fundamentales de dicha actividad política de inspiración cristiana.

«La actividad política en cuestión, no requiere la actuación de todos los cristianos, ni sólo de los cristianos; sino únicamente la de aquellos cristianos que profesan una cierta filosofía del mundo, de la sociedad y de la historia moderna, y de aquellos no cristiano que, de una manera más o menos completa, reconocen el acierto de esa filosofía.» [6]

Tal filosofía política hunde su raíz, según la concepción maritainiana, en la 'filosofía cristiana' que «la doctrina de Santo Tomás... ejemplifica en su forma más amplia y pura.» [7]

En otras palabras, para Maritain, «... la filosofía cristiana y la política cristiana no son sino el lado especulativo y el lado práctico de un mismo y único problema». [8]

1.3.- ¿Una 'utopía' política cristiana?

Veamos brevemente los lineamientos generales del proyecto humanista integral de Maritain.

«Si es cierto que, por causa de sus vicios internos, nuestro actual régimen de civilización se encuentra preso entre contradicciones y males irremediables, una política de objetivo cercano, una política dependiente del porvenir inmediato y que sitúa en un resultado próximo su fin directamente determinante, puede optar entre soluciones de conservación que, para mantener la paz civil, se contenten con el mal menor y recurran a medios paliativos, o soluciones draconianas que pongan sus esperanzas en una revolución próxima.

«Yo creo que la solución está en una acción política de objetivo remoto o de largo alcance. No sería ni una solución de conservación ni una solución draconiana: sería quizá una solución heroica [9]

Tal solución 'heroica' corresponde a lo que Maritain define como un 'ideal histórico concreto' que consistiría, específicamente, en la construcción de 'una Nueva Cristiandad'.

a) Detengámonos primeramente en la expresión 'ideal histórico concreto', destacando que se trata de un concepto esencialmente dinámico, que implica la definición de una gran tarea política siempre en crecimiento y nunca plenamente lograda, cualquiera sea el progreso alcanzado, en la que, consecuentemente, no será posible decir: «ya, se acabó, ahora descansaremos».

Es importantísimo señalar que es precisamente esta característica la que distingue al 'ideal histórico concreto' de la 'utopía'. Esta última, por definición, supone una realización absoluta y perfecta, de acuerdo a sus propias definiciones y sin referencia necesaria a las condicionantes objetivas del momento, lo que la convierte en una aspiración irrealizable.

El 'ideal histórico concreto' tiene, por el contrario, la particularidad de representar una prefiguración actual, no perfecta pero suficiente, de un objetivo lejano que se estima históricamente alcanzable a partir de la realidad actual y que, por ello mismo, es susceptible de inducir a la acción desde este mismo instante.

De este modo, la noción de 'ideal histórico concreto' tiene un sentido extraordinariamente realista, puesto que «su justo uso permitiría a una filosofía cristiana de la cultura preparar realizaciones temporales futuras, dispensándola de... recurrir a utopía alguna». [10]

b) En cuanto al concepto de 'Nueva Cristiandad', constituye el contenido específico del 'ideal histórico concreto' a que debiéramos aspirar los cristianos en el cumplimiento de nuestras responsabilidades cívicas en la sociedad política.

¿Cuáles serían, en términos muy generales, las «dimensiones internas» de los cambios implicados en una Nueva Cristiandad?

«Consisten, en una palabra, en producir una refracción efectiva del Evangelio en el orden cultural y temporal.

«Son cambios en el régimen de la vida humana a la vez interiores y exteriores, que han de realizarse tanto en el corazón como en la ciudad y en sus instituciones, y que interesan al mismo tiempo al dominio de lo social y visible y al dominio de los espiritual, moral e invisible.»

Se trata, por tanto, de un proyecto imposible de dimensionar en los términos puramente materiales propios de las revoluciones modernas, porque, como es fácil deducir, «el tránsito a una nueva cristiandad supone cambios muchos más profundos que los que de ordinario sugiere la palabra revolución». [11]

-o0o-

En base a lo expuesto, creo oportuno dar respuesta a la primera pregunta inicial: ¿Es realista aspirar a una vigencia efectiva de esta concepción humanista cristiana?

En consideración a la magnitud de semejante proyecto y, consecuentemente, a las enormes dificultades claramente implicadas en su ejecución, parece obvio que la única manera de atribuirle un carácter 'realista' está estrechamente ligada a su condición de «acción política de objetivo remoto o de largo alcance». Siendo así, no sería razonable, ni mucho menos realista, reducirlo sólo a «una política de objetivo cercano... dependiente del porvenir inmediato».

En todo caso, esto debe entenderse, además, en relación directa a la exigencia derivada de la condición misma del cristiano, según la cual, para él «no puede haber descanso... mientras la justicia y el amor no gobiernen la vida de los hombres». Más aún, «...dado que las exigencias evangélicas no serán nunca satisfechas, el cristiano nunca tendrá descanso en la historia - y eso es propio de su condición». [12]

Así, pues, si vamos a ser consecuentes, no hay nada más 'realista' para un cristiano que aspirar a una Nueva Cristiandad.

 

2.- EL PROBLEMA DE LA CONCIENCIA POLÍTICA DE LOS CRISTIANOS

Para algunos sectores cristianos, la visión humanista de Maritain mantiene en plenitud su validez, no obstante el paso del tiempo y los enormes cambios ocurridos desde su formulación. Ello importa, desde luego, la esperanza de una renovación de energías, sobre todo en los movimientos socialcristianos y demócrata-cristianos surgidos a la sombra de ese ideario.

Sin embargo, desde mi punto de vista, todavía son muchas las dudas que persisten habida consideración del estado actual de la conciencia cristiana en el orden político.

2.1.- La realidad presente.-

Pareciera que una tendencia mayoritaria entre los cristianos se inclina en la actualidad a insertarse en las grandes opciones políticas en pugna. Aunque no del todo definidas, tales opciones tienden a polarizarse nuevamente entre el liberalismo, que define el sentido y desarrollo del capitalismo reinante, y las fuerzas, todavía un poco amorfas, que rechazan su dominio y que aspiran a un cambio «draconiano», consistente principalmente en la liquidación y sustitución del modelo económico de mercado vigente.

Ahora bien, si es cierto, como afirma Maritain, que «hay una separación inevitable entre una concepción cristiana y una concepción no cristiana de la política» [13], el sentido propio de tal separación no puede estar referido sino a las 'cuestiones de principios' que condicionan y determinan el sentido de la acción política en una coyuntura histórica dada.

Por eso es que no debe perderse de vista que las opciones «no cristianas de la política», en juego en este momento, responden en su esencia a principios que surge del 'idealismo' filosófico', que domina la razón moderna y cuyos principales errores son el agnosticismo (renuncia al conocimiento de la realidad), el naturalismo (rechazo del orden sobrenatural) y el individualismo (autosuficiencia de la naturaleza humana).

La concepción filosófica idealista induce a todo el mundo a 'pensar' los problemas sociales sólo en función de criterios de 'eficacia' esencialmente relativistas, que desdeñan todo lo que tenga que ver con el espíritu y con la existencia misma de la verdad. No obstante ello, no parecen faltar los cristianos que se sienten muy cómodos ejercitando este modo de "pensar", tanto cuando se inclinan por soluciones de «conservación», como cuando optan por soluciones «draconianas».

En cuanto a los movimientos políticos de inspiración cristiana, surgidos en la primera mitad del siglo XX como consecuencia de la naciente Doctrina Social de la Iglesia, en armonía con el pensamiento de Maritain, el propio Maritain, ya viejo, manifestaba su profunda decepción: «...hasta el presente (1966), - y a pesar (o a causa) de la entrada en escena, en varios países, de partidos políticos llamados "cristianos" (la mayor parte de los cuales eran, sobre todo, sólo combinaciones electorales) -, la esperanza en el advenimiento de una política cristiana (que respondiera en el orden práctico a lo que es una filosofía cristiana en el orden especulativo) se ha visto completamente frustrada; no conozco más que una 'revolución cristiana' auténtica, que es la que el Presidente Eduardo Frei (Montalva) intenta en este momento en Chile, y no es seguro que triunfe.» [14] (Evidentemente, el desarrollo histórico posterior a dicha «revolución cristiana» no corresponde precisamente a la idea de 'triunfo', sin perjuicio de que podamos imaginar que los importantes logros de ese período puedan llegar a tener algún día un valor catalizador en el despertar de la conciencia política cristiana).

Así, pues, parece claro que, como ha sido de general ocurrencia, no sólo la mayoría de los cristianos sigue actuando en política incurriendo en todo tipo de contradicciones entre sí y con lo que debiera ser una política de auténtica inspiración cristiana, sino que, además, aquellos que en el pasado optaron por esta última alternativa, en muchos casos también parecen debatirse hoy en análogas contradicciones.

2.2.- ¿Dónde encontrar la raíz de este problema?

Maritain ha dicho con toda propiedad que «un cristiano no puede ser un relativista... y esto tiene mayor alcance... un cristiano no puede ser un idealista» (en el sentido filosófico de esta palabra), [15] fundado en el hecho de que no es posible compatibilizar intelectualmente las exigencias de la fe con filosofías ajenas y contrarias a la filosofía cristiana.

Sin embargo, paradójicamente, la primera gran dificultad con que nos encontramos - sin duda la más seria de todas - radica en que demasiados cristianos inmersos en el mundo de la eficacia o, lo que es decir lo mismo, atrapados en el molde del relativismo, no parecen siquiera percatarse de que existe un tal problema de incompatibilidad entre el modo de 'pensar' dominante en la actualidad y un modo de 'pensar' auténticamente cristianismo. Eso los induce, por ejemplo, cuando se trata de la concepción democrática, a negarle todo valor a la verdad, pretendiendo que su conquista es obra del diálogo - esto es, una 'verdad de concenso' entre los más o menos acertados y los más o menos equivocados - y no la consecuencia natural de razonar conforme a principios verdaderos.

«En el límite extremo, encontramos la 'fe' turbada y desdichada del puro fideismo... como una piedra en el fondo de una charca, pero no recibida vitalmente en un viviente. Todas las conexiones con esta extranjera se han cortado en el intelecto; desmantelada su razón, privada de las formaciones internas y de las estructuras que naturalmente exige, flota a la deriva en la ignorancia religiosa, en un total escepticismo o indiferentismo teológico y filosófico. ¡Vaya eficacia!.» [16]

Por otra parte, este dominio idealista, tan claramente apreciable en el orden intelectual, también ha penetrado en el orden propiamente religioso, desde la adopción de criterios relativistas en los más altos estratos teológicos, dando lugar a concepciones aberrantes que conducen al llamado 'pluralismo teológico'; pasando por la adopción por parte de la teología de la liberación del principio marxista de la dialéctica histórica, según la cual el conocimiento proviene de la acción; hasta la vivencia misma de la espiritualidad a los niveles más amplios y comunes, como es el caso del creciente desarrollo a nivel mundial de la corriente 'Nueva Era' (New Age), fuente de toda clase de sectas que proclaman el fin de la era cristiana usando y distorsionando conceptos propiamente cristianos, en un contexto de aspiraciones e inquietudes, sin duda espirituales, pero anárquicas, supersticiosas y gnósticas. No está demás agregar que son muchos los cristianos que son atraídos y cautivados por semejantes prácticas.

Es tal la gravedad de esta situación para la Iglesia Católica, que el Papa Juan Pablo II sintió la necesidad de promulgar una encíclica dedicada específicamente al tema de las relaciones entre la Fe y la Razón - Fides et Ratio (1998) -, con propósitos análogos a la encíclica Aeterni Patris (1879), de León XIII, pieza central en la génesis del renacimiento tomista, del cual Maritain es justamente uno de los más destacados representantes.

Tan importante documento constituye, a mi juicio, una clara reafirmación de la perspectiva de Maritain, en el sentido que «el mal que sufren los tiempos modernos es, ante todo, un mal de la inteligencia.

«Las tentativas de enderezamiento político y social provocadas, en medio del desorden universal, por el instinto de conservación, no evitarán el retorno al despotismo brutal y efímero ni llegarán a realizar algo estable mientras no sea restituida la inteligencia.

«El movimiento de renovación religiosa que se perfila en el mundo no será durable ni verdaderamente eficaz, si primero no se restaura la inteligencia.»[17]

Así, pues, mientras los cristianos no tomen conciencia de la gravedad de la situación en el orden propiamente intelectual - más allá de los graves problemas específicos y concretos que aquejan a la sociedad política - y no reconozcan, consecuentemente, que es allí, al nivel filosófico, donde se encuentran las causas más profundas y determinantes de tales males, las perspectivas de una política de inspiración cristiana vigorosa y efectiva serán, en mi opinión, poco probables y, en todo caso, aisladas y más bien remotas.

-o0o-

En otras palabras, la respuesta a la segunda pregunta inicial – ¿Se encamina la sociedad política, en el estado actual de civilización, hacia la realización del humanismo cristiano? – no puede ser sino negativa: la sociedad política, en el estado actual de civilización, no se encamina hacia la realización efectiva del humanismo cristiano, a causa del espíritu idealista anticristiano dominante, incluso entre muchos cristianos, favorecido directamente por la ausencia de una acción política vitalmente cristiana por parte de aquellos cristianos que todavía no caen en esos extremos.

Algo muy lamentable por cierto, pero, a mi juicio, a todas luces evidente.

 

NOTAS
Todas las obras citadas son de Jacques Maritain

[1] 'El Hombre y el Estado'. [1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página 168.

[2] 'Cristianismo y Democracia' [1943]. Ediciones Palabra, S.A. Madrid, 2001. Página 116.

[3] 'La Persona y el Bien Común' [1947]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1968. Página 111.

[4] 'Filosofía de la Historia' [1957] Editorial Troquel, S.A. Buenos Aires. 1960. Página 135.

[5] 'Humanismo Integral'. [1936] Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires - México. 1984. Página 197.

[6] 'Humanismo Integral'. Página 198.

[7] 'An Essay on Christian Philosophy'. [1933] Philosophical Library, Inc. New York. 1955. Página 29. (Traducción personal del inglés).

[8] 'Contemporary Renewals in Religious Thought'. University of Pennsylvania Bicentenial Conference on 'Religion and the Modern World'. Kennikat Press, Inc. Port Washington, N. Y. 1941. Reissued 1969. Página 13. (Traducción personal del inglés).

[9] 'Humanismo Integral' Página 193.

[10] 'Humanismo Integral'. Página 102.

[11] 'Humanismo Integral'. Página 159.

[12] 'Filosofía de la Historia'. Página 136.

[13] 'Humanismo Integral'. Página 168.

[14] 'El Campesino del Garona'. Editorial Española Desclée de Brouwer, Bilbao, 1967. Página 52.

[15] 'El Campesino del Garona'. Página 144.

[16] 'El Campesino del Garona'. Página 137.

[17] 'El Doctor Angélico' [1930]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1979. Página 80.