Introducción
Las
Veinticuatro Tesis Tomistas constituyen un documento importantísimo
del llamado neotomismo, esto es, del renacimiento
tomista propiciado principalmente por el Papa León XIII
(1878-1903) con su encíclica Æterni Patri
(1879).
Las
Tesis, en su conjunto, comprenden toda la filosofía de
Santo Tomás de Aquino.
Fueron
formuladas en virtud de un trabajo de colaboración de
varios profesores, filósofos y teólogos y aprobadas
por la Congregación de Estudios del Vaticano, con la
autorización del Papa Pío X (1903-1914), como
pieza esencial en la formación impartida en seminarios
y escuelas católicas.
TESIS
I
La potencia
y el acto dividen el ser de tal suerte que todo cuanto es, o bien
es acto puro, o bien es acto necesariamente compuesto de potencia
y acto, como principios primeros e intrínsecos.
TESIS II
El acto,
por lo mismo que es perfección, no está limitado
sino por la potencia, que es una capacidad de perfección.
Por consiguiente, en el orden en que el acto es puro, no puede
ser sino universal y único; por el lado en que es finito
y múltiple, entra en verdadera composición con la
potencia.
TESIS III
Por
lo tanto, en la absoluta razón del ser, en sí mismo,
sólo subsiste Dios único y simplicísimo,
y todas las demás cosas que participan del ser tienen una
naturaleza donde el ser se halla restringido, y están constituidas
o compuestas de esencia y existencia, como de principios realmente
distintos.
TESIS IV
La noción
de ente (o de ser) se aplica a Dios y las criaturas, no de manera
unívoca, ni tampoco puramente equívoca, sino más
bien analógica, con analogía de atribución
y de proporcionalidad.
TESIS V
Hay,
además, en toda criatura, composición real de un
sujeto subsistente con otras formas secundariamente añadidas,
llamadas accidentes; y esta composición no se comprendería,
si no fuera recibido el ser en una esencia distinta de él
mismo.
TESIS VI
Además
de los accidentes absolutos, hay un accidente relativo, como una
tendencia hacia algo. Aunque tal relación de tendencia hacia alguna cosa no signifique propiamente una cosa inherente
a un sujeto, tiene a menudo su causa en las cosas, y, por lo mismo,
una real entidad distinta del sujeto.
TESIS VII
La criatura
espiritual es plenamente simple en su esencia. Pero queda en ella
una doble composición, la de la esencia con la existencia
y la de la sustancia con los accidentes.
TESIS VIII
La criatura
corporal, en cuanto a su misma esencia, está compuesta
de potencia y acto, y esta potencia y acto, del orden de la esencia,
se designa con los nombres de materia y forma.
TESIS IX
Ninguna
de las dos partes tiene el ser por sí sola, ni se produce
ni se corrompe por sí; tampoco cabe en un predicamento
si no es por reducción, en cuanto principio sustancial.
TESIS X
Aunque
la extensión en partes integrales es una consecuencia de
la naturaleza corpórea, no es lo mismo en un cuerpo ser
sustancia que ser extensión corpórea. La sustancia,
en cuanto tal, es indivisible, no a la manera del punto, sino
de los seres extraños al orden de la dimensión.
La cantidad, origen de la extensión en la sustancia, es
verdadero accidente incapaz de entrar en la categoría de
sustancia real.
TESIS XI
La materia
sellada por la cantidad es el principio de la individualización,
o sea, de la distinción numérica (imposible en los
espíritus), por la cual un individuo de la misma naturaleza
específica se distingue de otro.
TESIS XII
Por
virtud de la misma cantidad, el cuerpo se circunscribe o acomoda
a un lugar de tal suerte que, de este modo circunscriptivo, ninguna
potencia, de la clase que sea, puede hacer que haya otro cuerpo
en el mismo lugar a la vez.
TESIS XIII
Los
cuerpos se dividen en dos categorías: la de los vivientes
y la de los que carecen de vida. La forma sustancial de los vivientes,
llamada alma, requiere cierta disposición orgánica,
o sea, partes heterogéneas, para que haya en el mismo sujeto
una parte que mueve y otra que es movida de por sí.
TESIS XIV
Las
almas del orden vegetativo y del sensitivo no pueden por sí
mismas, ni existir, ni ser producidas, sino que únicamente
son a modo de principio que da ser y vida al viviente, de tal
suerte que, por el mero hecho de corromperse el compuesto, se
corrompen también ellas accidentalmente, a causa de su
dependencia omnímoda de la materia.
TESIS XV
Por
el contrario, el alma humana subsiste por sí misma, es
creada por Dios en el momento que puede ser infundida en el sujeto
suficientemente dispuesto, y por su naturaleza es incorruptible
e inmortal.
TESIS XVI
La misma
alma racional se une de tal modo al cuerpo, que es su única
forma sustancial, y por ella el hombre tiene el ser de hombre,
y de animal, y de viviente, y de cuerpo, y de sustancia, y de
ser. Por consiguiente, el alma le da al hombre todo el grado esencial
de perfección y, además, comunica al cuerpo el acto
del ser con que ella existe.
TESIS XVII
Dos
órdenes de facultades, orgánicas e inorgánicas,
emanan del alma humana por resultado natural: el sujeto de las
primeras, a las que pertenece el sentido, es el compuesto, y de
las segundas el alma sola. Es, pues, el entendimiento una facultad
intrínsecamente independiente de los órganos.
TESIS XVIII
La intelectualidad
sigue necesariamente a la inmaterialidad, y de tal suerte, que
los grados de intelectualidad se computan por los de alejamiento
de la materia. Es objeto adecuado de la intelección el
ser en sí mismo y en general; mas el objeto propio del
entendimiento humano, en el estado actual de unión, se
circunscribe a las esencias abstraídas de las condiciones
materiales.
TESIS XIX
Recibimos, pues,
nuestro conocimiento de las cosas sensibles. Mas como lo sensible
no es inteligible en acto, hay que admitir en el alma, además
del entendimiento formalmente inteligente, una virtud activa que
abstraiga de los fantasmas las especies inteligibles.
TESIS XX
Por
medio de estas especies inteligibles conocemos directamente los
universales; con los sentidos alcanzamos los singulares, y también
con el entendimiento, pero en este caso volviéndonos hacia
las imágenes; y nos elevamos al conocimiento de las cosas
espirituales, por analogía.
TESIS XXI
La voluntad
sigue al entendimiento, no le precede, y apetece necesariamente
aquello que le presentan como un bien que sacia por completo al
apetito; empero elige libremente entre aquellos otros bienes cuya
apetencia depende de un juicio variable. La elección sigue,
por consiguiente, al último juicio práctico, y a
la voluntad toca determinar cuál sea el último.
TESIS XXII
Conocemos
la existencia de Dios, no por intuición inmediata, ni por
demostración a priori, sino a posteriori, es decir, por
las criaturas, arguyendo de los efectos a las causas; partiendo
de las cosas que se mueven sin tener en sí mismas un principio
suficiente de movimiento, hasta llegar al necesario primer motor
inmóvil; subiendo de los efectos causados y de las causas
subordinadas, a la causa sin causa, o primera; deduciendo de los
seres corruptibles, indiferentes para existir o no, la absoluta
necesidad de un ser absolutamente necesario; a vista de las innumerables
criaturas limitadas en el ser, vivir y entender, nos persuadimos
de que no pueden ser ellas ni nada semejante sin lo primero y
esencial, tenemos que llegar al ser esencial e infinito, viviente
e inteligente en grado supremo; por fin, el orden sublime del
Universo no puede concebirse racionalmente sin un Supremo Ordenador
que enderece todas las cosas a su fin.
TESIS XXIII
La esencia
divina, por identificarse con la máxima e infinita actualidad
del ser, por lo mismo que es el mismo ser subsistente, rectamente
se nos propone así, como constituida en su razón
metafísica, y por eso vemos en ella la razón de
su perfección infinita.
TESIS XXIV
Por
la misma pureza de su ser se distingue Dios de todas las cosas
finitas. De aquí se infiere, en primer lugar, que el mundo
sólo por creación pudo proceder de Dios; además,
que ninguna virtud creadora que alcanza y tiene por término
de su acción el ser en cuanto ser, puede comunicarse ni
por milagro a la naturaleza finita; y, por último, que
ningún agente creado puede influir en el ser del efecto
que se quiera, sin recibir la moción de la causa primera.