TEXTOS BREVES


EL OFICIO DEL SABIO

Santo Tomás de Aquino

(Libro I, Capítulo I, ‘Suma Contra los Gentiles’)

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El oficio del sabio
Santo Tomás de Aquino
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Etienne Gilson



«Mi boca meditará la verdad, y mis labios detestarán la impiedad.»
(Proverbios 8, 7)


Comúnmente suele llamarse sabios – y piensa el Filósofo * que es correcto seguir esta costumbre – a quienes saben ordenar directamente las cosas y gobernarlas bien. Por eso dice el mismo Filósofo que, entre todos los atributos de un sabio, es propio suyo el ordenar.

Pero es preciso que quienes ordenan una cosa a determinado fin, han de tomar la norma de orden y gobierno del mismo fin. Y es que una cosa se dice que está perfectamente ordenada, cuando lo está respecto a su fin; y el fin de cada cosa es su propio bien.

Y así vemos que entre las artes, una de ellas, a la que pertenece el fin, es como la principal y gobernadora de las demás. Por ejemplo la medicina gobierna y dirige la farmacéutica; porque la medicina busca la salud, y ésta es el fin de todos los medicamentos que fabrica la farmacéutica. Algo semejante sucede en el arte de navegar, respecto a la industria naval; y lo mismo en el arte militar respecto a la caballería y de los demás aspectos de la milicia.

Tales artes principales se llaman arquitectónicas o principales; por lo mismo quienes las dirigen se llaman arquitectos, y con razón reclaman para sí el nombre de sabios. Pero como éstos se ocupan de los fines de algunas artes particulares, pero no del fin universal de todas las cosas, suelen llamarse sabios en esta o aquella materia. Y así se dice en la primera carta a los Corintios: "Puse el fundamento como sabio arquitecto".

Pero el nombre de sabio en su pleno sentido, se reserva para aquéllos que se dedican a considerar el fin del universo, que es el principio de todo cuanto existe. Por eso dice el Filósofo que es propio del sabio considerar las causas más altas.

Y el fin último de cualquier cosa es aquel que pretendió su primer autor o motor. Y el primer autor y motor del universo es el intelecto, como más adelante se expondrá. Por tanto, el fin último del universo es el bien del intelecto, y dicho bien es la verdad. Por tanto la verdad es el fin último de todo el universo, y el fin de todo sabio es principalmente buscarla.

Por eso la divina Sabiduría afirma que se ha encarnado en el mundo para manifestar la verdad: "Para eso nací, y para eso vine al mundo: para dar testimonio de la verdad".

Mas dice el Filósofo que la primera filosofía es la ciencia de la verdad; mas no de cualquier verdad, sino de aquella que es origen de toda verdad, o sea la que pertenece al primer principio por el cual todo lo demás existe; y por lo cual su verdad es el principio de toda otra verdad; porque en todas las cosas su verdad corresponde a su ser.

Por otra parte, a todo artífice corresponde aceptar un aspecto y rechazar el contrario; por ejemplo, la medicina por una parte busca la salud y por otra ataca la enfermedad. Por tanto, así como es propio del sabio buscar la verdad del primer principio, y conforme a ésta juzgar de las demás verdades, así también le es propio impugnar la falsedad contraria.

Por tanto, acertadamente el libro de la Sabiduría señala al sabio un doble oficio, en el texto arriba citado: el considerar y comunicar lo que es la verdad divina, que es la verdad por antonomasia, y a eso se refiere cuando dice: "Mi boca meditará la verdad"; e impugnar el error contra la verdad, cuando añade: "Y mis labios detestarán la injusticia", que no es sino la falsedad contra la verdad divina, que también se opone a la religión llamada asimismo piedad (o justicia). Por ello también se le llama al error impiedad (o injusticia).

 

*Aristóteles