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DEMOCRACIA Y PLURALISMO

EL ERROR DE LA EDUCACIÓN:
LA AUSENCIA DE UNA FILOSOFÍA DE LA PERSONA HUMANA

Pablo Plaza

(El Profesor Pablo Plaza es integrante del Instituto Jacques Maritain de Tucumán, Argentina)

 

 


Si bien las citas de Maritain que sustentan esta ponencia, son de textos diversos y surgidos en circunstancias históricas diferentes: 'Los Grados del Saber', 'Para una Filosofía de la Persona humana', 'Lecciones fundamentales de la Filosofía Moral', 'La Educación en la encrucijada', se toma su contenido en lo que se considera tiene de valor universal y fundado en la razón; y a la vez disponible, para pensar la crisis de la educación actual y reorientar la acción.

Para Maritain el primer error del que la educación debe precaverse es el desconocimiento de su fin que consiste en guiar al hombre, en su desarrollo dinámico, para que logre formarse a sí mismo como persona humana. Define a la educación como un arte moral (escándalo para los pedagogos actuales), una sabiduría práctica en la cual está incorporado ese arte. Pero el arte es un impulso dinámico hacia un proyecto que debe ser realizado, su vitalidad es la energía con la que tiende a su fin, en el caso de la educación: la persona humana.

Ante estas afirmaciones debe surgir un trabajo de anatomía, de análisis, de separación para escombrar el contenido inteligible de los conceptos surgidos, en síntesis: distinguir para unir.

Esta tarea obliga preguntar: ¿Qué es el hombre que la educación pretende formar? ¿Por qué educar es un arte moral, una sabiduría práctica y debe tender a ese fin?

La respuesta a estas preguntas no es cuestión de la educación, ni de la moral, sino que compromete los principios más profundos y más abstractos de la metafísica. Un saber al que según Maritain diversas filosofías modernas:

“... No le perdonan el que no desemboque directamente, como los sentidos, en la existencia, sino solo en esencias, en posibles, y que no alcance la existencia actual sino replegándose sobre los sentidos. Ignoran profundamente el valor de lo abstracto, de esa inmaterialidad más dura que las cosas, aunque impalpable e inimaginable, que el espíritu va a buscar en el corazón de las cosas mismas ...” (‘Los Grados del Saber’. Pág. 20)

Comparando la tarea del metafísico y el poeta, Maritain sostiene:

“... El uno, que sumerge su corazón en las cosas como un dardo encendido, ve por adivinación en lo sensible mismo el resplandor de una luz espiritual donde una mirada de Dios brilla a sus ojos. El otro, desviándose de lo sensible, ve por ciencia en lo inteligible, y desprendida de las cosas perecederas, esa misma luz espiritual captada en alguna idea (...) Aspirando ambos los rayos descendidos de la noche creadora, uno se nutre de una inteligibilidad ligada y tan multiforme como los reflejos de Dios sobre el mundo; el otro de una inteligibilidad libre y tan determinada como el ser propio de las cosas. Ellos juegan al columpio, elevándose alternativamente al cielo. Los espectadores se burlan del juego, es que permanecen a ras del suelo” (‘Los Grados del Saber’. Pág. 21)

Así permanecerá la educación, a ras del suelo, sino se busca contemplar la unidad que le da sentido, y por lo tanto, orientación. Si solamente se privilegia la acción, dejando la contemplación, el análisis de la realidad con rigor y algún orden, y no asustarse porque no se hace referencia a un orden de simple policía (ningún autoritarismo es lo que se está buscando) sino:

“... La inútil metafísica (que) entroniza el orden en la inteligencia especulativa y práctica (...) Ella devuelve al hombre su equilibrio y su movimiento, que consiste (...) en gravitar con su cabeza en medio de las estrellas, hollando la tierra con sus plantas. Ella le descubre en toda la extensión del ser los valores auténticos y su jerarquía ...” (‘Los Grados del Saber’. Pág. 24)


(En muchas sesiones de Maritain, se ha insistido en la importancia de analizar temas de actualidad, se les asegura que a ellos se quiere llegar, pero no sin principios que puedan iluminar la sabiduría práctica)

Para Maritain la sabiduría metafísica es en su esencia una sabiduría puramente natural, que se resuelve por entero en las evidencias naturales y racionales. Por lo que se propone que los hombres que confían en su inteligencia y buscan con sinceridad de corazón, sin temor a caerse, jueguen al columpio a ver lo que pueden ver.

El concepto humano absolutamente primero, es el concepto de ser.

“Toda cosa es ser: y sin embargo cada cosa difiere de otra por un carácter que él mismo es también ser, lo que nos muestra la esencial polivalencia de este concepto. Impregna toda cosa y es él mismo intrínsecamente vario; es la doctrina clásica de la analogía del ser. El ser es así como una realidad inteligible, ilimitada, que brota de la menor cosa y vale para toda cosa, pero según títulos diversos” (‘Lecciones fundamentales de la Filosofía Moral’. Pág. 38)

“... Así es como tenemos esos modos o rostros universales del ser, tan amplios, tan infinitos como el ser mismo, que se llaman los trascendentales ( las pasiones del ser) Trascendentales, es decir, objetos de pensamiento (...) que impregnan todas las cosas”. (‘Lecciones fundamentales de la Filosofía Moral’. Pág. 39).

Tomar un ejemplo puede ilustrar con mayor claridad estas palabras: Pablo antes de saber que Ignacio es un hombre, sabe que es un ser diferente de él (por su materia), que es radicalmente diferente, otro ser. He ahí, un aspecto del ser que surge ante el espíritu, manifestando su consistencia interna. Para Santo Tomás la individualidad es lo que hace que una cosa de la misma naturaleza que otra difiera de esta otra en el seno de una misma especie, y de un mismo género. Ignacio es distinto que Pablo por su individualidad. Sin duda el ser puede ser dividido, pero por eso mismo deja de ser, se renuncia. En la medida que una cosa es, es una. Y esa unidad es un todo.

Hasta aquí el ser en cuanto indiviso.

¿Pero en qué consiste ser hombre? o ¿qué es aquello que lo hace este ser y no otro? ¿Cuál es la verdad ontológica contenida en el hombre? ¿Qué es lo que lo hace verdadero? Toda cosa está preñada de inteligibilidad, requiere de una inteligencia dispuesta a abstraer.

Esta unidad, hombre: es una naturaleza sustancial, singular que subsiste como un todo independiente en el universo. La subsistencia es la propiedad metafísica, en virtud de la cual una naturaleza es un sistema centrado sobre sí para existir y para obrar. Pero la noción de persona no se refiere sólo a la subsistencia, sino a la subsistencia de algo dotado de inteligencia y libertad.

“Una persona es un centro de libertad puesto frente a las cosas, al universo, al mismo Dios; dialoga con otra persona, comunica con ella entendiendo y amando. La noción de personalidad, por muy compleja que sea, es ante todo de orden ontológico. Es una perfección metafísica y sustancial que, en el orden operativo, se abre y se desenvuelve en valores psicológicos y morales” (‘Los grados del Saber’. Pág. 364).

Por lo tanto, el hombre es dueño de sí mismo, por su inteligencia y voluntad. Tiene la existencia espiritual propia del conocimiento y el amor. Es un todo y no una parte. Es la subsistencia de un ser capaz de pensar, de amar y decidir por sí mismo. Un universo en sí mismo, que puede conocer otros seres y entregarse a otros hombres, que son para él, como si fueran él mismo.

Pero pensando nuevamente en Ignacio, esta raíz metafísica que se encuentra en su ser deberá ser una conquista progresiva de él mismo, cumplida en el tiempo. Este ser deberá ser capaz de poseerse a sí mismo por la inteligencia y la voluntad.

Desde estas nociones se puede establecer que el bien moral para el hombre será llegar a ser tal, a partir del uso de su libertad. El hombre por su voluntad, debe realizar lo que su naturaleza es en esbozo, mediante un proceso en el que por su libertad deberá lograr ser persona, “... imprimir por sí mismo sobre su propia vida el sello de su radical unidad ontológica...” (‘Hacia una Filosofía de la Persona Humana’. Pág. 163)

Hasta aquí contestada la primera pregunta: ¿Qué es el hombre? sin la cual hablar de educación sería girar en redondo sin dirigirse a ninguna parte. La metafísica como saber especulativo, que conoce por conocer, criticado muchas veces por distante de la realidad, y por su inutilidad, es el que entroniza la finalidad de la educación: llegar a ser persona humana.

Por lo tanto, será objeto de la educación, que el hombre conquiste la libertad interior, que se haga dueño de sí mismo por la inteligencia y la voluntad. Que esté en constante búsqueda de la verdad, a través de su actividad interior, que le permite comprender mejor verdades ya alcanzadas y la captación progresiva de verdades nuevas.

La educación buscará despertar y afirmar el sentido de la libertad, y el de las obligaciones y responsabilidades. La libertad personal está en el centro de la vida social pero la misma acepta la obediencia a una ley común por el bien común, que implica que todas las libertades lleguen a alcanzar un perfeccionamiento verdaderamente humano.

Pero como la educación es un arte moral, no es sólo terreno del análisis especulativo. ¿Cómo llevar a la acción la ardua tarea propuesta? ¿Cómo lograr que el obrar, creación de la inteligencia y de la libertad, sea capaz de hacer surgir en el ser su naturaleza propia?

El conocimiento práctico, desde una concepción aristotélica, conoce para obrar y dirigir la acción. Aquello que el hombre conoce , a partir de su inteligencia práctica, es lo que su voluntad quiere. El conocimiento especulativo mostrará el ámbito de las necesidades inteligibles del ser, pero el conocimiento práctico se las verá, con las “emergencias de la libertad”, con las condiciones históricas de la existencia en las cuales las libertades deberán realizar aquello que les es propio.

El terreno de la educación, no tendrá que ver tan sólo con conocer aquello que es lo bueno para el ser humano, sino con la sabiduría práctica que alcanza la singularidad de la acción donde aquella realidad debe concretarse. Un hombre que ha alcanzado la sabiduría práctica es aquel que obra bien, dirige bien su acción, porque juzga los acontecimientos y decide su conducta, de modo tal que la realización del ser humano se haga posible.

Se considera que el texto de Maritain, ‘La Educación en la Encrucijada’, es una obra maestra de sabiduría práctica, que muestra un hombre que desde la metafísica de la persona es capaz de sumergirse en la tarea del educador y realizar propuestas para orientar la acción.

Con la exposición que sigue, se sentirán más identificados aquellos que quieren reflexionar en torno a la práctica, a las situaciones y problemáticas concretas, tal vez, pensarán, “¿cómo no haber comenzado por estas cuestiones? ¿ Para qué la abundancia en planteos teóricos?”. Se sostiene que Maritain, puede llegar a describir con tanta claridad los errores que puede cometer el educador y realizar propuestas tan sugerentes, porque sus análisis están permanentemente subordinados a la convicción de sus intuiciones metafísicas.

Justamente el primer error del educador es el desconocimiento o el olvido del fin. No es que los medios y los métodos de la educación estén en crisis, el educador tiene conocimientos científicos y técnicos cada vez más amplios para llevar a cabo su tarea. Pero muchas veces pierde la contemplación de la unidad, del fin, que da sentido a la multiplicidad de sus acciones educativas. Se puede sostener entonces que el primer y fundamental error de la educación y los educadores es el desconocimiento o el olvido de una auténtica filosofía de la persona humana.

“... Si los medios son queridos y cultivados por amor a su propia perfección y no como simple medios, en esa misma medida dejan de conducir hacia el fin y el arte pierde su energía práctica...” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 15)

Pero esto no es problema sólo de la educación, lo misma pasa con la medicina científica cuando se convierte en una medicina sin enfermos, que se ocupa de reacciones de laboratorio cada vez más numerosas pero no de hombres a quienes curar. La perfección de la ciencia y los medios de la educación deberán verse permanentemente fortalecidos por la reflexión en torno a los fines, que les dan un sentido.

Otro error es la sobreestimación del sujeto y de la acción y el consecuente olvido de las verdades objetivas, de la confianza en el desarrollo del conocimiento para hallar verdades. Desde comprender los símbolos de una interpretación matemática de los fenómenos hasta la posibilidad de fundamentar racionalmente las normas y los valores morales.

“... a fuerza de insistir sobre el hecho que para enseñar matemáticas a Pedro es más importante conocer a Pedro que saber matemáticas - lo que es bastante cierto en un sentido -, el maestro acertará tan perfectamente a conocer Pedro que Pedro no acertará nunca a saber las matemáticas. La pedagogía moderna ha hecho progresos inestimables en insistir en la necesidad de analizar cuidadosamente y no perder nunca de vista al sujeto humano. El error de produce cuando el objeto que se enseñará es olvidado y (se) (...) desemboca en una especie de adoración psicológica del sujeto.” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 25)

Si se analiza los planes de estudio de formación docente actuales se descubrirá esta tendencia a privilegiar la importancia del conocimiento del Sujeto de aprendizaje y de cómo enseñar, pero con respecto a “qué enseñar”, solo hace falta los conocimientos sustantivos. No es la didáctica de la disciplina sino el conocimiento profundo de la misma la que permitirá al docente ser un formador consistente.

Imaginen un formador de docentes, en curso de la red federal de formación docente planteando que la formación ética en la escuela no es una cuestión de discusión de fundamentos, de crítica de diversos sistemas éticos sino tan solo de formar actitudes, despertar valores. Esto llevaría a otro error señalado por Maritain: el voluntarismo. Es muy buena la educación de la voluntad, del sentimiento, del carácter pero no lo es sin cultivar la inteligencia que puede conocer la belleza del bien. En la educación es necesaria la mutua reciprocidad entre inteligencia y voluntad. Es por su voluntad que el hombre es bueno, cuando realiza el bien que su inteligencia le muestra: “es mejor querer y amar el bien que simplemente conocerlo” . Pero es de fundamental importancia conocerlo sino el simple voluntarismo tiene en la historia ejemplos esclarecedores de su perjuicio:

“... Pienso aquí en la eficacia del adiestramiento, de las escuelas y las organizaciones de la juventud del nazismo, que destruyeron en los espíritu todo sentido de verdad, pervirtieron la función misma del lenguaje, devastaron moralmente a la juventud e hicieron de la inteligencia un simple órgano del equipamiento técnico del estado” (‘La educación en la encrucijada'. Pág. 33)

La formación ética del joven no puede estar basada en dirigir su voluntad hacia donde quiera dirigirla cualquier tipo de adiestramiento, inclusive cuando este sea aparentemente bueno, sino en la confianza en las posibilidades de la razón del joven para encontrar verdades sustentadas racionalmente. ¿Por qué decidir de antemano que los jóvenes no puedan entender que no es lo mismo una ética basada solo en la razón subjetiva, que una ética basada en una realidad extramental: Dios, la naturaleza de las cosas (especialmente la naturaleza humana) y la ley natural? ¿Por qué decidir que no puedan entender las consecuencias vitales de una u otra? El esfuerzo de la inteligencia del docente deberá ser superior porque no consistirá simplemente en decir: hagan esto y no aquello.

Otro profundo error de la escuela actual, ya planteado por Maritain es el intelectualismo. Imposible formar en los valores universales, en el descubrimiento del ser humano como tal, si la escuela solo privilegia la especialización científica y técnica. La especialización es necesaria en la actualidad, pero no dispensa de brindar una formación general aún más vigorosa. Como se concretará por ejemplo, el ideal democrático con personas sin juicio crítico, sin capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo:

“... ¿Cómo podría el hombre corriente (...) emitir un juicio, a no ser en el campo restringido de su especialidad? La actividad política y el juicio político se convertirían en materia exclusiva de los expertos especializados en ese campo, una especie de tecnocracia del estado que no presenta perspectivas muy afortunadas para el bien del pueblo, ni para la libertad.” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 31)

¿Cómo podría lograr esto el adolescente si se lo aleja de las humanidades: de la Historia, la literatura, la filosofía, la política? ¿Cómo lograrlo si están cada vez más lejos del dominio de la matemática, la física, las ciencias naturales? ¿Cómo lograrlo si se lo aleja de la abstracción y del rigor lógico?

Pero no hay que preocuparse, porque estarán preparados para el mundo del trabajo, dedican su adolescencia a estudiar estrategias de marketing, técnicas en turismo y comercialización, diseño gráfico y multimedia. Además a sus diecisiete años ya dedican su tiempo a realizar análisis crítico sobre el Medio Ambiente, el MERCOSUR , la globalización, y la opinión pública, muy interesantes por cierto, para los autores de los textos que los proponen, ya que ellos tuvieron todas las herramientas intelectuales, de conocimiento y lógicas para haber llegado a gestarlos.

No se niega la importancia del mundo del trabajo, ni tampoco la importancia de que las problemáticas contemporáneas se traten dentro de las aulas, se niega que la escuela deba abandonar su responsabilidad de formación general, su responsabilidad de formación humanista. Se niegan los extremos.

“... para formar un buen ciudadano y un hombre civilizado, lo que importa ante todo es el centro interior, la fuente viva de la conciencia personal, de donde nacen, a la vez, el idealismo y la generosidad, el sentido de la ley y el sentido de la amistad, el respeto a los demás y una independencia firmemente arraigada frente a la opinión común.” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 28)

“... Es necesario, finalmente, comprender de modo más general que buscar la vida concreta se torna una engañifa si dispersa la atención del hombre o del niño entre las futilidades prácticas, las recetas psicotécnicas y la infinidad de actividades utilitarias, en perjuicio de la vida concreta auténtica de la inteligencia y del alma. El sentido de la realidad concreta es debilitado por el utilitarismo, se desarrolla y florece, en cambio, mediante esas actividades de las que la vida humana, tiene mayor necesidad cuanto que no están al servicio de ninguna utilidad práctica (...) desgraciado el adolescente que no conoce los placeres del espíritu y no se exalta con la alegría de conocer y con el gozo de la belleza; que no se exalta por el entusiasmo de las ideas...” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 28)

Por último, en lo que se considera es un corolario de su filosofía, Maritain propone ciertas reglas prácticas para que inspiren la acción del educador. Necesariamente esta sabiduría práctica nace de una profunda inteligencia metafísica. Se propone pensar en dos de ellas:

La primera regla del educador sería favorecer el progreso en la vida del espíritu, por lo tanto el estímulo es fundamentalmente necesario y perniciosa la humillación. Como educadores se puede optar por la simple imposición de normas, o por la búsqueda de razones que las fundamentan y las hacen valiosas para la vida comunitaria.

“... una simple prohibición de lo indebido es menos eficaz que la luz mediante la cual ilumina el espíritu del niño acerca del bien que se dañaría con esa mala acción. El verdadero arte consiste en hacer que el niño se dé cuenta de sus propios recursos y capacidades para alcanzar la belleza de obrar bien.” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 51)

La segunda regla consiste en centrar la atención en las profundidades interiores de la personalidad. Los que se dedican a la educación de jóvenes y niños saben de ese impacto singular que genera el reconocimiento personal del otro. Tal vez el modo más potente de mostrar la importancia de los otros.

“... No se trata de poseer una mejor técnica para hacer más atrayente y estimulante el estudio; se trata, ante todo, de dar a esa misteriosa identidad del alma del joven, que le resulta desconocida a él mismo y que ninguna técnica puede penetrar, la seguridad reconfortante de ser, de alguna forma, reconocida por una mirada atenta, humana y personal, inexpresable en conceptos y palabras.” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 53)

Estas son algunas de las reflexiones prácticas de Maritain, de su conocer para obrar, pueden sin embargo iluminar las emergencias de la libertad y la inteligencia de los que viven la educación actual.

La sabiduría práctica de los educadores del presente, podrá juzgar los acontecimientos y obrar bien, si permanentemente ante sus dilemas y búsquedas no desconoce o olvida su fin: formar para un humanismo integral que genere una civilización personalista y comunitaria, fundada en los derechos humanos, y que satisfaga las aspiraciones y necesidades sociales de los hombres.

“... Resulta, por tanto necesario desarrollar a la vez el sentido de la libertad y el sentido de la responsabilidad, el de los derechos humanos y el de las obligaciones humanas (...) el respeto de la humanidad en cada persona individual.” (‘La educación en la encrucijada’. Pág. 103).

Será lo que posibilite que la educación no se mantenga al ras del suelo, que ante todo escepticismo la confianza en la persona humana mantenga vivo el coraje para educar...

 

“Usted es - me ha dicho alguien - como un interprete de magia negra que nos exigiría volar con nuestros brazos.

- No, yo os pido volar con vuestras alas.

- Pero, si no tenemos más que brazos...

- ¿Brazos? Alas atrofiadas, que es cosa muy distinta. Esas alas volverían a crecer, si tuvieras coraje; si comprendierais que no nos apoyamos sólo en la tierra; si recordarais que el aire no es el vacío.” (‘Los grados del Saber’. Pág. 21)


Este proyecto, tiene un sentido, no está en el vacío, está fundamentado en el ser del hombre, en la naturaleza humana, en ese sello ontológico de su unidad, en ese ser que puede poseerse a sí mismo por la inteligencia y la voluntad. Cada persona puede llegar a ser un hombre, y justamente aquí nace la necesidad del coraje y la responsabilidad.


BIBLIOGRAFÍA


MARITAIN, Jacques; “La Educación en la Encrucijada”, editorial Andrés Bello; Santiago de Chile; 1993.

MARITAIN, Jacques; “Lecciones Fundamentales de la Filosofía Moral”; Club de Lectores; 1966.

MARITAIN, Jacques; “Los Grados del Saber”; Club de Lectores; Buenos Aires; 1983.

MARITAIN, Jacques; “Para una Filosofía de la Persona Humana”; Club de Lectores; Buenos Aires; 1984.