Si bien las citas de Maritain que sustentan esta ponencia, son
de textos diversos y surgidos en circunstancias históricas
diferentes: 'Los Grados del Saber', 'Para una Filosofía
de la Persona humana', 'Lecciones fundamentales de la Filosofía
Moral', 'La Educación en la encrucijada', se toma su
contenido en lo que se considera tiene de valor universal y fundado
en la razón; y a la vez disponible, para pensar la crisis
de la educación actual y reorientar la acción.
Para Maritain
el primer error del que la educación debe precaverse es
el desconocimiento de su fin que consiste en guiar al hombre,
en su desarrollo dinámico, para que logre formarse a sí
mismo como persona humana. Define a la educación como un
arte moral (escándalo para los pedagogos actuales), una
sabiduría práctica en la cual está incorporado
ese arte. Pero el arte es un impulso dinámico hacia un
proyecto que debe ser realizado, su vitalidad es la energía
con la que tiende a su fin, en el caso de la educación:
la persona humana.
Ante estas
afirmaciones debe surgir un trabajo de anatomía, de análisis,
de separación para escombrar el contenido inteligible de
los conceptos surgidos, en síntesis: distinguir para unir.
Esta tarea
obliga preguntar: ¿Qué es el hombre que la educación
pretende formar? ¿Por qué educar es un arte moral,
una sabiduría práctica y debe tender a ese fin?
La respuesta
a estas preguntas no es cuestión de la educación,
ni de la moral, sino que compromete los principios más
profundos y más abstractos de la metafísica. Un
saber al que según Maritain diversas filosofías
modernas:
... No le perdonan el que no desemboque directamente,
como los sentidos, en la existencia, sino solo en esencias, en
posibles, y que no alcance la existencia actual sino replegándose
sobre los sentidos. Ignoran profundamente el valor de lo abstracto,
de esa inmaterialidad más dura que las cosas, aunque impalpable
e inimaginable, que el espíritu va a buscar en el corazón
de las cosas mismas ... (Los Grados del
Saber. Pág. 20)
Comparando la tarea del metafísico y el poeta, Maritain
sostiene:
...
El uno, que sumerge su corazón en las cosas como un dardo
encendido, ve por adivinación en lo sensible mismo el resplandor
de una luz espiritual donde una mirada de Dios brilla a sus ojos.
El otro, desviándose de lo sensible, ve por ciencia en
lo inteligible, y desprendida de las cosas perecederas, esa misma
luz espiritual captada en alguna idea (...) Aspirando ambos los
rayos descendidos de la noche creadora, uno se nutre de una inteligibilidad
ligada y tan multiforme como los reflejos de Dios sobre el mundo;
el otro de una inteligibilidad libre y tan determinada como el
ser propio de las cosas. Ellos juegan al columpio, elevándose
alternativamente al cielo. Los espectadores se burlan del juego,
es que permanecen a ras del suelo (Los Grados
del Saber. Pág. 21)
Así
permanecerá la educación, a ras del suelo, sino
se busca contemplar la unidad que le da sentido, y por lo tanto,
orientación. Si solamente se privilegia la acción,
dejando la contemplación, el análisis de la realidad
con rigor y algún orden, y no asustarse porque no se hace
referencia a un orden de simple policía (ningún
autoritarismo es lo que se está buscando) sino:
...
La inútil metafísica (que) entroniza el orden en
la inteligencia especulativa y práctica (...) Ella devuelve
al hombre su equilibrio y su movimiento, que consiste (...) en
gravitar con su cabeza en medio de las estrellas, hollando la
tierra con sus plantas. Ella le descubre en toda la extensión
del ser los valores auténticos y su jerarquía ...
(Los Grados del Saber. Pág. 24)
(En muchas sesiones de Maritain, se ha insistido en la importancia
de analizar temas de actualidad, se les asegura que a ellos se
quiere llegar, pero no sin principios que puedan iluminar la sabiduría
práctica)
Para Maritain la sabiduría metafísica es en su esencia
una sabiduría puramente natural, que se resuelve por entero
en las evidencias naturales y racionales. Por lo que se propone
que los hombres que confían en su inteligencia y buscan
con sinceridad de corazón, sin temor a caerse, jueguen
al columpio a ver lo que pueden ver.
El concepto
humano absolutamente primero, es el concepto de ser.
Toda
cosa es ser: y sin embargo cada cosa difiere de otra por un carácter
que él mismo es también ser, lo que nos muestra
la esencial polivalencia de este concepto. Impregna toda cosa
y es él mismo intrínsecamente vario; es la doctrina
clásica de la analogía del ser. El ser es así
como una realidad inteligible, ilimitada, que brota de la menor
cosa y vale para toda cosa, pero según títulos diversos
(Lecciones fundamentales de la Filosofía
Moral. Pág. 38)
...
Así es como tenemos esos modos o rostros universales del
ser, tan amplios, tan infinitos como el ser mismo, que se llaman
los trascendentales ( las pasiones del ser) Trascendentales, es
decir, objetos de pensamiento (...) que impregnan todas las cosas.
(Lecciones fundamentales de la Filosofía Moral.
Pág. 39).
Tomar un ejemplo
puede ilustrar con mayor claridad estas palabras: Pablo antes
de saber que Ignacio es un hombre, sabe que es un ser diferente
de él (por su materia), que es radicalmente diferente,
otro ser. He ahí, un aspecto del ser que surge ante el
espíritu, manifestando su consistencia interna. Para Santo
Tomás la individualidad es lo que hace que una cosa de
la misma naturaleza que otra difiera de esta otra en el seno de
una misma especie, y de un mismo género. Ignacio es distinto
que Pablo por su individualidad. Sin duda el ser puede ser dividido,
pero por eso mismo deja de ser, se renuncia. En la medida que
una cosa es, es una. Y esa unidad es un todo.
Hasta aquí el ser en cuanto indiviso.
¿Pero
en qué consiste ser hombre? o ¿qué es aquello
que lo hace este ser y no otro? ¿Cuál es la verdad
ontológica contenida en el hombre? ¿Qué es
lo que lo hace verdadero? Toda cosa está preñada
de inteligibilidad, requiere de una inteligencia dispuesta a abstraer.
Esta unidad,
hombre: es una naturaleza sustancial, singular que subsiste como
un todo independiente en el universo. La subsistencia es la propiedad
metafísica, en virtud de la cual una naturaleza es un sistema
centrado sobre sí para existir y para obrar. Pero la noción
de persona no se refiere sólo a la subsistencia, sino a
la subsistencia de algo dotado de inteligencia y libertad.
Una
persona es un centro de libertad puesto frente a las cosas, al
universo, al mismo Dios; dialoga con otra persona, comunica con
ella entendiendo y amando. La noción de personalidad, por
muy compleja que sea, es ante todo de orden ontológico.
Es una perfección metafísica y sustancial que, en
el orden operativo, se abre y se desenvuelve en valores psicológicos
y morales (Los grados del Saber.
Pág. 364).
Por lo tanto,
el hombre es dueño de sí mismo, por su inteligencia
y voluntad. Tiene la existencia espiritual propia del conocimiento
y el amor. Es un todo y no una parte. Es la subsistencia de un
ser capaz de pensar, de amar y decidir por sí mismo. Un
universo en sí mismo, que puede conocer otros seres y entregarse
a otros hombres, que son para él, como si fueran él
mismo.
Pero pensando
nuevamente en Ignacio, esta raíz metafísica que
se encuentra en su ser deberá ser una conquista progresiva
de él mismo, cumplida en el tiempo. Este ser deberá
ser capaz de poseerse a sí mismo por la inteligencia y
la voluntad.
Desde estas
nociones se puede establecer que el bien moral para el hombre
será llegar a ser tal, a partir del uso de su libertad.
El hombre por su voluntad, debe realizar lo que su naturaleza
es en esbozo, mediante un proceso en el que por su libertad deberá lograr ser persona, ... imprimir por sí mismo
sobre su propia vida el sello de su radical unidad ontológica...
(Hacia una Filosofía de la Persona Humana.
Pág. 163)
Hasta aquí
contestada la primera pregunta: ¿Qué es el hombre?
sin la cual hablar de educación sería girar en redondo
sin dirigirse a ninguna parte. La metafísica como saber
especulativo, que conoce por conocer, criticado muchas veces por
distante de la realidad, y por su inutilidad, es el que entroniza
la finalidad de la educación: llegar a ser persona humana.
Por lo tanto,
será objeto de la educación, que el hombre conquiste
la libertad interior, que se haga dueño de sí mismo
por la inteligencia y la voluntad. Que esté en constante
búsqueda de la verdad, a través de su actividad
interior, que le permite comprender mejor verdades ya alcanzadas
y la captación progresiva de verdades nuevas.
La educación
buscará despertar y afirmar el sentido de la libertad,
y el de las obligaciones y responsabilidades. La libertad personal
está en el centro de la vida social pero la misma acepta
la obediencia a una ley común por el bien común,
que implica que todas las libertades lleguen a alcanzar un perfeccionamiento
verdaderamente humano.
Pero como
la educación es un arte moral, no es sólo terreno
del análisis especulativo. ¿Cómo llevar a
la acción la ardua tarea propuesta? ¿Cómo
lograr que el obrar, creación de la inteligencia y de la
libertad, sea capaz de hacer surgir en el ser su naturaleza propia?
El conocimiento
práctico, desde una concepción aristotélica,
conoce para obrar y dirigir la acción. Aquello que el hombre
conoce , a partir de su inteligencia práctica, es lo que
su voluntad quiere. El conocimiento especulativo mostrará
el ámbito de las necesidades inteligibles del ser, pero
el conocimiento práctico se las verá, con las emergencias
de la libertad, con las condiciones históricas
de la existencia en las cuales las libertades deberán realizar
aquello que les es propio.
El terreno de la educación, no tendrá que ver tan
sólo con conocer aquello que es lo bueno para el ser humano,
sino con la sabiduría práctica que alcanza la singularidad
de la acción donde aquella realidad debe concretarse. Un
hombre que ha alcanzado la sabiduría práctica es
aquel que obra bien, dirige bien su acción, porque juzga
los acontecimientos y decide su conducta, de modo tal que la realización
del ser humano se haga posible.
Se considera
que el texto de Maritain, La Educación en la Encrucijada, es una obra maestra de sabiduría práctica, que muestra
un hombre que desde la metafísica de la persona es capaz
de sumergirse en la tarea del educador y realizar propuestas para
orientar la acción.
Con la exposición
que sigue, se sentirán más identificados aquellos
que quieren reflexionar en torno a la práctica, a las situaciones
y problemáticas concretas, tal vez, pensarán, ¿cómo
no haber comenzado por estas cuestiones? ¿ Para qué
la abundancia en planteos teóricos?. Se sostiene
que Maritain, puede llegar a describir con tanta claridad los
errores que puede cometer el educador y realizar propuestas tan
sugerentes, porque sus análisis están permanentemente
subordinados a la convicción de sus intuiciones metafísicas.
Justamente
el primer error del educador es el desconocimiento o el olvido
del fin. No es que los medios y los métodos de la educación
estén en crisis, el educador tiene conocimientos científicos
y técnicos cada vez más amplios para llevar a cabo
su tarea. Pero muchas veces pierde la contemplación de
la unidad, del fin, que da sentido a la multiplicidad de sus acciones
educativas. Se puede sostener entonces que el primer y fundamental
error de la educación y los educadores es el desconocimiento
o el olvido de una auténtica filosofía de la persona
humana.
...
Si los medios son queridos y cultivados por amor a su propia perfección
y no como simple medios, en esa misma medida dejan de conducir
hacia el fin y el arte pierde su energía práctica...
(La educación en la encrucijada.
Pág. 15)
Pero esto
no es problema sólo de la educación, lo misma pasa
con la medicina científica cuando se convierte en una medicina
sin enfermos, que se ocupa de reacciones de laboratorio cada vez
más numerosas pero no de hombres a quienes curar. La perfección
de la ciencia y los medios de la educación deberán
verse permanentemente fortalecidos por la reflexión en
torno a los fines, que les dan un sentido.
Otro error
es la sobreestimación del sujeto y de la acción
y el consecuente olvido de las verdades objetivas, de la confianza
en el desarrollo del conocimiento para hallar verdades. Desde
comprender los símbolos de una interpretación matemática
de los fenómenos hasta la posibilidad de fundamentar racionalmente
las normas y los valores morales.
...
a fuerza de insistir sobre el hecho que para enseñar matemáticas
a Pedro es más importante conocer a Pedro que saber matemáticas
- lo que es bastante cierto en un sentido -, el maestro acertará
tan perfectamente a conocer Pedro que Pedro no acertará
nunca a saber las matemáticas. La pedagogía moderna
ha hecho progresos inestimables en insistir en la necesidad de
analizar cuidadosamente y no perder nunca de vista al sujeto humano.
El error de produce cuando el objeto que se enseñará
es olvidado y (se) (...) desemboca en una especie de adoración
psicológica del sujeto. (La educación
en la encrucijada. Pág. 25)
Si se analiza
los planes de estudio de formación docente actuales se
descubrirá esta tendencia a privilegiar la importancia
del conocimiento del Sujeto de aprendizaje y de cómo enseñar,
pero con respecto a qué enseñar,
solo hace falta los conocimientos sustantivos. No es la didáctica
de la disciplina sino el conocimiento profundo de la misma la
que permitirá al docente ser un formador consistente.
Imaginen un
formador de docentes, en curso de la red federal de formación
docente planteando que la formación ética en la
escuela no es una cuestión de discusión de fundamentos,
de crítica de diversos sistemas éticos sino tan
solo de formar actitudes, despertar valores. Esto llevaría
a otro error señalado por Maritain: el voluntarismo. Es
muy buena la educación de la voluntad, del sentimiento,
del carácter pero no lo es sin cultivar la inteligencia
que puede conocer la belleza del bien. En la educación
es necesaria la mutua reciprocidad entre inteligencia y voluntad.
Es por su voluntad que el hombre es bueno, cuando realiza el bien
que su inteligencia le muestra: es mejor querer y amar
el bien que simplemente conocerlo . Pero es de fundamental
importancia conocerlo sino el simple voluntarismo tiene en la
historia ejemplos esclarecedores de su perjuicio:
...
Pienso aquí en la eficacia del adiestramiento, de las escuelas
y las organizaciones de la juventud del nazismo, que destruyeron
en los espíritu todo sentido de verdad, pervirtieron la
función misma del lenguaje, devastaron moralmente a la
juventud e hicieron de la inteligencia un simple órgano
del equipamiento técnico del estado (La
educación en la encrucijada'. Pág. 33)
La formación ética del joven no puede estar basada
en dirigir su voluntad hacia donde quiera dirigirla cualquier
tipo de adiestramiento, inclusive cuando este sea aparentemente
bueno, sino en la confianza en las posibilidades de la razón
del joven para encontrar verdades sustentadas racionalmente. ¿Por
qué decidir de antemano que los jóvenes no puedan
entender que no es lo mismo una ética basada solo en la
razón subjetiva, que una ética basada en una realidad
extramental: Dios, la naturaleza de las cosas (especialmente la
naturaleza humana) y la ley natural? ¿Por qué decidir
que no puedan entender las consecuencias vitales de una u otra?
El esfuerzo de la inteligencia del docente deberá ser superior
porque no consistirá simplemente en decir: hagan esto y
no aquello.
Otro profundo
error de la escuela actual, ya planteado por Maritain es el intelectualismo.
Imposible formar en los valores universales, en el descubrimiento
del ser humano como tal, si la escuela solo privilegia la especialización
científica y técnica. La especialización
es necesaria en la actualidad, pero no dispensa de brindar una
formación general aún más vigorosa. Como
se concretará por ejemplo, el ideal democrático
con personas sin juicio crítico, sin capacidad de discernir
entre lo bueno y lo malo:
...
¿Cómo podría el hombre corriente (...) emitir
un juicio, a no ser en el campo restringido de su especialidad?
La actividad política y el juicio político se convertirían
en materia exclusiva de los expertos especializados en ese campo,
una especie de tecnocracia del estado que no presenta perspectivas
muy afortunadas para el bien del pueblo, ni para la libertad.
(La educación en la encrucijada.
Pág. 31)
¿Cómo
podría lograr esto el adolescente si se lo aleja de las
humanidades: de la Historia, la literatura, la filosofía,
la política? ¿Cómo lograrlo si están
cada vez más lejos del dominio de la matemática,
la física, las ciencias naturales? ¿Cómo
lograrlo si se lo aleja de la abstracción y del rigor lógico?
Pero no hay
que preocuparse, porque estarán preparados para el mundo
del trabajo, dedican su adolescencia a estudiar estrategias de
marketing, técnicas en turismo y comercialización,
diseño gráfico y multimedia. Además a sus
diecisiete años ya dedican su tiempo a realizar análisis
crítico sobre el Medio Ambiente, el MERCOSUR , la globalización,
y la opinión pública, muy interesantes por cierto,
para los autores de los textos que los proponen, ya que ellos
tuvieron todas las herramientas intelectuales, de conocimiento
y lógicas para haber llegado a gestarlos.
No se niega la importancia del mundo del trabajo, ni tampoco la
importancia de que las problemáticas contemporáneas
se traten dentro de las aulas, se niega que la escuela deba abandonar
su responsabilidad de formación general, su responsabilidad
de formación humanista. Se niegan los extremos.
... para formar un buen ciudadano y un hombre civilizado,
lo que importa ante todo es el centro interior, la fuente viva
de la conciencia personal, de donde nacen, a la vez, el idealismo
y la generosidad, el sentido de la ley y el sentido de la amistad,
el respeto a los demás y una independencia firmemente arraigada
frente a la opinión común. (La
educación en la encrucijada. Pág.
28)
... Es necesario, finalmente, comprender de modo más
general que buscar la vida concreta se torna una engañifa
si dispersa la atención del hombre o del niño entre
las futilidades prácticas, las recetas psicotécnicas
y la infinidad de actividades utilitarias, en perjuicio de la
vida concreta auténtica de la inteligencia y del alma.
El sentido de la realidad concreta es debilitado por el utilitarismo,
se desarrolla y florece, en cambio, mediante esas actividades
de las que la vida humana, tiene mayor necesidad cuanto que no
están al servicio de ninguna utilidad práctica (...)
desgraciado el adolescente que no conoce los placeres del espíritu
y no se exalta con la alegría de conocer y con el gozo
de la belleza; que no se exalta por el entusiasmo de las ideas...
(La educación en la encrucijada.
Pág. 28)
Por último, en lo que se considera es un corolario de su
filosofía, Maritain propone ciertas reglas prácticas
para que inspiren la acción del educador. Necesariamente
esta sabiduría práctica nace de una profunda inteligencia
metafísica. Se propone pensar en dos de ellas:
La primera
regla del educador sería favorecer el progreso en la vida
del espíritu, por lo tanto el estímulo es fundamentalmente
necesario y perniciosa la humillación. Como educadores
se puede optar por la simple imposición de normas, o por
la búsqueda de razones que las fundamentan y las hacen
valiosas para la vida comunitaria.
... una simple prohibición de lo indebido es menos
eficaz que la luz mediante la cual ilumina el espíritu
del niño acerca del bien que se dañaría con
esa mala acción. El verdadero arte consiste en hacer que
el niño se dé cuenta de sus propios recursos y capacidades
para alcanzar la belleza de obrar bien. (La
educación en la encrucijada. Pág.
51)
La segunda
regla consiste en centrar la atención en las profundidades
interiores de la personalidad. Los que se dedican a la educación
de jóvenes y niños saben de ese impacto singular
que genera el reconocimiento personal del otro. Tal vez el modo
más potente de mostrar la importancia de los otros.
...
No se trata de poseer una mejor técnica para hacer más
atrayente y estimulante el estudio; se trata, ante todo, de dar
a esa misteriosa identidad del alma del joven, que le resulta
desconocida a él mismo y que ninguna técnica puede
penetrar, la seguridad reconfortante de ser, de alguna forma,
reconocida por una mirada atenta, humana y personal, inexpresable
en conceptos y palabras. (La educación
en la encrucijada. Pág. 53)
Estas son
algunas de las reflexiones prácticas de Maritain, de su
conocer para obrar, pueden sin embargo iluminar las emergencias
de la libertad y la inteligencia de los que viven la educación
actual.
La sabiduría
práctica de los educadores del presente, podrá juzgar
los acontecimientos y obrar bien, si permanentemente ante sus
dilemas y búsquedas no desconoce o olvida su fin: formar
para un humanismo integral que genere una civilización
personalista y comunitaria, fundada en los derechos humanos, y
que satisfaga las aspiraciones y necesidades sociales de los hombres.
...
Resulta, por tanto necesario desarrollar a la vez el sentido de
la libertad y el sentido de la responsabilidad, el de los derechos
humanos y el de las obligaciones humanas (...) el respeto de la
humanidad en cada persona individual. (La
educación en la encrucijada. Pág.
103).
Será
lo que posibilite que la educación no se mantenga al ras
del suelo, que ante todo escepticismo la confianza en la persona
humana mantenga vivo el coraje para educar...
Usted
es - me ha dicho alguien - como un interprete de magia negra
que nos exigiría volar con nuestros brazos.
- No,
yo os pido volar con vuestras alas.
- Pero,
si no tenemos más que brazos...
- ¿Brazos?
Alas atrofiadas, que es cosa muy distinta. Esas alas volverían
a crecer, si tuvieras coraje; si comprendierais que no nos apoyamos
sólo en la tierra; si recordarais que el aire no es el
vacío.
(Los grados del Saber. Pág.
21)
Este proyecto, tiene un sentido, no está en el vacío,
está fundamentado en el ser del hombre, en la naturaleza
humana, en ese sello ontológico de su unidad, en ese ser
que puede poseerse a sí mismo por la inteligencia y la
voluntad. Cada persona puede llegar a ser un hombre, y justamente
aquí nace la necesidad del coraje y la responsabilidad.
BIBLIOGRAFÍA
MARITAIN, Jacques;
La Educación en la Encrucijada, editorial
Andrés Bello; Santiago de Chile; 1993.
MARITAIN,
Jacques; Lecciones Fundamentales de la Filosofía
Moral; Club de Lectores; 1966.
MARITAIN,
Jacques; Los Grados del Saber; Club de Lectores;
Buenos Aires; 1983.
MARITAIN,
Jacques; Para una Filosofía de la Persona Humana;
Club de Lectores; Buenos Aires; 1984.