"La Filosofía Política no pretende desalojar o reemplazar ni a la sociología ni a la ciencia política. Sin embargo, siendo más abstracta y menos orientada a los detalles de los fenómenos, eleva la materia objeto de la investigación sociológica y científico-política, tanto a un grado más alto de inteligibilidad, como aun grado mayor de practicabilidad, porque aprecia dicho material bajo la luz y la perspectiva de un conocimiento más profundo y más comprensivo, un conocimiento sabio del Hombre, cual es la Ética y trata, por ello, precisamente de los fines y normas de la conducta humana.
      "Acabo de aludir al carácter 'práctico' de la filosofía política. ¿No parece esto en realidad paradójico, dado que la filosofía política, al igual que lo hace en un plano más amplio la filosofía moral, considera las cosas no sólo como ellas son, sino también como ellas deberían ser?
      "La filosofía política no sólo es 'práctica', en el sentido que trata de las acciones humanas y de sus fines, normas y condiciones de existencia; sino que es, a pesar de los sarcasmos de los llamados hombres prácticos, eficaz y eficaz en grado sumo, porque la esperanza tiene que ver con el deber ser de las cosas, no con lo que las cosas son, y el hombre no puede vivir y actuar sin esperanza.
      "La filosofía política es eficaz y eficaz en grado sumo, porque tiene que ver con las esperanzas terrestres de la comunidad humana.

(J. Maritain)

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La batalla de las ideas

      Los hombres de nuestro tiempo están inmersos en una guerra por el mundo. Es una guerra de ideas al igual que una guerra de proyectiles, y el estruendo y la confusión no están limitados a la guerra de proyectiles. Ambas han sido definidas a veces como guerras destinadas a determinar si los principios fundamentos que son verdaderos sobrevivirán después de todo. En otras oportunidades, el asunto se ha centrado más bien en establecer bajo qué principio ha de vivir el mundo, el falso o el verdadero.

      Mucho antes de la batalla de las balas, y mucho después de ella, la batalla de las ideas sigue su curso. En realidad, una mayor pérdida de tiempo en la batalla de las balas puede hacer perder a la humanidad la batalla de las ideas. Porque las ideas, en particular aquellas enervantes y desintegradoras, generalmente provocan risas y son descartadas como tonterías por las masas humanas resignadas. Después de todo, una idea desnuda no es suficiente para sobresaltar a un hombre de su sueño, privarlo de su comodidad, quitarle su comida o robarle su vida.

      Sólo aquellos particularmente alertas, aquellos que toman sus principios con absoluta seriedad, no como una dádiva, ven venir la guerra de las ideas mucho antes que el zumbido de las balas despierte a los hombres de su letargo. Ellos son los guardianes de la humanidad que, con no poca frecuencia, son engrillados en el silencio por los hombres que no quieren ser perturbados.

      En este contexto, no ha sido difícil reconocer a Jacques Maritain como uno de esos guardianes de la humanidad, tomando sus propios principios con seriedad absoluta y, plenamente alerta, incorporándose al torrente de la batalla de las ideas mientras los demás duermen.

      Él escribe con el coraje propio de los visionarios que procuran movilizar a su prójimo en anteojeras, y con todo el amor por la humanidad tan evidente en su exitoso esfuerzo de entregar al presente y al futuro del hombre un lenguaje que pueden entender.

(Prólogo a 'The Maritain Volume'. Homenaje de la revista The Thomist. 1943)