HUMANISMO

El 'Humanismo Integral' de Jacques Maritain

Jaime Castillo Velasco


(Destacado humanista cristiano chileno. Fue Presidente de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, Ministro de Estado y Presidente del Partido Demócrata Cristiano de Chile).

Este artículo fue publicado por el 'Instituto Chileno de Estudios Humanistas' (ICHEH) y luego por la revista 'Política y Espíritu', #368 de Octubre de 1987.

 


Es grato, pero también inquietante para mí, hacer una exposición sobre ideas que se han convertido en vida para muchos, y que sin duda obligan a un esfuerzo de la inteligencia y del corazón para representar el sentir y pensar de todos ellos.

Estamos conmemorando un libro que por su solo título indica toda su significación: Humanismo integral. Un propósito de hacer de la visión humanista un logro lo más perfecto posible dentro de circunstancias históricas determinadas.

Al hablar de humanismo integral tenemos que pensar en el hombre que lo elaboró y presentó. No voy a repetir lo que otros han dicho, pero sí quisiera decir que fue un filósofo que no pretendió sino exponer el pensamiento católico.

Lo hizo de tal manera que cada vez que apuntó a un tema no sólo recogió la tradición, el fondo histórico de los tiempos, la posición doctrinaria del catolicismo, sino que también tocó las cosas de forma que dio a esa armazón teológica, filosófica y social, una renovación, una adecuación al momento y una proyección al futuro.

En ese sentido creo que podemos afirmar plenamente que fue un revolucionario. En el espíritu y en sus actitudes. No sólo escribió: también actuó. Y cada vez que las causas de la Humanidad obligaron a su testimonio, él estuvo presente. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial fue un activista, un expositor de las ideas de libertad.

Su filosofía política es, en el fondo, una filosofía de la libertad del hombre.

Quisiera decir algunas cosas con directo fondo político; tratar de mostrar lo que a mi juicio significa el humanismo integral desde el punto de vista político.

Con ese objeto trataré de probar – si se pudiera así decir – cuatro tesis.

 

• Primero, que el humanismo integral implica un cabal proyecto político.

• En segundo lugar, que este humanismo integral descansa en una raíz auténticamente cristiana.

• Tercero, que es un intento de solucionar los problemas de la acción política de nuestro tiempo de una manera que se coteja beneficiosamente con otras tesis contemporáneas.

• Y por último, que esta filosofía política descansa profundamente no sólo en la inteligencia, sino también en el corazón del hombre.


1 El humanismo integral implica un cabal proyecto político

Digo 'implica' porque, en cierto modo, realiza un proyecto político para nuestro tiempo, porque enfrenta un hecho político actual: la crisis de las civilización capitalista y de las reacciones anticapitalistas de nuestro tiempo.

Procede políticamente al desentrañar el significado teórico y práctico de los sistemas que caracterizan el curso de la historia occidental: significaciones adecuadas a su tiempo y que simultáneamente se sobrepasan a sí mismas. Maritain descubre el sentido de esas etapas y muestra cómo surge, en el proceso histórico, la etapa siguiente, acumulándose hasta producir en un momento determinado una cierta crisis histórica.

Ante ello, se propone un marco global de solución política, es decir, un objetivo que emana de las concepciones ideales tanto como de la situación concreta en el orden cultural, social, económico y político. Es el humanismo cristiano integral como salida ante el choque de los antagonismos políticos y sociales de nuestro tiempo.

Esa crisis exige que dichas ideas sean puestas en marcha. No es un mero ideal, un simple deseo. Es el producto de una situación histórica concreta. El cristiano se ve abocado a esa situación que exige su acción en el orden político.

Maritain decía que su concepción era el anticipo de una Nueva Cristiandad. La idea ha sido discutida posteriormente; sin embargo, a mi juicio, la objeción emana del hecho de que o se comprende justamente la filosofía de la historia que está implícita en el concepto de Nueva Cristiandad. Esta no es una repetición de la antigua. Es solamente el espíritu cristiano que – adecuándose a las circunstancias – proyecta hacia adelante una acción en virtud de la cual los hombres puedan volver a una vida de fraternidad, de comunidad, de libertad.

¿Cuáles son las características de esta Nueva Cristiandad (que más tarde llamará "nueva democracia") y que se concretará en la denominación de "humanismo"?

a) El pluralismo, el cual contiene dos elementos: unidad y diversidad en la sociedad. Pluralismo es diversidad, es decir libertad. Pero, al mismo tiempo, es unidad. Se trata de una libertad para la comunidad. No es, por tanto, una especie de dispersión, de democracia individualista. Es la libertad que sirve al interés general.

b) Enseguida, la autonomía de lo temporal. Se ha sobrepasado ya la época en que todo se sumía en la concepción religiosa. Existe un reconocimiento de lo político, que vale por sí mismo y que congrega a todos los hombres en este trabajo. .

c) La superación de los antagonismos sociales. Históricamente, las sociedades han estado divididas en clases antagónicas. Cuando se concibe una verdadera sociedad cristiana, se trata de una comunidad de hombres libres, y por tanto, de una superación de los antagonismos, de un orden sin sectores que, oponiéndose, se destruyen mutuamente.

d) La tarea común. Esta nueva sociedad humanista convoca a todos a lograr el objetivo de una sociedad fraterna.

Esto es lo que persiguen, en el fondo, las filosofías de la revolución, de la liberación, aquéllas que tienden a dar a la Humanidad un salto gigantesco para pasar de la opresión a la libertad.

Tenemos aquí una concepción que luego se traducirá jurídicamente: los derechos de la persona frente a la sociedad y los derechos de la sociedad frente al individuo. En suma, una comunidad de hombres libres social y políticamente, que realiza la democracia en forma integral.

Esta propuesta no es un mero ideal, un simple deseo, una utopia. Es realizable porque corresponde al trabajo permanente de la cultura, porque se funda en la experiencia del pasado y del presente.
Ya he dicho que recorre toda la historia para encontrar su objetivo. Pasa por la crítica y la autocrítica.

Maritain analiza la Edad Media católica reconoce sus valores permanentes, pero sabe que esa edad terminó en un momento dado, se gastó, fue sobrepasada, y la nueva etapa histórica – aunque se edifica contra la Edad Media – tiene valores fundamentales que hay que mantener, vincular y respetar siempre. Pero también pasará y exigirá una nueva etapa hacia adelante.

Se trata pues de acoger todas las formas culturales. Es interesante leer tantos pasajes en que se deja constancia del aporte de los diferentes tiempos, escuelas, concepciones que han recorrido la historia. Se tiende a integrarlas y se dice que el cristiano es alguien que jamás se estanca ni se encierra en sí mismo.

Reconoce también el relativismo histórico. Comprende que las cosas no son nunca absolutas, y de ese relativismo hace toda una filosofía de la historia en virtud de la cual compagina lo relativo con los ideales permanentes.

No se desvincula jamás, tampoco de la ética humanista; es una política basada en la moral cristiana, en definitiva en el amor y respeto al prójimo.

Es, pues, un proyecto posible, porque está en el fondo de lo que es el ser humano, de lo que el ser humano pide y desea, por lo cual siempre ha luchado. No es una utopía. Ya lo dirá: es un ideal que se adecua a los tiempos y que hay que considerarlo en función de la realidad.


2.- El humanismo integral descansa en una raíz cristiana profunda.

Estamos, entonces, frente a un proyecto de honda y profunda raíz cristiana. En torno a esto, siempre ha existido controversia. El propio Maritain recibió acusaciones de no ser cristiano, de ser herético, de servir al comunismo. Pero hay que demostrar que no es así. El afirmaba un "humanismo de la Encarnación" en que la espiritualidad se sume en la realidad y en que la realidad – por eso mismo – pasa por lo espiritual.

Tal cosa representa un principio fundamental del cristianismo: la trascendencia que no abandona jamás lo real.

En el desarrollo de esa doctrina, Maritain busca las fuentes teológicas que permiten definir al hombre en su comunicación con el Ser Supremo mediante la gracia, todo ello dentro de la doctrina católica fundamental. El filósofo encontrará razones permanentes y otras que estén sometidas a la crítica histórica, las que sufren una evolución.

La afirmación clave para entender – a mi juicio – a Maritain se encuentra en el texto de uno de sus libros, ‘El crepúsculo de la civilización’:... "en la visión de este humanismo integral no hay para qué escoger o sacrificar uno al otro entre el movimiento vertical hacia la vida eterna que nace y empieza en este mundo, y el movimiento horizontal en el que se revelan gradualmente las sustancias de las fuerzas creadoras del hombre en la historia. Estos dos movimientos deben ser perseguidos simultáneamente y el segundo, el movimiento horizontal de progresión histórica, no se realiza, sino se junta de una manera vital con el primero, con el movimiento vertical hacia la vida eterna; porque este segundo movimiento, el horizontal, poseyendo finalidades propias en lo temporal y tendiendo a mejorar la condición del hombre en la tierra, prepara, no obstante, el reino de Dios en la historia, el cual tanto para el individuo como para toda la Humanidad es algo que se halla más allá de la historia".

Esa doble dimensión de la vida del hombre es pura y típicamente cristiana, es el Evangelio mismo y es un principio sin el cual, me parece, no se entiende un pensamiento complejo en que se contempla tanto lo trascendente del cristianismo como la necesidad de que, al buscar esa trascendencia,el hombre debe volverse sobre las cosas de la tierra.

La doctrina filosófica en que se basa Maritain es la de Santo Tomás de Aquino, teólogo de fines de la Edad Media, y la usa sin abandonar nada de esa tradición teológico-filosófica; pero al mismo tiempo mostrando que ciertos principios o ciertas adecuaciones valen para nuestra época.

Por ejemplo, Santo Tomás nunca habló de la historia, pero un concepto fundamental de la filosofía de Santo Tomás, el de la analogía, sirve a Maritain para construir una filosofía de la historia, esa que le permite trabajar hoy por una civilización cristiana, sin que por eso tenga que volverse íntegramente a una civilización cristiana ya pasada, y sin que la civilización que se puede construir hoy sea la única posible.

Las normas son diferentes. El fundamento profundo es lo que vale. Ello se consigue cuando se interpreta la realidad a través del concepto lógico-filosófico de la "analogía”.

Parece fácil, pero no es así. Porque gran parte de crítica que a nuestro pensamiento político se hace, a nuestra capacidad de entender una situación nueva, obedece a que no se piensa analógicamente, sino unívocamente, término también de la vieja filosofía "la realidad se da en una forma", "el catolicismo es la Edad Media, por lo tanto, hay que volver a ella". Eso es lo que básicamente rige todo el pensamiento conservador: las cosas se dan de una sola manera y, de hecho, hay que luchar y vivir por ellas aunque estén muertas.


3.- Algunos problemas políticos contingentes

Maritain trata diversos problemas de nuestro tiempo. Tomaré unos cuantos temas en que el pensamiento del humanismo integral permite una interpretación susceptible de ser cotejada con otras.

a) La relación entre fe y política. Problema siempre presente para los cristianos y no cristianos: en qué medida la fe se cruza con la política y cuales son los límites de una y otra. La Iglesia, el antieclesiasticismo, ciertas concepciones como el confesionalismo, el clericalismo, están en la vida política de nuestros pueblos. También la posición contraria: la de construir una sociedad atea.

Anteriormente traté de mostrar cómo lo espiritual se funde con lo temporal sin ser lo mismo. Pero ¡cuántos piensan lo espiritual como algo que no pasa por lo temporal! Actualmente, en nuestro país, esa concepción de una espiritualidad "pura", aparentemente pura, es muy fuerte: el creyente se comunica privadamente con Dios sin necesitar del mundo. Estas convicciones piensan lo espiritual como con miedo de mancharse las manos. Maritain afirma que hay que hacerlo, hay que entrar en la realidad. Lo otro consiste en eludir la realidad refugiándose en lo espiritual.

Pues bien, el humanismo integral se aproxima a este problema de muchas formas. En el caso de la Teología de la Liberación, es patente. Dicha doctrina dice – a mi juicio – que la fe es acción temporal: la acción política de luchar contra la pobreza es algo que se identifica con la fe. Por lo tanto no hay fe si no se lucha por ello. Es como si toda la fe tuviese que identificarse exactamente con esa tarea.

Inmediatamente da lugar a la objeción: se trata, se dice, de una concepción que niega la trascendencia.

¿Y qué sostiene Maritain?

Antes de la polémica contemporánea, desde muchos ángulos, abordó el tema.

Primero, mostrando esa relación que llamaré dialéctica, entre vía hacia arriba y vía hacia abajo, la búsqueda de Dios y, al mismo tiempo, la tarea terrena. Esa relación en que ambas cosas simultáneamente se afirman y que son como aspectos de una misma realidad, pero que tienen su dimensión discernible.

Enseguida, su tesis de que el cristianismo opera en dos formas: oficialmente, desde las alturas jerárquicas y, desde la base, por la influencia espontánea de unos en la conciencia de los otros, lIevándolos hacia el bien. Es fermento presente en la realidad y, a la vez, expresión de valores cristianos.

Por último, el concepto de autonomía de lo temporal.

Maritain analiza este problema de acuerdo con distinciones clásicas en la teología, pero aplicándolas a nuestro tiempo. Realiza una validación de lo temporal, que no necesita depender de lo espiritual de una manera que lo prive de toda existencia propia.

El creyente – dice Maritain – actúa como cristiano o en representación de la Iglesia; cuando actúa como cristiano él se juega, pero son los valores cristianos los que trata de realizar. Esta distinción permite aclarar las formas cómo los creyentes actúan en el orden temporal: el cristiano y el no cristiano no deben separarse en esto, sino que deben y pueden trabajar unidos, no hay que cerrarse en el puro circulo de los creyentes.

Un partido político, por ejemplo, no tiene que exigir la creencia religiosa como presupuesto fundamental. Es curioso cómo un autor francés, Comblin, critica a Maritain por "centrar todo en la concepción católica y negar que el católico participe en organizaciones de no creyentes".

Maritain dice todo lo contrario. Incluso más, fundamenta su tesis en la doctrina del bien común, que es un bien común práctico, que se aplica universalmente. No es un ideal teológico o filosófico. La gente se reúne por fines prácticos, comunes, propiamente humanos, para lograr su bienestar y el de la sociedad. Sus fundamentaciones sirven a cada uno para su acción, para desarrollarse mejor, pero no son pautas absolutas en el trabajo de los hombres por las cosas de interés social.

Eso es importante, porque justamente delimita el campo de la acción y aclara cómo tenemos que actuar. En esa forma, suministra una aproximación a este tema que en la Teología de la Liberación se describe como "una vocación universal por la salvación".

La idea de que todos los hombres están llamados a trabajar por la salvación y que, en el fondo, cualquiera que sea el trabajo que realizan, en cierto modo aportan algo a aquello, está ya totalmente prefigurada, no sólo afirmada, sino pensada en Maritain a través de esos distintos tipos de aproximación al problema.

b) El individuo en la sociedad. Es la pregunta acerca de lo que pasa con cada individuo cuando se realiza una determinada estructura social. Es el tema de las revoluciones: el individuo está mal en la sociedad y hay que transformarla.

Este problema no es tratado por la doctrina liberal. Supone que los hombres se enfrentan los unos a los otros según sus intereses individuales y no deben preocuparse de lo que suceda, porque todo obedecerá automáticamente a las leyes económicas y así se obtendrá la felicidad posible. No trata, entonces, el problema de qué pasa en una sociedad liberal entre el poder social y el individuo. Se reconocen derechos individuales, pero de tal manera que, al chocar, crean entre si el conflicto social y para ese conflicto social no hay un pensamiento que resuelva el problema.

La prueba de ello es – lo hemos visto en Chile – que se puede llegar fácilmente a la libertad en un aspecto y a la dictadura en otro. Libertad en lo económico, dictadura en lo político. Y eso es porque no poseen una filosofía del hombre dentro de la sociedad,no llegan a las conclusiones propias de su tesis.

La libertad debería manifestarse en todo, pero resulta que se sabe que la libertad individual produce el conflicto. Y para el conflicto no tienen respuesta, salvo la de declararlo insoluble.

Lo mismo se puede decir – en cierto modo – de la doctrina socialista. Piensa la sociedad, piensa los conflictos en la sociedad, determina razones para que la sociedad cambie, pero no piensa la persona en la sociedad. Carlos Marx no escribió ni una sola palabra sobre la persona humana. Y no porque no la comprendiera, ya que era un humanista, y buscaba una sociedad verdaderamente humana – incluso utiliza esta misma expresión alguna vez –, pero cuando introduce la tesis del materialismo histórico, cuando dice que el hombre es una superestructura de la infraestructura biológico-social, se encierra en una afirmación determinista en cuya virtud el sujeto individual no encuentra un lugar.

Si ustedes examinan las sociedades socialistas encontrarán que, en sus constituciones, el problema de los derechos personales es siempre algo secundario. Está dado como ya cumplido. No se presenta como un derecho del sujeto frente a la sociedad, sino como un derecho que la persona está realizando, cumpliendo y gozando. Se da por entendido que ya lo adquirió. Ha tenido que venir un progreso en el marxismo para que algunos estudien la noción del individuo dentro de la sociedad. Antes de ello estaba como dado que la revolución resuelve todo. Que todo se reduce a lo social. Que el triunfo de una clase determina la vigencia del humanismo en una sociedad. No está pensado jamás el problema de la persona, y es por eso que evidentemente ocurren conflictos graves y ese problema tiene que ser destacado desde afuera de ese mundo, porque desde su interior no se lo ve.

Sobre este punto, el humanismo integral desarrolla el concepto clásico del hombre como persona en la sociedad de personas.

El ser humano es, a la vez, individual y social. Está, como individuo, inserto en un grupo y no puede ser explicado sino considerando su razón de ser como individuo y con su vinculación a otro ser humano en la sociedad. En filosofía, la unidad entre ambos aspectos se realiza por medio del concepto de persona que expresa la naturaleza espiritual del hombre. Quiere decir que cada ser humano es persona y que, al unirse con otros, dentro de la sociedad, realiza una vinculación recíproca en que también debe manifestarse la condición de persona. La sociedad es (o debiera ser) una sociedad de personas. Hay pues un orden pedido por la noción de persona. Es lo que jurídicamente se expresa diciendo que todo hombre tiene derechos frente a la sociedad; pero, por la misma razón, la sociedad, en cuanto constituida por personas, tiene también derechos respecto de cada uno de los que la forman.

La situación se describe también por la vía del concepto de bien común. La sociedad ha de organizarse para respetar y desarrollar los derechos de la persona, los cuales no son otra cosa que el bien común de todas ellas. Existe pues, una perfecta identidad (teóricamente hablando) entre cada hombre, que se comporta al nivel espiritual de la persona y el orden social, cuando éste se basa también en el respeto a los derechos de la persona. Se ha de entender, pues, que dicha noción prima sobre la de individuo sea que el factor individual (en cuanto va contra el bien común) afecta a la sociedad entera, sea que la sociedad, entendida, no según los valores de la persona, sino bajo una forma que los niega (dictaduras, opresión social), implica una violación de los derechos de la persona, como individuo o como grupo.

De lo dicho, pues, emana la doctrina de los derechos humanos. Esta implica un concepto filosófico del hombre según el cual éste es un ser de naturaleza racional que trasciende los condicionamientos materiales o sociales. El humanismo cristiano puede, de acuerdo con esta doctrina, establecer los límites para el ejercicio de los derechos individuales, puesto que la acción de los individuos no pueden violar lo que es un bien común a todos los que forman la sociedad humana. Ese individuo se transforma en delincuente. Al mismo tiempo, y al revés, la sociedad si permanece como humana, tiene límites en cuanto a las exigencias que formula respecto de las personas. Cuando viola los derechos básicos de cada uno, se hace también inhumana y sirve, de hecho, no el interés de de todos, sino el de grupos que actúan contra el bien común.

El concepto liberal individualista del ser humano carece del concepto de bien común, porque no se eleva al de persona y, por lo mismo, no tiene posición frente al conflicto entre la sociedad y la persona individual. Por otra parte, el socialismo clásico es una concepción según la cual la sociedad o el Estado, es decir, el factor que se hace presente por el hecho de ser el hombre un ser social, explica toda la realidad humana y no deja lugar a la presencia causal del hombre como individuo.

El ser humano no está concebido como una persona con derechos, sino una pseudo realidad explicable sólo por el determinismo de los factores biológico-sociales. Tal es la teoría del materialismo histórico en su significación más cruda y que originó precisamente la posición más radical de esta escuela. El hombre es en tal caso alguien que, en cuanto individuo, puede ser sometido a un interés social que, a su vez, no lo tiene en cuenta como algo sustancial.

Al pensar de ese modo, el socialismo clásico elude también la totalidad del problema del hombre, niega su causalidad social y se atiene a un determinismo abstracto. De allí, si no hay conciencia real de parte de los dirigentes de tal sociedad, se pasa al colectivismo económico (el Estado como centro del poder) y al totalitarismo político (el Estado como casi única fuente de derechos).

El problema antedicho es fundamental para la democracia, como también para el humanismo.

Equivale a decir que es fundamental para saber lo que es y lo que debe hacer una revolución en cuanto a la situación del hombre de carne y hueso dentro de la estructura de la sociedad.

c) El ideal político y la causalidad en la historia. En Maritain hay un pensamiento acerca de si los ideales humanos valen, si la verdad se realiza o no, y cómo se realiza. Es el problema de la filosofía de la historia. Es el tema del ideal histórico concreto.

Allí rompe la vieja tesis católica de la relación entre tesis e hipótesis, donde la tesis era todo y la hipótesis, nada; lo que se afirma en la primera, se niega en la segunda. El filósofo no lo acepta. Pero tampoco acepta lo que dice Marx:... "no vengo a traer ideales, porque es el desarrollo de la ciencia el que resolverá el problema; no necesito ideales". Como también decía Hegel en una bella frase... "la inteligencia es como el búho de Minerva, que levanta su vuelo sólo al atardecer".

Para Hegel y también para Marx – que no hizo más que reproducir esa fundamental tesis hegeliana – la inteligencia es un fruto tardío que habla cuando ya la vida está terminándose. En ese momento, ella surge y expone como proyecto futuro lo que está muriendo. Es lo que Marx llama la "alienación" del hombre, la alienación de toda la cultura bajo la sociedad de clases.

En cambio, para Maritain, el ideal humano vale, mas no como utopía, como una cosa meramente voluntarista. Vale en cierta proporción, dentro de etapas, de horizontes históricos, en situaciones determinadas, es un ideal histórico concreto: depende de la historia y tiene que concretarse, ser determinado en función de una situación.

Ese ideal reposa en definitiva en algo que el ser humano lleva en sí, los valores fundamentales del hombre.

El hombre está siempre luchando por la libertad, pero la forma en que la libertad se realiza evidentemente tiene limitaciones en el tiempo y en el espacio. Eso explica que el ser humano sea una causa en la historia. El hombre es libre, dice la tesis católica. Maritain añade: "es libre", pero puede estar condicionado hasta tal punto, que parezca que su libertad ha desaparecido y eso puede durar siglos.

La libertad consiste en que hay una chispa en el hombre que en un momento dado puede romper los determinismos. Eso es lo único que se afirma. Es capaz de romper todo lo que sea el condicionamiento extraño al espíritu. Por eso en definitiva es una causa que va junto con las demás causas.

Maritain reprocha a Marx que enfatiza la causa material. Es una realidad la causa material, pero no es la única. También debe ser reconocida la capacidad del ser humano de cambiar la realidad.

Y el marxismo, cuando lanza la afirmación de que todo reposa en el hombre y que éste es creador, está contradiciendo su propia tesis de que el hombre está determinado. Cuando Lenin habla del "partido vanguardia" también esta rompiendo el determinismo y aceptando que el hombre es libre.

Pero esos problemas en el marxismo no aparecen razonados. En Maritain hay el esfuerzo por pensarlos, por situar estos factores de tal manera que se entienda la forma cómo el ser humano se explica asimismo cuando crea la historia, y cuando está limitado por ella y no
puede cumplir sus objetivos.

d)Los medios y los fines son complementarios. "Medios y fines son inseparables": es la ética de los medios y los fines. Es el antimaquiavelismo. No perseguir el bien por la vía del mal. El maquiavelismo es una realidad formidable en la política y Maritain hace un estudio especial sobre el tema. Cosa que no encontramos en el marxismo; en éste hay una afirmación de la violencia, un reconocimiento, pero no un estudio de las condiciones de la violencia. Maritain ni siquiera se apega a la no-violencia, más aún, critica algunos aspectos del pensamiento de Gandhi; por ejemplo, analiza el caso de los presos de la guerra mundial, en que eran obligados a traicionar a sus compañeros para obtener alguna posibilidad de salvación. Se introduce en el meollo del problema, en la conciencia de ese sujeto que está sometido a una violencia extrema y que, por lo tanto, puede ceder ante ella.

El problema de los medios y los fines tampoco es pensado desde dentro por el marxismo y el liberalismo. Allí, el maquiavelismo, en lo que tiene de real o inmoral, no es objeto de un discernimiento crítico. Es simplemente denunciado o practicado según las convicciones del poder.

e) Del capitalismo al humanismo. Ahora bien, ¿cómo salir del capitalismo? Pienso que esa pregunta descansa en la aceptación total de la tesis de la revolución clásica socialista. En Maritain tenemos una crítica del capitalismo, en todos sus aspectos, de su desarrollo, de sus instituciones, su mecanismo esencial, de las circunstancias en que se da.

Para Maritain, del capitalismo se sale por la vía de la democracia. Democracia entendida como una acción integral, que en el fondo es acción humana, ideales humanos, organizaciones humana, ejercicio de los derechos y deberes humanos.

Cuando se trata de salir de la dictadura es fácil decir "sólo con violencia o sólo con rebeldía", son elementos únicamente; pero no es así, la realidad es más compleja. Porque podemos salir del capitalismo para llegar a otra dictadura. El problema del ser humano es que debe trabajar para conseguir realmente lo que persigue.


4.- Una política basada en la inteligencia y el corazón.

Digo una palabra más sobre la filosofía de Maritain: es inteligencia y corazón. Inteligencia, porque perfila, piensa, procura resolver todos los problemas mencionados.

Incluso tiene un tipo de raciocinio que en la vieja filosofía hegeliana se conoce como "dialéctico". Un pensamiento comprensivo que sigue las sinuosidades de la realidad, que relaciona, que busca la causa y el efecto. Que en suma es algo dinámico, que persigue la realidad en su fondo.

El ejemplo clásico es esa relación entre lo trascendente y lo temporal; esa vinculación: esa reciprocidad. Hacer síntesis, recoger las cosas y plantearlas en función de una totalidad que se va agrandando.

Ese pensamiento debe ser también el nuestro. Un pensamiento que tiene identidad, pero capaz de comprender y recibir a otros. Algo vital en política es saber mantener la identidad junto con establecer relaciones y vivir en conjunto.

Es una política del corazón también, porque cada frase que se lee no es sólo un concepto, sino un sentimiento, expresa una relación con los hechos de la vida, el sufrimiento y la tragedia. Hay un breve articulo de Maritain que se llama 'Bienaventurados los perseguidos', que a mi juicio es uno de los más bellos trozos literarios, y que justamente muestra esa búsqueda del significado que tiene el sufrimiento de los perseguidos en el mundo.

Por último: hoy día, en nuestro país, creo que podemos usar muchas de estas ideas presentes en Humanismo integral, porque los problemas son los mismos, salir de una etapa y pasar a otra.

Salir para realmente realizar nuestras ideas, porque nuestros ideales valen. Porque decir libertad significa decir libertad, históricamente determinada, no es caer en otra tiranía.

Es porque tenemos que tratar con muchos, y con gente que no piensa como nosotros; que incluso pueden ser permanentes adversarios, pero tenemos que saber que en un momento dado hay una necesidad de relación. Hay que saber explicarlo, saber traducirlo con inteligencia y corazón.

Comprender el sufrimiento de los demás y sacar fruto de esta situación de dolor.

Los problemas que tenemos que tratar todos los días para dirigir nuestra acción en la política chilena, están de alguna manera planteados y por eso es que aquí hay un mensaje para las generaciones de hoy y para las que están viniendo, la juventud. Dijo Maritain en Humanismo Integral:... "el humanismo tiende esencialmente a hacer al hombre más verdaderamente humano y a manifestar su grandeza original haciéndolo participar en todo cuanto puede enriquecerlo en la naturaleza y en la historia... requiere a un tiempo que el hombre desarrolle las virtualidades en él contenidas, sus fuerzas creadoras y la vida de la razón". Creo que sirve a la juventud en este tiempo, y nos pone en situación de realizar un trabajo que sea de inteligencia y de corazón, que sea realmente un Humanismo integral.