El comienzo de una aventura
Jacques Maritain
Una anciana señora a quien venero, hablando hace mucho tiempo de mí a uno de mis amigos, le decía:
"Maritain es católico, sin duda, pero de una secta especial: es también tomista. Pero, señor, el tomismo no es precisamente una secta como la Christian Science, es simplemente la filosfía de Aristóteles bautizada por Santo Tomás de Aquino."
Esto no parece ser muy revolucionario, mas no hay que fiarse de las apariencias.
Trátase de adherir a los principios de la razón y a los principios de la fe en la síntesis doctrinal más estricta, para mantener la vista bien libre y afrontar con el mayor valor posible los problemas de nuestros días. Es éste un modo muy a propósito para poner a todo el mundo contra sí: a los tradicionalistas que detestan las novedades y a los innovadores que ninguna afición tienen a la tradición; a los racionalistas a quienes la oración da tedio, y a los devotos a quienes la ciencia trae a mal traer; y aun a los especialistas en Santo Tomás que clasifican el tomismo en un casillero de la historia de la Edad Media y de ningún modo quieren que se lo saque de ahí.
Hace veinticinco años, sacar el tomismo de su casillero o de los manuales de seminario para hacer de él una filosofía viviente parecía una empresa absurda, una empresa de desesperados. Y como desesperados comenzamos.
Era la época en que otros desesperados se lanzaban a la aventura del comunismo y del fascismo. Quiero creer que nuestra aventura no ha ido del todo mal; y es que desde el primer momento estaba dirigida a la libertad del espíritu.
No os extrañe si un recién convertido ponía en ello cierta intransigencia. Espero que más tarde la experiencia me ha hecho un poco más inteligente; yo temería más bien haberme hecho ahora demasiado conciliador.
(J. Maritain. 'Por la Justicia'. OC, VIII, 796)