TEXTOS BREVES

LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
EN DIÁLOGO CORDIAL CON TODOS LOS SABERES


(Breve segmento del 'Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia', publicado por la Santa Sede en 2004)

 

 

En diálogo cordial con todos los saberes

76. La doctrina social de la Iglesia se sirve de todas las aportaciones cognoscitivas, provenientes de cualquier saber, y tiene una importante dimensión interdisciplinar; «Para encarar cada vez mejor, en contextos económicos y políticos distintos, y continuamente cambiantes, la única verdad sobre el hombre, esta doctrina entra en diálogo con las diversas disciplinas que se ocupan del hombre, e incorpora sus aportaciones». [1]

La doctrina social se vale de las contribuciones de significado de la filosofía e igualmente de las aportaciones descriptivas de las ciencias humanas.

77. Es esencial, ante todo, el aporte de la filosofía, señalada ya al indicar la naturaleza humana como fuente y la razón como vía cognoscitiva de la misma fe. Mediante la razón, la doctrina social asume la filosofía en su misma lógica interna, es decir, en la argumentación que le es propia.

Afirmar que la doctrina social debe encuadrarse en la teología más que en la filosofía, no significa ignorar o subestimar la función y el aporte filosófico. La filosofía, en efecto, es un instrumento idóneo e indispensable para una correcta comprensión de los conceptos básicos de la doctrina social – como la persona, la sociedad, la libertad, la conciencia, la ética, el derecho, la justicia, el bien común, la solidaridad, la subsidiaridad, el Estado –, una comprensión tal que inspire una convivencia armónica. Además, la filosofía hace resaltar la plausibilidad racional de la luz que el Evangelio proyecta sobre la sociedad y solicita la apertura y el asentimiento de la verdad de toda inteligencia y conciencia.

78. Una contribución significativa a la doctrina social de la Iglesia procede también de las ciencias humanas y sociales: [2] ningún saber resulta excluido, por la parte de verdad de la que es portador. La Iglesia reconoce y acoge todo aquello que contribuye a la comprensión del hombre en la red de las relaciones sociales, cada vez más extensa, cambiante y compleja. La Iglesia es consciente de que un conocimiento profundo del hombre no se alcanza sólo con la teología, sin las aportaciones de otros muchos saberes, a los cuales la teología misma hace referencia.

La apertura atenta y constante a las ciencias proporciona a la doctrina social de la Iglesia competencia, concreción y actualidad. Gracias a éstas, la Iglesia puede comprender de forma más precisa al hombre en la sociedad, hablar a los hombres de su tiempo de modo más convincente y cumplir más eficazmente su tarea de encarnar, en la conciencia y en la sensibilidad social de nuestro tiempo, la Palabra de Dios y la fe, de las cuales la doctrina social «arranca». [3]

Este diálogo interdisciplinar solicita también a las ciencia a acoger las perspectivas de significado, de valor y de empeño que la doctrina social manifiesta y «a abrirse a horizontes más amplios al servicio de cada persona, conocida y amada en la plenitud de su vocación». [4]

NOTAS

1. Juan Pablo II. Carta encíclica Centesimus annus, 59.

2. Resulta significativa, al respecto, la institución de la Pontificia Academia de la Ciencias Sociales. En el Motu proprio de erección se lee: «Las investigaciones de las ciencias sociales pueden contribuir de forma eficaz a la mejora de las relaciones humanas, como demuestran los progresos realizados en los diversos sectores de la convivencia, sobre todo a lo largo del siglo que está por terminar. Por este motivo, la Iglesia, siempre solícita por el verdadero bien del hombre, ha prestado constantemente gran interés a este campo de investigación científica, para sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempeñar su misión de Magisterio». Juan Pablo II, Muto propio Socialium Scientiarum 91° de enero de 1994).

3. Juan Pablo II. Carta encíclica Centesimus annus, 54.

4. Juan Pablo II. Carta encíclica Centesimus annus, 59.